IA: ¿Burbuja o crecimiento estructural? El debate que divide tanto a Wall Street como a Silicon Valley

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Una diferencia clave: 2025 no se parece a 2000

Comparar la inteligencia artificial (IA) con la burbuja dotcom es inevitable, pero muchos expertos subrayan que los paralelismos son superficiales. Philippe Laffont, fundador de Coatue Management, resume la diferencia esencial: “Durante la burbuja dotcom, todo el capital fue alimentado por OPIs y startups con modelos dudosos. Hoy, las big tech generan cerca de 1 billón dólares en flujo de caja libre sin deuda significativa”. Mark Cuban, que vivió el 2000 desde adentro, va incluso más lejos al señalar que “había gente creando empresas solo con un sitio web y saliendo a bolsa. Eso sí era una burbuja sin valor intrínseco… No vemos eso ahora”.

Hoy las compañías que lideran la inversión en IA —Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta— no solo son rentables, sino que dominan industrias consolidadas y generan recursos suficientes para financiar la carrera tecnológica sin depender de deuda ni especulación.

Eric Schmidt, ex CEO de Google, sostiene que la transformación actual no puede compararse con la de hace dos décadas, porque estamos ante un cambio estructural: “Es improbable que sea una burbuja. Estamos viendo una nueva estructura industrial. Nunca he visto hardware que no fuera absorbido por software”.

El optimismo y sus sombras: Los argumentos que alimentan el debate

A pesar de los fundamentos, el mercado muestra señales que recuerdan a otras épocas de euforia. El gasto de capital de los hiperescaladores superará los 380.000 millones de dólares en 2025, una cifra histórica que incluso Sundar Pichai, CEO de Alphabet, describió como “excesiva en algunos tramos” y susceptible de “sobre reaccionar” antes de estabilizarse.


JENSEN HUANG, CEO DE NVIDIA, RECHAZA LA IDEA DE UNA BURBUJA, PORQUE LA IA YA GENERA BENEFICIOS CONCRETOS: “LA IA YA GENERA INTELIGENCIA POR LA QUE VALE LA PENA PAGAR”


El problema no es solo la magnitud del gasto, sino su velocidad. Aswath Damodaran, profesor de Finanzas en Stern y famoso por sus métodos de valuaciones, estima que, para justificar la infraestructura en construcción, la industria necesitaría generar unos 4 billones de dólares en ingresos, muy por encima del tamaño actual del mercado. Daniel Pinto, de JPMorgan, coincide al afirmar que, “para justificar estas valuaciones, se descuenta un nivel de productividad que llegará, pero no tan rápido como el mercado lo está valorando”.

Los protagonistas de la revolución tecnológica tampoco son ajenos a las dudas. Sam Altman, fundador de OpenAI, declaró: “¿Estamos en una fase en la que los inversores, en general, están demasiado entusiasmados con la IA? En mi opinión, sí. ¿Es la IA el acontecimiento más importante de los últimos tiempos? En mi opinión, también sí.” Mientras que Bill Gates advierte que “el valor es extremadamente alto… hay un frenesí. Muchas inversiones serán callejones sin salida.” Y Bret Taylor, presidente de OpenAI, es incluso mucho más tajante: “Estamos en una burbuja, y mucha gente perderá mucho dinero.”

Mega inversiones entre gigantes: ¿Señal de confianza o un circulo cerrado?

Uno de los puntos que más alimenta el debate sobre una posible burbuja es la magnitud y la estructura de los acuerdos entre las grandes compañías de IA. El reciente pacto entre Nvidia, Microsoft y Anthropic expone esta dinámica a plena luz. Anthropic se comprometió a comprar 30.000 millones de dólares en capacidad de nube de Microsoft, incluyendo hasta 1 gigavatio adicional, mientras que las operaciones correrán sobre sistemas avanzados de Nvidia. A cambio, Nvidia y Microsoft invertirán hasta 10.000 millones y 5.000 millones de dólares, respectivamente, en la startup.

