La concentración del mercado de renta variable lastra la tasa de éxito de la gestión activa en Europa

  |   Por  |  0 Comentarios

La tónica general del primer semestre de 2026 estuvo marcada por el dominio de los mercados bursátiles. El fuerte impulso generado por el superciclo de la inteligencia artificial hizo que los inversores dejaran de lado todas las preocupaciones económicas derivadas de la tensa situación geopolítica en Oriente Medio. Este escenario condicionó los resultados del European Active/Passive Barometer elaborado por Morningstar. Este informe semestral compara el rendimiento de los fondos activos con el de los fondos pasivos y permite ayudar a los inversores a evaluar las probabilidades de éxito de los fondos activos en distintos ámbitos, basándose en las tendencias recientes y en los resultados a largo plazo.

En los mercados financieros, la incertidumbre geopolítica persiste, pero los inversores están muy enfocados en el crecimiento de los beneficios y en la inversión de capital relacionada con la inteligencia artificial. Hasta tal punto, que los índices bursátiles se encuentran en zona de máximos históricos.

Renta variable

En este escenario -y con datos de Morningstar a cierre de junio- la tasa de éxito a un año de los gestores activos de renta variable se situó en el 28,4 % a finales de junio de 2026, lo que supone un descenso respecto al 30,5 % registrado al cierre de 2025 y se sitúa ligeramente por debajo del 28,7 % registrado un año antes, en junio de 2025.

“La tasa de éxito a un año es volátil, pero desde 2022 se ha mantenido en un estrecho rango comprendido entre el 25 % y el 35 %”, explica el estudio, que matiza que este sigue siendo un “periodo de gran concentración en los mercados de renta variable de todo el mundo, en el que los gestores activos de renta variable tienen dificultades para nadar a contracorriente frente al fuerte impulso generado por el sector tecnológico”.

Este descenso es más acusado si se tienen en cuenta periodos más largos, según el informe: en los tres años transcurridos hasta finales de junio de 2026, la tasa se situó en el 20,3 %, pero baja al 15,2 % en el periodo de cinco años y al 11,9 % en el de diez años.

Por categorías, la tasa de éxito a un año de los gestores activos en la categoría de valores mixtos de gran capitalización de Estados Unidos se situó en el 33,9 % en junio de 2026, lo que supone un ligero descenso respecto al 36,8 % a finales de 2025, pero también un aumento significativo con respecto al 19,6 % de junio del año pasado.

En la firma explican que el liderazgo del mercado de renta variable estadounidense se ha ampliado más allá de los «Siete Magníficos» hacia los fabricantes de semiconductores y las empresas de infraestructura de inteligencia artificial, lo que “ha abierto oportunidades para que los gestores activos aporten valor a las carteras”. Sin embargo, el estudio admite que la renta variable estadounidense de gran capitalización “sigue siendo una de las categorías más difíciles para que los gestores activos tengan éxito a largo plazo”, como lo demuestra que la tasa de éxito a 10 años se situó en el 6,3 % en junio de 2026. 

La tasa de éxito a un año en la categoría de valores mixtos de gran capitalización de la zona del euro se situó en el 19,7 % en junio, lo que supone un aumento respecto al 17,5 0% registrado al cierre de 2025, pero un descenso respecto al 23,20 % de junio de 2025. En el periodo de diez años hasta junio de 2026, la tasa de éxito fue del 4,3 %.

“El optimismo que respaldó a mercados como el español y el italiano en 2025 se prolongó hasta 2026, lo que les permitió seguir superando a Francia y Alemania. Tradicionalmente, el éxito a corto plazo de los gestores activos en el ámbito bursátil de la zona del euro ha sido más bien escaso”, apunta el estudio.

Renta fija

Los mercados de renta fija mundiales, por su parte, registraron un rendimiento moderado en el primer semestre. La renta fija corporativa superó a la deuda soberana gracias a la solidez de los beneficios empresariales y a la resistencia general de la economía, a pesar de los obstáculos geopolíticos. Eso sí, este mercado quedó en segundo plano ante el brillo de los mercados de renta variable en el semestre. 

En este escenario, el informe de Morningstar desvela que la tasa de éxito a un año de los gestores activos de renta fija se situó en el 46,8 % a finales de junio de 2026, lo que supone un retroceso respecto al 54,8 % al cierre de 2025 y al 47,3 % del año anterior, en junio de 2025.

Teniendo en cuenta horizontes temporales más largos, la tasa de éxito de los gestores activos de renta fija disminuye “a medida que se hacen patentes las ventajas de la capitalización de las bajas comisiones que cobran los fondos pasivos”, según recoge el informe. En este sentido, la tasa de éxito a tres años se situó en el 51,1% a finales de junio de 2026, pero baja al 47,5% en el horizonte de cinco años y al 33% en el de diez.

La duración siguió siendo un factor clave con el que pudieron jugar los gestores activos durante el primer semestre de 2026. En el primer trimestre, este factor supuso un lastre, ya que los rendimientos de los bonos subieron de forma generalizada como respuesta a la escalada de tensiones en Oriente Medio. Pero en el segundo trimestre, la duración actuó a favor de la rentabilidad, al descender los rendimientos.

“Los gestores activos de renta fija más hábiles pudieron obtener beneficios en ambos escenarios”, asegura el informe, que desvela que la tasa de éxito a un año de los gestores activos en la categoría de bonos públicos en euros se situó en el 50,3 %, frente al 41,6 % registrado al cierre de 2025 y al 30,6 % de hace un año. En cualquier caso, los bonos del Estado siguen siendo el ámbito de la renta fija en el que un enfoque activo resulta más vulnerable frente a sus homólogos pasivos a largo plazo, tal y como afirma el informe, ya que en junio de 2026, la tasa de éxito a 10 años de los gestores activos en la categoría de bonos del Estado en euros se situó en el 18,5 %.

La tasa de éxito a un año en la categoría de bonos corporativos en euros se situó en el 50,8 %, una tasa similar a la del cierre de 2025 y la de junio del año pasado. Las tasas de éxito en estas categorías tienden a disminuir con el tiempo, explican en Morningstar, “debido al impacto de unas comisiones más elevadas en comparación con los fondos pasivos equivalentes, pero no en la misma medida que en las categorías de bonos del Estado”. En junio de 2026, la tasa de éxito a 10 años en la categoría de bonos corporativos en euros se situó en el 45,3%.

“Las tasas de éxito de los gestores activos de renta fija son sistemáticamente superiores a las de sus homólogos de renta variable. Esto resume perfectamente el hecho de que la inversión indexada es menos eficiente en los mercados de renta fija que en los de renta variable”, apunta.

Supervivencia

Independientemente de la clase de activos, la probabilidad de supervivencia de un fondo está estrechamente relacionada con su tasa de éxito. La razón principal, tal y como apunta el informe, por la que la mayoría de los fondos activos fracasan es su corta vida útil, que a menudo se atribuye a un rendimiento inferior al esperado.

Esto suele deberse a una combinación de una mala selección de valores y al impacto acumulado de unas comisiones más elevadas en comparación con alternativas pasivas más económicas. De hecho, el análisis de Morningstar muestra que los fondos activos situados en los quintiles más económicos tienen mayores probabilidades de tener éxito a largo plazo.

Los fondos activos de mid y small caps impulsan la tasa de éxito de la gestión activa en Estados Unidos

  |   Por  |  0 Comentarios

Los fondos de inversión y los fondos cotizados (ETFs) gestionados de forma activa en Estados Unidos recuperaron algo de terreno entre julio de 2025 y junio de 2026, pero siguieron por detrás de la media de los fondos pasivos comparables. Así lo desvelan los resultados del US Active/Passive Barometer de Morningstar. Este informe semestral compara el rendimiento de los fondos activos con el de los fondos pasivos y permite ayudar a los inversores a evaluar las probabilidades de éxito de los fondos activos en distintos ámbitos, basándose en las tendencias recientes y en los resultados a largo plazo.

