Emiten en México el quinto fondo en el mundo relacionado con la biodiversidad

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Los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) colocaron 1.657 millones de pesos en su primer bono de biodiversidad, un instrumento de deuda etiquetado que busca financiar prácticas agrícolas sostenibles y reducir la presión sobre los suelos. La operación forma parte de una emisión total de 6,298 millones de pesos (alrededor de 350 millones de dólares), distribuida en tres tramos, y representa el primer bono de esta naturaleza emitido por una entidad gubernamental en América Latina.

El título de biodiversidad se colocó a cinco años, a tasa variable referenciada a la TIIE de fondeo, con un diferencial de 40 puntos base. De acuerdo con Alberto Lara, funcionario de FIRA, la institución cuenta con calificación AAA y logró un costo competitivo pese a no disponer de garantía soberana.

Los otros dos tramos de la operación correspondieron a un instrumento a tres años, por 1.614 millones de pesos, y otro a un plazo de 1,6 años, por 3.027 millones. En conjunto, los tres títulos sumaron los 6.298 millones de pesos anunciados.

El bono de biodiversidad cuenta con la etiqueta de bono verde y una opinión de segunda parte (Second Party Opinion), mecanismo que respalda la evaluación de los proyectos elegibles conforme a los criterios aplicables a este tipo de instrumentos.

Más allá de su dimensión financiera, la operación busca vincular el ahorro institucional con la preservación del capital natural del país. El objetivo inmediato es reducir el uso excesivo de fertilizantes químicos en determinadas regiones agrícolas, mediante financiamiento, incentivos económicos, asistencia técnica y seguimiento de las prácticas productivas.

Afores y bancos financiarán la transición agrícola

La operación también representa un nuevo paso en la conexión entre el mercado de valores y el financiamiento agropecuario. Alan Elizondo, director general de FIRA, explicó que los recursos captados en las subastas provienen de inversionistas como Afores, bancos, casas de bolsa, fondos de inversión y entidades gubernamentales, entre otros participantes.

Una vez recibidos, los recursos se canalizan hacia las regiones y actividades donde se han identificado prácticas de sobrefertilización. Para llegar a los productores, FIRA utiliza intermediarios financieros como bancos, uniones de crédito y sociedades financieras de objeto múltiple (Sofomes), así como empresas que agrupan a agricultores y comercializan sus cosechas.

Elizondo destacó que este modelo no está limitado necesariamente a grandes productores. En algunas regiones, agricultores con superficies de seis o siete hectáreas pueden beneficiarse cuando participan en esquemas de acopio o trabajan con empresas que funcionan como intermediarias para acceder al financiamiento y los insumos.

El programa se concentra inicialmente en regiones donde existen referencias técnicas que permiten identificar aplicaciones de fertilizantes superiores a las necesidades agronómicas de los cultivos. En el caso del maíz, FIRA estima que alrededor de 66% de la producción nacional presenta algún grado de sobrefertilización.

La institución busca reducir las aplicaciones de nitrógeno de aproximadamente 400 a 280 unidades por hectárea, al tiempo que promueve el uso de biofertilizantes, elaborados con microorganismos y otros componentes que contribuyen al aprovechamiento de los nutrientes y a la recuperación de los suelos.

Para evitar que la reducción de fertilizantes afecte los rendimientos, el esquema contempla incentivos económicos y asistencia técnica. Entre los mecanismos mencionados por FIRA figura una reducción de hasta tres puntos porcentuales en la tasa de interés, condicionada a los compromisos de adopción de prácticas elegibles. La institución también supervisará que los productores reduzcan efectivamente las aplicaciones químicas y utilicen adecuadamente los biofertilizantes.

El programa ya tuvo una primera fase piloto durante el ciclo agrícola otoño-invierno 2025-2026, en el que se incorporaron alrededor de 22.000 hectáreas. Para el ciclo 2026-2027, FIRA prevé más que triplicar la superficie atendida, una vez que la mecánica operativa ha sido probada y presentada en algunas de las principales zonas productoras.

Los 1.657 millones de pesos del bono se destinarán exclusivamente a este esquema. Elizondo estimó que los recursos podrían utilizarse durante aproximadamente un año y medio, equivalente a unos tres ciclos agrícolas, y señaló que la institución evaluaría una nueva emisión si la demanda de financiamiento y los resultados justifican ampliar el programa.

El reto de convertir la inversión en resultados ambientales

La relevancia de la emisión se entiende a la luz de los desafíos que enfrenta el sector agroalimentario. José Luis Negrín, director general de Asuntos del Sistema Financiero del Banco de México, advirtió que los riesgos climáticos y la pérdida de biodiversidad constituyen riesgos sistémicos para la economía mexicana.

México ocupa el quinto lugar entre los países megadiversos, alberga más de 12% de las especies del planeta y cuenta con más de 60 tipos de ecosistemas. Sin embargo, la degradación de los suelos, la pérdida de hábitats y la presión sobre los recursos naturales amenazan tanto la conservación ambiental como la productividad agrícola.

De acuerdo con las cifras expuestas por Negrín, 64% del territorio nacional presenta algún nivel de degradación de suelos. Entre sus consecuencias figuran la pérdida de fertilidad, la erosión, la menor capacidad de retención de agua y una mayor vulnerabilidad ante fenómenos climáticos extremos, factores que también pueden incrementar los riesgos de crédito e impago en las cadenas agroalimentarias y la infraestructura rural.

La apuesta de FIRA parte de una contradicción productiva: durante las últimas seis décadas, la producción mundial de cereales pasó de 877 millones a 3.133 millones de toneladas, un incremento de aproximadamente 3,6 veces, mientras la superficie utilizada aumentó apenas 15%, de 648 millones a 745 millones de hectáreas.

La innovación tecnológica permitió elevar la producción y alimentar a una población creciente, pero el uso excesivo de determinados insumos también ha contribuido al deterioro de los recursos que sostienen esa productividad. Para Elizondo, el desafío consiste en corregir esas prácticas sin comprometer la producción de alimentos.

El director general de FIRA subrayó que el problema no radica necesariamente en el uso de fertilizantes, sino en su aplicación por encima de las necesidades de los cultivos. La institución busca modificar los incentivos económicos para que los productores adopten prácticas que reduzcan la presión sobre los suelos y favorezcan la recuperación progresiva de su biodiversidad.

No obstante, el propio funcionario hizo una precisión importante: reducir la fertilización química no restablece por sí sola la biodiversidad. La disminución de la presión sobre los suelos, acompañada del uso de biofertilizantes, puede iniciar un proceso de recuperación cuyos beneficios ambientales requerirán varios años para materializarse.

FIRA refuerza su presencia en el mercado de deuda

El nuevo instrumento se suma a una trayectoria de financiamiento de FIRA a través del mercado de valores. Desde 2012, el Fondo Especial de Financiamientos Agropecuarios (FEFA) ha realizado 194 emisiones por un monto superior a 216.000 millones de pesos, de acuerdo con las cifras presentadas por el presidente del Consejo de Administración del Grupo Bolsa Mexicana de Valores, Marcos Martínez.

Por su parte, representantes de FIRA señalaron que el saldo en circulación de su deuda ronda los 100.000 millones de pesos y que, considerando las emisiones públicas y privadas, de corto y largo plazo, la institución acumula cerca de 500.000 millones de pesos emitidos desde 2012.

Elizondo explicó que el financiamiento del campo ha evolucionado desde un modelo sustentado principalmente en recursos gubernamentales hacia otro en el que el mercado de valores y el ahorro institucional tienen una participación determinante. En ese proceso, las Afores se han convertido en una fuente relevante de recursos de largo plazo para financiar actividades productivas.

Sin embargo, el funcionario reconoció que no toda la deuda en circulación tiene una finalidad temática. Estimó que entre una cuarta parte y una tercera parte corresponde a instrumentos con objetivos específicos de sostenibilidad, lo que deja margen para ampliar el financiamiento vinculado a metas ambientales.

La operación se produce, además, en un contexto en el que los emisores mexicanos enfrentan el reto de mantener el interés de los inversionistas por los bonos sostenibles. Alberto Lara señaló que la discusión internacional sobre sus costos de estructuración y la dificultad para medir sus beneficios ambientales ha influido en la evolución de este mercado, mientras que Elizondo destacó la tensión que enfrentan los inversionistas institucionales entre ofrecer rendimientos a los ahorradores para el retiro y asignar recursos a proyectos con impacto social y ambiental.