Es un ejemplo más de lo que analistas describen como un entramado circular. Básicamente la compañía A invierte en la compañía B y la compañía B compra sus productos a la compañía A. Este patrón no se limita a este acuerdo: Nvidia planea invertir hasta 100.000 millones de dólares en OpenAI, que a su vez se comprometió a adquirir 10 GW de chips de Nvidia, además de 6 GW adicionales de AMD, que también otorgó warrants que podrían darle una participación de casi 10% en OpenAI.

La magnitud y la interdependencia de estas operaciones han despertado suspicacias en Wall Street. Según varios analistas, estos acuerdos “podrían estar inflando las expectativas de tamaño del mercado y la demanda efectiva de servicios de IA”, generando la sensación de una industria que crece hacia adentro más que hacia afuera.


UNA CONCLUSIÓN A LA CUAL PODEMOS LLEGAR ES QUE NO HAY UNA BURBUJA GENERALIZADA, PERO SÍ BURBUJAS ESPECÍFICAS. ALGUNAS EMPRESAS COTIZAN MÁS POR EXPECTATIVAS QUE POR RESULTADOS CONCRETOS


 

Las razones del optimismo: Una tecnologia que ya genera valor

Frente a estas advertencias, las voces más influyentes del sector defienden con firmeza la naturaleza estructural de este ciclo. Jensen Huang, CEO de Nvidia, rechaza la idea de una burbuja, porque la IA ya genera beneficios concretos: “Estamos en una transición natural hacia la computación acelerada. La IA ya genera inteligencia por la que vale la pena pagar”.

Lisa Su, al frente de AMD, también pide una mirada más amplia al afirmar que “quienes hablan de burbuja piensan demasiado a corto plazo. La IA transformará fundamentalmente todo lo que hacemos en los próximos cinco años”.

El argumento financiero es igual de sólido. Bill Ford, de General Atlantic, señala que “el Capex está respaldado por ingresos reales y ganancias actuales, no por deuda”; mientras que Laffont agrega que, aun si el costo por token cae, “la cantidad de cosas que podemos hacer con tokens baratos es casi infinita”.

El mensaje es claro: la demanda por IA no solo es real, sino que tiene espacio para multiplicarse.

Un mercado dividido: No todas las empresas enfrentan el mismo riesgo

Una conclusión a la cual podemos llegar es que no hay una burbuja generalizada, pero sí burbujas específicas. Algunas empresas cotizan más por expectativas que por resultados concretos. Nvidia, pese a su desempeño extraordinario, depende del ritmo de inversión en data centers, que podría moderarse si los hiperescaladores ajustan su gasto. Lo cual no parece que sucederá en el corto plazo, dados los impresionantes resultados reportados, con crecimientos en ingresos y beneficios superiores al 60% interanuales y el hecho de que reportaron una guía para el último trimestre del año que incluso superó las exigentes estimaciones de los analistas. A su vez resaltamos que estos resultados fueron impulsados por un crecimiento excepcional en su negocio de centros de datos clave para el desarrollo de la IA. Luego del reporte Jensen Huang duplicó la apuesta y declaró que “se ha hablado mucho de una burbuja de la IA. Desde nuestra perspectiva, vemos algo muy diferente”.

Por otra parte, existen compañías como Palantir, cuya valuación —sumamente exigente— se apoya en gran medida en expectativas de crecimiento futuro, mientras que Tesla recibe una prima asociada a la temática de inteligencia artificial que excede ampliamente su realidad operativa actual.


RAY DALIO SOSTIENE QUE ESTE CICLO SE PARECE AL DE 1998 – 1999: UNA TECNOLOGÍA REAL Y TRANSFORMADORA, PERO VALUACIONES DIFÍCILES DE SOSTENER


En contraste, los gigantes tecnológicos operan desde otra posición. Alphabet, Microsoft, Amazon y Meta cuentan con ingresos diversificados, flujos de caja considerables y la capacidad de integrar cada etapa de la cadena de valor: chips, datos, modelos y servicios en la nube. Esto los vuelve más resistentes ante cualquier corrección.