La edición semestral del estudio desvela que los fondos de inversión y los ETFs gestionados de forma activa recuperaron algo de terreno entre julio de 2025 y junio de 2026, pero siguieron por detrás de la media de sus homólogos pasivos. “Algo más del 40 % sobrevivió y superó a su índice compuesto pasivo ponderado por activos, lo que supone un aumento de 7 puntos porcentuales con respecto al año anterior”, recoge el estudio.

Renta variable

Los gestores de renta variable estadounidense registraron una tendencia al alza, con una tasa de éxito del 38 % en el año hasta junio de 2026, lo que supone un aumento de 4 puntos porcentuales respecto al año anterior. Los gestores activos de pequeña y de mediana capitalización lideraron la mejora, con tasas de éxito del 49 % y del 47 %, respectivamente, mientras que los de gran capitalización (27 %) lastraron las tasas de éxito de los gestores de renta variable estadounidense.

Los gestores de fondos de renta variable internacional se mantuvieron estables con una tasa de éxito del 44 % en los 12 meses hasta junio, en línea con el año anterior. Los fondos activos diversificados de mercados emergentes registraron la segunda tasa de éxito más alta entre todas las categorías de este estudio, con un 70 %, lo que supone un aumento de 35 puntos porcentuales respecto al año pasado.

El informe desvela que las dificultades para los fondos activos globales «large-blend» -que combinan acciones extranjeras y nacionales continuaron, a pesar de un ligero repunte en las tasas de éxito. Solo un tercio de los gestores de fondos «large-blend» globales superó el índice de referencia pasivo en los 12 meses hasta junio de 2026; no obstante, este dato supone un aumento de 7 puntos porcentuales con respecto al año anterior, a juicio de la firma.

Renta fija

Los gestores de fondos de gestión activa de renta fija vivieron un semestre a favor. Las tasas de éxito se dispararon 22 puntos porcentuales hasta alcanzar el 52 % durante los 12 meses hasta junio de 2026. Los gestores activos de bonos «intermediate-core» lideraron el grupo con una tasa de éxito del 66 %, mientras que la de los gestores activos de bonos corporativos se disparó hasta el 34 %, frente al 4 % registrado en 2025. La tasa de éxito a 10 años del grupo de renta fija, del 45 %, superó a la de todos los grupos de categorías analizados en este informe.

Las tasas de éxito de los fondos inmobiliarios activos aumentaron 36 puntos porcentuales hasta alcanzar el 61 % en los 12 meses transcurridos hasta junio de 2026, tras un periodo difícil para los gestores activos un año antes.

Historial

El historial a largo plazo de los fondos gestionados de forma activa frente a sus homólogos pasivos aumentó en 4 puntos porcentuales durante los últimos 12 meses. Aun así, solo el 25 % de las estrategias activas sobrevivieron y superaron a sus homólogas pasivas en los 10 años hasta junio de 2026. Las tasas de éxito a largo plazo fueron más altas entre los fondos de renta fija e inmobiliarios y más bajas entre las estrategias de gran capitalización de Estados Unidos.

La distribución de las rentabilidades excedentarias a 10 años de los fondos activos que sobrevivieron frente a la media de sus homólogos pasivos varió según las categorías. En el caso de los fondos de gran capitalización de Estados Unidos, se inclinó hacia el lado negativo, lo que indica que la penalización en la rentabilidad por elegir a un gestor que no tuvo éxito superó la recompensa por encontrar a uno ganador. Lo contrario tiende a ser cierto en la categoría de bonos básicos a medio plazo, donde las rentabilidades excedentarias se inclinaron hacia el lado positivo durante la última década.

Los inversores han elegido los fondos activos con acierto. En los últimos 10 años, el dólar medio invertido en fondos activos superó al rendimiento medio de los fondos activos en 16 de las 20 categorías analizadas. Esto implica que los inversores se decantan por estrategias más baratas y de mayor calidad.

Los fondos activos más baratos tuvieron éxito con mayor frecuencia que los más caros. Durante los 10 años hasta junio de 2026, el 33 % de los fondos activos del quintil más barato de sus respectivas categorías superó a su homólogo pasivo medio, frente al 20 % de los fondos más caros.

“La confianza ya no se hereda del logo, se demuestra con datos”: el modelo de Wio Capital para la IA en banca privada

  |   Por  |  0 Comentarios

Foto cedidaDavid Verdú, cofundador de Wio Capital

En un ecosistema de gestión patrimonial cada vez más polarizado, las firmas medianas y los asesores independientes se enfrentan al reto de escalar su operativa sin perder la cercanía con el cliente. Entre el impacto de la regulación, el traspaso intergeneracional de riqueza y la irrupción de la inteligencia artificial agéntica, la tecnología ha dejado de ser un canal distributivo para convertirse en el motor del negocio. Para analizar este cambio de paradigma, conversamos con David Verdú, cofundador de Wio Capital

¿Hacia dónde se dirige el modelo de negocio del wealth management y cómo sobrevive el asesor independiente en este nuevo ecosistema?

La industria se está partiendo en dos, como un barbell: ganan los extremos y pierde el centro. Arriba están las mega-plataformas globales con escala para desarrollar su propia tecnología, y abajo, los actores AI-native. Quien se queda en medio, sin escala ni tecnología nativa, lo tiene muy difícil. Sobre ese centro pesan tres grietas clave: el 40 % de los asesores se jubilará en la próxima década; la confianza ha pasado del “trust me” al “show me” basado en datos verificables; y el modelo 60/40 ha muerto ante clientes que exigen carteras globales, multiactivo y con alternativos. El asesor independiente no sobrevive compitiendo solo, pero con la infraestructura adecuada puede ofrecer lo que antes era exclusivo de la gran banca privada.

En ese contexto, ¿qué papel quiere jugar Wio Capital?

Nacer para construir en Europa la categoría de agregadores de asesores financieros que en EE. UU. ya mueve cientos de miles de millones. Lo articulamos en cuatro capas dentro de un entorno regulado: Agregación (todo el patrimonio en una pantalla con acceso multicustodio a 18 entidades), Análisis (IA para estructurar información), Ejecución (como Agencia de Valores CNMV) y Cumplimiento (DORA y MiFID II por diseño). Además, nuestro modelo es estrictamente B2B: no vamos al cliente final, existimos para que los profesionales ganen, sin conflictos de interés.

Habláis de IA agéntica y orquestación de workflows autónomos. ¿Cómo transforma esto el día a día del wealth manager?

Calculamos que más del 90 % del flujo del proceso de asesoramiento es automatizable. El 78 % de los asesores identifica la captación como su principal cuello de botella porque dedican las mañanas a consolidar posiciones e informes a mano. La IA agéntica sustituye esa carga por flujos de agentes especializados que descargan, clasifican, extraen datos, concilian y generan propuestas de rebalanceo. Apuntamos al modelo de la “firma de uno”: un solo asesor amplificado por cientos de agentes a velocidad de máquina, reservando al humano para las decisiones complejas y el contacto personal.

La agregación en estructuras multicustodio es compleja, sobre todo en alternativos. ¿Cómo resolvéis la ingesta de datos de documentos como las llamadas de capital?

El Private Equity opera sobre documentos en PDF sin estándares de reporting. Con Alternative Hub analizamos automáticamente Quarterly Reports y Capital Calls, extraemos métricas y normalizamos los cash flows históricos junto a los activos líquidos. El salto diferencial es pasar del vehículo a la exposición real: identificamos las empresas participadas para detectar concentraciones ocultas en sectores o divisas y proyectar futuras llamadas de liquidez, convirtiendo el asesoramiento en alternativos en un ejercicio analítico y estratégico.

Os definís como una plataforma para la next-gen de gestores. ¿A qué profesional os referís?

Es una cuestión de mentalidad operativa, no de edad. El profesional next-gen comprende que la confianza se demuestra con datos, que construirse la tecnología a mano no tiene sentido —es como pedirle a una pyme que programe su propio Office— y que la independencia operativa exige apoyarse en infraestructura compartida para seguir compitiendo.

Ante la transferencia intergeneracional de riqueza hacia millennials y Gen Z, ¿cómo debe cambiar el discurso del asesor?

