WisdomTree ha anunciado el lanzamiento del fondo WisdomTree Physical AI, Humanoids, and Drones Fund (WDRN), que cotiza en la bolsa Cboe BZX Exchange, Inc. (CBOE). El lanzamiento se produce en un momento crucial para la inteligencia artificial (IA), ya que la tecnología evoluciona más allá de las aplicaciones digitales para permitir actividades físicas de IA, según recoge el comunicado de la firma, impulsando máquinas que pueden percibir, tomar decisiones y ejecutar tareas de forma autónoma en el mundo físico.
Este cambio marca una transición de la IA como herramienta para generar información a un sistema capaz de generar resultados en el mundo real.
El WDRN está diseñado para replicar la evolución del precio y la rentabilidad, antes de comisiones y gastos, del índice WisdomTree Physical AI, Humanoids, and Drones. El Índice está concebido para ofrecer exposición a empresas de todo el mundo dedicadas a actividades relacionadas con la IA física, entre las que se incluyen los robots humanoides y colaborativos, los drones y vehículos autónomos, los sistemas de fabricación basados en IA, la automatización de almacenes y cadenas de suministro, y las máquinas inteligentes en sectores como la sanidad, la construcción, la agricultura y la defensa.
“En los últimos años, la IA se ha limitado en gran medida al mundo digital, generando contenidos, analizando datos y ayudando en la toma de decisiones. Lo que está cambiando ahora es que la IA está empezando a operar en el mundo físico a medida que se combinan los avances en modelos, informática y robótica. Consideramos que se trata de un punto de inflexión significativo en la trayectoria de la IA”, afirmó Christopher Gannatti, director global de Análisis de WisdomTree.
El experto añade que este cambio ya está tomando forma en los vehículos autónomos, las fábricas de última generación y el papel cada vez más importante de los drones en los conflictos modernos. “A medida que se aceleran los flujos de capital hacia los semiconductores, la automatización y la infraestructura industrial, creemos que la IA física está emergiendo como un nuevo e importante ciclo de inversión con el potencial de remodelar la forma en que se despliega la inteligencia en la economía global, y WDRN está diseñado para ofrecer a los inversores exposición a empresas situadas en la intersección de este segmento en evolución del ecosistema de la IA”, apunta.
Los ETFs de renta fija ya no son solo componentes básicos para calcular el beta. Así lo recoge el estudio “Built to last. How bond ETFs are powering a portfolio evolution” elaborado por BlackRock, que apunta que estos vehículos “se han convertido en la infraestructura esencial de la construcción de carteras modernas”, ya que ofrecen ventajas estructurales que van más allá de lo que pueden aportar los valores individuales.
“A medida que el mercado de renta fija se ha ido digitalizando y se ha vuelto más indexable, los ETFs han evolucionado hasta convertirse en herramientas escalables, transparentes y líquidas que unifican las estrategias indexadas y activas en un único ecosistema”, señala.
En un mercado en el que la incertidumbre sobre la inflación, la volatilidad esporádica y las trayectorias cambiantes de los tipos de interés pueden provocar rápidamente un reajuste tanto de la duración como del crédito, los inversores buscan obtener una renta fiable, resistente y recurrente.
El problema, según el estudio, es que “a menudo, se busca «más renta» de las formas menos resistentes, ya sea alargando la duración y exponiéndose al riesgo de una crisis de tipos de interés, o descendiendo en el espectro crediticio y exponiéndose al riesgo de ampliación de los diferenciales”.
Pero el informe explica que los ETFs de renta fija “pueden ayudar a resolver este problema, no solo a través de una exposición al mercado a bajo coste, sino también mediante un conjunto más amplio de herramientas de implementación”.
Los fondos cotizados activos de renta fija siguen representando una minoría de los activos de renta fija de los ETFs -un 20 % a nivel mundial-, pero su impulso se ha acelerado rápidamente: el patrimonio aumentó en 215.000 millones de dólares en 2025, captando el 32% de los flujos mundiales de ETFs de renta fija (según datos de BlackRock Global Business Intelligence al cierre de marzo pasado), lo que indica que “es probable que los inversores deseen la discrecionalidad de un gestor de carteras en el formato de un ETF”.
