“El impacto psicológico de la guerra de Irán podría elevar el enfoque de calidad en las carteras de renta variable”

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Inversion tematica de calidad Swisscanto Lux
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En momentos de fuerte ruido en los mercados como el actual, la consistencia manda. Es la premisa que guía a René Nicolodi, Director de renta variable en Zürcher Kantonalbank, gestora de los fondos de Swisscanto, que ha estado recientemente de visita en España para ofrecer una actualización de la visión de la firma.

Nicolodi insiste en la necesidad de ser selectivos y analizar con detalle cuáles son las fuentes de ingresos y financiación de las compañías, dando prioridad a los negocios que muestran mayor calidad —entendida como la capacidad de mantener un retorno sobre la inversión en capital por encima del coste de capital de forma sostenida— para navegar un entorno tan complejo como el actual.

El proceso de inversión de Swisscanto en renta variable global se centra en captar oportunidades de crecimiento estructural a través de cinco grandes temáticas: agua, clima y descarbonización, digitalización, economía circular y longevidad saludable. Se pone especial énfasis en la integración de la calidad mediante la evaluación de métricas financieras, pero también analizando aspectos fundamentales como las barreras de entrada, la calidad de los equipos directivos y los riesgos asociados a la gobernanza.

El proceso de inversión está respaldado por un equipo central de gestión, 100% basado en Suiza, que trabaja en estrecha colaboración con una red de analistas in-house buy side y especialistas sectoriales y regionales. En total, cerca de 25 profesionales participan en el análisis de las oportunidades de inversión, con un enfoque altamente integrado entre analistas y gestores y enfocado en una fuerte disciplina en el proceso de inversión, con una visión coherente en el largo plazo.

“Nuestro proceso de inversión combina fuentes de crecimiento estructural con alta calidad en la cartera. Y eso no lo vamos a cambiar independientemente del entorno de mercado”, resume Nicolodi.

¿Se va a mantener este año el modo risk on/risk off en los mercados? ¿Cómo está obligando a gestionar este entorno?

Hemos visto que índices de volatilidad como el VIX ya empezaban a subir desde  comienzos de año. Conel ataque a Irán, estamos viviendo un fuerte repunte de los riesgos geopolíticos  impulsando los precios de las acciones vinculados a los acontecimientos en Oriente Medio. Pero también es interesante observar que que el mercado diferencia la exposición y que las caídas han sido, por ahora, limitadas para la mayoría de los índices.

En realidad, el riesgo geopolítico ha aumentado notablemente desde la guerra de Ucrania. Con la llegada del nuevo gobierno estadounidense en noviembre de 2024, ese elemento de incertidumbre se ha vuelto todavía más relevante que en los cinco o diez años anteriores.

En nuestras carteras hemos realizado pequeños ajustes tácticos para añadir mayor defensividad, pero por el momento no vemos necesidad de introducir grandes cambios desde un punto de vista estructural. Cuando el mercado atraviesa episodios de volatilidad elevada, reaccionar demasiado rápido no suele ser una buena estrategia, tanto para inversores institucionales como privados. Por último, estar invertido en el mercado puede ser más importante que acertar con el momento de entrada.  

Además, en un entorno de volatilidad elevada los inversores tienden a dar más importancia a la calidad de los negocios. Aunque el conflicto en Oriente Medio pueda resolverse en el corto plazo, el impacto psicológico que genera suele reforzar la búsqueda de compañías con un sesgo de más calidad.

¿Quién se va a ver más afectado por el conflicto con Irán?

El principal riesgo es la duración y el aumento de los precios de la energía. Por tanto, la cuestión clave está en cuánto tiempo pueda prolongarse un bloqueo en el estrecho de Ormuz. Por esa vía transita entre el 20 % y el 25 % del petróleo mundial, así como una proporción similar del gas natural, que se dirige principalmente hacia Asia y Europa.

En Europa, además, las reservas de gas no se encuentran en niveles especialmente elevados en esta época del año, por lo que algunos países disponen de un margen relativamente limitado para recomponer sus reservas.

En Estados Unidos el impacto directo es más reducido. El país con los años se ha convertido en un exportador neto de petróleo, lo que limita el efecto negativo de un aumento del precio del crudo. Además, la influencia de la OPEP ya no es la misma que en los años 60-80.

Sin embargo, si el conflicto se prolonga, el aumento del precio de la energía acabaría trasladándose a la inflación en Estados Unidos, Europa y también en los Mercados Emergentes. Eso podría terminar afectando al crecimiento económico, que es lo que los mercados están intentando evaluar en este momento.

¿Qué es diferente en esta ocasión respecto a otros episodios geopolíticos relacionados con el petróleo? 

Los inversores tienden a refugiarse en activos considerados seguros, como el dólar, el franco suizo o el oro. Ese comportamiento es similar al que hemos visto en otras crisis.

Si analizamos los episodios de shocks petroleros desde 1950, observamos que de media tanto el precio del petróleo como los mercados bursátiles tienden a normalizarse entre cuatro y cinco meses después del shock inicial. Nuestro escenario base es que este episodio también termine normalizándose en ese horizonte, ya que la mayoría de las partes implicadas tienen interés en que la duración del conflicto sea corta

Sin embargo, hay un elemento que diferencia la situación actual. El factor distinto es el nivel de valoración del mercado. En anteriores crisis energéticas, el PER medio se situaba alrededor de 14,4 veces. En esta ocasión, el S&P 500 entró en la crisis con valoraciones cercanas a 25,5 veces beneficios. Ese punto de partida más exigente puede amplificar la volatilidad si el conflicto se prolonga.

¿Podrían interpretarse nuevas caídas como una corrección saludable?

Nuestro escenario central es que la crisis se resolverá en semanas más que en meses. Si ese es el caso, las correcciones podrían interpretarse como un ajuste relativamente saludable.

El entorno macroeconómico de momento sigue siendo razonablemente sólido: el crecimiento se mantiene, la inflación está relativamente controlada y en Estados Unidos es más probable que los tipos de interés bajen que que suban. Además, las ganancias empresariales siguen mostrando solidez, Europa está experimentando cierta recuperación y el contexto para los mercados emergentes es especialmente favorable.

A eso se suma que el posicionamiento de los inversores no es eufórico y que todavía hay liquidez en el sistema. ¿Qué factor podría alterar de forma significativa ese escenario?

Un cambio claro sería la presencia de tropas estadounidenses en Irán. Eso modificaría completamente el panorama y elevaría el riesgo de un conflicto prolongado similar a los que se produjeron en Irak o Afganistán.

En ese caso, podríamos ver una corrección mucho más fuerte de la prima de riesgo de la renta variable, ya que la duración, así como el riesgo de escalada, aumentarían de forma sustancial

Antes de la escalada en Oriente Medio, el movimiento más destacado del mercado había sido la corrección del sector del software. ¿Están los inversores siendo más selectivos en torno a la inteligencia artificial?

Sí. Los inversores están empezando a hacerse más preguntas: ¿dónde  y cuándo se va a producir realmente la monetización de las inversiones en IA? ¿qué sectores presentan un mayor riesgo de disrupción? Ese proceso de diferenciación comenzó hace unos meses y está provocando una mayor dispersión dentro del sector tecnológico y a lo largo de la cadena de valor de la IA

¿Cómo se está posicionando Swisscanto respecto a la IA?