Estamos ante un traspaso de 83,5 billones de dólares a nivel global hasta 2048. Aunque las nuevas generaciones buscan consejo en redes sociales, la demanda de asesoramiento holístico ha subido del 29 % al 52 % en cinco años. No quieren gestión a secas, buscan servicios de family office con tres innegociables: acceso permanente, transparencia de costes y evidencia. La reunión trimestral tradicional ya no funciona si no hay una infraestructura detrás que garantice inmediatez.

¿Estamos cerca de ver machine learning gestionando de forma autónoma rebalanceos o tax-loss harvesting?

Ya es una realidad en producción. Cuando se presentaron agentes fiscales para tax-loss harvesting en EE. UU., los grandes actores tradicionales cayeron fuerte en bolsa porque el mercado entendió el impacto real. En España, el rebalanceo dinámico es automatizable, pero el reto del tax-loss harvesting requiere adaptar la tecnología al IRPF local. Nosotros aportamos esa capa regulada en español, siempre con la supervisión final del profesional.

Como Agencia de Valores regulada por la CNMV, ¿cómo convive el rigor normativo con la velocidad de innovación?

La regulación no es un freno posterior, es parte del diseño inicial. Ser una entidad AI-native y Agencia de Valores CNMV a la vez es una combinación única. Ante la exigencia de DORA, MiFID II y la futura RIS, pretender que un independiente construya su propio sistema de riesgo TIC es inviable. Compartir infraestructura permite que cada nueva funcionalidad nazca conforme a la ley, demostrando que hoy la confianza se construye en cada línea de código.

La transformación impulsada por Wio Capital confirma que la revolución digital en la gestión de patrimonios no busca reemplazar al profesional, sino dotarlo de la escala y precisión necesarias para competir. En un entorno dominado por la exigencia normativa y el cambio generacional, la combinación de una arquitectura regulada con inteligencia artificial agéntica se perfila como la clave para garantizar el futuro del asesoramiento independiente.

Repunte de las tasas largas de los Treasuries: ¿qué mensaje está lanzando el Tesoro y cómo recogerá el guante la Fed?

  |   Por  |  0 Comentarios

Pixabay CC0 Public Domain

Mientras que la deuda pública de Estados Unidos rebasó por primera vez en su historia la marca de 40 billones de dólares, las tasas largas de Estados Unidos han vuelto a encender las alertas por el costo de financiar la deuda, en un coctel con potencial explosivo que ha levantado las alertas en los mercados financieros, habida cuenta de que los gastos por intereses ya se han convertido en una de las partidas de mayor crecimiento del presupuesto federal. Los mercados se mantienen en tensión, a la espera de la rueda de prensa de Scott Bessent, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, prevista para hoy a las 14:00 ET.

“Cuarenta billones de dólares de deuda no representan por sí mismos un punto de inflexión macroeconómico”, afirma Christian Scherrmann, economista jefe para Estados Unidos de DWS. “Sin embargo, esta cifra ilustra claramente hasta qué punto la política fiscal estadounidense se ha alejado de su trayectoria histórica. A largo plazo, no solo importará el nivel absoluto de deuda, sino también qué proporción de la producción económica deberá destinarse a financiarla”, advierte el experto.

En este contexto, la Reserva Federal mantiene una postura restrictiva y el Tesoro intervino la semana pasada para contener el repunte de los rendimientos. Según analistas, la señal para los mercados es clara: el dinero ya no será tan barato ni abundante como durante la última década. Dicho de otra manera, el mercado financiero estadounidense está enviando una señal que las bolsas todavía parecen no querer escuchar: el costo del capital de largo plazo está adquiriendo vida propia.

Una combinación cada vez más incómoda

Mientras los principales índices accionarios continúan mostrando resistencia, el mercado de bonos del Tesoro de los Estados Unidos —considerado la referencia para valorar prácticamente todos los activos financieros del mundo— está enfrentando una combinación cada vez más incómoda de inflación elevada, enormes necesidades de financiamiento del gobierno, fuerte demanda de capital para inteligencia artificial e infraestructura y dudas sobre la trayectoria futura de las tasas de interés.

La tensión llegó a un punto relevante cuando el 19 de agosto el Departamento del Tesoro anunció que duplicará, a partir de septiembre, el tamaño máximo de sus operaciones de recompra de bonos de largo plazo, llevándolas de 2.000 millones a por lo menos 4.000 millones de dólares por operación para títulos con vencimientos de entre 10 y 30 años.

La reacción del mercado fue inmediata. El rendimiento del Treasury a 30 años, que había superado 5,3 % durante la semana pasada, cayó alrededor de 10 puntos base tras el anuncio, mientras las acciones y el oro avanzaron. El movimiento fue significativo porque se produjo después de que las tasas largas alcanzaran niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera de 2008. Desde DWS constatan, sin embargo, que «los mercados siguen ofreciendo pocas señales de que los inversores estén cuestionando de forma fundamental la solvencia de Estados Unidos», dado que la demanda en las subastas del Tesoro continúa siendo sólida, los CDS de Estados Unidos cayeron recientemente hasta los 38 puntos básicos e incluso las ventas reiteradas por parte de inversores extranjeros, por ejemplo, durante las intervenciones sobre el yen japonés, no han logrado hasta ahora alterar el equilibrio del mercado. «Los mercados están señalando unos costes de financiación más elevados, pero no una crisis de confianza», sentencian desde la firma.

Pero, especialistas del mercado de dinero consultados por Funds Society señalan que el mensaje más importante no está en la caída puntual de los rendimientos. Está en por qué Washington sintió la necesidad de actuar.

No fue la Fed, pero sí fue una intervención

La operación anunciada el 19 de agosto no fue una compra de bonos por parte de la Reserva Federal ni un nuevo programa de quantitative easing (QE). Fue una decisión del Tesoro dentro de su programa de recompra de deuda, diseñado originalmente para mejorar la liquidez del mercado.

El Tesoro compra determinados bonos antiguos que cotizan en el mercado secundario y, con ello, ayuda a liberar capacidad de los intermediarios financieros y mejorar la liquidez de determinados segmentos de la curva.

La decisión del miércoles fue aumentar significativamente el tamaño de esas operaciones para los vencimientos largos. La diferencia es crucial: mientras que la Fed controla la política monetaria y las condiciones de liquidez del sistema financiero, el Tesoro administra las necesidades de financiamiento del gobierno. Sin embargo, ambos terminan influyendo sobre una misma variable: el precio del dinero. Y ahí aparece una de las grandes historias de los mercados para el segundo semestre de 2026.

La Fed no está bajando las tasas

La Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo en su reunión del 28 y 29 de julio la tasa de fondos federales en un rango de 3,5 % a 3,75 %, decisión que fue aprobada por 9 votos contra 3 que no estuvieron de acuerdo.

Los tres disidentes —Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan— querían aumentar la tasa en 25 puntos base. Es decir, una parte del Comité consideró que el problema de inflación justificaba incluso un endurecimiento adicional.

Pero hay otro elemento particularmente importante para entender el mercado de bonos. La Fed continúa operando bajo un régimen de reservas abundantes. Sus instrucciones permiten realizar operaciones de mercado abierto y, cuando sea necesario, comprar Treasury bills y eventualmente otros Treasuries con vencimientos de hasta tres años para mantener un nivel amplio de reservas bancarias.

Esto significa que la Reserva Federal no está haciendo QE en el sentido tradicional según explican los expertos a Funds Society, pero tampoco está dejando que la liquidez bancaria se reduzca de manera desordenada y la diferencia es muy relevante. La intervención de la semana pasada debe entenderse más como una operación de “plomería” del mercado que como un cambio radical de política monetaria. Pero incluso esa “plomería” está adquiriendo una importancia enorme.

En este sentido, la estrategia actual puede entenderse como una especie de equilibrio entre dos objetivos. Por un lado, la Fed quiere evitar que las reservas bancarias caigan demasiado y provoquen tensiones en el mercado monetario.

Por otro, no quiere regresar a la política de expansión masiva de balance utilizada durante la pandemia y otros episodios de crisis. La Fed ha señalado que puede utilizar compras de Treasury bills y, si fuera necesario, otros títulos de corto plazo para garantizar que el sistema mantenga suficientes reservas.