En ese sentido, el diferencial de 40 puntos base y la colocación de 1.657 millones de pesos a cinco años constituyen elementos financieros relevantes para evaluar el resultado de la operación. Elizondo consideró que ampliar la participación de emisores y desarrollar una clase de activos reconocible para estos instrumentos será importante para consolidar el mercado.

Cartera de FIRA crecería hasta 285.000 millones de pesos

Durante la presentación, Elizondo también informó que la cartera de crédito de FIRA alcanzó un saldo histórico de 270.000 millones de pesos antes del inicio del ciclo agrícola otoño-invierno. La institución prevé que el monto cierre 2026 entre 280.000 y 285.000 millones de pesos, lo que representaría un crecimiento aproximado de 5% respecto al año anterior.

El funcionario señaló que la cartera vencida se mantiene por debajo de 2%, aunque reconoció que los productores todavía resienten los efectos de ciclos agrícolas anteriores. De los 270.00 millones de pesos de cartera reportados, estimó que entre 85.000 y 90.000 millones cuentan con algún tipo de garantía, incluidos mecanismos de cobertura parcial y esquemas de primeras pérdidas.

De cara al nuevo ciclo, FIRA confía en que la disponibilidad de agua, los apoyos públicos y los instrumentos de estímulo a las tasas de interés, las primas de seguros agropecuarios y las coberturas de precios contribuyan a sostener la actividad productiva, pese a los riesgos climáticos.

El bono de biodiversidad introduce así una dimensión adicional en la estrategia de financiamiento de la institución: además de respaldar la producción agropecuaria, busca que una parte de los recursos del mercado de deuda contribuya a modificar prácticas que pueden deteriorar los recursos naturales.

El reto será demostrar que esa asignación de capital se traduce en cambios verificables en el uso de fertilizantes, la salud de los suelos y la conservación de la biodiversidad. La medición de esos resultados será determinante para evaluar el impacto del instrumento y, eventualmente, sustentar nuevas emisiones.

Deloitte, Inverco y la CNMV: una visión poliédrica de la industria

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Foto cedidaDe izquierda a derecha: Alberto Torija, socio responsable del Área de Asset Management de Deloitte; Carlos San Basilio, presidente de la CNMV; y Ángel Martínez-Aldama, presidente de Inverco.

El Encuentro Nacional de la Inversión Colectiva, organizado por Deloitte e Inverco, es una cita obligatoria para hacer un balance de cómo ha evolucionado el año, sus principales tendencias y abrir mesas de debate que aporten nuevas reflexiones. La edición número XVI ha cumplido estas expectativas y ha ofrecido una visión poliédrica sobre los retos y avances de la industria en este último año que han sido presentados por tres figuras muy significativas: Alberto Torija, socio responsable del Área de Asset Management de Deloitte; Ángel Martínez-Aldama, presidente de Inverco; y Carlos San Basilio, presidente de la CNMV.

Los tres coincidieron en algunos de estos retos, como, por ejemplo, la normativa que la Comisión Europea está empujando, el papel de transformación de la tecnología y la IA, o el impacto del envejecimiento de la población de cara a preparar sus ingresos para el futuro. “Los retos se repiten año tras año, con mayor o menor intensidad o recurrencia. Pero lo relevante de todos esos retos es que están dando forma a la futura base de inversores, que es la que estamos construyendo ahora”, indicaba Torija.

Así mismo, los tres coincidieron en el buen diagnóstico de la industria, que ya ha superado la cifra llamativa de un billón de euros en activos bajo gestión. Para todos, se trata de cifras muy positivas que demuestran que la figura del fondo de inversión se ha convertido en una figura clave y de referencia para que el ahorrador retail se convierta en inversor, el gran objetivo que se ha marcado la Comisión Europea. 

Mismos temas, diferentes matices 

Justamente, Torija ha puesto ese imperativo europeo de transformar ahorradores en inversores para canalizar ese capital al crecimiento y competitividad de Europa en el foco. En su opinión, hay un reto y oportunidad en que las crecientes necesidades de financiación pública y privada —derivadas del gasto en defensa, infraestructuras sostenibles y la megatendencia de la inteligencia artificial— no pueden ser cubiertas únicamente por el canal bancario tradicional. En este contexto, “la inversión colectiva actúa como el puente imprescindible entre el excedente de ahorro de los ciudadanos y los requerimientos de capital de las empresas”, apuntó. 

Sobre su visión de los retos, el socio de Deloitte destacó el papel de los mercados privados y su creciente peso en las carteras de los inversores, pero también cómo parte de la economía. “Ahora mismo, ninguna firma se puede dar el lujo de no contar en su oferta con productos de inversión en activos alternativos y esto tiene dos consecuencias claras: son una importante responsabilidad para con los inversores y, a nivel operacional, supone asumir cambios en las organizaciones”, apuntó. También compartió su visión sobre la tecnología, sobre la que quiso destacar que hemos pasado de un ciclo de desarrollo y prueba a uno de implementación y búsqueda de escala. “Para las gestoras el reto está en manejar bien los costes de oportunidad y vincular la inversión que están haciendo con los frutos en sus cuentas de resultados”, matizaba. 

El tercer punto que abordó fue el impacto del reto demográfico en la industria y la oportunidad que esto genera para los planes de pensiones. En su opinión, en un primer paso, la industria debería preguntarse si lo está haciendo bien, si está ofreciendo los servicios y productos que necesita para garantizar que su planificación financiera cubre una vida más larga. 

Movilizar el ahorro hacia la inversión

La industria es consciente de que los retos mencionados por Torija, que son estructurales y transversales, conviven con una de las grandes iniciativas europeas para incentivar la inversión: la Cuenta de Ahorro e Inversión, Financia Europa. “Como asociación estamos a favor de cualquier medida que contribuya a financiar, estimular o promover el ahorro financiero, y por ello valoramos positivamente esta iniciativa y, por supuesto, que los fondos, como no podía ser de otra manera, puedan ser activos elegibles. No obstante, teniendo en cuenta que esta medida es de carácter de corto plazo, estamos hablando de cinco años, debería complementarse, de nuestra punta de vista, con otras medidas estructurales que incentiven el ahorro y que sean susceptibles de mejorar los fondos de inversión como vehículos elegibles, como, por ejemplo, disponiendo directamente de una etiqueta”, apuntaba Martínez-Aldama. 

No hay duda de que Inverco apoya la iniciativa, pero pide resolver sesgos como la exclusión de las gestoras como proveedoras directas o la exigencia excesiva de renta variable, que actualmente dejaría fuera al 96% del patrimonio de los fondos. En este sentido, el presidente de la asociación explicaba: “Parecería razonable que el cómputo de los coeficientes en renta variable se realice por el proveedor de la cuenta y no que el fondo en sí tenga que cumplir los requisitos de la cuenta. Es decir, si queremos que los fondos sean 100 por 100 elegibles, podría haber dentro de la cuenta productos o fondos de renta fija puro que se compensaran con otros productos y otras ponderaciones. Y, en segundo lugar, esos porcentajes de renta variable deberían acompasarse al perfil de riesgo de las familias españolas”. También reclamaba el rol de las gestoras al considerar injustificado que las SGIIC, con experiencia en gestión discrecional y asesoramiento, no hayan sido habilitadas como proveedoras directas de la cuenta. 

En su siguiente reflexión, Martínez-Aldama enfatizó la urgente necesidad de desarrollar el pilar de previsión social en España, donde la tasa de sustitución depende al 100% del sistema público de reparto. En este sentido, reclamó rescatar el informe emitido por la OCDE a finales de 2024 para potenciar los mercados financieros. “No es una casualidad que aquellos países que han desarrollado los fondos de pensiones tengan unos mercados financieros más desarrollados y sus ciudadanos tengan una educación financiera, unos conocimientos financieros mayores, además, obviamente de una mayor capacidad de consumo en la jubilación. Lo cierto es que en España no tenemos un sistema de tres pilares de pensiones, sino tan solo uno, que es el pilar uno de reparto y público. Por lo tanto, nuestra tasa de sustitución depende exclusivamente de ese pilar de reparto”, recordaba. 

Frente a este reto, el presidente de Inverco ponía en el foco impulsar los fondos de pensiones en el ámbito de la empresa -implementando mecanismos de auto enrolment en las empresas para extender el ahorro corporativo al conjunto de los trabajadores tras la jubilación de la generación del baby boom- y en elevar los techos de aportación a planes individuales -poniendo como ejemplo el modelo de las Diputaciones Forales vascas con techos de 5.000 euros- y equiparar la fiscalidad en el momento de la prestación.