Jeff Bezos define la situación como una “burbuja industrial” y agrega que “las burbujas industriales no son tan malas, porque cuando baja el polvo, la sociedad se beneficia de esas invenciones”.

Incluso Sundar Pichai, que reconoce la existencia de excesos, subraya que los grandes actores poseen una ventaja estructural gracias a lo que denomina una “pila completa” de capacidades.

La teconologia es real, pero las valuaciones pueden no serlo

Ray Dalio sostiene que este ciclo se parece al de 1998 – 1999: una tecnología real y transformadora, pero con valuaciones difíciles de sostener, por lo que concluye que “nos encontramos en una especie de burbuja, pero aún no hemos visto el pinchazo”.

Pat Gelsinger, ex CEO de Intel, adopta una postura similar: “Estamos en una burbuja, pero no explotará en varios años”.

La visión más razonable parece ubicarse entre ambos extremos: la IA está cambiando la economía con una velocidad inédita, pero parte del mercado podría estar descontando demasiado, demasiado rápido.

El mayor riesgo es que nadie sabe cuál será el catalizador que haga explotar dicha burbuja. Podría ser un freno en la demanda, limitaciones energéticas, cuellos de botella por falta de infraestructura, un retorno de inversión considerablemente menor de lo esperado o alguna regulación que modifique las condiciones y la viabilidad del mercado.

Lo único seguro es que la IA seguirá progresando y que, como siempre sucede en estas circunstancias, habrá ganadores y perdedores. La gran incógnita es cuántas de las compañías que están hoy invirtiendo fuertemente para desarrollar la IA efectivamente generarán beneficios que justifiquen estas inversiones, cuáles serán las perdedoras que terminen como las puntocom en los 2000 y cuántos inversores serán víctima de estas.

Desde los recortes de la Fed hasta las medidas comerciales de China: argumentos a favor de la inversión activa

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Los mercados rara vez se mueven en línea recta. Los últimos años han recordado a los inversores que los cambios políticos, las sorpresas de los bancos centrales y los reajustes del comercio mundial pueden transformar las oportunidades de la noche a la mañana. Para muchos, el reto ya no consiste simplemente en perseguir la rentabilidad, sino en gestionar la complejidad con disciplina y previsión.

En Thornburg, consideramos que el panorama actual de las inversiones es una mezcla de riesgo y recompensa: la evolución de los patrones comerciales, la incertidumbre de la política monetaria y el endurecimiento de las condiciones crediticias plantean retos, pero también oportunidades para los inversores prudentes.

Navegar por los cambios en el comercio y los tipos de interés

Las exportaciones de China a Estados Unidos están disminuyendo como porcentaje de su economía, mientras que el comercio con Vietnam, Camboya, México y Canadá se está acelerando. Las cadenas de suministro se están diversificando en todas las regiones, lo que crea tanto oportunidades como complejidad para los inversores. Lo mismo ocurre con los tipos de interés: aunque los mercados esperan recortes de la Fed este año, la historia demuestra que los resultados pueden desafiar las expectativas y que, en ocasiones, los rendimientos pueden aumentar. Tanto en el comercio como en la política monetaria, la lección es clara: la flexibilidad es importante. Los inversores necesitan estrategias que puedan adaptarse a medida que evoluciona la dinámica global.

Dónde se acumulan los riesgos

Más allá de los titulares, hay varios puntos críticos que merecen atención:
• La fiabilidad de los datos se está debilitando. Los inversores que se basan en las cifras de los titulares pueden verse engañados por informes desfasados o incoherentes.
• Los diferenciales crediticios son inusualmente estrechos, lo que sugiere que el mercado podría estar subestimando el potencial de caída.
• Los consumidores y las empresas se enfrentan a un estrés creciente: los hogares están agotando sus ahorros, los impagos están aumentando poco a poco y los balances de las empresas están al límite. Si a esto le sumamos el elevado gasto público, el colchón frente a las crisis parece cada vez más fino.