Además, mantiene operaciones permanentes de repo y reverse repo. Las operaciones repo permiten proporcionar liquidez contra valores de alta calidad, mientras que las reverse repo absorben liquidez temporalmente. La Fed de Nueva York explica que estas operaciones forman parte de los mecanismos utilizados para mantener la tasa de fondos federales dentro del rango establecido por el FOMC.

Por eso sería incorrecto interpretar cualquier operación de liquidez de la Fed como un regreso automático a la expansión monetaria. En realidad, la Fed está intentando administrar la liquidez sin necesariamente volver a expandir agresivamente su balance.

El problema está en el extremo largo de la curva

De acuerdo con los analistas, es esta parte la que debería preocupar más a los inversionistas. La Fed controla de manera directa las tasas de corto plazo, pero no fija el rendimiento del Treasury a 10, 20 o 30 años.

Esas tasas dependen de las expectativas de inflación, crecimiento, déficit público, oferta de bonos, demanda internacional y prima por plazo. Y precisamente ahí están apareciendo las presiones.

El Treasury a 30 años llegó a superar 5,3 % la semana pasada, mientras el mercado enfrenta una oferta gigantesca de deuda pública estadounidense. Al mismo tiempo, la inflación estadounidense continúa por encima del objetivo de 2 % de la Fed. Las minutas de julio señalan que la inflación permanece elevada y que los aumentos de precios relacionados con energía están complicando el panorama.

El resultado es una ecuación difícil: más deuda+más emisiones+inflación por encima del objetivo+fuerte demanda de capital para IA e infraestructura= presión sobre las tasas largas.

El mercado está empezando a exigir una prima

Durante buena parte de la última década, los inversionistas se acostumbraron a un mundo de tasas muy bajas y abundante liquidez. Ese mundo permitió que las valuaciones de acciones, bienes raíces y activos privados se expandieran de manera importante.

Ahora el entorno está cambiando. El inversionista que compra un Treasury a 10 o 30 años no sólo está evaluando si la Fed bajará o subirá las tasas en su próxima reunión. También está preguntando cuánto riesgo representa prestar dinero al gobierno estadounidense durante décadas.

Esa pregunta incrementa la llamada prima por plazo, es decir, el rendimiento adicional que los inversionistas exigen para mantener deuda de largo plazo ante la incertidumbre sobre inflación, crecimiento, déficit y política económica.

Y si esa prima continúa aumentando, la Fed puede reducir las tasas de corto plazo y aun así encontrarse con que las tasas que realmente importan para buena parte de la economía permanecen elevadas. Por eso el movimiento del Tesoro es muy importante.

El anuncio del Tesoro tiene un efecto inmediato relativamente pequeño frente al tamaño del mercado de Treasury, que ronda los 31 billones de dólares. Pero su importancia no está solamente en los 4.000 millones de dólares por operación; de hecho la cifra también es poco significativa, lo verdaderamente importante está en la señal.

En los hechos, el poderoso Tesoro de Estados Unidos está diciendo al mercado que no es indiferente ante un desorden excesivo en la parte larga de la curva.

«Los responsables políticos no tienen por qué limitarse a ser observadores pasivos. Cuando surgió la presión en el extremo largo de la curva, el Tesoro demostró que dispone de herramientas y que está dispuesto a utilizarlas», comentó al respecto Brian Levitt, estratega jefe de mercados globales y responsable de Strategy & Insights en Invesco. Según Levitt, el anuncio del Tesoro refuerza algo en lo que lleva creyendo desde hace mucho tiempo: «Es poco probable que el Gobierno de EE. UU. se quede de brazos cruzados y permita que se desate una crisis de deuda desordenada si cuenta con mecanismos para ayudar a abordarla».

Paradójicamente, la administración estadounidense necesita mantener bajo control el costo de financiar una deuda gigantesca, pero al mismo tiempo la Fed necesita mantener una política suficientemente restrictiva para combatir la inflación. Hay visos de que el problema vaya en aumento: según una nota publicada por DWS el viernes 21 de agosto, si se mantienen las actuales tendencias de endeudamiento, la deuda total del Tesoro de los Estados Unidos podría alcanzar los 50 billones de dólares en 2029.

El Tesoro quiere evitar que las tasas largas se disparen; mientras que la Fed no quiere dar la impresión de que está rescatando al mercado de bonos. Son objetivos que pueden coincidir en algunos momentos, pero no son exactamente los mismos.

El verdadero riesgo

El verdadero riesgo es que las acciones pueden seguir subiendo mientras el mercado de bonos se deteriora durante un tiempo.

Pero, la divergencia no puede ampliarse indefinidamente debido a que una tasa larga de Treasury más elevada significa entre otras cosas: mayor costo de financiamiento para empresas; mayores tasas hipotecarias; mayor costo de financiamiento para gobiernos; menores valuaciones para acciones de crecimiento; mayor costo de capital para proyectos de infraestructura; presión sobre private equity; mayor exigencia de rentabilidad para private credit y una tasa de descuento más elevada para prácticamente todos los activos.

Por eso el comportamiento del Treasury es particularmente relevante para fondos de inversión, asset managers, wealth management y family offices. No se trata simplemente de decidir si comprar o vender bonos. Se trata de determinar qué precio debe tener todo activo financiero en un mundo donde el Treasury de largo plazo vuelve a exigir rendimientos significativamente mayores.

Existe además una variable que hace diferente este ciclo. La economía estadounidense está entrando en una etapa de enormes inversiones en centros de datos, semiconductores, energía, redes eléctricas y tecnología vinculada con inteligencia artificial, esto significa que el gobierno no es el único gran demandante de capital.

Esta competencia puede contribuir a mantener elevados los costos de financiamiento incluso si la Fed empieza eventualmente a recortar las tasas de corto plazo, el problema, por tanto, puede no ser únicamente monetario, puede ser estructural.

¿Qué significa para los inversionistas?

Para los gestores de portafolios, el escenario obliga a revisar una premisa que dominó buena parte de la última década: que una caída de las tasas de la Fed necesariamente produciría un rally generalizado de los bonos.

Hoy dicha premisa no necesariamente podría cumplirse. Si las tasas cortas bajan pero las tasas largas permanecen elevadas por déficit, inflación, oferta de deuda y demanda de capital, la curva puede comportarse de manera muy distinta a la esperada.

La Fed mantiene su tasa de referencia en 3,50 %-3,75 %, conserva herramientas para garantizar una cantidad suficiente de reservas y no ha reactivado una política de compras masivas de activos. Al mismo tiempo, el Tesoro acaba de aumentar sus compras de bonos largos para mejorar las condiciones del mercado. La combinación deja una pregunta abierta para los próximos meses:

¿Puede Estados Unidos mantener bajo control la inflación, financiar una deuda superior a 40 billones de dólares y financiar simultáneamente el gigantesco ciclo de inversión en inteligencia artificial sin provocar que el costo del capital de largo plazo permanezca elevado?

La respuesta será determinante no sólo para Wall Street, también definirá los rendimientos que exigirán los inversionistas de todo el mundo en los próximos años, advierten los expertos.

El empleo, la inmigración y el consumo mantienen el crecimiento de España

  |   Por  |  0 Comentarios

Pixabay CC0 Public Domain

Patrick Artus, Senior Economic Advisor de Ossiam (affiliate de Natixis IM), destaca el fuerte crecimiento actual de España en un momento en el que el resto de los países de la eurozona crecen lentamente. Según explica, desde 2022, el crecimiento de España ha sido claramente superior al del conjunto de la eurozona y, añade, que el fuerte crecimiento español aporta aproximadamente 0,2 puntos porcentuales al crecimiento total de la eurozona, dado que España representa el 8,9% del PIB de la unión monetaria.

Entre las posibles explicaciones de esta diferencia de crecimiento entre España y el resto de la eurozona, Artus señala varios factores, entre ellos el crecimiento del empleo, impulsado por la contribución de la inmigración. Además, destaca que los trabajadores extranjeros tienen cada vez una mayor presencia en actividades de alto valor añadido. Gracias a ello, España está registrando un fuerte crecimiento del empleo a pesar del envejecimiento de la población, señala Artus.