La óptica del supervisor

La visión poliédrica sobre los retos de la industria la ha completado Carlos San Basilio, presidente de la CNMV, quien dibujó las líneas maestras de la agenda supervisora para los próximos años. En un contexto de profunda transformación tecnológica y legislativa en Europa, San Basilio abogó por un equilibrio pragmático entre la protección del inversor minorista y el impulso firme a la competitividad del tejido financiero español. En su opinión, la industria tiene por delante cinco grandes retos, siendo el primero de ellos los que surgen ante el proyecto de integración de los mercados europeos, donde lo relevante para la industria es el enfoque de colaboración entre la ESMA y los supervisores nacionales para sus tareas, y la eliminación de barreras para la distribución transfronteriza de fondos. “Desde la CNMV estamos trabajando junto con Inverco para analizar las prácticas regulatorias que están frenando a la industria, pero que no afectan a la protección del inversor. Queremos avanzar en la reducción de las cargas para el cliente y ahora estamos evaluando las primeras medidas que adoptamos el año pasado”, añadía. 

El segundo de los retos que indicó San Basilio se refería a atraer al inversor minorista. En este sentido, coincidía con Martínez-Aldama en poner el foco en las oportunidades que puede traer la puesta en marcha de la Cuenta de Ahorro e Inversión. “El producto que se está aprobando es positivo para movilizar el ahorro. Por nuestra parte, estamos trabajando ya en el registro para los fondos elegibles”, señalaba. 

Por último, en el bloque operativo, San Basilio identificó la ciberseguridad y la digitalización como retos críticos para la estabilidad de la cadena de valor de las transacciones financieras. Por un lado, el supervisor reveló que, ante la futura T+1 y tras detectar cierto retraso en las entidades de menor dimensión dentro de la gestión colectiva, remitió cartas a una veintena de pequeñas gestoras para monitorizar sus planes de adaptación antes del verano. San Basilio constató que la mayoría ya ha asignado presupuesto y pruebas técnicas, pero insistió en no dilatar las modificaciones internas.

Tras destacar los proyectos puestos a prueba en el sandbox regulatorio junto al Banco de España, el presidente de la CNMV avaló el uso de la inteligencia artificial para la automatización de procesos rutinarios y el soporte analítico, advirtiendo de que las decisiones finales de inversión no deben automatizarse de forma excesiva y deben preservar siempre la verificación humana.

Por último, coincidiendo con las advertencias planteadas por la industria, el presidente de la CNMV reconoció la preocupación existente por el fenómeno de circunvalación por el cual entidades españolas domicilian vehículos en Luxemburgo bajo pasaporte europeo para comerciales en el mercado nacional. Para atajar esta desventaja competitiva, el organismo regulador ha puesto en marcha un plan junto a Inverco enfocado en identificar e ir eliminando aquellas prácticas supervisoras internas que supongan una traba operativa: «Estamos trabajando intensamente con Inverco para identificar cuáles son las prácticas supervisoras que pueden estar dificultando la competitividad de nuestro sector sin estar realmente respondiendo a problemas de protección del inversor. Queremos evitar que las gestoras se vayan a Luxemburgo y que puedan quedarse directamente en España haciendo la gestión de sus vehículos», apuntaba durante su intervención.

La guerra en Irán y el fenómeno El Niño transforman el mercado de las materias primas agrícolas

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El Centro de Predicción Climática de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) mantuvo un aviso sobre el fenómeno El Niño y afirmó que se está intensificando, con una probabilidad superior al 90 % de que se produzca un episodio muy intenso durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026-27. El punto de partida para cualquier perspectiva sobre el mercado agrícola de cara a 2027 es que los organismos meteorológicos han llegado a un consenso, y lo han hecho con una seguridad inusual.

La Organización Meteorológica Mundial llegó a la misma conclusión el 3 de septiembre, indicando una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño persista durante los periodos de septiembre a noviembre de 2026 y de diciembre a febrero de 2027, con la previsión de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte antes de alcanzar su punto álgido hacia finales de año. Los datos de seguimiento de la Oficina Australiana de Meteorología coinciden: el denominado índice relativo de El Niño 3.4 alcanzó los +2,51 °C en la semana que finalizó el 13 de septiembre, frente a un umbral de El Niño de +0,80 °C, mientras la mayoría de los modelos indican que se alcanzará un máximo superior a +3,0 °C y se prevé que el fenómeno persista hasta el otoño de 2027.

Índice Oceánico de El Niño (ONI), desde el 2000 hasta la actualidad Fuente: Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), Bloomberg Finance L.P. y WisdomTree, a 31 de julio de 2026

Los efectos de El Niño en la agricultura se producen con un retraso de entre seis y doce meses respecto al pico máximo, debido al tiempo que tardan los cambios atmosféricos en modificar el clima local, afectar a los ciclos de cultivo y repercutir en las cadenas de suministro mundiales. Por lo tanto, un acontecimiento que alcance su punto álgido a finales de año repercute de forma más directa en las cosechas de 2026/27 que se están sembrando o preparando en estos momentos: la cosecha de verano del hemisferio sur, la temporada Rabi de la India, la cosecha principal de África Occidental y los ciclos de la palma aceitera y el café robusta del sudeste asiático. Las repercusiones en los precios de lo que está ocurriendo en el Pacífico se notarán principalmente a partir de 2027.

El conflicto del Golfo ha pasado de centrarse en la energía a ser una cuestión de insumos

El conflicto del Golfo dura ya siete meses y, en lugar de estabilizarse, se ha agravado. El alto el fuego acordado en abril y el memorándum de entendimiento firmado en junio quedaron sin efecto cuando se reanudaron las hostilidades en julio. El acontecimiento reciente de mayor repercusión tuvo lugar el 11 de septiembre, cuando Arabia Saudí cerró su oleoducto este-oeste, de 1.200 kilómetros de longitud, tras un ataque con drones, lo que supuso el cierre de la principal ruta por la que el crudo del Golfo elude el estrecho de Ormuz. 

En el sector agrícola, la principal exposición deriva del comercio de fertilizantes y materias primas que transitan por la misma vía fluvial, y es precisamente la diferencia respecto a 2022 lo que la hace duradera. La guerra entre Rusia y Ucrania en 2022 desvió los flujos comerciales, mientras que esta ha mermado la capacidad productiva. Se calcula que 31 plantas de amoníaco de todo Oriente Medio se han visto directamente afectadas o han cerrado por completo; otras 49 de en el sur de Asia han reducido su producción o están paradas debido a la escasez de materia prima; y al menos 20 plantas rusas han sufrido daños a causa de ataques con drones.

Su reactivación requerirá tiempo y capital mucho más allá del fin de las hostilidades. Los países del Golfo Pérsico representan aproximadamente el 43 % de las exportaciones marítimas de urea y el 44 % del comercio marítimo de azufre. Incluso en Estados Unidos, que obtiene dos tercios tanto de su urea como de su fosfato del mercado nacional, el 12 % del suministro de urea y el 17 % del de DAP/MAP (fosfato diamónico/fosfato monoamónico) procede de más allá del estrecho. Esto apunta a una limitación de capacidad que se extiende a lo largo de varias temporadas, y no a un problema de transporte de mercancías.

Cereales: un conjunto de cultivos anuales que ya conlleva una prima de riesgo

El sector energético ha registrado las mayores variaciones individuales del año 2026, y los productos refinados y el crudo ocupan cuatro de los cinco primeros puestos. Sin embargo, lo más revelador de la tabla de resultados del año hasta la fecha es la amplitud, más que la magnitud. La agricultura ocupa prácticamente todo el espacio de la clasificación entre el arroz y el azúcar. 

Rendimiento acumulado en lo que va de año en el conjunto de las materias primas Fuente: Bloomberg Finance L.P. y WisdomTree, a 21 de septiembre de 2026

Lo que ha impulsado los cultivos a lo largo del año ha sido casi exclusivamente el factor geopolítico y el de los insumos, más que el factor meteorológico. El trigo es el ejemplo más claro: el Informe sobre las estimaciones mundiales de oferta y demanda agrícola (WASDE) de septiembre fue claramente bajista, ya que la producción mundial para la campaña 2026/27 se revisó al alza en 3,1 millones de toneladas, hasta los 822,4 millones, debido al aumento de las cosechas en Australia y Canadá, y las existencias finales se incrementaron en 3 millones de toneladas, hasta los 276,3 millones. Sin embargo, el precio del trigo ha subido un 42 % en lo que va de año, ya que los continuos ataques rusos y ucranianos contra las infraestructuras portuarias del Mar Negro han interrumpido la ruta física de casi una cuarta parte de las exportaciones mundiales de trigo. El posicionamiento especulativo neto en el trigo aumentó un 130 % el mes pasado, lo que refleja una mejora en la confianza respecto a este cereal. En el caso de esta materia prima, la perspectiva estructural podría depender de si la prima de riesgo actual resulta ser persistente, en lugar de esporádica. Las infraestructuras del Mar Negro se han convertido ahora en un objetivo recurrente, en lugar de suponer una interrupción puntual, y el trigo australiano se encuentra en la franja de mayor exposición a El Niño para la cosecha de 2026/27.

