El BCE saca gran parte de su artillería y cede el testigo a la política fiscal
| Por Beatriz Zúñiga | 0 Comentarios

La reunión de ayer del Banco Central Europeo (BCE) ha dejado tres mensajes claros: sitúa la facilidad de depósito en el -0,50%, reanuda la compra de deuda y mantiene los tipos de interés al 0%. Aunque Mario Draghi, presidente de BCE, no siguió el guión que el mercado esperaba, no defraudó del todo porque sigue mostrando que la institución monetaria está dispuesta a aportar todos los estímulos que hagan falta.
El BCE redujo en diez puntos básicos la tasa de depósito e implementó un sistema escalonado que permite a las entidades que parte de los depósitos esté exenta de tipos negativos. Además, introdujo un préstamo a largo plazo para los bancos o TLRO y reinició su programa QE de 20.000 millones de euros al mes. Por último especificó algo más cuáles son sus planes respecto a los tipos de interés e insistido en que no subirán hasta que no se cumplan los objetivos de inflación que se ha marcado.
“Esto es algo menos de lo que se esperaba. Se barajaba que el tipo principal entrase en territorio negativo, mientras que las expectativas sobre el QE han caído de 30.000 millones de euros que se esperaban a los 20.000 millones anunciados”, apunta Sébastien Galy, responsable sénior de estrategia macroeconómica de Nordea Asset Management.
En opinión de Paul Diggle, economista senior de Aberdeen Standard Investments, paquete de estímulos anunciado por el BCE es bastante amplio. “Estos estímulos de la política monetaria son una de las razones importantes por las que en nuestras previsiones económicas de la zona euro tenemos unas tasas de crecimiento bajas, pero no negativas. Pero seguimos pensando que el BCE tendrá que hacer más con el tiempo, incluyendo recortes aún más profundos de los tipos de interés», apunta.
Para Rosie McMellin, gestora de fondos de renta fija de Fidelity International, a primera vista el paquete podría parecer decepcionante, pero con el BCE extendiendo la orientación a futuro y haciendo dejando abierto el final del QE, esta sería una conclusión incorrecta. “El BCE indica que se espera que los tipos se mantengan en los niveles actuales o más bajos hasta que la perspectiva de una inflación robusta converja a un nivel cercano, pero inferior al 2% en de su horizonte de proyección. Se espera por tanto que QE funcione durante el tiempo que sea necesario y que termine poco antes de que el comience a subir tipos. Este anuncio hará que sus activos totales aumenten aún más desde el nivel actual de 2,5 billones de euros. El BCE aún no ha confirmado los detalles de la composición del nuevo programa de compra de activos, algo crucial para determinar su capacidad para aumentar aún más la compra de activos netos más adelante si las condiciones económicas continúan decepcionando”, explica McMellin.
Respecto a la facilidad de depósito, Andrew Wilson, responsable de renta fija en Goldman Sachs Asset Management, considera que “la introducción de un sistema de dos niveles de penalización con tipos negativos de las reservas bancarias puede permitir recortes adicionales si la inflación y, lo que es más importante, las expectativas de inflación se mantienen bajas”.
Consecuencias
En términos generales, las decisiones que ayer tomó el BCE tendrán consecuencias negativas para el euro y para las entidades financieras, la gran beneficiada será la renta variable. “A pesar de que el ritmo de QE fue menos intenso de lo esperado, el euro sufrió ventas y los rendimientos soberanos a largo plazo de la eurozona se desplomaron ayer. La clave de la reacción moderada del mercado parece haber sido el movimiento del BCE hacia compras abiertas de activos”, apuntan los analistas de Monex Europe.
Las entidades bancarias serán las más perjudicadas. Según Ismael de La Cruz, analista de Investing.com, éstas “se ven perjudicadas con tipos de interés tan bajos, sus márgenes bancarios se reducen y tienen que tomar medidas agresivas para sobrevivir. Y es que el sector bancario, al basar su actividad en el diferencial de interés en los plazos, se ha visto muy perjudicado por unos tipos de interés en mínimos”.
Ulrike Kastens, economista europeo de DWS, sostiene que el BCE no ha defraudado y pone el foco en los estados miembro: “La política monetaria ha dado resultado. Ahora se supone que los estados miembros de la UE deben seguir adelante con la política fiscal para impulsar la demanda”. En este sentido sostiene que entrar en esta fase de política aún más expansiva de mantener los tipos de interés más bajos durante más tiempo implica riesgos considerables.
“Sigue ofreciendo unas condiciones de financiación extremadamente favorables en la zona euro. Sin embargo, al mismo tiempo, el riesgo de efectos secundarios negativos también están aumentando, incluidas las burbujas de precios en los mercados inmobiliarios y las continuas presiones sobre los sistemas privados de pensiones. Los efectos secundarios sobre la estabilidad financiera serán aún mayores, sobre todo porque la fase de política a bajo interés continuará durante mucho tiempo. El nuevo presidente del BCE parece dispuesto a prestar mucha atención a estos riesgos. De lo contrario, el apoyo público podría erosionarse. No obstante, queda una pregunta inquietante: ¿Qué sucede si, en contra de lo esperado, la economía entra en recesión? La política monetaria ha alcanzado sus límites y ahora está cediendo el testigo a la política fiscal”, advierte Kastens.
Así de rotundo se mostró Mario Draghi durante la rueda de prensa: «En cuanto a las políticas fiscales, los gobiernos con espacio fiscal deberían actuar de manera efectiva y oportuna». En este sentido Andrew Mulliner, gestor de renta fija de Janus Henderson Investors, reconoce que el BCE ha sacado casi toda su artillería sobre la economía de la zona euro. “El desafío reside en que, si bien estamos viendo cómo las economías de la zona euro se mueven en esta dirección, incluida Alemania, cabe preguntarse si existe la suficiente disposición a actuar de forma decisiva, tal y como ha hecho el BCE. Con Christine Lagarde a punto de asumir su mandato, Mario Draghi en sus últimos días y una nueva presidenta de la Comisión de camino, la transición a la política presupuestaria ha comenzado. La pregunta que nos hacemos es: ¿estarán dispuestos los países a hacer lo que sea necesario?», apunta.
El impacto de estas medidas y las futuras decisiones del BCE ya será cosa de Christine Lagarde, quien pasa a tomar posesión del cargo como presidente el próximo 1 de noviembre. En las próximas reuniones, Lagarde tendrá oportunidad de transmitir sus preferencias en cuanto a la trayectoria de política monetaria. “Ante las crecientes dudas entre numerosos líderes bancarios europeos acerca de los planes de Mario Draghi, el BCE se equivocaría al realizar un giro drástico en su política. Esta reunión marca la pauta para Christine Lagarde, ya que le sería prácticamente imposible dar marcha atrás, algo que confundiría y espantaría a los inversores”, apunta Aaron Anderson, vicepresidente senior de análisis de Fisher Investments.
Por último, Esty Dwek, responsable de estrategias globales de mercados Dynamic Solutions, Natixis Investment Managers, advierte que “las medidas del BCE tendrán un éxito económico limitado” y espera que Lagarde, que sucederá a Draghi a partir de noviembre ejerza “una presión adicional” para que los Gobiernos impulsen una política fiscal expansiva, puesto que “la política monetaria por sí sola no puede impulsar el crecimiento europeo”.