Otro de los elementos que explican la evolución de la economía española es la importancia del turismo y de las exportaciones de servicios distintos del turismo. Artus también pone el foco en los bajos costes laborales en España, que aumentan el atractivo del país para la inversión. Este factor, según explica, “explica la resiliencia que ha mostrado la producción manufacturera desde 2017”.

A ello se suma el rápido incremento del poder adquisitivo de los salarios, impulsado, en parte, por el importante incremento del salario mínimo, una evolución que está favoreciendo el crecimiento del consumo de los hogares. Por último, el economista destaca la recuperación de la productividad laboral, que hasta 2021 había mostrado un crecimiento muy limitado y que actualmente crece a un ritmo superior al del conjunto de la eurozona.

Tal y como señala el economista, en un momento en el que el resto de los países de la eurozona crecen lentamente, desde 2022, el crecimiento de España ha sido claramente superior al del conjunto de la eurozona. El fuerte crecimiento español aporta aproximadamente 0,2 puntos porcentuales al crecimiento total de la eurozona, dado que España representa el 8,9% del PIB de la unión monetaria.

«Gracias a ello, España está registrando un fuerte crecimiento del empleo a pesar del envejecimiento de la población; la importancia del turismo y de las exportaciones de servicios distintos del turismo; los bajos costes laborales en España, que aumentan el atractivo del país para la inversión, lo que explica la resiliencia que ha mostrado la producción manufacturera desde 2017; el rápido incremento del poder adquisitivo de los salarios, impulsado, en parte, por el importante incremento del salario mínimo, que está favoreciendo el crecimiento del consumo de los hogares; la recuperación de la productividad laboral, que hasta 2021 había mostrado un crecimiento muy limitado y que actualmente crece a un ritmo superior al del conjunto de la eurozona», concluye Patrick Artus.

Los mercados emergentes rompen la racha de salidas de flujos en julio

  |   Por  |  0 Comentarios

Pixabay CC0 Public Domain

Después de un período de salidas, los flujos de carteras internacionales a mercados emergentes volvieron a terreno positivo durante julio. Eso muestran las cifras del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés) al séptimo mes del año, dando cuenta de robustos flujos a activos de renta fija y una desaceleración de las desinversiones en renta variable.

El reporte de la entidad mostró que los portafolios no residentes destinaron un total neto de 18.800 millones de dólares en julio. Esto contrasta con los 18.000 millones de dólares netos que salieron en junio y los 25.200 millones de dólares que se fugaron en mayo.

Eso, sí, destacan desde el IIF, esto sigue por debajo de los 46.500 millones de dólares netos que llegaron a los activos emergentes en julio del año pasado.

“El mes no trajo una normalización completa”, advirtió el economista senior de la entidad, Jonathan Fortun. “La composición siguió fuertemente inclinada a la deuda y la mejora en la cifra general se debió más a una menor liquidación de acciones que a un retorno en la demanda por renta variable”, agregó.

De todos modos, desde el IIF destacaron que julio trajo un quiebre en la secuencia de flujos de salida. Esto, señaló Fortun, sugiere que “el estrés concentrado en los mercados accionarios de Asia está perdiendo intensidad, en vez de que el fenómeno se esté extendiendo a la renta fija”.

En el desagregado por clase de activos, los flujos netos a los activos de deuda emegrente llegaron a 26.700 millones de dólares en julio, según las cifras del IIF. Con esto, perdieron algo del vigor del pasado reciente: con 28.100 millones de dólares en junio y 36.000 millones de dólares en julio del año pasado.

Dentro de esta porción, la distribución fue bastante variada. 14.100 millones de dólares netos fueron destinados a deuda de Asia emergente, mientras que América Latina atrajo 5.900 millones de dólares, Europa emergente unos 4.600 millones de dólares y 2.000 millones de dólares al Medio Oriente y Norte de África (MENA, por su sigla en inglés).

Por su parte, los flujos de portafolios internacionales a activos de renta variable emergente se mantuvieron en terreno negativo en julio, aunque moderándose respecto a meses pasados.

En el séptimo mes del año, esta desinversión neta alcanzó los 7.800 millones de dólares. Esto representa una baja respecto a los 46.100 millones de dólares netos que salieron en junio y respecto a los flujos positivos de 10.500 millones de dólares que se registraron en julio de 2025.

“Los flujos de salida de las bolsas de emergentes excluyendo a China bajaron a 4.100 millones de dólares, desde 32.200 millones de dólares, a medida que las liquidaciones lideradas por las tecnológicas en Corea del Sur y Taiwán perdieron momentum a lo largo del mes y los fondos de renta variable dedicados a la clase de activos volvieron a modestos flujos de compra”, detalló Fortun en su reporte.

En el acumulado de 2026, la renta variable y la renta fija muestran realidades bastante dispares. Las bolsas emergentes suman una desinversión neta de 86.000 millones de dólares en lo que va del año, mientras que la deuda emergente ha más que subsanado esa salida.

“Los datos de julio sugieren una estabilización, más que una recuperación. Los inversionistas globales dejaron de recortar riesgos de equity al mismo ritmo de los dos meses pasados, pero todavía no han empezado a tomar posiciones de nuevo”, indicó Fortun, del IIF.

LYNK Markets: La excepción es el producto

  |   Por  |  0 Comentarios

Pixabay CC0 Public Domain

Una misma transacción es una compra para una parte y una venta para la otra. Puede tener una fecha de orden, una fecha de negociación, una fecha de valorización, una fecha de visualización y una fecha de liquidación… y cada una puede ser correcta para un propósito distinto. Un modelo de datos simplista intentaría resolver esas aparentes contradicciones. En los mercados privados, así es simplemente como funciona el dominio.

Solemos llamar a esto casos límite: el producto que se valoriza semanalmente en lugar de diariamente, el broker que necesita ver una operación exhibida como del lunes mientras su fecha de precio sigue siendo el viernes, el cliente cuyo proceso de compliance exige confirmaciones adicionales dentro del flujo de la orden, los sistemas externos que nombran todo de manera distinta a la nuestra. Pero cuando se construye la infraestructura que sostiene a los mercados privados, se aprende rápido que estas no son excepciones alrededor del producto. Son el producto. La variación es el dominio.

La pregunta de ingeniería no es cómo eliminar esa complejidad. Es dónde y cómo dejarla vivir.

Donde la interpretación se convierte en ejecución

La parte más difícil de mi trabajo ocurre antes de que alguien escriba una sola línea de código.

Una misma transacción es vista de forma distinta por cada persona que interactúa con ella. El equipo de Integraciones ve campos, mensajes y restricciones de sistemas. Capital Markets ve un ciclo de vida financiero. Operations ve lo que tiene que conciliar al cierre del día. Sales ve el contexto comercial y lo que espera el cliente. El cliente describe todo en el lenguaje de sus propios sistemas. Ninguno está equivocado. Pero el software no puede ejecutar cinco interpretaciones a la vez.

Entonces, antes de que pueda existir una regla, esas cinco perspectivas tienen que convertirse en una sola. Ese trabajo no es escribir las reglas; es lograr que todos acuerden una definición compartida de lo que el negocio realmente significa. Los mercados privados hacen esto inusualmente difícil. La industria cuenta con estándares parciales (plantillas de reporting, documentos modelo, formatos de disclosure) pero no ofrecen un lenguaje operativo único y de punta a punta para describir una transacción desde la solicitud hasta la liquidación.¹ Las cosas se llaman de manera distinta en cada sistema. Buena parte del conocimiento todavía vive en documentos, cadenas de email y conversaciones. No hay un diccionario compartido para heredar; la mayoría de las veces, uno mismo lo está escribiendo.

Una regla de negocio es significado negociado, vuelto ejecutable. El trabajo de ingeniería comienza antes de la implementación: convertir terminología ambigua, perspectivas en conflicto y sistemas que nunca fueron diseñados para hablar entre sí en un solo modelo lo suficientemente preciso y rico como para funcionar.