Por otro lado, los mercados del maíz están poniendo de manifiesto una auténtica contracción de la oferta. La producción de EE. UU. para 2026/27 se recortó en 5,4 millones de toneladas, hasta los 401,3 millones, debido a unas condiciones climáticas cálidas y con precipitaciones desiguales. La producción mundial se redujo en 7,9 millones de toneladas, hasta los 1.291 millones, y las existencias finales mundiales descendieron en 2,6 millones de toneladas, hasta los 272,1 millones. El posicionamiento neto aumentó un 92 %.  En el caso del maíz, el argumento que se viene esgrimiendo desde hace años es la limitación en los insumos. El maíz es el cultivo más intensivo en nitrógeno, y se prevé que los precios de los fertilizantes se mantengan por encima de los niveles previos al conflicto hasta 2028. En los casos en los que ya se observa una aplicación insuficiente y prolongada de fosfato y potasio, las dosis han disminuido entre un 10 % y un 15 % en los últimos años. Las consecuencias sobre el rendimiento se manifiestan con un desfase de tres años. Se trata de un obstáculo lento y acumulativo que afecta a la tendencia del rendimiento, más que de una alteración puntual de una sola temporada, y es el mecanismo por el que este conflicto se prolonga más allá de sí mismo.

Mientras tanto, el sector de la soja se ha visto impulsado más por la demanda que por la oferta. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) ha elevado la producción estadounidense a 123,4 millones de toneladas, pero China ya ha comprado cerca de 13 millones de toneladas esta temporada, lo que supone más de la mitad de su compromiso anual de 25 millones de toneladas, vigente hasta el año 2028, además de un compromiso más amplio de compra de productos agrícolas por valor de 17.000 millones de dólares. El compromiso de compra chino se extiende hasta 2028 y podría suponer un cierto apoyo a la demanda que dependa menos directamente de las condiciones meteorológicas. El motivo de cautela a corto plazo son las existencias: las reservas de soja y de aceite de soja se sitúan un 7,9 % y un 8,5 % por encima de sus medias estacionales a cinco años. El aceite de soja cuenta con un factor de apoyo adicional y poco valorado en el contexto energético: con el crudo por encima de los 100 dólares, la demanda de biocombustibles podría reforzar el sector de los aceites vegetales independientemente de la producción de aceite.

Materias primas blandas: el sector en el que la señal meteorológica se refleja menos en los precios

La tabla de rendimientos acumulados en lo que va de año lo deja claro. El azúcar ha subido un 20 %, el algodón un 25 %, pero el cacao ha bajado un 9 %, el café un 22 % y el zumo de naranja un 28 %.  El sector de los productos agrícolas blandos, que históricamente ha mostrado la mayor sensibilidad a El Niño, ha sido este año el eslabón más débil del sector agrícola.

La excepción es el azúcar y la expresión más clara del doble impacto. A principios de septiembre, el azúcar en bruto cotizaba a 18,44 céntimos por libra, cerca del máximo de los últimos 16 meses, situado en 18,77 céntimos, ya que la reducción de la oferta reforzó las expectativas de un déficit en la campaña 2026/27. La producción en el centro-sur de Brasil descendió un 7,9 % durante la primera quincena de agosto, y los elevados precios de la energía siguen animando a las fábricas a dar prioridad al etanol frente al azúcar. La India ha autorizado la importación de un millón de toneladas de materia prima libre de aranceles, al tiempo que ha reducido drásticamente el desvío de etanol, una combinación de medidas que sugiere que las existencias nacionales son más escasas de lo que indican las cifras oficiales. Las precipitaciones monzónicas han sido considerablemente inferiores a lo habitual en Maharashtra, Karnataka y Marathwada, regiones que representan cerca de un tercio de la producción india. El azúcar se ve afectado tanto por las condiciones meteorológicas como por la repercusión de los precios de la energía, y cuenta con el colchón de existencias más reducido de entre los principales productos agrícolas blandos. 

El cacao es el cultivo que más controversia suscita. Los precios se han recuperado con fuerza desde el mínimo registrado en el segundo trimestre, con los futuros de Nueva York situándose en torno a los 6.250 dólares por tonelada, y las precipitaciones en África Occidental durante la mini sequía de agosto se situaron muy por debajo de los valores habituales para esta época del año, lo que supone un riesgo real para la supervivencia de las vainas y el desarrollo de la cosecha principal si no llueve. En cambio, la situación de las existencias es fundamentalmente diferente a la de 2023/24. Las existencias certificadas por el ICE se han recuperado hasta situarse cerca de su máximo de los últimos dos años, mientras que la molienda de cacao europea en el primer trimestre cayó un 4,6 % interanual, hasta alcanzar su nivel más bajo en 17 años. El sector del cacao afronta este episodio de El Niño con unas reservas de las que carecía hace dos años, y con una demanda claramente mermada por la anterior crisis de precios. La hipótesis alcista se basa en que las condiciones meteorológicas permitan superar esas reservas; no se trata de la misma estrategia que en 2023. 

Respecto al café arábica se enfrenta a una mejora de la oferta: la cosecha brasileña está muy avanzada y los datos revisados de los registros de exportación indican unos flujos considerablemente mayores de lo que se había informado anteriormente. Las existencias certificadas se mantienen cerca de sus mínimos de varios años y la disponibilidad física es escasa, pero la tendencia del suministro es positiva. La variedad robusta es la inversión más interesante. Ha estado cotizando cerca de los mínimos de varios meses, en torno a los 3.296 dólares por tonelada, precisamente cuando la sequía se extiende por Indonesia y Vietnam durante un periodo crítico de floración. Dado que el café es una planta perenne, los daños sufridos durante la floración afectan ahora a la cosecha de 2027/28, no a la actual. Los precios del café robusta se sitúan cerca de sus mínimos recientes, a pesar de que las principales regiones productoras se encuentran en la franja de mayor exposición al fenómeno El Niño. Esto genera una divergencia entre los precios actuales y los posibles riesgos meteorológicos que amenazan el suministro.

Por su parte, el algodón ha subido un 25 % en lo que va de año y es el producto que más depende de la demanda. La evolución reciente de los precios ha sido decreciente debido a la mejora de las condiciones de los cultivos en EE. UU., al descenso de las ventas de exportación y al fortalecimiento del dólar. La curva se encuentra en contango, algo más marcado que en el caso del trigo o el maíz, lo que contrasta con el hecho de que las existencias de algodón sean las más reducidas del grupo en términos estacionales. Esa divergencia pone de manifiesto que el mercado está dando más importancia a las condiciones actuales de la cosecha que a la escasez de la cosecha anterior, y que, si se produjera una perturbación meteorológica en 2027, habría muy poco margen de maniobra. Sin embargo, la evolución a largo plazo del algodón está más ligada a la demanda textil mundial y al dólar que a la región del Pacífico.

Conclusión

Dos alteraciones inciden en el mismo intervalo de producción desde direcciones diferentes. El conflicto del Golfo aumenta el coste y limita la disponibilidad de los insumos que se utilizan antes de la campaña 2026/27, y lo hace en un horizonte de varios años, ya que el daño afecta a la capacidad de producción y no a las rutas comerciales. El Niño aumenta la probabilidad de que los rendimientos que esos insumos pretenden proteger se sitúen por debajo de la tendencia, con un retraso en la transmisión al mercado de entre seis y doce meses respecto al pico oceánico, por lo que sus efectos se dejarán sentir principalmente en 2027.

La intensidad de El Niño y sus efectos meteorológicos regionales podrían diferir de las previsiones actuales, mientras que una relajación de las tensiones geopolíticas podría reducir la presión sobre los mercados de la energía y los fertilizantes. Unas cosechas mejores de lo previsto, la reposición de existencias, una menor demanda o cambios en la política gubernamental también podrían contrarrestar las presiones derivadas de las condiciones meteorológicas y los costes de los insumos, lo que daría lugar a una evolución de los precios de las materias primas diferente a la analizada anteriormente.