Nuestra exposición a la IA está principalmente vinculada a la temática estructural de la electrificación. El uso de IA implica una demanda de electricidad muy superior a la de los procesos digitales tradicionales, lo que está impulsando inversiones masivas en generación energética e infraestructuras. Por eso adoptamos un enfoque que podríamos describir como de “pico y pala”: nos centramos en las empresas que forman parte del ecosistema necesario para generar y distribuir esa electricidad de forma eficiente, desde infraestructuras energéticas hasta equipamiento industrial.

También invertimos en compañías tecnológicas donde observamos ventajas competitivas claras. Un ejemplo son los semiconductores, donde vemos una demanda estructural sólida y un riesgo de disrupción menor que en segmentos como el software.

Al mismo tiempo, estamos monitorizando la evolución del capex de los hiperescaladores en el sector tecnológico. Creemos que es probable que siga creciendo, aunque a un ritmo más moderado que en los últimos años. Además y se requiere un mayor nivel de cautela, ya que las compañías están empezando a recurrir a fuentes de financiación complementarias, como emisiones de deuda, y dependen en menor medida de sus flujos de caja libres.

Por regiones, ¿dónde están más positivos?

Nos mantenemos positivos con los mercados emergentes; el crecimiento de los beneficios empresariales ha sido muy fuerte en los últimos meses y supera al de las economías desarrolladas tanto en términos relativos como históricos.

Existen varios factores que están apoyando a estos mercados: la debilidad del dólar, que suele ser favorable para las economías emergentes; un mayor control de la inflación en muchas de estas regiones, lo que da más margen a las políticas monetarias; el crecimiento de los beneficios corporativos, y una evolución regulatoria que en muchos países está siendo cada vez más favorable para los accionistas. Todo ello crea un entorno bastante constructivo para la renta variable emergente. 

¿Han hecho cambios sustanciales en la cartera en lo que va de año?

En conjunto, el posicionamiento de la cartera sigue alineado con nuestras grandes temáticas de inversión y con el objetivo de capturar crecimiento estructural manteniendo un alto nivel de calidad en las compañías. 

Seguimos sobreponderados en industriales, tecnología de la información —especialmente en semiconductores— y en el sector salud, y mantenemos una posición moderadamente positiva en utilities.

La exposición a industriales está muy vinculada a la temática de la electrificación y la de semiconductores, con la IA. 

En utilities, la tesis está relacionada con el crecimiento de las infraestructuras energéticas vinculadas a la transición hacia energías renovables.

En salud vemos un potencial que todavía no se ha materializado plenamente después de varios años complicados para algunas compañías farmacéuticas. También creemos que la combinación de IA con la investigación farmacéutica puede abrir nuevas oportunidades, por ejemplo acelerando el descubrimiento de nuevos tratamientos o mejorando la eficiencia de los procesos de desarrollo.

¿Está Europa haciéndose finalmente cargo de su propio destino?

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Durante gran parte de la última década, Europa ha llevado una etiqueta incómoda: la región que promete mucho, regula aún más y, al final, ofrece muy poco crecimiento. Los inversores se acostumbraron a tratar la renta variable europea como una trampa del valor (baratas por algo), mientras que el capital global gravitaba hacia un conjunto concentrado de acciones «campeones» en otros lugares, principalmente en Estados Unidos.

Y, sin embargo, 2025 interrumpió esa narrativa. Europa no solo se comportó muy bien; lo hizo cuando seguía pareciendo barato en relación con los mercados mundiales. Esa combinación de mejores rendimientos y menores expectativas creó un tipo particular de configuración para los inversores. No necesitaba la perfección para tener éxito, solo para garantizar que los resultados fueran menos malos de lo temido, en un momento en que los inversores buscaban diversificar desde EE. UU. Pero, ¿puede Europa seguir registrando una rentabilidad superior?

Las presiones geopolíticas están forzando el cambio

Europa tiene problemas, pero la cuestión es si las presiones que pesan sobre la región son finalmente lo suficientemente fuertes como para catalizar reformas significativas, y si esas reformas, aunque sean lentas, pueden desbloquear oportunidades de inversión.

Como vimos en 2025, Europa está acometiendo un amplio reajuste político y geopolítico. El «dividendo de paz» posterior a la Guerra Fría, basado en décadas de gasto en defensa relativamente bajo y una cómoda dependencia del paraguas de seguridad global, ha terminado. Ese cambio es estructural, no cíclico, y cambia las prioridades de asignación de capital en todo el continente. Al mismo tiempo, las antiguas limitaciones propias de Europa se han vuelto más difíciles de ignorar.

La implicación importante para la inversión es que muchos de los problemas de Europa se originan a nivel nacional, lo que significa que las palancas para abordarlos también se encuentran en gran medida dentro de Europa. Eso no garantiza el éxito, pero sí significa que los resultados son menos rehenes de factores externos.

El potencial de revalorización de Europa está lejos de materializarse

La mejora de la rentabilidad de la renta variable europea en 2025 no se debió a que Europa resolviera sus problemas estructurales. Esto ocurrió mientras la confianza se mantenía prudente y la incertidumbre geopolítica iba en aumento. Y la renta variable europea sigue cotizando en mínimos históricos en relación con el índice MSCI World (Gráfico 1). Eso es importante porque la fijación de precios depende, en última instancia, de las expectativas.

Dos características particulares hacen que Europa nos resulte especialmente interesante como inversores:

  • El efecto «puerta estrecha» (si se mueve, se mueve rápido): el mercado de renta variable europeo es bastante más pequeño que el estadounidense. Cuando los flujos se vuelven positivos, especialmente desde fuera de la región, los movimientos de precios pueden ser abruptos. 2025 proporcionó una demostración en vivo: cuando la puerta es estrecha, no se necesita un aumento masivo de la demanda para impulsar los precios sustancialmente.
  • Una gran reserva de ahorros ociosos: el ahorro de los hogares de toda la UE es enorme (gráfico 2), y una parte sustancial se mantiene en efectivo, que genera poca o nula rentabilidad. Si las propuestas para movilizar esta plusvalía no utilizada ganan tracción, lo que resulta en un cambio hacia los mercados bursátiles, el crédito y la inversión productiva (y la economía real), esto representaría un poderoso catalizador para el crecimiento.

El impulso es lento, pero constructivo

El avance de las reformas sistémicas en la UE ha sido gradual y burocrático, y esperamos que continúe. Pero las reformas propuestas por el expresidente del BCE, Mario Draghi, son significativas, con cambios en la titulización, esfuerzos de modernización vinculados a la electrificación e infraestructura, un cambio de postura sobre la regulación del sector (aligerando las cargas internas y endureciendo la política para los competidores), además del potencial para aprovechar el ahorro de los hogares. Estos acontecimientos llevará tiempo, pero los mercados responden a una dirección de viaje creíble, especialmente cuando las expectativas parten de una base baja.

Vemos perspectivas en diversos sectores en Europa:

Defensa: la historia de la puesta al día: El bajo nivel de gasto en defensa en los últimos 30 años ha sido una anomalía histórica en Europa, y es importante reconocer que el impulso para un mayor gasto es un regreso a una norma a más largo plazo ( Anexo 3). Las capacidades actuales están muy por debajo de la escala o capacidad necesaria, y conflictos como el de Ucrania ofrecen un ejemplo especialmente convincente de lo vitales que son las defensas aéreas (con tecnología antidrones) en la guerra moderna.