Variedad necesaria, no configurabilidad ilimitada

Una vez que se asume que la variación es el dominio, aparece una conclusión tentadora: hacer que todo sea configurable. Convertir cada regla en un ajuste, cada diferencia en un toggle, y dejar que el mercado haga lo que quiera.

Esa es la lección equivocada, y vale la pena ser precisos sobre por qué.

El cibernético W. Ross Ashby nos dio la ley de la variedad requerida: solo la variedad puede destruir la variedad. Para regular un sistema, un controlador debe poseer suficiente variedad interna como para igualar la variedad que enfrenta.² Variedad requerida significa igualar las diferencias que importan: no fabricar opciones por sí mismas.

Con muy poca variedad, el sistema no puede representar las diferencias que son reales: obliga a un mercado desordenado a fingir que es uniforme, y se rompe la primera vez que no lo es. Por el contrario, una plataforma que hace todo configurable no ha absorbido la complejidad; se ha rendido ante ella y la ha redistribuido. Cada nuevo ajuste crea una forma más en que dos partes del sistema pueden discrepar sobre cuál es la verdad.

La configurabilidad suele presentarse como un fin en sí mismo. Ese es el objetivo equivocado. La meta no es la máxima flexibilidad. Es dar lugar a las diferencias que son reales sin permitir que las garantías centrales del sistema (identidad, estado, conciliación, auditabilidad) se fragmenten en una docena de versiones de la realidad. La pregunta real siempre es dónde trazar la línea entre lo que puede variar y lo que no debe hacerlo.

La cintura angosta de los mercados privados

El modelo más útil que conozco para trazar esa línea viene de la arquitectura de Internet.

Internet soporta una enorme variedad por encima (¡cada aplicación jamás escrita!) y por debajo (fibra, celular, satelital, wifi). Es ancho en ambos extremos y angosto en el medio, como un reloj de arena. En esa cintura angosta se ubica una única capa estable: el Protocolo de Internet. Esa cintura angosta permite que las capas de arriba y de abajo evolucionen de manera independiente.³ Si se vuelve el centro rico y configurable, cada participante hereda más requisitos, y el cambio coordinado se vuelve más difícil.

La infraestructura de los mercados privados necesita la misma forma. Por encima de la cintura: productos, experiencias de cliente, reporting, flujos de trabajo de cada cliente. Por debajo: los sistemas operados por brokers, custodios y administradores, conectados mediante archivos y APIs. En la cintura se ubica un único modelo canónico de transacción: identidad, un modelo de estados explícito, cálculos determinísticos y versionados, conciliación, y un registro de quién hizo qué y cuándo. El centro no elimina la flexibilidad. La vuelve segura.

Mecanismo y política

Aquí es donde un principio clásico de sistemas demuestra su valor: la separación entre mecanismo y política.⁴ El mecanismo es la maquinaria estable que preserva las garantías del sistema: identidad canónica, transiciones de ciclo de vida explícitas y auditables, evaluación consistente de políticas, conciliación. La política es lo que puede variar: ventanas de negociación, cutoffs, mínimos de producto, visibilidad broker-producto, convenciones de visualización de fechas. La separación nunca es perfectamente limpia; el juicio arquitectónico consiste en trazar ese límite y negarse a que se difumine. El matiz importa: una capacidad de override controlada y auditable pertenece al mecanismo; quién puede hacer ese override, y bajo qué condiciones, es política.

Esta separación importa porque las políticas cambian con más frecuencia que los mecanismos que las hacen cumplir, o que las garantías que esos mecanismos preservan. Un nuevo cliente, producto o jurisdicción puede introducir un cutoff, un modelo de permisos o una convención de visualización distintos. Eso no debería requerir reconstruir la maquinaria responsable de la identidad, la validación, la auditabilidad o la conciliación. Distintas políticas deberían poder atravesar los mismos mecanismos confiables.

Trazar el límite demasiado hacia un lado vuelve rígida a la plataforma. Trazarlo demasiado hacia el otro hace que la plataforma no garantice casi nada: cada cliente debe entender, configurar y compensar las garantías que el núcleo se negó a ofrecer. La misma complejidad, ahora pagada en cada punta.

La verdadera medida

Si se toma distancia, el patrón tiene un nombre. Traducir muchas perspectivas en un solo modelo, igualar la variedad sin multiplicarla, mantener angosta la cintura y separar el mecanismo de la política: en ingeniería de software, todos estos son actos de abstracción y encapsulamiento.

La abstracción define el significado compartido en el que la plataforma puede apoyarse: qué es fundamentalmente una transacción, a través de todas las formas distintas en que los participantes la describen. El encapsulamiento contiene detrás de ella las reglas que varían, de modo que un cálculo de fecha o una regla de un cliente puedan cambiar sin obligar al resto de la plataforma a cambiar con ellas. Esto resuena con el principio de ocultamiento de información de David Parnas: un cambio en una decisión no debería propagarse por todo el sistema.⁵

Juntos, responden la pregunta planteada al inicio: no cómo eliminar la variedad, sino dónde y cómo dejarla vivir.

Una buena abstracción se comporta como un contrato. Es lo suficientemente completa como para poder confiar en ella y lo suficientemente laxa como para poder reimplementarse; lo suficientemente precisa como para eliminar la ambigüedad, pero no tan detallada como para fijar decisiones que todavía nadie tuvo que tomar.

Cuando ese contrato está bien logrado, sucede algo silencioso y valioso. Cada nueva integración reutiliza más del modelo que ya existe. Una nueva contraparte se convierte en un mapeo sobre el modelo canónico de transacción, en lugar de requerir automáticamente un nuevo fork de la plataforma. El valor de esa arquitectura se acumula; la plataforma puede comprender más del mercado sin producir más versiones de la verdad.

Esa es la verdadera medida de la infraestructura en esta industria, y va a contramano de lo que el mercado suele celebrar. La plataforma más sólida no es la que tiene más ajustes. Es la que puede absorber más mercado (más productos, más participantes, más formas de nombrar y hacer las cosas) sin perder su control sobre una única verdad compartida.

Las excepciones no son ruido alrededor del producto. Son el producto. El trabajo consiste en construir un lenguaje lo bastante preciso como para contenerlas a todas.

 

Tribuna elaborada por Milena Brum — Engineering Manager, LYNK Markets

La batalla por el talento financiero latinoamericano

  |   Por  |  0 Comentarios

Foto cedida

La competencia por el dinero latinoamericano está adquiriendo una nueva dimensión, se ha trasladado hacia un activo mucho más escaso: el talento capaz de entender al nuevo inversionista de la región y acompañarlo en un mercado que está cambiando a una velocidad inédita. Ya no se trata solamente de quién tiene los mejores fondos, quién cobra las comisiones más bajas o quién ofrece acceso a los mercados internacionales.

En los últimos meses, gestoras internacionales, bancos privados, plataformas independientes de wealth management y firmas especializadas en servicios para family offices han acelerado la contratación y movilidad de ejecutivos con experiencia regional, conocimiento de mercados privados, distribución institucional, inversiones globales y gestión de grandes patrimonios.

El fenómeno no es casual. El inversionista latinoamericano está cambiando al mismo tiempo que cambia la arquitectura de la industria.

Las grandes fortunas tienen cada vez mayor exposición internacional. Los fondos de pensiones buscan ampliar su universo de inversión hacia activos privados y mercados globales; los gestores tradicionales compiten con plataformas independientes; los ETFs modifican la distribución de productos; la inteligencia artificial comienza a transformar el análisis y la relación con los clientes, y las fronteras entre asset management, wealth management, banca privada y family offices son cada vez menos claras.

El resultado será, probablemente, un nuevo ecosistema de inversiones en América Latina. Y las instituciones que están intentando construirlo ya están peleando por las personas que tendrán que dirigirlo. El talento se mueve hacia donde está el crecimiento

Uno de los ejemplos más recientes ocurrió en enero, cuando Capital Group nombró a Patricia Hidalgo como Managing Director y Head of Latin America. Hidalgo llegó procedente de J.P. Morgan Asset Management, donde pasó más de una década y ocupó, entre otros cargos, la posición de Head of Alternatives for Latin America. Antes había trabajado en CitiBanamex en México.