 

Ebury amplía su presencia en España con la apertura de una oficina operativa en Valencia

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Ebury ha ampliado su presencia en España con la apertura de una nueva oficina operativa y tecnológica en Valencia, la quinta de la compañía en nuestro país, que se suma a las que ya mantiene en Madrid, Barcelona, Málaga y León. La nueva sede acogerá a profesionales vinculados a las áreas de desarrollo de producto, tecnología y operaciones globales, que darán soporte directo a la plataforma tecnológica e infraestructura financiera con la que Ebury da servicio a empresas en más de 30 mercados internacionales. Además, esta ampliación permitirá a la firma reforzar su proximidad a las empresas de la Comunidad Valenciana y del arco mediterráneo y ofrecerles un soporte más cercano en sus operaciones internacionales.     

Según explica la compañía, la apertura responde a la estrategia de combinar su alcance internacional, modelo operativo y su arquitectura tecnológica con equipos próximos a los principales centros de actividad empresarial y comercio exterior. Valencia se incorpora así a la red territorial que la fintech ha desarrollado en España para acompañar sobre el terreno a compañías con actividad internacional.

“La Comunidad Valenciana cuenta con un tejido empresarial extraordinariamente dinámico y con una clara vocación exterior. La apertura de esta oficina nos permite acercarnos aún más a sus empresas e incorporar perfiles de alto valor apoyándonos al mismo tiempo en un modelo de trabajo flexible, tecnológico y de alto rendimiento”, ha afirmado Luis Merino, director general de Ebury en España.

Una de las grandes regiones exportadoras españolas

La elección de Valencia responde también al peso que la Comunitat Valenciana tiene dentro de la economía española y, especialmente, a la internacionalización de su tejido productivo. Según los últimos datos de la Secretaría de Estado de Comercio, las exportaciones valencianas alcanzaron los 23.611,6 millones de euros durante los siete primeros meses de 2026, un 5,1 % más que en el mismo periodo del año anterior, frente al crecimiento del 2,2 % registrado por el conjunto de las exportaciones españolas. La Comunitat Valenciana concentró en ese periodo el 10 % de las ventas españolas al exterior. La diversificación del tejido productivo valenciano y la elevada exposición internacional de numerosas pequeñas y medianas empresas convierten a la región en un mercado especialmente relevante para los servicios financieros vinculados al comercio exterior.

Una red cada vez más amplia en España

Con Valencia, Ebury contará con cinco oficinas en España, consolidando una estructura territorial que combina su sede de Madrid con centros en Barcelona, Málaga, León y, desde ahora, la capital valenciana. La nueva oficina estará ubicada en WAYCO Pizarro, en el distrito de L’Eixample de Valencia, y su configuración responde al mismo modelo que la empresa está desarrollando en toda su red para favorecer entornos flexibles de trabajo, con especial atención a la colaboración entre equipos, la conectividad y el bienestar de los profesionales.

Presencia local dentro de una plataforma global

La ampliación de su red en España forma parte de la estrategia internacional de Ebury de contar con presencia directa en los principales centros económicos y empresariales de los mercados en los que opera. La compañía dispone actualmente de más de 50  oficinas en más de 30 mercados, y están localizadas en los principales centros financieros y empresariales de Europa, América, Asia-Pacífico, África y Oriente Medio. Esta red permite a Ebury combinar tecnología financiera, infraestructura internacional y conocimiento de los mercados locales con una atención próxima a sus clientes.

“La tecnología nos permite operar globalmente, pero para muchas empresas sigue siendo fundamental contar con equipos que conozcan su mercado, comprendan sus necesidades y estén cerca de ellas. Valencia reúne las condiciones para convertirse en un punto importante dentro de nuestra estructura en España”, ha concluido Luis Merino.

Amundi refuerza su oferta de ETFs temáticos con tres nuevas soluciones sobre IA y tecnología

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Amundi ha ampliado su oferta de ETFs temáticos con tres nuevas soluciones diseñadas para ofrecer a los  inversores una exposición específica a las megatendencias de la IA y la Tecnología del Futuro: el Amundi Global Space Technologies UCITS ETF, el Amundi Global Critical  Metals & Rare Earths UCITS ETF y el Amundi Global Electrification Infrastructure  UCITS ETF. Estos tres ETF cotizarán en Xetra y Euronext París el 20 de octubre. 

La demanda de exposiciones temáticas sigue creciendo, tanto entre los inversores  profesionales como en el segmento minorista y las plataformas digitales que buscan  formas sencillas y eficaces de capturar temas estructurales a largo plazo. Tras el  lanzamiento este verano de dos ETF temáticos centrados en chips de memoria y centros de datos, estos nuevos ETF amplían la oferta temática de Amundi para incluir los habilitadores físicos de la innovación tecnológica: metales críticos, redes eléctricas e infraestructura espacial.  

Según explica la firma, el Amundi Global Space Technologies UCITS ETF ofrece exposición a la cadena de valor  espacial, como la infraestructura espacial, los lanzadores o las estaciones terrestres, fundamentales para la navegación, la vigilancia y la conectividad global. 

Por otro lado, el Amundi Global Critical Metals & Rare Earths UCITS ETF busca obtener exposición a  compañías que desarrollan actividades en el ámbito de los metales y las tierras raras,  esenciales para el desarrollo de la cadena de valor de la IA y de las tecnologías  energéticas. 

El Amundi Global Electrification Infrastructure UCITS ETF proporciona exposición a  empresas que posibilitan la electrificación de la economía, las redes eléctricas y las  infraestructuras de transmisión y distribución Estas son fundamentales para satisfacer el  crecimiento estructural de la demanda de electricidad y garantizar la resiliencia y la  fiabilidad de las infraestructuras de red. 

Los índices temáticos ofrecen una nueva y más eficiente forma de centrarse en un tema de mercado específico, del mismo modo que lo hicieron los sectores cuando aparecieron hace décadas, y el apetito de los inversores por los ETF temáticos sigue mostrando un fuerte impulso. En Europa, las entradas netas ya han alcanzado casi 22.000 millones de euros en 2026, un año récord en el mercado europeo de ETF , ya que los inversores han buscado diversificar sus carteras mediante una exposición específica a temas de crecimiento estructural a largo plazo.

“Con estos tres ETF, Amundi acelera el desarrollo de su gama de soluciones temáticas, ofreciendo tanto a los inversores minoristas como a los institucionales una forma más precisa de acceder a temas específicos y de alta convicción, como la IA y la Tecnología del Futuro”, ha señalado Benoit Sorel, responsable de la línea de negocio de ETF e Indexación de Amundi.

Por su parte, Juan San Pío, Director Comercial de ETF, Indexing & Smart Beta para Iberia y  Latinoamérica de Amundi, ha afirmado: “Los inversores buscan cada vez más  posiciones más específicas que les permitan aprovechar las oportunidades que surgen  de las grandes transformaciones económicas y tecnológicas. La inteligencia artificial es  un claro ejemplo de ello, ya que su desarrollo impulsa necesidades de inversión en  ámbitos como los metales críticos, la electrificación y las tecnologías espaciales. Con el  lanzamiento de estas nuevas soluciones, Amundi da respuesta a esta demanda y  fortalece así su oferta temática de ETF, ofreciendo a los inversores nuevas herramientas  para expresar sus visiones de mercado con mayor precisión”.

¿Qué son los fondos semilíquidos?

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Durante años, invertir en mercados privados implicaba aceptar un compromiso exigente: inmovilizar el capital durante ocho, diez o más años, sin posibilidad real de salida anticipada. Los fondos semilíquidos surgieron para suavizar esa restricción y acercar estas clases de activos a un público inversor más amplio.

Es un punto intermedio entre dos mundos. Un fondo semilíquido es un vehículo que invierte en activos que no cotizan en bolsa, como empresas no cotizadas, préstamos privados, infraestructuras o inmuebles, pero que ofrece al inversor cierta capacidad de entrar y salir de forma periódica. Se sitúa, así, entre los fondos tradicionales de liquidez diaria y los fondos cerrados clásicos de capital privado.

La diferencia clave está en la frecuencia. Mientras un fondo de renta variable convencional permite reembolsar participaciones cualquier día hábil, un semilíquido suele abrir ventanas de liquidez mensuales, trimestrales o incluso semestrales.

Cómo se gestiona la liquidez

Los activos subyacentes no pueden venderse de un día para otro sin sacrificar valor. Por eso, estos fondos incorporan mecanismos de protección para el conjunto de los partícipes. Los más habituales son:

  • Preaviso: el inversor debe comunicar su intención de salir con semanas o meses de antelación.
  • Límites de reembolso: muchos fondos fijan un tope por periodo, por ejemplo, un porcentaje del patrimonio total. Si las solicitudes lo superan, se atienden de forma proporcional.
  • Periodos de bloqueo inicial: es frecuente un plazo mínimo de permanencia antes de pedir la salida.
  • Reservas de liquidez: parte de la cartera se mantiene en activos más líquidos para atender reembolsos ordinarios.