Los drones han cambiado el cálculo de los costes: es insostenible utilizar activos y misiles extremadamente caros para neutralizar armas baratas y de baja tecnología. Sin embargo, los inversores no están descontando plenamente una demanda sostenida durante varios años, sino más bien valorando como si el rearme fuera un ciclo de corta duración que se desvanece rápidamente.

Sector aeroespacial: restricciones de la oferta: el sector aeroespacial civil se enfrenta a un claro desequilibrio entre la oferta y la demanda. Después del COVID, la demanda de viajes aéreos volvió rápidamente a su senda histórica de crecimiento, pero los fabricantes y sus complejas y frágiles cadenas de suministro tuvieron dificultades para reconstruir la capacidad: la cadena de suministro es compleja, con miles de componentes, y cualquier cuello de botella supone un riesgo para la producción. La producción de los principales fabricantes de fuselajes sigue por debajo de los niveles anteriores a la pandemia, y los aumentos previstos tardarán años en normalizarse.

Es importante destacar que el sector se encuentra en un «período de cosecha» tras los recientes lanzamientos de aviones y motores, sin un ciclo de reinversión importante previsto hasta dentro de 7 a 10 años. La fuerte demanda, la oferta limitada y una ventana de inversión favorable hacen del sector aeroespacial una oportunidad atractiva.

Suministros públicos: de la revolución verde a la construcción de una red de IA: Europa ya está en camino de transformar la forma en que genera energía, reemplazando el carbón y la energía nuclear por energía eólica y solar, lo que ha aumentado la volatilidad del sistema. Ahora se está acelerando una segunda ola a medida que aumenta la demanda de electricidad, impulsada por la IA y los centros de datos que buscan conexiones a la red que ya se acercan a la demanda de energía actual de Europa. Esto choca con el envejecimiento de la infraestructura de la red, gran parte de ella construida hace décadas. El reto ya no es una simple sustitución, sino una ampliación y refuerzo a gran escala para hacer frente a mayores cargas y fluctuaciones más pronunciadas. Por lo tanto, las empresas de servicios públicos y los operadores de redes se encuentran en el centro de la política de electrificación, la resiliencia estratégica, el aumento de la demanda impulsada por la IA y los marcos regulados que apoyan la inversión a largo plazo.

Esta lista de oportunidades de inversión en Europa en este momento está lejos de ser exhaustiva. Otras áreas que consideramos prometedoras incluyen, por ejemplo, los materiales básicos en todas sus formas (minería y equipos de minería, cemento, acero), así como los semiconductores y sus proveedores de maquinaria.

¿Puede Europa mantener su rentabilidad?

El argumento de inversión de Europa refleja importantes desafíos estructurales, pero también una capacidad para abordarlos que se pasa en gran medida por alto. Debido a que muchas cuestiones son de cosecha propia, lo que importa es el ritmo, no la posibilidad, de reforma. Las valoraciones y el posicionamiento siguen siendo bajos, lo que deja margen para sorpresas positivas. Al mismo tiempo, el débil crecimiento se ha convertido en sí mismo en un catalizador, lo que aumenta la urgencia política para mejorar la competitividad, profundizar los mercados de capitales y racionalizar la regulación. Europa también cuenta con un enorme ahorro de los hogares que podría convertirse en un importante factor de impulso si se destina a inversión.

Las reformas no serán lineales, y la complejidad institucional de Europa garantiza que el progreso probablemente sea gradual. Pero en un mercado que es sensible a los flujos incrementales, incluso el progreso parcial, respaldado por las necesidades de gasto duraderas en defensa, los mercados aeroespaciales con oferta limitada y la aceleración de la inversión en redes, podría respaldar la rentabilidad durante más tiempo del que muchos esperan. Europa no necesita un milagro del crecimiento, sino un avance constante en la dirección correcta.

 

Tribuna de opinión firmada por Robert Schramm-Fuchs, gestor de carteras en Janus Henderson Investors. 

Mercado accionario europeo: ¿está Europa haciéndose finalmente cargo de su propio destino?

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Durante gran parte de la última década, Europa ha llevado una etiqueta incómoda: la región que promete mucho, regula aún más y, al final, ofrece muy poco crecimiento. Los inversores se acostumbraron a tratar la renta variable europea como una trampa del valor (baratas por algo), mientras que el capital global gravitaba hacia un conjunto concentrado de acciones «campeones» en otros lugares, principalmente en Estados Unidos.

Y, sin embargo, 2025 interrumpió esa narrativa. Europa no solo se comportó muy bien; lo hizo cuando seguía pareciendo barato en relación con los mercados mundiales. Esa combinación de mejores rendimientos y menores expectativas creó un tipo particular de configuración para los inversores. No necesitaba la perfección para tener éxito, solo para garantizar que los resultados fueran menos malos de lo temido, en un momento en que los inversores buscaban diversificar desde EE. UU. Pero, ¿puede Europa seguir registrando una rentabilidad superior?

Las presiones geopolíticas están forzando el cambio

Europa tiene problemas, pero la cuestión es si las presiones que pesan sobre la región son finalmente lo suficientemente fuertes como para catalizar reformas significativas, y si esas reformas, aunque sean lentas, pueden desbloquear oportunidades de inversión.

Como vimos en 2025, Europa está acometiendo un amplio reajuste político y geopolítico. El «dividendo de paz» posterior a la Guerra Fría, basado en décadas de gasto en defensa relativamente bajo y una cómoda dependencia del paraguas de seguridad global, ha terminado. Ese cambio es estructural, no cíclico, y cambia las prioridades de asignación de capital en todo el continente. Al mismo tiempo, las antiguas limitaciones propias de Europa se han vuelto más difíciles de ignorar.

La implicación importante para la inversión es que muchos de los problemas de Europa se originan a nivel nacional, lo que significa que las palancas para abordarlos también se encuentran en gran medida dentro de Europa. Eso no garantiza el éxito, pero sí significa que los resultados son menos rehenes de factores externos.

El potencial de revalorización de Europa está lejos de materializarse

La mejora de la rentabilidad de la renta variable europea en 2025 no se debió a que Europa resolviera sus problemas estructurales. Esto ocurrió mientras la confianza se mantenía prudente y la incertidumbre geopolítica iba en aumento. Y la renta variable europea sigue cotizando en mínimos históricos en relación con el índice MSCI World (Gráfico 1). Eso es importante porque la fijación de precios depende, en última instancia, de las expectativas.

Dos características particulares hacen que Europa nos resulte especialmente interesante como inversores:

  • El efecto «puerta estrecha» (si se mueve, se mueve rápido): el mercado de renta variable europeo es bastante más pequeño que el estadounidense. Cuando los flujos se vuelven positivos, especialmente desde fuera de la región, los movimientos de precios pueden ser abruptos. 2025 proporcionó una demostración en vivo: cuando la puerta es estrecha, no se necesita un aumento masivo de la demanda para impulsar los precios sustancialmente.
  • Una gran reserva de ahorros ociosos: el ahorro de los hogares de toda la UE es enorme (gráfico 2), y una parte sustancial se mantiene en efectivo, que genera poca o nula rentabilidad. Si las propuestas para movilizar esta plusvalía no utilizada ganan tracción, lo que resulta en un cambio hacia los mercados bursátiles, el crédito y la inversión productiva (y la economía real), esto representaría un poderoso catalizador para el crecimiento.