Su nueva responsabilidad tiene especial relevancia porque Capital Group no solamente busca ampliar su distribución entre inversionistas institucionales y distribuidores. La firma señaló expresamente que su estrategia incluye profundizar las relaciones con administradoras de fondos de pensiones en México, Chile y Colombia, además de bancos centrales y fondos soberanos.

El movimiento muestra hacia dónde está mirando la industria: alternativas, institucionales, distribución y conocimiento regional están convergiendo en una misma posición ejecutiva. Y también muestra otro elemento de la nueva competencia: los grandes gestores no necesariamente están buscando talento exclusivamente dentro de sus propias organizaciones. Están pescando en el mercado.

Hidalgo es precisamente un ejemplo de esa movilidad, una ejecutiva que pasa de una de las mayores plataformas globales de gestión de activos a otra con una misión explícita de acelerar su presencia latinoamericana.

De los bancos globales a las plataformas independientes

Otro movimiento ocurrido este verano resulta todavía más revelador para el segmento de wealth management. En julio, Insigneo incorporó a Juan C. Londoño y Felipe Quintero como Senior Vice Presidents. Ambos llegaron procedentes de Merrill Lynch, donde construyeron durante más de 15 años una carrera conjunta asesorando a familias empresarias e inversionistas de Colombia, México, Centroamérica y Estados Unidos. La operación tiene un significado que trasciende los dos nombramientos.

La propia firma destacó que los ejecutivos aportan experiencia en estrategia global de inversión, banca privada y wealth management global. En otras palabras, no solamente llevan conocimiento técnico sino que llevan relaciones, conocimiento de las familias y experiencia acumulada en distintas jurisdicciones. Ese activo es cada vez más valioso.

Durante décadas, una parte importante de los grandes patrimonios latinoamericanos estuvo atendida por las principales instituciones bancarias internacionales. Ahora, las plataformas independientes están intentando disputar ese negocio ofreciendo arquitectura abierta, acceso a múltiples gestores y una mayor flexibilidad para construir portafolios.

Eso explica por qué la contratación de equipos completos se ha convertido en una herramienta estratégica; no se trata simplemente de contratar a un buen banquero privado. Se trata de adquirir conocimiento de mercado, relaciones y capacidad de distribución.

Miami se consolida como uno de los grandes campos de la batalla

La transformación también está reforzando el papel de Miami como plataforma financiera para el patrimonio latinoamericano. En julio, M&G Investments incorporó a Vince León como Senior Sales Manager para su negocio US Offshore y Latinoamérica. León, con más de 20 años de experiencia en distribución de inversiones en América, llegó procedente de Voya Investment Management, donde era Senior Vice President y Senior Regional Director para US Offshore. Reporta a Ander López, Sales Director para LatAm.

Su trabajo consiste en relacionarse con asesores financieros, bancos privados, grandes plataformas de asesoramiento y firmas independientes que atienden al mercado US Offshore. La lectura estratégica es clara: la distribución se está convirtiendo en una competencia especializada.

La gestora ya no necesita únicamente un buen administrador de portafolios. Ahora necesita personas capaces de traducir una oferta global de activos públicos y privados a las necesidades específicas de asesores, family offices, bancos privados y fondos institucionales latinoamericanos, y esa capacidad no se improvisa.

El fenómeno es todavía más importante cuando se observa desde la perspectiva de los family offices. Las grandes familias latinoamericanas están dejando de pensar en términos exclusivamente nacionales. Sus portafolios incorporan cada vez más activos denominados en distintas monedas y jurisdicciones, desde Estados Unidos y Europa hasta Asia, además de estrategias de private equity, private credit, infraestructura y otros activos alternativos.

Los análisis especializados señalan que los family offices están reaccionando ante un entorno de mayor incertidumbre geopolítica y económica mediante una mayor diversificación geográfica y cambiaria, al tiempo que aumentan su interés por temas como inteligencia artificial, infraestructura y energía. Daniel Bassan, entonces responsable de UBS en Brasil y Latinoamérica, destacó precisamente la importancia de estos cambios en la asignación estratégica.

Lo anterior modifica las habilidades que necesita un asesor; el nuevo profesional de wealth management tendrá que comprender inversiones tradicionales, pero también estructuras internacionales, fiscalidad, mercados privados, planificación patrimonial, sucesión, gobierno familiar y, cada vez más, tecnología.

La frontera entre banquero privado, asesor de inversiones y especialista en family office comienza a desaparecer; también se están moviendo los grandes ejecutivos porque la movilidad del talento no se limita a posiciones comerciales.

En agosto, Daniel Bassan, quien hasta entonces era CEO de UBS para Brasil y responsable regional para Latinoamérica, fue anunciado como nuevo vicepresidente de Santander Corporate & Investment Banking en Brasil, cargo que asumirá a comienzos de 2027. En UBS, su lugar como country chief de Brasil será ocupado por Daniel Barros, quien mantendrá además su posición como CEO de UBS BB.

El movimiento es significativo porque muestra cómo las grandes instituciones están compitiendo por ejecutivos capaces de moverse entre diferentes segmentos del mercado: banca de inversión, clientes institucionales, corporativos y grandes patrimonios.

En otras palabras, el talento financiero latinoamericano también se está volviendo transversal.; el ejecutivo más valioso ya no necesariamente es el especialista que conoce perfectamente una sola clase de activo. Es aquel que entiende cómo interactúan los diferentes negocios financieros y puede conectar capital institucional, mercados privados, banca de inversión y patrimonio.

Los fondos de pensiones también entran de lleno en la transformación

La transformación alcanza también a los fondos de pensiones. En México, por ejemplo, las Afores se encuentran ante un escenario en el que la mayor capacidad para invertir en activos alternativos exige profesionales capaces de analizar private equity, infraestructura, deuda privada y otros instrumentos que tradicionalmente tuvieron una participación mucho menor dentro de los portafolios.

El mapa del talento ya muestra esa especialización. Aurora Fadile Herrera, por ejemplo, se desempeña como PM Director de Inversiones Alternativas en Principal Afore México, donde participa en la estrategia de activos privados, incluyendo private equity, infraestructura y deuda privada.

La relevancia de este tipo de perfiles irá en aumento conforme los fondos de pensiones latinoamericanos busquen sofisticar sus carteras porque el reto no consiste únicamente en disponer de más recursos para invertir, en realidad consiste en tener la capacidad interna para seleccionar gestores, negociar estructuras, evaluar riesgos, administrar liquidez y monitorear inversiones que pueden permanecer en cartera durante muchos años.

Por eso la competencia por especialistas en mercados privados no se limitará a las gestoras internacionales. También alcanzará a las propias instituciones previsionales.

El nuevo profesional financiero

Todos estos movimientos apuntan hacia una conclusión: el perfil del profesional que necesita la industria está cambiando. Hace una década, un buen especialista podía construir su carrera alrededor de una clase de activo, una región o una función específica. El nuevo ecosistema demanda una combinación mucho más amplia.

Las instituciones necesitarán personas que entiendan de una diversidad de temas especializados como: mercados privados y activos alternativos; ETFs, indexación y gestión pasiva; inversión internacional y portafolios multimoneda; inteligencia artificial y análisis de datos; activos digitales y tokenización; planificación patrimonial y sucesión; fiscalidad y estructuras transfronterizas; family offices y gobierno familiar; distribución institucional y US Offshore; gestión de relaciones con clientes de alto y ultra alto patrimonio.

Pero hay algo más importante: necesitarán profesionales capaces de conectar todas esas disciplinas. La revolución tecnológica tampoco significa que el talento humano pierda valor. En wealth management puede ocurrir exactamente lo contrario.

La tecnología puede automatizar buena parte del análisis, generar información y mejorar la construcción de portafolios. Pero cuando se trata de administrar una fortuna familiar, estructurar una sucesión o decidir cómo distribuir un patrimonio entre varias jurisdicciones, la confianza sigue siendo un activo difícil de sustituir.