Estos mecanismos no son un defecto, sino parte del diseño. Reconocen que la iliquidez del activo es inherente a la estrategia.

Qué busca el inversor

El atractivo principal es la prima de iliquidez: la rentabilidad adicional que, en teoría, se obtiene por mantener activos que no pueden venderse con rapidez. A ello se suma la diversificación, ya que los mercados privados tienen una dinámica distinta a la de los cotizados, y el acceso a oportunidades que no están disponibles en bolsa.

Además, el formato reduce barreras. Muchos vehículos semilíquidos admiten inversiones mínimas inferiores a las de los fondos cerrados tradicionales y evitan las llamadas de capital escalonadas, donde el inversor debe aportar fondos a medida que el gestor los solicita.

Riesgos y puntos de atención

La liquidez es “semi”, no total. En escenarios de tensión, cuando muchos partícipes quieren salir a la vez, los límites pueden activarse y retrasar el cobro. Es fundamental, por tanto, no considerar estas inversiones como capital de uso inmediato.

También conviene prestar atención a la valoración. Al tratarse de activos no cotizados, su precio se calcula mediante modelos y tasaciones periódicas, no mediante una cotización diaria, lo que puede suavizar artificialmente la volatilidad aparente. Y, como en toda estrategia alternativa, las comisiones suelen ser más elevadas que en la gestión tradicional.

Una herramienta, no una solución universal

Los fondos semilíquidos amplían las opciones para quienes buscan diversificar más allá de bolsa y renta fija. Su utilidad depende del horizonte temporal del inversor, de su necesidad de liquidez y de su comprensión de las condiciones de salida. Leer con detalle el folleto, entender las reglas de reembolso y asignar solo una parte prudente de la cartera son prácticas básicas antes de invertir.

Unicaja AM alcanza los 15.000 millones de euros bajo gestión y consolida su crecimiento

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Unicaja Asset Management ha alcanzado los 15.000 millones de euros bajo gestión, un nuevo hito en la evolución de su actividad. Según explica, esta cifra consolida su crecimiento en el ámbito del ahorro y la inversión, situándose entre las entidades con mayor crecimiento del sector, según datos de Inverco.

“Alcanzar los 15.000 millones de euros bajo gestión refleja la evolución de las capacidades de la gestora y de su propuesta de valor. El fortalecimiento de nuestros equipos especializados nos permite seguir avanzando en soluciones de inversión y en un apoyo más cercano a la red y a sus clientes”, ha señalado Emilio Mejía, consejero delegado de Unicaja AM.

Según la firma, este avance coincide con un contexto de fortalecimiento de sus capacidades internas y de una mayor coordinación con la red de negocio. El objetivo principal de la compañía es continuar desarrollando soluciones de inversión adaptadas a las necesidades de los clientes de Unicaja. En este escenario, la culminación de la integración de Unicorp Patrimonio en el grupo permite a Unicaja AM ampliar sus recursos especializados y sumar las capacidades técnicas y la experiencia en inversión de la sociedad. En concreto, asume la gestión y el seguimiento de las carteras modelo utilizadas en los servicios de gestión discrecional de carteras y en las soluciones de asesoramiento sobre fondos de inversión.Además, esta evolución se enmarca en las líneas de actuación del Plan Estratégico 2025-2027, que contempla la potenciación de los segmentos de mayor valor y el desarrollo de capacidades vinculadas a la gestión de activos.

Más recursos especializados

En el marco de este proceso, seis profesionales procedentes de Unicorp Patrimonio se han incorporado a la gestora para reforzar las áreas de Inversiones, Cumplimiento Normativo y de Productos y Soluciones de Inversión.La plantilla se amplía en el Área de Inversiones, con Elena Martín Priego que se suma al equipo de selección y gestión de fondos de terceros; María José González, al grupo encargado de la gestión discrecional de carteras, y Santiago De la Plata, como gestor de fondos de renta fija. Los tres profesionales cuentan con experiencia en gestión de activos, selección de fondos y gestión de carteras. Por su parte, Victor Durán asume nuevas funciones en el Área de Cumplimiento Normativo.

Asimismo, José Ignacio Gutiérrez y Lourdes Fernández de Córdoba se han incorporado al Área de Productos y Soluciones de Inversión, desde la que prestarán apoyo a las distintas direcciones territoriales y a la red de negocios. Su experiencia permitirá reforzar el acompañamiento técnico y comercial y acercar a la red las capacidades de la gestora en materia de construcción de carteras, posicionamiento de fondos y selección de productos.

Con este nuevo entorno, la entidad afronta una nueva etapa de crecimiento, con más recursos especializados para seguir desarrollando soluciones de inversión adaptadas a las necesidades de ahorro de los clientes de Unicaja y reforzar el apoyo a la red de negocio.

Banca March empezará a operar con su filial en Luxemburgo en enero de 2027 y abre un centro de negocio en Lisboa

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Banca March ha obtenido una licencia para operar en Luxemburgo con ficha bancaria propia. De esta forma, la sucursal que la entidad estableció en el Gran Ducado en 2012 se convierte en filial y permitirá a Banca March dar un paso decisivo en su evolución, coincidiendo con la celebración de su Centenario. Esta filial será la base de la internacionalización del banco y actuará como centro operativo, jurídico y estratégico desde el que se articulará todo el crecimiento de Banca March fuera de España.

Apertura del nuevo centro de negocio de Lisboa

El primer paso de esta estrategia de crecimiento es el inicio de operaciones en Portugal a principios de 2027 con la inauguración de un centro de negocio situado en la Praça Duque de Saldanha, 12 de Lisboa, configurando Banca March Portugal como una sucursal de la filial de Luxemburgo. Esta estructura impulsa de manera exponencial la capacidad de desarrollo de producto y distribución internacional, ya que bajo la normativa UCITS Banca March distribuirá desde Luxemburgo sus productos de inversión de manera más ágil y eficiente en toda la Unión Europea.  Además, se ampliará la oferta de productos de inversión alternativa, así como las vías de comercialización de las soluciones de Coinversión de Banca March, que facilita a los clientes invertir en los mismos productos que el propio banco.

Expansión internacional respaldada por tecnología de vanguardia

Banca March fue la primera entidad financiera española en empezar a operar en el Gran Ducado en 2012 con una sucursal. La obtención de la ficha bancaria en Luxemburgo supone un salto estratégico en la evolución del banco, que en 2026 celebra su Centenario. Este movimiento responde directamente a las necesidades del cliente de banca privada y patrimonial, que demanda un asesoramiento integral que trascienda fronteras. La filial luxemburguesa será un pilar fundamental para la planificación patrimonial, la diversificación y el acceso a oportunidades de inversión globales.

Según explica la firma, la filial en Luxemburgo está respaldada por una importante inversión en tecnología de vanguardia. En la práctica, Banca March ofrecerá un servicio único a través de una plataforma diferencial, desarrollada desde el centro de alta tecnología de la entidad ubicado en Palma. Esta plataforma permite integrar todas las posiciones del cliente y proporcionar una experiencia óptima, facilitando una visión 360º de las posiciones financieras y capacidades operativas globales, independientemente de su jurisdicción. 

“Como banco 100% familiar que este año celebra su Centenario, con la cuarta generación ya implicada en la gestión, nuestra visión es inherentemente de largo plazo. La filial en Luxemburgo nos garantiza una plataforma sólida para seguir expandiendo nuestro servicio de asesoramiento a nuestros clientes con un acceso privilegiado a mercados internacionales. Se trata de un movimiento estratégico de profundo calado para Banca March. La filial de Luxemburgo nos permitirá, con un crecimiento orgánico y también mediante posibles integraciones, expandir a nuevos mercados y clientes un modelo de banca que combina solvencia, especialización y acompañamiento local», ha declarado José Manuel Arcenegui, presidente de Banca March Luxemburgo.

Y añade: «La internacionalización del modelo de negocio de Banca March responde a una convicción estratégica: nuestra propuesta de valor es plenamente exportable y competitiva tanto dentro como fuera de España. La presencia en Luxemburgo no sólo amplía el alcance geográfico de Banca March, sino que refuerza nuestra capacidad para ofrecer a nuestros clientes de banca privada y patrimonial soluciones de alto nivel en un entorno regulatorio estable, seguro y altamente competitivo a escala global”.