El impulso es lento, pero constructivo

El avance de las reformas sistémicas en la UE ha sido gradual y burocrático, y esperamos que continúe. Pero las reformas propuestas por el expresidente del BCE, Mario Draghi, son significativas, con cambios en la titulización, esfuerzos de modernización vinculados a la electrificación e infraestructura, un cambio de postura sobre la regulación del sector (aligerando las cargas internas y endureciendo la política para los competidores), además del potencial para aprovechar el ahorro de los hogares. Estos acontecimientos llevará tiempo, pero los mercados responden a una dirección de viaje creíble, especialmente cuando las expectativas parten de una base baja.

Vemos perspectivas en diversos sectores en Europa:

Defensa: la historia de la puesta al día: El bajo nivel de gasto en defensa en los últimos 30 años ha sido una anomalía histórica en Europa, y es importante reconocer que el impulso para un mayor gasto es un regreso a una norma a más largo plazo ( Anexo 3). Las capacidades actuales están muy por debajo de la escala o capacidad necesaria, y conflictos como el de Ucrania ofrecen un ejemplo especialmente convincente de lo vitales que son las defensas aéreas (con tecnología antidrones) en la guerra moderna.

Los drones han cambiado el cálculo de los costes: es insostenible utilizar activos y misiles extremadamente caros para neutralizar armas baratas y de baja tecnología. Sin embargo, los inversores no están descontando plenamente una demanda sostenida durante varios años, sino más bien valorando como si el rearme fuera un ciclo de corta duración que se desvanece rápidamente.

Sector aeroespacial: restricciones de la oferta: el sector aeroespacial civil se enfrenta a un claro desequilibrio entre la oferta y la demanda. Después del COVID, la demanda de viajes aéreos volvió rápidamente a su senda histórica de crecimiento, pero los fabricantes y sus complejas y frágiles cadenas de suministro tuvieron dificultades para reconstruir la capacidad: la cadena de suministro es compleja, con miles de componentes, y cualquier cuello de botella supone un riesgo para la producción. La producción de los principales fabricantes de fuselajes sigue por debajo de los niveles anteriores a la pandemia, y los aumentos previstos tardarán años en normalizarse.

Es importante destacar que el sector se encuentra en un «período de cosecha» tras los recientes lanzamientos de aviones y motores, sin un ciclo de reinversión importante previsto hasta dentro de 7 a 10 años. La fuerte demanda, la oferta limitada y una ventana de inversión favorable hacen del sector aeroespacial una oportunidad atractiva.

Suministros públicos: de la revolución verde a la construcción de una red de IA: Europa ya está en camino de transformar la forma en que genera energía, reemplazando el carbón y la energía nuclear por energía eólica y solar, lo que ha aumentado la volatilidad del sistema. Ahora se está acelerando una segunda ola a medida que aumenta la demanda de electricidad, impulsada por la IA y los centros de datos que buscan conexiones a la red que ya se acercan a la demanda de energía actual de Europa. Esto choca con el envejecimiento de la infraestructura de la red, gran parte de ella construida hace décadas. El reto ya no es una simple sustitución, sino una ampliación y refuerzo a gran escala para hacer frente a mayores cargas y fluctuaciones más pronunciadas. Por lo tanto, las empresas de servicios públicos y los operadores de redes se encuentran en el centro de la política de electrificación, la resiliencia estratégica, el aumento de la demanda impulsada por la IA y los marcos regulados que apoyan la inversión a largo plazo.

Esta lista de oportunidades de inversión en Europa en este momento está lejos de ser exhaustiva. Otras áreas que consideramos prometedoras incluyen, por ejemplo, los materiales básicos en todas sus formas (minería y equipos de minería, cemento, acero), así como los semiconductores y sus proveedores de maquinaria.

¿Puede Europa mantener su rentabilidad?

El argumento de inversión de Europa refleja importantes desafíos estructurales, pero también una capacidad para abordarlos que se pasa en gran medida por alto. Debido a que muchas cuestiones son de cosecha propia, lo que importa es el ritmo, no la posibilidad, de reforma. Las valoraciones y el posicionamiento siguen siendo bajos, lo que deja margen para sorpresas positivas. Al mismo tiempo, el débil crecimiento se ha convertido en sí mismo en un catalizador, lo que aumenta la urgencia política para mejorar la competitividad, profundizar los mercados de capitales y racionalizar la regulación. Europa también cuenta con un enorme ahorro de los hogares que podría convertirse en un importante factor de impulso si se destina a inversión.

Las reformas no serán lineales, y la complejidad institucional de Europa garantiza que el progreso probablemente sea gradual. Pero en un mercado que es sensible a los flujos incrementales, incluso el progreso parcial, respaldado por las necesidades de gasto duraderas en defensa, los mercados aeroespaciales con oferta limitada y la aceleración de la inversión en redes, podría respaldar la rentabilidad durante más tiempo del que muchos esperan. Europa no necesita un milagro del crecimiento, sino un avance constante en la dirección correcta.

 

Tribuna de opinión firmada por Robert Schramm-Fuchs, gestor de carteras en Janus Henderson Investors. 

Renta variable europea: ¿está Europa haciéndose finalmente cargo de su propio destino?

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Durante gran parte de la última década, Europa ha llevado una etiqueta incómoda: la región que promete mucho, regula aún más y, al final, ofrece muy poco crecimiento. Los inversores se acostumbraron a tratar la renta variable europea como una trampa del valor (baratas por algo), mientras que el capital global gravitaba hacia un conjunto concentrado de acciones «campeones» en otros lugares, principalmente en Estados Unidos.

Y, sin embargo, 2025 interrumpió esa narrativa. Europa no solo se comportó muy bien; lo hizo cuando seguía pareciendo barato en relación con los mercados mundiales. Esa combinación de mejores rendimientos y menores expectativas creó un tipo particular de configuración para los inversores. No necesitaba la perfección para tener éxito, solo para garantizar que los resultados fueran menos malos de lo temido, en un momento en que los inversores buscaban diversificar desde EE. UU. Pero, ¿puede Europa seguir registrando una rentabilidad superior?

Las presiones geopolíticas están forzando el cambio

Europa tiene problemas, pero la cuestión es si las presiones que pesan sobre la región son finalmente lo suficientemente fuertes como para catalizar reformas significativas, y si esas reformas, aunque sean lentas, pueden desbloquear oportunidades de inversión.

Como vimos en 2025, Europa está acometiendo un amplio reajuste político y geopolítico. El «dividendo de paz» posterior a la Guerra Fría, basado en décadas de gasto en defensa relativamente bajo y una cómoda dependencia del paraguas de seguridad global, ha terminado. Ese cambio es estructural, no cíclico, y cambia las prioridades de asignación de capital en todo el continente. Al mismo tiempo, las antiguas limitaciones propias de Europa se han vuelto más difíciles de ignorar.

La implicación importante para la inversión es que muchos de los problemas de Europa se originan a nivel nacional, lo que significa que las palancas para abordarlos también se encuentran en gran medida dentro de Europa. Eso no garantiza el éxito, pero sí significa que los resultados son menos rehenes de factores externos.