El estudio apunta que los gestores de renta fija activos y flexibles pueden ayudar a “reequilibrar la relación entre rendimiento y riesgo”, en tanto que los ajustes dinámicos pueden ayudar a los inversores a mejorar la rentabilidad de la cartera al tiempo que reducen la sensibilidad a los tipos de interés.
“A medida que las carteras se vuelven más sofisticadas, los ETFs de renta fija ya no son solo vehículos para obtener una exposición general al mercado, sino que también pueden servir como herramientas para la exposición básica, la búsqueda de alfa y la generación de ingresos orientada a resultados”, apunta el estudio que resalta que cuando se combinan, los ETF de renta fija indexados y activos “crean un ecosistema cohesionado dentro de una cartera”.
Con esta combinación, los inversores pueden mantener una asignación básica, pero también añadir orientaciones específicas, así como acceder a fuentes de ingresos potenciales diferenciadas y ajustar la exposición al riesgo sin abandonar la estructura de los ETFs.
Cecabank, Bankinter, Kutxabank, ABANCA y Banco Sabadell han anunciado su incorporación al consorcio europeo Qivalis, una iniciativa creada para desarrollar y emitir una stablecoin denominada en euros y regulada bajo el marco MiCA (Markets in Crypto-Assets). La operación supone un paso decisivo en la consolidación de una infraestructura financiera europea de nueva generación basada en tecnología blockchain.
Con estas adhesiones, Qivalis amplía su alcance hasta reunir a 37 instituciones financieras de 15 países europeos, consolidándose como el primer gran proyecto bancario paneuropeo destinado a ofrecer una solución de pagos y liquidación nativa en cadena (on-chain) respaldada 1:1 por reservas en euros y bajo supervisión regulatoria europea.
La iniciativa nace en un contexto marcado por el crecimiento sostenido del mercado global de las stablecoins, actualmente dominado por activos vinculados al dólar, y responde a la necesidad estratégica de fortalecer la soberanía monetaria europea en el ámbito digital.
La futura stablecoin permitirá habilitar pagos inmediatos y programables 24/7, reducir costes y fricciones en transacciones transfronterizas y facilitar la liquidación automatizada de activos tokenizados, como bonos, cuentas a cobrar o activos inmobiliarios, disminuyendo significativamente el riesgo de contraparte.
Para Cecabank, su incorporación refuerza su posición como infraestructura financiera mayorista de referencia y como integrador B2B neutral para entidades financieras e institucionales que buscan acceder a soluciones de dinero digital en un entorno regulado. La entidad destaca además su licencia MiCA y su capacidad tecnológica y operativa para acompañar la transición hacia nuevos modelos de pagos y liquidación.
En el caso de Bankinter, la adhesión se enmarca dentro de su histórica apuesta por la innovación financiera. La entidad considera que una stablecoin europea regulada marcará un antes y un después en las finanzas digitales de la eurozona, permitiendo operaciones más rápidas, seguras y transparentes tanto para empresas como para particulares.
Por su parte, Kutxabank subraya que su inversión en Qivalis está alineada con el desarrollo de sus capacidades en el ámbito de los activos digitales regulados, con aplicaciones inmediatas en custodia y transmisión de órdenes bajo MiCA, y con potencial futuro en pagos transfronterizos, gestión de tesorería y liquidación de instrumentos financieros tokenizados.
La incorporación de ABANCA responde a su estrategia de posicionarse en la vanguardia financiera europea y participar activamente en la definición de una herramienta digital independiente y confiable, diseñada bajo principios europeos de interoperabilidad, escalabilidad y rigor regulatorio. Y para Banco Sabadell, la entrada en el consorcio representa una oportunidad estratégica para acelerar el aprendizaje y la implantación futura de casos de uso con stablecoins, apoyándose en el potencial transformador de la tecnología blockchain para desarrollar nuevos servicios de pago rápidos, económicos y seguros.