El dinero no alcanza para todos: gobiernos y gigantes tecnológicos disputan el capital

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El mundo se enfrenta a una paradoja que puede convertirse en uno de los principales focos de tensión para los mercados financieros: los gobiernos necesitan cantidades crecientes de dinero para financiar sus déficits, pagar los intereses de sus deudas y atender sus compromisos sociales, mientras las mayores empresas tecnológicas de la historia moderna compiten por movilizar cientos de miles de millones de dólares para construir la infraestructura que hará posible la revolución de la inteligencia artificial (IA).

Ambos necesitan el mismo tipo de recursos: el ahorro de los inversionistas, el dinero de los fondos de pensiones y las aseguradoras, los recursos de los bancos, los mercados de bonos y, cada vez más, el financiamiento privado. No significa que exista una cantidad fija de capital disponible en el mundo, pero sí que movilizarlo tiene un precio. Cuando la demanda de financiamiento crece más rápido que el ahorro dispuesto a satisfacerla, las tasas de interés pueden subir, los emisores deben ofrecer mejores rendimientos y algunos proyectos dejan de ser rentables.

La tensión comienza a adquirir dimensiones relevantes. En octubre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que los riesgos fiscales están aumentando, con niveles elevados de deuda, mayores costos de financiamiento y presiones persistentes sobre el gasto público. El organismo prevé que la deuda pública mundial supere el 100% del producto interno bruto global en 2030, una proporción que no se observaba desde las secuelas inmediatas de la Segunda Guerra Mundial.

El problema es que los gobiernos no compiten por recursos en condiciones particularmente favorables. El costo promedio efectivo del financiamiento público mundial podría pasar de 2,3% en 2021 a 3,7% en 2031, de acuerdo con un análisis reciente del FMI. En Estados Unidos, los pagos de intereses de la deuda pública podrían representar 5,7% del PIB en 2031, frente a alrededor de 2,8% antes de la pandemia. Es dinero que deberá destinarse al servicio de la deuda en lugar de financiar otros compromisos presupuestarios.

La situación estadounidense es especialmente importante porque los bonos del Tesoro funcionan como referencia para valorar una amplia gama de activos financieros en todo el planeta. Cuando sus rendimientos aumentan, el financiamiento tiende a encarecerse para empresas, gobiernos y consumidores de otras economías, aunque la magnitud del impacto depende de las condiciones de cada mercado.

La IA entra a competir por el ahorro mundial

Del otro lado de la ecuación está una revolución tecnológica que exige inversiones físicas extraordinarias. La inteligencia artificial no se construye solamente con algoritmos: necesita centros de datos, semiconductores, redes, sistemas de refrigeración, infraestructura eléctrica y nuevas fuentes de energía. Cada avance en capacidad de cómputo implica una nueva ronda de inversiones, y las grandes tecnológicas no quieren quedarse atrás en una carrera que podría redefinir sus negocios durante las próximas décadas.

Las cifras dimensionan la apuesta. Según estimaciones recopiladas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los cinco grandes proveedores de infraestructura tecnológica —Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta y Oracle— podrían acumular inversiones de capital cercanas a 4,1 billones de dólares entre 2026 y 2030. El cálculo refleja la escala de un ciclo de inversión que apenas comienza a mostrar sus consecuencias financieras.

Durante años, buena parte de estas compañías pudo financiar su expansión con el efectivo generado por sus operaciones. Ahora, las necesidades de inversión están llevando a los gigantes tecnológicos a recurrir con mayor intensidad a los mercados de deuda. De acuerdo con una estimación de Morgan Stanley publicada por Reuters en junio, la emisión mundial de deuda vinculada con la IA podría acercarse a 570.000 millones de dólares en 2026. La cifra incluye un universo más amplio que el endeudamiento de las grandes tecnológicas y debe entenderse como una previsión, no como un monto definitivo.

El cambio es significativo. Cuando las empresas más grandes y rentables del mercado comienzan a emitir deuda en volúmenes extraordinarios, no solamente amplían sus propias fuentes de financiamiento: también modifican la oferta de instrumentos disponibles para los inversionistas. Los fondos de renta fija, las aseguradoras y otros compradores institucionales deben decidir cuánto capital asignan a bonos corporativos ligados a la IA, cuánto mantienen en deuda soberana y qué rendimiento exigen por asumir cada riesgo.

La disputa ya tiene señales visibles. Un análisis de Axios publicado en agosto encontró que las compras netas privadas extranjeras de bonos corporativos estadounidenses habían superado, en los doce meses terminados en junio, las correspondientes a bonos del Tesoro: 390.000 millones frente a 329.300 millones de dólares, respectivamente. El dato no demuestra por sí solo que la IA esté desplazando directamente al financiamiento gubernamental, pero sí ilustra un cambio relevante en las preferencias de los inversionistas.

La pregunta es si el mercado podrá absorber simultáneamente las necesidades de financiamiento de los gobiernos y las de una industria tecnológica que todavía debe demostrar cuánto valor económico producirá la infraestructura que está construyendo.

El precio de competir por el dinero

En los mercados financieros, esta tensión tiene una traducción concreta: el precio del capital. Si los gobiernos necesitan colocar más bonos y las empresas tecnológicas multiplican sus emisiones, los inversionistas pueden exigir rendimientos mayores para comprometer sus recursos. El encarecimiento no tiene que producirse de manera uniforme ni ser consecuencia exclusiva de la IA; también intervienen las expectativas de inflación, la política monetaria, el crecimiento económico, la oferta de deuda y la percepción de riesgo.

Sin embargo, existe una diferencia crucial entre ambos tipos de prestatarios. Los Estados con capacidad tributaria y monedas de reserva cuentan con mecanismos de financiamiento que una empresa no tiene. Por su parte, las compañías tecnológicas pueden posponer proyectos, reducir inversiones o recurrir a sus flujos de efectivo, aunque esas decisiones tengan un costo competitivo. En ambos casos, el margen de maniobra se estrecha cuando el dinero se vuelve más caro.

Tampoco hay consenso en que el endeudamiento tecnológico esté elevando directamente los rendimientos de los bonos soberanos. PIMCO señaló en septiembre que sus análisis no encontraban evidencia sólida de que las emisiones inesperadas de deuda de los grandes proveedores de infraestructura de IA estuvieran provocando, por sí mismas, aumentos estadísticamente significativos en los rendimientos de los bonos del Tesoro a diez años. La firma considera que el auge inversor sí puede presionar las tasas reales a través de la demanda de ahorro, trabajo, energía y capacidad productiva.

La distinción importa. El riesgo no consiste necesariamente en que cada dólar prestado a una tecnológica sea un dólar que deje de financiar al gobierno. Consiste en que una expansión simultánea del endeudamiento público y privado puede elevar el costo de equilibrio del financiamiento, especialmente si el ahorro no aumenta al mismo ritmo o si los inversionistas comienzan a exigir una compensación mayor por la incertidumbre.

En ese escenario, los proyectos con menores retornos esperados serán los primeros en sufrir. Las empresas pequeñas, las nuevas compañías tecnológicas, los negocios ajenos a la IA y los gobiernos con menor credibilidad fiscal podrían tener que pagar más por conseguir recursos o encontrar menos compradores dispuestos a financiarlos. El capital no desaparecería: se volvería más selectivo y más caro para quienes no puedan demostrar capacidad de pago o perspectivas convincentes de rentabilidad.

¿Qué pasa si la revolución no paga la factura?

El segundo riesgo es todavía más delicado. La inversión en IA puede transformar la productividad, crear nuevos negocios y generar ingresos suficientes para justificar la expansión actual. Pero también existe la posibilidad de que los beneficios económicos lleguen más lentamente de lo previsto o se concentren en menos empresas de las que hoy anticipa el mercado.

Una advertencia apareció en octubre, cuando Reuters informó que la volatilidad bursátil y el aumento de los costos de financiamiento estaban obligando a algunos participantes de la infraestructura de IA a reconsiderar sus planes de captación de recursos. Proyectos y operaciones vinculados con centros de datos fueron aplazados o suspendidos, mientras los inversionistas comenzaban a exigir pruebas más claras de que el gasto en capacidad de cómputo se traducirá en ingresos sostenibles.

Si la rentabilidad decepciona, el problema no se limitará a una caída en las acciones tecnológicas. Las empresas que hayan financiado sus inversiones con deuda seguirán obligadas a pagar intereses y devolver el principal, aun cuando sus centros de datos generen menos ingresos de los previstos. Los acreedores podrían registrar pérdidas, las condiciones crediticias endurecerse y los nuevos proyectos encontrar dificultades para obtener financiamiento.