Ninguno de estos riesgos por sí solo apunta a una crisis inminente, pero juntos subrayan la importancia de la selectividad y la disciplina.

Por qué es importante una inversión activa y flexible

En un entorno volátil e incierto, limitarse a seguir un índice expone a las carteras a los riesgos que más preocupan a los inversores. En Thornburg, creemos que la resiliencia se basa en tres aspectos:

• Flexibilidad: cambiar entre exposiciones a renta variable, crédito y duración a medida que evolucionan las condiciones.
• Selectividad: evitar áreas en las que la compensación por el riesgo es demasiado escasa y centrarse en empresas y emisores con fundamentos sólidos.
• Perspectiva: interpretar los cambios de política, los reajustes comerciales y las tendencias de los datos sin sesgos, sino con una convicción disciplinada y basada en la investigación.

Aquí es donde la gestión activa se gana su lugar. Al mirar más allá de los índices de referencia y estar preparados para ajustarse cuando cambian los hechos, los inversores pueden protegerse contra las caídas y, al mismo tiempo, aprovechar el potencial alcista.ç

Convertir la volatilidad en oportunidad

Los periodos de inestabilidad pueden resultar incómodos, pero también crean algunos de los puntos de entrada más atractivos. Para los inversores dispuestos a mirar más allá del ruido a corto plazo, los entornos complejos pueden ofrecer oportunidades genuinas para construir carteras resilientes.

En Thornburg, nuestra misión es colaborar con los clientes para navegar por esta incertidumbre, combinando el pensamiento independiente con décadas de experiencia en los mercados globales.

Si busca orientación que vaya más allá de los titulares, ahora puede ser el momento de explorar cómo las estrategias activas de Thornburg pueden ayudarle a equilibrar el riesgo y la rentabilidad en los próximos años.

Para obtener más información, visite Thornburg.com.

Banorte Wealth Management impulsará un plan estratégico con la llegada de María Hernández

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Pixabay CC0 Public Domain

Banorte Wealth Management, el brazo de gestión patrimonial del mexicano Grupo Financiero Banorte, celebra la reciente llegada de María Hernández como Director of Growth Strategy, seguro de que dicha incorporación será clave para la ejecución de su plan estratégico.

María Hernández viene de Insigneo, donde ocupó el puesto de Market Head basada en Houston. Con anterioridad, ejerció como VP Regional Sales Manager en PNC Investments, fue SVP International Investment Sales Manager de BBVA y fue en ese mismo banco VP Product Manager, entre otros antecedentes profesionales. Es egresada de la Universidad Autónoma de Coahuila, México.

«Nos hemos unido con reconocidos proveedores y expertos en diseño de las estrategias patrimoniales, que le ayudarán a proteger y planear el legado intergeneracional (familiar) y empresarial», explica Banorte Wealth Management en su sitio de internet.

Banorte Wealth Management, parte de Grupo Financiero Banorte. La utilidad neta de Grupo Financiero Banorte fue de 52,418 millones de pesos (2.621 millones de dólares), un 15% más que en 2022. Además, la cartera de crédito de Grupo Financiero Banorte superó el billón de pesos en 2023 (alrededor de 50.000 millones de dólares), impulsada por el consumo privado, el mercado laboral y las inversiones en nearshoring.

Banorte es el segundo grupo financiero más grande de México en cartera de crédito, el segundo proveedor de créditos a gobiernos del país y el segundo banco más importante en créditos hipotecario, solo detrás del gigante español BBVA.

Banorte Wealth Management actúa como la marca corporativa de Banorte Securities International Ltd., Banorte Asset Management, Inc., Banorte Enterprises Ltd., Banorte Ventures Ltd., y Banorte Securities Holdings International Inc., todas las cuales son afiliadas y subsidiarias últimas del Grupo Financiero Banorte S.A.B. de C.V