El potencial de revalorización de Europa está lejos de materializarse

La mejora de la rentabilidad de la renta variable europea en 2025 no se debió a que Europa resolviera sus problemas estructurales. Esto ocurrió mientras la confianza se mantenía prudente y la incertidumbre geopolítica iba en aumento. Y la renta variable europea sigue cotizando en mínimos históricos en relación con el índice MSCI World (Gráfico 1). Eso es importante porque la fijación de precios depende, en última instancia, de las expectativas.

Dos características particulares hacen que Europa nos resulte especialmente interesante como inversores:

  • El efecto «puerta estrecha» (si se mueve, se mueve rápido): el mercado de renta variable europeo es bastante más pequeño que el estadounidense. Cuando los flujos se vuelven positivos, especialmente desde fuera de la región, los movimientos de precios pueden ser abruptos. 2025 proporcionó una demostración en vivo: cuando la puerta es estrecha, no se necesita un aumento masivo de la demanda para impulsar los precios sustancialmente.
  • Una gran reserva de ahorros ociosos: el ahorro de los hogares de toda la UE es enorme (gráfico 2), y una parte sustancial se mantiene en efectivo, que genera poca o nula rentabilidad. Si las propuestas para movilizar esta plusvalía no utilizada ganan tracción, lo que resulta en un cambio hacia los mercados bursátiles, el crédito y la inversión productiva (y la economía real), esto representaría un poderoso catalizador para el crecimiento.

El impulso es lento, pero constructivo

El avance de las reformas sistémicas en la UE ha sido gradual y burocrático, y esperamos que continúe. Pero las reformas propuestas por el expresidente del BCE, Mario Draghi, son significativas, con cambios en la titulización, esfuerzos de modernización vinculados a la electrificación e infraestructura, un cambio de postura sobre la regulación del sector (aligerando las cargas internas y endureciendo la política para los competidores), además del potencial para aprovechar el ahorro de los hogares. Estos acontecimientos llevará tiempo, pero los mercados responden a una dirección de viaje creíble, especialmente cuando las expectativas parten de una base baja.

Vemos perspectivas en diversos sectores en Europa:

Defensa: la historia de la puesta al día: El bajo nivel de gasto en defensa en los últimos 30 años ha sido una anomalía histórica en Europa, y es importante reconocer que el impulso para un mayor gasto es un regreso a una norma a más largo plazo ( Anexo 3). Las capacidades actuales están muy por debajo de la escala o capacidad necesaria, y conflictos como el de Ucrania ofrecen un ejemplo especialmente convincente de lo vitales que son las defensas aéreas (con tecnología antidrones) en la guerra moderna.

Los drones han cambiado el cálculo de los costes: es insostenible utilizar activos y misiles extremadamente caros para neutralizar armas baratas y de baja tecnología. Sin embargo, los inversores no están descontando plenamente una demanda sostenida durante varios años, sino más bien valorando como si el rearme fuera un ciclo de corta duración que se desvanece rápidamente.

Sector aeroespacial: restricciones de la oferta: el sector aeroespacial civil se enfrenta a un claro desequilibrio entre la oferta y la demanda. Después del COVID, la demanda de viajes aéreos volvió rápidamente a su senda histórica de crecimiento, pero los fabricantes y sus complejas y frágiles cadenas de suministro tuvieron dificultades para reconstruir la capacidad: la cadena de suministro es compleja, con miles de componentes, y cualquier cuello de botella supone un riesgo para la producción. La producción de los principales fabricantes de fuselajes sigue por debajo de los niveles anteriores a la pandemia, y los aumentos previstos tardarán años en normalizarse.

Es importante destacar que el sector se encuentra en un «período de cosecha» tras los recientes lanzamientos de aviones y motores, sin un ciclo de reinversión importante previsto hasta dentro de 7 a 10 años. La fuerte demanda, la oferta limitada y una ventana de inversión favorable hacen del sector aeroespacial una oportunidad atractiva.

Suministros públicos: de la revolución verde a la construcción de una red de IA: Europa ya está en camino de transformar la forma en que genera energía, reemplazando el carbón y la energía nuclear por energía eólica y solar, lo que ha aumentado la volatilidad del sistema. Ahora se está acelerando una segunda ola a medida que aumenta la demanda de electricidad, impulsada por la IA y los centros de datos que buscan conexiones a la red que ya se acercan a la demanda de energía actual de Europa. Esto choca con el envejecimiento de la infraestructura de la red, gran parte de ella construida hace décadas. El reto ya no es una simple sustitución, sino una ampliación y refuerzo a gran escala para hacer frente a mayores cargas y fluctuaciones más pronunciadas. Por lo tanto, las empresas de servicios públicos y los operadores de redes se encuentran en el centro de la política de electrificación, la resiliencia estratégica, el aumento de la demanda impulsada por la IA y los marcos regulados que apoyan la inversión a largo plazo.

Esta lista de oportunidades de inversión en Europa en este momento está lejos de ser exhaustiva. Otras áreas que consideramos prometedoras incluyen, por ejemplo, los materiales básicos en todas sus formas (minería y equipos de minería, cemento, acero), así como los semiconductores y sus proveedores de maquinaria.

¿Puede Europa mantener su rentabilidad?

El argumento de inversión de Europa refleja importantes desafíos estructurales, pero también una capacidad para abordarlos que se pasa en gran medida por alto. Debido a que muchas cuestiones son de cosecha propia, lo que importa es el ritmo, no la posibilidad, de reforma. Las valoraciones y el posicionamiento siguen siendo bajos, lo que deja margen para sorpresas positivas. Al mismo tiempo, el débil crecimiento se ha convertido en sí mismo en un catalizador, lo que aumenta la urgencia política para mejorar la competitividad, profundizar los mercados de capitales y racionalizar la regulación. Europa también cuenta con un enorme ahorro de los hogares que podría convertirse en un importante factor de impulso si se destina a inversión.

Las reformas no serán lineales, y la complejidad institucional de Europa garantiza que el progreso probablemente sea gradual. Pero en un mercado que es sensible a los flujos incrementales, incluso el progreso parcial, respaldado por las necesidades de gasto duraderas en defensa, los mercados aeroespaciales con oferta limitada y la aceleración de la inversión en redes, podría respaldar la rentabilidad durante más tiempo del que muchos esperan. Europa no necesita un milagro del crecimiento, sino un avance constante en la dirección correcta.

 

 

Tribuna de opinión firmada por Robert Schramm-Fuchs, gestor de carteras en Janus Henderson Investors. 

Inquietud sobre la calidad: ¿qué ha pasado y qué viene ahora?

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La calidad ha sido durante décadas uno de los pilares de la inversión en renta variable. Las compañías de calidad —caracterizadas habitualmente por un elevado flujo de caja libre, una alta rentabilidad sobre el capital, bajo apalancamiento y beneficios estables— tienden a liderar el mercado a lo largo de ciclos completos. Suelen mostrar una mayor resiliencia en entornos de volatilidad y, a largo plazo, las acciones de calidad han generado una rentabilidad superior tanto en Estados Unidos como a nivel global.

No obstante, la calidad ha quedado rezagada desde 2021, con una acusada rentabilidad inferior en 2025 tras los mínimos del mercado registrados el 8 de abril.