La historia financiera ofrece suficientes advertencias sobre lo que ocurre cuando el capital se concentra en una gran promesa de crecimiento. La construcción ferroviaria del siglo XIX, la expansión de las telecomunicaciones y la burbuja puntocom demostraron que una transformación tecnológica puede ser real y, al mismo tiempo, producir inversiones excesivas, valoraciones insostenibles y pérdidas para quienes financiaron los proyectos equivocados.

La comparación no significa que la IA esté condenada a una burbuja. Las grandes tecnológicas actuales cuentan con negocios, ingresos y recursos financieros que las distinguen de muchas empresas especulativas del pasado. Pero esa fortaleza no elimina el riesgo de que la infraestructura se construya demasiado rápido, que la competencia reduzca los márgenes o que el rendimiento económico no alcance para remunerar todo el capital comprometido.

Al final, la pregunta no es si el mundo tiene dinero suficiente en términos absolutos. Es si los recursos podrán movilizarse sin generar un costo de financiamiento que comprometa la estabilidad fiscal, frene otras inversiones productivas o convierta una apuesta tecnológica prometedora en una fuente de pérdidas sistémicas.

Gobiernos y gigantes tecnológicos pueden seguir encontrando compradores para sus bonos mientras los inversionistas confíen en su capacidad de pago y en el rendimiento que recibirán. El verdadero punto de inflexión llegará si esa confianza se debilita, si el costo del dinero sube por encima de lo que pueden soportar o si la rentabilidad esperada de la IA no aparece a tiempo.

Entonces, la disputa dejará de ser una cuestión de quién consigue más capital y se convertirá en una pregunta mucho más incómoda: quién tendrá que recortar sus planes, quién pagará intereses más altos y quién asumirá las pérdidas cuando no alcance para financiar todas las promesas.

Investec: Distintos riesgos, distintas formas de protección

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Durante buena parte de las últimas décadas, las acciones y los bonos conformaron una combinación especialmente eficaz. Las acciones fueron el principal motor de crecimiento del capital, mientras que los bonos aportaron ingresos y, en muchos períodos, protección cuando se deterioraban las perspectivas económicas. Sin embargo, el éxito de esa estructura nunca dependió únicamente de cuánto se asignaba a cada activo. Dependía de que los factores que impulsaban sus rendimientos fueran diferentes y de que ambos activos no reaccionaran de la misma manera ante un mismo shock. Esa relación cambia con el tiempo, destacan desde Investec.

Expertos de la firma han analizado la correlación móvil de 36 meses entre el índice MSCI World y los bonos globales para ilustrar este punto. Durante largos períodos se mantuvo cerca de cero o en terreno negativo. Más recientemente, aumentó hasta aproximadamente 0,6, lo que demuestra que estas relaciones pueden cambiar considerablemente con el tiempo.

Esto no significa que la renta fija haya perdido su función. Los bonos siguen ofreciendo ingresos, una volatilidad generalmente menor que la de las acciones y la posibilidad de apreciarse en determinados entornos económicos. La conclusión de Investec es más específica: una cartera no debería depender exclusivamente de que una correlación histórica se mantenga en el futuro.

Diversificar implica diversificar los factores de rendimiento

La misma lógica se extiende más allá de las acciones y los bonos. Tener más activos no significa necesariamente acceder a más fuentes independientes de rendimiento. Por ejemplo, el sector inmobiliario global sigue mostrando una correlación relativamente elevada con las acciones globales. Por lo tanto, su valor dentro de una cartera puede radicar más en la generación de ingresos y la exposición a activos reales que en la diversificación respecto de las acciones. El oro ha mostrado una correlación considerablemente menor en distintos horizontes temporales. Los bonos del Tesoro estadounidense y el yen presentan comportamientos diferentes, aunque sus relaciones con las acciones tampoco son permanentes.

La pregunta más importante no es qué activos posee una cartera, sino qué riesgos económicos comparten. La diversificación debe evaluarse a partir de los factores que impulsan cada inversión: crecimiento, tasas de interés, inflación, monedas, precios de los activos reales y resultados específicos de cada instrumento.

Distintos shocks requieren distintas formas de protección

La distinción se vuelve más evidente durante los períodos de tensión en los mercados. La crisis financiera mundial, la pandemia y el shock inflacionario de 2022 provocaron fuertes dislocaciones, pero tuvieron causas diferentes. Los activos que brindaron protección también fueron distintos.

En 2008, el índice MSCI World perdió aproximadamente un 41 % en el año. Los bonos del Tesoro estadounidense registraron rendimientos claramente positivos, el yen se apreció y el oro cerró en terreno positivo. La caída de las expectativas de crecimiento e inflación, junto con la búsqueda de activos defensivos, favoreció esas exposiciones.

En marzo de 2020, un shock repentino sobre el crecimiento y la liquidez volvió a favorecer a los bonos soberanos. Otras inversiones que pueden parecer diversificadoras en condiciones normales no ofrecieron protección: el sector inmobiliario global cayó alrededor de un 25 % durante el mes, reflejando su sensibilidad a la actividad económica, las condiciones de financiamiento y el ciclo general de riesgo.

La experiencia de 2022 fue diferente. La inflación y uno de los ciclos de endurecimiento monetario más rápidos en décadas afectaron simultáneamente a las acciones y los bonos. El índice MSCI World cayó alrededor de un 18 %, los bonos del índice Global Aggregate perdieron cerca de un 16 % y los bonos del Tesoro estadounidense a diez años también registraron pérdidas de dos dígitos. En cambio, el oro terminó el año prácticamente sin variaciones.

Ningún activo brindó protección en todos los episodios. Los bonos soberanos pueden resultar especialmente eficaces cuando el shock proviene de un menor crecimiento y las tasas de interés tienen margen para bajar, pero pueden ofrecer mucha menos protección cuando el problema es la inflación y el nivel de las tasas. El oro responde a otras fuerzas, entre ellas la pérdida de valor de la moneda, la incertidumbre geopolítica y la demanda de reservas; aun así, no debe esperarse que suba cada vez que caen las acciones. El sector inmobiliario aporta ingresos y exposición a activos reales, aunque sigue siendo sensible al crecimiento y a las condiciones financieras.

Cómo aplica Investec la diversificación en la práctica

Estas observaciones influyen directamente en la construcción de carteras de Investec. La firma aplica esta filosofía mediante tres niveles complementarios: diversificación entre activos, asignación activa de activos y selección de gestores especializados. Se espera que cada exposición cumpla una función específica dentro de la cartera.

Las acciones siguen siendo un motor fundamental del crecimiento del capital a largo plazo. La renta fija genera ingresos y puede desempeñar un papel defensivo, pero no constituye una exposición homogénea: los bonos soberanos, el crédito, la deuda de mercados emergentes y los distintos perfiles de duración pueden responder de manera muy diferente a un mismo entorno.

El oro y el sector inmobiliario cumplen funciones distintas. El oro puede ayudar a diversificar los riesgos monetarios y geopolíticos; el sector inmobiliario puede aportar ingresos y exposición a activos reales. Las posiciones en monedas y otras estrategias pueden sumar fuentes adicionales de rendimiento cuando las oportunidades resultan atractivas. El objetivo no es que todas las posiciones funcionen al mismo tiempo, sino que la cartera no necesite que todas funcionen simultáneamente.

La asignación no es estática. Las valuaciones cambian, surgen nuevos riesgos y la compensación por asumir una determinada exposición aumenta o disminuye. Por eso, Investec combina la diversificación estructural con una asignación activa. Entre los ejemplos recientes se encuentran la reducción del riesgo cuando las valuaciones y la concentración del mercado generaron preocupación en marzo de 2024; la adopción de una postura más defensiva ante la incertidumbre arancelaria en abril de 2025; y la posterior recomposición gradual de la exposición, a medida que las correcciones y el contexto macroeconómico generaron oportunidades durante 2026.

La selección de gestores agrega otra dimensión. El modelo multigestor de Investec combina gestores globales especializados y permite acceder a clases de participaciones institucionales y superinstitucionales. Así, la diversificación opera entre clases de activos, dentro de cada clase, entre regiones y estilos, y entre gestores.

Diversificación por diseño

El objetivo no es reemplazar las acciones y los bonos: ambos siguen siendo componentes esenciales. Se trata de reducir la dependencia de una sola clase de activo, un gestor, una fuente de rendimiento o un supuesto sobre las correlaciones. La construcción de carteras no puede eliminar el riesgo, y ninguna de estas exposiciones es confiable en todos los escenarios. Su valor reside en reducir la necesidad de acertar con un único pronóstico macroeconómico.