Latinoamérica, imán para el talento

El movimiento de ejecutivos también refleja una realidad más amplia: las instituciones internacionales están viendo oportunidades en América Latina. Raimundo Diaz, Executive Vice President, Americas de Vistra, explicó recientemente que la firma creó Vistra Latam para atender la región, integrando su plataforma global con la experiencia local de Biz Latin Hub, adquirida a finales de 2025. La organización cuenta con alrededor de 550 personas trabajando en la región.

La firma identifica oportunidades relacionadas con empresas latinoamericanas que establecen operaciones en Estados Unidos, compañías internacionales que llegan a la región y familias que requieren estructuras para administrar patrimonios y operaciones globales.

El mensaje es importante porque demuestra que el crecimiento no está ocurriendo únicamente en la gestión de activos. Está apareciendo un ecosistema alrededor del patrimonio: gestores, bancos privados, family offices, administradores fiduciarios, asesores fiscales, abogados, plataformas tecnológicas y especialistas en inversiones alternativas.

Todos compiten por el mismo recurso: profesionales capaces de conectar esas piezas, el talento será una ventaja competitiva

La industria financiera latinoamericana está entrando así en una etapa en la que el capital seguirá siendo indispensable, pero no suficiente. Una gestora puede tener una estrategia de private credit competitiva; un banco privado puede ofrecer acceso a prácticamente cualquier mercado del mundo; un family office puede contar con una plataforma sofisticada y un fondo de pensiones puede disponer de recursos crecientes para invertir.

Pero todos necesitan personas que sepan utilizar esas herramientas; la contratación de Patricia Hidalgo por Capital Group, la llegada de Londoño y Quintero a Insigneo, el movimiento de Vince León hacia M&G y el cambio de liderazgo protagonizado por Daniel Bassan y Daniel Barros en UBS y Santander son piezas de una misma historia.

En este sentido, la batalla por el talento financiero latinoamericano apenas comienza, los próximos años, probablemente veremos más movimientos entre gestoras, bancos privados, fondos de pensiones, family offices y plataformas independientes. También aumentará la contratación de especialistas procedentes de tecnología, consultoría, banca de inversión y mercados privados.

La razón es sencilla: el negocio ya no consiste solamente en administrar dinero, sino en entender dónde estará el dinero, cómo se moverá, qué productos necesitará, en qué jurisdicciones estará y, sobre todo, quién tendrá la confianza de sus propietarios. Ese será uno de los principales factores que definan a los ganadores del nuevo ecosistema financiero latinoamericano.

Franklin Templeton anuncia el cierre de su primera CFO por 1.500 millones de dólares

  |   Por  |  0 Comentarios

Pixabay CC0 Public Domain

La gestora Franklin Templeton ha anunciado el cierre con éxito de Franklin Templeton Structured Solutions 2026, L.P., su primera Collateralized Fund Obligation (CFO), con la captación de 1.500 millones de dólares de inversores de todo el mundo.

Los CFO son una forma estructurada de financiación para carteras diversificadas de capital riesgo, en la que se establecen varios tramos de deuda con prioridad sobre los accionistas. Según destacan desde la gestora, su producto está diseñado para proporcionar a los inversores una exposición diversificada y eficiente a las principales estrategias de mercados privados que oferta Franklin Templeton. Esto incluyendo secundarios de private equity y vehículos de continuación gestionados por Lexington Partners, así como préstamos directos al mercado medio estadounidense gestionados por Benefit Street Partners (BSP), especialista en crédito alternativo de Franklin Templeton, a través de múltiples «vintages» y una amplia variedad de compañías subyacentes en cartera.

Mayor demanda de diversificación en mercados privados

«Estamos observando una creciente demanda por parte de los clientes de acceso a estrategias diferenciadas de mercados privados a través de estructuras eficientes y escalables», afirmó George Stephan, Global Chief Operating Officer, Wealth Management Private Markets de Franklin Templeton. «Esta primera CFO responde directamente a esa demanda, al combinar la experiencia especializada de nuestros gestores de mercados privados en una oferta que refleja todo el alcance de las capacidades que Franklin Templeton puede ofrecer».

«Esta operación demuestra cómo las soluciones estructuradas pueden reunir distintas capacidades de los mercados privados para responder a las necesidades cambiantes de las carteras institucionales», señaló Jake Williams, Co-Head, Private Markets Product de Franklin Templeton. «La operación se apoya en la amplitud de la plataforma de mercados privados de Franklin Templeton y en nuestro compromiso continuo con el desarrollo de soluciones innovadoras que ayuden a los clientes a alcanzar sus objetivos».

El cierre con éxito de la operación supone un hito importante para Franklin Templeton, ya que establece un nuevo canal de captación de capital para su plataforma de mercados privados y posiciona a la firma para aprovechar la creciente demanda de soluciones estructuradas de mercados privados a medida que su adopción se extiende entre un abanico más amplio de inversores, incluidos asesores de inversión registrados (RIA), family offices, compañías de seguros y distribuidores de patrimonio.

En la actualidad, Franklin Templeton cuenta con 295.000 millones de dólares en activos alternativos bajo gestión (datos a 31 de julio de 2026) y ofrece una plataforma diversificada de mercados privados que incluye a Lexington Partners (secundarios y coinversiones); Clarion Partners (inmobiliario privado), Benefit Street Partners (crédito privado) y Franklin Ventures, (hedge y capacidades en activos digitales).

Las empresas cotizadas, bajo presión: el activismo aumenta un 11% en Europa

  |   Por  |  0 Comentarios

Foto cedidaCathie Wood, fundadora, directora ejecutiva y directora de Inversiones de ARK Invest

Las campañas de activismo accionarial se incrementaron en un 11 % en Europa durante los cinco primeros meses de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior, según el informe “A&M Activist Alert (AAA) – 2026 Interim Outlook”, elaborado por Alvarez & Marsal (A&M). El estudio constata que los fondos activistas mantienen su presión sobre las empresas cotizadas, aunque cada vez recurren más a conversaciones privadas con los consejos de administración para impulsar cambios estratégicos antes que a campañas públicas.

El activismo accionarial consiste en la toma de participaciones por parte de inversores con el objetivo de influir en la estrategia de las compañías y acelerar la creación de valor para el accionista.

Un activismo más silencioso

Aunque tradicionalmente estas campañas se asociaban a enfrentamientos públicos con los consejos de administración, el mercado evoluciona hacia modelos de diálogo más discreto y negociaciones directas con las empresas antes de plantear actuaciones públicas. El informe identifica esta evolución hacia un activismo más «silencioso» como una de las principales tendencias del mercado europeo.

Este enfoque busca influir en las decisiones corporativas sin trasladar el conflicto al mercado y favorece un diálogo más constructivo entre compañías y accionistas. Así, según el análisis de Alvarez & Marsal, las compañías en las que los fondos activistas optan por un enfoque privado obtienen, de media, una rentabilidad para el accionista un 7,3 % superior tras dos años. Además, estas empresas realizan menos adquisiciones y más desinversiones, lo que refleja un mayor foco en la asignación eficiente del capital.

Dónde se concentra el activismo

Por sectores, el consumo continúa siendo el principal objetivo de las campañas de activismo en Europa y concentra el 24 % del total. El estudio también destaca el renovado interés por las compañías industriales, así como el aumento de las demandas relacionadas con operaciones corporativas y asignación de capital.

El análisis geográfico de las campañas activistas en Europa revela una marcada concentración en unos pocos mercados clave. Reino Unido lidera claramente, alcanzando cerca del 45 % del total en 2026, tras un crecimiento sostenido desde el ~30 % registrado en años anteriores. Alemania se mantiene como el segundo mercado más activo, con una participación de entre el 20 % y el 27 % a lo largo del periodo. Suiza y Escandinavia completan el grupo de mercados relevantes, con cuotas de entre el 8 % y el 20 %. Francia, Italia y Benelux mantienen una presencia más moderada pero estable. España, por su parte, aunque continúa representando una fracción marginal del total (en torno al 2-4 %), se mantiene como un mercado a seguir dentro del panorama europeo del activismo corporativo.

Para Alvarez & Marsal, el aumento del activismo accionarial refuerza la importancia de que las compañías cuenten con una estrategia clara, una comunicación precisa con el mercado y una propuesta de valor sólida para responder a las expectativas de los inversores.