¿Qué factores lastraron la calidad en 2025?

Aunque la calidad ya afrontaba retos desde 2021, varios factores explican su acusado retroceso en 2025:

  • La prolongada incertidumbre llevó a los inversores a refugiarse en la calidad, generando un posicionamiento masivo. El periodo comprendido entre la pandemia de 2020 y el 9 de abril del año pasado estuvo marcado por el temor a una recesión y por el debate recurrente sobre si la economía global se encontraba en una fase intermedia o final del ciclo. En este contexto de elevada y persistente incertidumbre, la reputación de la calidad como activo refugio la convirtió en una opción lógica para muchos inversores. Sin embargo, esto dio lugar a una fuerte concentración en acciones de calidad, hasta el punto de que la valoración del factor calidad alcanzó máximos históricos a comienzos de 2025. Este «exceso de flujos» se volvió especialmente relevante cuando las empresas de calidad empezaron a ofrecer resultados inferiores a los esperados.
  • Con el cambio de ciclo, la calidad perdió atractivo. Con mayor o menor fundamento, los mercados interpretaron que el 8 de abril marcaba un mínimo cíclico en la economía global. Desde entonces, la renta variable se ha recuperado, pero este inicio de ciclo ha favorecido a valores con mayor apalancamiento cíclico, como los de beta elevada, menor calidad y, más recientemente, las compañías de pequeña capitalización. Las acciones de alta calidad suelen comportarse mejor en periodos de incertidumbre económica y de mercado, no en las fases iniciales de recuperación. A medida que los mercados repuntaban gracias a la desregulación y al respaldo monetario y fiscal, los inversores redujeron su exposición a la calidad, lo que provocó un acentuado deterioro de su rentabilidad.
  • Los cambios en la dinámica del mercado de renta variable impulsaron estas tendencias. Los programas de estímulo anunciados en Estados Unidos, Europa y Japón, junto con el aumento de la participación minorista y de la actividad especulativa, aceleraron aún más la rotación. En este entorno, los inversores minoristas actuaron con rapidez —y en muchos casos con éxito— para aprovechar las oportunidades. Los valores de mayor beta comenzaron a comportarse como activos de momentum, la narrativa del mercado pasó a estar dominada por el segmento minorista, y el periodo en el que la calidad se veía recompensada llegó a su fin de forma abrupta. Un ejemplo ilustrativo es la marcada preferencia por empresas más volátiles y con menor solidez financiera, que llevó a las tecnológicas no rentables a registrar una rentabilidad muy superior a la del S&P 500 en 2025. Un fenómeno comparable ocurrió a finales de 2020 y comienzos de 2021, con la aparición de las llamadas «acciones meme», que luego perdieron fuerza conforme el mercado se estabilizaba.
  • Todo ello desembocó en una doble penalización para la rentabilidad relativa. Como es natural, los inversores con una sobreponderación en valores de alta calidad suelen mantener una infraponderación en empresas de baja calidad. En un año en el que la alta calidad obtuvo una rentabilidad inferior y los valores de baja calidad y beta elevada destacaron, el impacto sobre la rentabilidad relativa fue especialmente negativo.

¿Y ahora qué?

Si unimos todos estos elementos, obtenemos una narrativa clara que explica el bajo rendimiento de la calidad. Esto encaja con uno de los patrones más habituales en la evolución de la calidad a lo largo de los ciclos del mercado. En fases bajistas, las empresas de alta calidad suelen comportarse bien, como ocurrió al inicio de la pandemia en 2020, pero tienden a quedarse rezagadas cuando los mercados se recuperan, que fue precisamente lo que sucedió en el repunte de finales de 2020 y comienzos de 2021. Existen algunas similitudes entre 2025 y principios de 2021: ambos periodos siguieron a etapas de incertidumbre extrema y estuvieron marcados por una fuerte participación minorista.

Pero, ¿qué implicaciones tiene para los inversores en la actualidad? Antes de reevaluar los posibles beneficios de la calidad dentro de las carteras, conviene aclarar qué no ha cambiado:

  • El historial de la calidad a largo plazo permanece intacto. Las empresas de calidad han superado sistemáticamente al mercado a largo plazo, tanto en Estados Unidos como a nivel global. Consideramos que esta dinámica continuará.
  • Existen todavía numerosos motivos para mantener empresas de calidad. Las compañías con balances sólidos, elevado flujo de caja libre, alta rentabilidad sobre el capital y beneficios estables están bien posicionadas para el futuro, incluso si la rentabilidad a corto plazo no resulta satisfactoria. El factor calidad obtiene mejores resultados precisamente porque estas empresas generan crecimiento y rentabilidad consistentes a lo largo de los ciclos económicos y de mercado. Esto crea un perfil de rentabilidad en el que la participación en las subidas suele superar la de las bajadas.
  • La calidad rinde especialmente bien en periodos de incertidumbre. Su fortaleza es más evidente en entornos de volatilidad económica y de mercado. Aunque actualmente los mercados atraviesan una fase de recuperación cíclica, no hay garantías de que esta tendencia se mantenga, sobre todo en un contexto más volátil y menos sincronizado. La exposición a la calidad debería ofrecer una combinación atractiva de capacidad ofensiva a largo plazo y defensiva a corto plazo. Por el contrario, las empresas de baja calidad y beta elevada pueden resultar interesantes ahora, pero a menudo carecen de los cimientos sólidos que sostienen la resiliencia cuando el ciclo cambia.

En conjunto, los últimos años han supuesto un reto para la calidad, aunque su evolución es fácilmente explicable. Un punto de partida muy saturado, unido al repunte de los mercados y a los cambios en su dinámica, generó un contexto poco favorable para que la calidad liderase la rentabilidad.

Sin embargo, ninguno de estos factores invalida la lógica de invertir en calidad. El historial a largo plazo permanece intacto, las características que definen a las empresas de calidad siguen siendo relevantes, y la experiencia demuestra que es en los periodos de incertidumbre cuando la calidad aporta mayor valor.

 

 

Tribuna de Andrew Heiskell, Equity Strategist en Wellington Management

Una mayor simplificación del marco regulatorio del capital bancario en Europa permitiría liberar hasta 2,8 billones de euros adicionales destinados a la financiación de la economía real

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La Asociación para los Mercados Financieros de Europa (AFME), que representa al sector bancario europeo, ha publicado una propuesta para simplificar el marco de capital bancario  de la Unión Europea (UE), con una conclusión clara: simplificar la regulación del marco de  capital de la banca europea liberaría 2,8 billones de euros en nuevos préstamos para  financiar la economía real, gracias a la reducción del coste del capital de los bancos en  alrededor de 62 puntos básicos. 

La aplicación efectiva de las propuestas de AFME supondría una reducción del coste de  capital de 28 puntos básicos para los bancos de importancia sistémica a nivel mundial (G SII). Para las entidades sistémicas (O-SII), la reducción de costes alcanzaría los 51 puntos  básicos y para entidades menos significativas (LSI) de hasta 132 puntos básicos.  

«Reforzar la competitividad de Europa requiere un marco regulador que sea a la vez  resiliente y eficiente. La simplificación de los requisitos de capital superpuestos mantendría la estabilidad financiera, permitiendo al mismo tiempo que los bancos apoyen mejor el crecimiento, la inversión y las necesidades de financiación de la economía europea», señala Adam Farkas, director general de AFME. 

«La estructura de capital bancario de Europa se ha vuelto excesivamente compleja, con colchones superpuestos que añaden costes sin un beneficio prudencial claro. Nuestra propuesta demuestra que el sistema puede simplificarse preservando la resiliencia construida desde la crisis financiera. Un marco más claro reduciría los costes de financiación  de los bancos y fortalecería su capacidad para respaldar el crédito a la economía europea»,  añade Caroline Liesegang, director general de Gestión de Capital y Riesgos de AFME.

Un marco especialmente complejo en la UE 

El informe de AFME destaca que los bancos de la UE operan actualmente bajo un sistema  particularmente complejo. Las entidades bancarias de la UE se enfrentan a una estructura de siete capas de colchones (buffers) de capital, varias de las cuales se establecen bajo discrecionalidad nacional. Como resultado, un grupo bancario transfronterizo que opere en  todos los Estados miembros puede estar sujeto a hasta 86 requisitos distintos de colchones de capital, lo que refleja las diferentes calibraciones nacionales. En comparación, los grandes bancos de Estados Unidos operan bajo un marco más sencillo con solo tres  colchones de capital a nivel nacional.

El documento elaborado por AFME también señala que los bancos de la UE mantienen ratios de capital Tier 1 de alrededor del 17,7%, cifra que se sitúa por encima de muchas estimaciones de niveles óptimos (en torno al 10-15 %) y es superior a los requisitos comparables en otras jurisdicciones. Según el informe, la acumulación de colchones superpuestos ha generado ineficiencias que, en última instancia, aumentan el coste de financiación para empresas y hogares. 

AFME estima que las reformas propuestas podrían liberar aproximadamente 281.000 millones de euros de capital CET1, que los bancos podrían reasignar para apoyar la concesión de crédito. 

El informe señala que el impacto variaría según la entidad, con reducciones estimadas del  coste de capital de 28 puntos básicos para los bancos de importancia sistémica mundial (G SII), 51 puntos básicos para otras entidades de importancia sistémica (O-SII) y 132 puntos  básicos para las entidades menos significativas (LSI). 

Propuestas de reforma de AFME 

El informe propone reformas para la estructura de capital de la UE —que actualmente  superpone múltiples colchones a los requisitos mínimos de capital— con el objetivo de crear  un marco más claro y coherente. 

Las propuestas de AFME incluyen: 

  • Simplificar la estructura de capital de la UE en tres niveles y eliminar los colchones  que se solapan, incluyendo la eliminación gradual del colchón de riesgo sistémico y el reajuste del colchón anticíclico. 
  • Sustitución del marco MREL de la UE por una estructura de resolución más sencilla basada en los estándares TLAC acordados internacionalmente para los requisitos de capacidad de absorción de pérdidas.
  • Optimización del ratio de apalancamiento y mejora de la coordinación regulatoria, incluyendo la eliminación de capas de supervisión adicionales. 
  • Creación de un foro bancario central de la UE entre las autoridades competentes para  ayudar a evaluar el impacto operativo y la demanda de capital que sus decisiones suponen para las entidades.

El informe se publica en un momento en el que los responsables políticos europeos están estudiando formas de simplificar el marco prudencial de la UE. En diciembre de 2025, el  Grupo de Trabajo de Alto Nivel sobre Simplificación del BCE publicó 17 recomendaciones para racionalizar las normas bancarias de la UE sin perder resiliencia, que se incorporarán al próximo trabajo de la Comisión Europea sobre el marco. 

AFME espera colaborar con los responsables políticos y las partes interesadas de toda Europa para seguir debatiendo estas propuestas y apoyar el desarrollo de un marco de capital más sencillo y eficaz.

Laboral Kutxa lanza su primer fondo buy and hold con gestión delegada en Morgan Stanley Investment Management

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En el marco del acuerdo de colaboración preferente firmado con Morgan Stanley Investment Management (MSIM), Laboral Kutxa ha presentado al mercado Laboral Kutxa Focus 2030 by MSIM, su primer fondo de inversión buy and hold, gestionado de forma delegada por MSIM y estructurado a través de un vehículo propio de la gestora de la entidad financiera, CL Gestión.

Esta iniciativa se enmarca en la estrategia de Laboral Kutxa de impulsar su negocio de servicios de inversión y ofrecer soluciones de alto valor añadido a su base de clientes.

La delegación de la gestión en MSIM permite optimizar el diseño, la supervisión y el seguimiento de la estrategia del fondo, aportando un claro diferencial competitivo para el inversor. A través de esta estructura, los clientes pueden acceder a criterios y capacidades de inversión propias de gestoras internacionales, mediante un vehículo nacional que, además, ofrece ventajas fiscales y mayor eficiencia en costes.

En el proceso de diseño y gestión del producto destaca la participación del equipo de renta fija global de MSIM, compuesto por más de 60 profesionales con amplia experiencia y reconocimiento internacional. Gracias a sus capacidades globales, el equipo ha analizado un amplio universo de activos investment grade denominados en euros, aplicando modelos cuantitativos desarrollados internamente.

Como resultado, se ha construido una cartera basada en las mejores ideas de inversión y en las oportunidades identificadas en los mercados de renta fija de grado de inversión.

CFA Society Spain impulsa un Comité de Filantropía para promover voluntariado y acción social en la industria financiera

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Foto cedidaLuis Buceta preside CFA Society Spain.

CFA Society Spain, que agrupa a más de 1.100 profesionales de la inversión en España y forma parte de la red global de 157 sociedades locales de CFA Institute, ha creado un Comité de Filantropía con el objetivo de impulsar iniciativas de educación financiera, voluntariado y colaboración con organizaciones sin ánimo de lucro, reforzando así el compromiso social de la comunidad CFA en España.

El nuevo comité, presidido por Gemma Valero, Managing Director en MdF Family Partners, nace con la vocación de canalizar el conocimiento financiero, la experiencia profesional y el compromiso ético de los profesionales CFA hacia proyectos que generen un impacto positivo y sostenible en la sociedad.

Luis Buceta, presidente de CFA Society Spain, señala: “La industria de la inversión tiene un papel relevante en la mejora de la educación financiera y en el fortalecimiento de la confianza en los mercados. Iniciativas como este comité reflejan el compromiso de la comunidad CFA con la sociedad y con los más altos estándares éticos de la profesión”.

La actividad del comité se articulará en torno a tres ejes principales: educación financiera, colaboración con organizaciones del tercer sector y promoción del voluntariado entre los miembros de CFA Society Spain. En el ámbito de la educación financiera, se impulsarán iniciativas dirigidas tanto a estudiantes como a adultos y colectivos profesionales, con el objetivo de mejorar la comprensión del funcionamiento de los mercados y ayudar a los ciudadanos a tomar decisiones financieras más informadas.

Asimismo, el comité promoverá la colaboración con organizaciones sociales, aportando el enfoque analítico y la cultura de medición de impacto propios de los profesionales CFA, así como estándares de transparencia y buenas prácticasen el ámbito filantrópico. Esta iniciativa se enmarca en el creciente interés del sector financiero por reforzar la educación financiera y fortalecer el vínculo de confianza entre la industria de la inversión y la sociedad.

En palabras de Gemma Valero, “la comunidad CFA reúne a profesionales con un profundo compromiso con la ética y el rigor profesional. Con este comité queremos poner ese conocimiento al servicio de la sociedad, contribuyendo a mejorar la educación financiera y apoyando iniciativas que generen un impacto social real”.

El Comité prevé lanzar en los próximos meses sus primeras iniciativas de educación financiera y colaboración con organizaciones sociales. Está integrado por Carlos Mendoza, Raúl Bastos, Fernando Orrillo, Fátima Meneses, Miguel Ignat Cuenca, Atanás Angelov, Jorge Zavaleta, Guendalina Bolis, Pedro Santuy Bardón, Gemma Valero Mestre (Chair) y María Cristina Ruiz.

Los asesores replantean el papel de las acciones estadounidenses

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Los gestores de patrimonio indican que esperan reducir su exposición a acciones estadounidenses y reorientarla hacia mercados desarrollados fuera de EE.UU. y mercados emergentes durante los próximos tres años, según datos de la encuesta de nuestro informe Wealth Trends 2026 de MSCI. Las conclusiones del estuido indican que este cambio sigue a décadas en las que las acciones estadounidenses han sido el componente central de las carteras globales de inversión.

Lo relevante es que esta modificación va más allá de una cobertura táctica. Sugiere que, en lugar de depender de un único mercado para impulsar el crecimiento, los asesores están replanteando cómo equilibrar riesgo, resiliencia y oportunidades entre regiones y ciclos económicos. Aquellos asesores que mostraron mayor preocupación por los aranceles y los riesgos geopolíticos fueron significativamente más propensos a reducir su exposición a acciones estadounidenses.

Si bien los asesores en general parecen estar reconsiderando la concentración de sus carteras, el grado de cambio varía según la región. Por ejemplo, en la región EMEA presenta la mayor retirada. En concreto, un 49 % de asesores que indican planes de disminuir la exposición a EE. UU., frente a un 26 % que planea aumentarla. Por su parte, APAC también refleja un creciente énfasis en la diversificación y las oportunidades de crecimiento regional, con un 44 % planeando reducir la asignación en acciones estadounidenses y un 27 % anticipando un aumento; Y Norteamérica muestra una reevaluación más moderada, con solo un 26 % esperando reducir la exposición a EE. UU. y un 42 % esperando incrementarla.

El significado del cambio para los asesores

Sin embargo, el informe explica que este giro no implica necesariamente un pesimismo sobre los mercados estadounidenses. «Para los gestores de patrimonio, parece que la diversificación se está convirtiendo en un principio central de diseño, adoptado para navegar la incertidumbre con flexibilidad. Este enfoque más equilibrado a nivel global refleja no solo dónde han estado los mercados, sino también dónde están emergiendo los riesgos», señalan desde MSCI.

Su conclusión es que el desafío para los asesores es trasladar este cambio a las estrategias de sus clientes. «La diversificación global introduce nuevas cuestiones sobre volatilidad, exposición a divisas y gestión del riesgo regional. Pero también ofrece la oportunidad de replantear la narrativa de las carteras, pasando de la búsqueda de rentabilidad a la construcción de resiliencia a lo largo de los ciclos», indican.

Los asesores de APAC y EMEA son los que tienen más probabilidades de reducir sus asignaciones a renta variable estadounidense

Source: 2025 Wealth Monitor, MSCI’s survey of 250 wealth management professionals conducted in August across the United States, Europe and Asia.

América e Iberia: dos motores del crecimiento de M&G

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Foto cedidaIgnacio Rodríguez Añino, responsable de Distribución para Américas de M&G; y Alicia García Santos, responsable de M&G para España, Portugal y Andorra de M&G.

En el marco de la presentación de sus resultados anual, M&G ha anunciado que continúa ampliando su presencia internacional en el negocio de gestión de activos. De hecho, los activos de terceros fuera del Reino Unido aumentaron hasta alcanzar los 142.540 millones de dólares, frente a los 118.000 millones registrados a finales de 2024.

Según ha señalado Andrea Rossi, CEO del Grupo, 2025 fue un año de fuerte impulso comercial y de progreso estratégico para M&G. “Continuamos invirtiendo en nuestro negocio, sentando las bases para el crecimiento a largo plazo y ampliando nuestras capacidades de distribución e inversión a nivel internacional. En mayo, además, cerramos una alianza estratégica a largo plazo con Dai-ichi Life HD, que ahora es nuestro mayor accionista”, ha destacado. 

La gestora apunta que sus prioridades estratégicas son claras y pasan por mantener su fortaleza financiera, seguir simplificando el negocio e impulsar un crecimiento sostenible en todos los mercados y segmentos. Uno de estos mercados es América, donde el negocio de la compañía abarca offshore en EE.UU., clientes institucionales en Latinoamérica, así como los mercados institucionales de EE.UU. y Canadá. 

“Nuestra estrategia de crecimiento se adapta a cada mercado, con un fuerte enfoque en comprender las necesidades locales de los clientes y ofrecer una amplia gama de soluciones de inversión. En toda la región, estamos centrados en ofrecer capacidades diferenciadas tanto en mercados públicos como privados, aprovechando la plataforma global de inversión de M&G, al tiempo que adaptamos la distribución y el posicionamiento de productos a cada segmento”, apunta Ignacio Rodríguez Añino, responsable de Distribución para Américas de M&G. 

Al hacer balance de 2025, Rodríguez señala que el crecimiento de la gestora en América estuvo impulsado principalmente por estrategias de renta variable y renta fija no estadounidenses, junto con crédito estructurado en el canal institucional. “También observamos un creciente interés de los clientes por diversificar más allá de exposiciones centradas en EE.UU. “De cara al futuro, esperamos que esta tendencia continúe, con una mayor demanda de diversificación internacional, incluyendo renta variable europea, Japón, mercados emergentes y soluciones de crédito estructurado, especialmente entre inversores institucionales”, afirma. 

Mercado ibérico

Otro de los mercados clave para la gestora es el ibérico, donde cerró el ejercicio de 2025 con 9.400 millones de dólares (8.200 millones de euros) en activos bajo gestión en España, un hito significativo al celebrar 20 años en el mercado. Bajo el liderazgo de Alicia García Santos, responsable de M&G para España, Portugal y Andorra de M&G, los activos bajo gestión de la firma han crecido de forma sostenida desde los 5.200 millones de euros en 2020 hasta los 8.200 millones en 2025, apoyados por el refuerzo de su presencia local con un equipo de 20 profesionales en distribución e inversión, incluidos especialistas en renta fija pública, deuda privada e inmobiliario.

Según explica García, los principales motores de crecimiento en 2025 fueron la fuerte demanda de sus estrategias de renta fija pública y renta variable europea, complementadas en menor medida por la actividad en ABS. “También hemos seguido diversificando nuestra base de clientes y ampliando nuestra oferta estratégica, con los inversores institucionales representando ahora una parte significativa de nuestro negocio, que hoy está mucho más diversificado”, añade. 

García destaca que la expansión de M&G en mercados privados, a través de Catalyst, responsAbility, PCP y BauMont, continúa reforzando sus capacidades y nuestra capacidad para satisfacer las necesidades cambiantes de los clientes en la región. Según matiza, en 2025, “M&G también reforzó su papel en la economía real canalizando capital institucional hacia áreas donde la inversión es más necesaria”.