Desde Qivalis, su CEO, Jan-Oliver Sell, ha destacado que la incorporación de nuevos socios supone “un salto de gigante hacia un ecosistema abierto y plenamente conforme con la normativa para el euro”, mientras que el presidente del Consejo de Supervisión, Sir Howard Davies, ha subrayado que “la eficiencia de la infraestructura financiera es, en última instancia, una cuestión de soberanía”.
Con sede legal en Ámsterdam y actualmente en proceso de obtener autorización como Entidad de Dinero Electrónico ante el banco central neerlandés (De Nederlandsche Bank), Qivalis prevé lanzar su stablecoin al mercado durante la segunda mitad de 2026. Con esta alianza, las cinco entidades españolas refuerzan su compromiso con la innovación financiera, la construcción de infraestructuras digitales europeas y el desarrollo de soluciones que permitirán al euro consolidar su papel como divisa de referencia en la próxima generación del sistema financiero global.
Los mercados de renta variable están más concentrados que en cualquier momento de las últimas cinco décadas, y los benchmarks ponderados por capitalización reflejan esa realidad. Los diez mayores componentes del índice MSCI World representan más de una cuarta parte de su peso total —un incremento de cuatro veces en 15 años—.En concreto, Estados Unidos supone ahora más del 70% del índice, mientras que el sector de tecnología de la información por sí solo supera el 25%.
Según explican Abhishek Gupta, Executive Director, MSCI Research & Development, y Saurabh Katiyar, Executive Director, MSCI Research & Development, en su último informe, los inversores institucionales y de banca privada verán cómo el riesgo de concentración emerge en debates de política, informes de riesgo y revisiones de asignación, pero no existe una única respuesta correcta para gestionarlo. La respuesta adecuada depende de los objetivos del inversor, su presupuesto de riesgo, su estructura de gobernanza y sus prácticas de implementación. Aunque los benchmarks ponderados por capitalización suelen estar anclados a la política de inversión, los niveles de asignación estratégica e implementación pueden ofrecer mayor flexibilidad para desviarse.
La concentración refleja un equilibrio entre riesgo absoluto y riesgo activo
SLos índices ponderados por capitalización reflejan la visión agregada del mercado sobre el valor dentro del universo invertible. Son líquidos, de baja rotación, escalables y, lo que es importante, todos los inversores pueden mantenerlos simultáneamente. Estas características convierten la ponderación por capitalización en la opción por defecto para la mayoría de los benchmarks.
«Cuando los benchmarks se concentran, también lo hace el riesgo absoluto. Como se observa en el gráfico, las mayores compañías representan una proporción desproporcionada tanto del peso del índice como del riesgo de la cartera en relación con su contribución a los beneficios, y esta brecha se ha ampliado desde 2022. Los inversores deben decidir si aceptan ese riesgo absoluto concentrado o si optan deliberadamente por métodos alternativos de ponderación. Este cambio puede diversificar el perfil de riesgo absoluto, pero tiene un coste: el riesgo activo, que debe presupuestarse y gobernarse», apuntan los expertos de MSCI Research & Development.
En la práctica, sostienen, la mayoría de los equipos de CIO operan con un presupuesto definido de tracking error respecto a un benchmark de política ponderado por capitalización. Cualquier transición hacia ponderaciones alternativas consume parte de ese presupuesto. Entonces, ¿dónde se sitúa ese riesgo activo? «Los gestores activos pueden mostrarse reacios a ceder parte de su presupuesto de riesgo a una decisión de benchmark, mientras que los equipos pasivos no suelen tener mandato para asumirlo. Como resultado, gestionar la concentración es tanto una decisión de gobernanza como una elección de construcción de cartera», afirman.
Un marco en tres pasos para gestionar el riesgo de concentración
Los expertos de MSCI Research & Development establecen tres paso:
Diagnosticar el problema de concentración. La concentración puede adoptar varias formas: el peso de un solo valor puede superar los umbrales de gobernanza y exponer las carteras a eventos idiosincráticos; la concentración sectorial plantea dudas sobre la vulnerabilidad cíclica; y la concentración por país puede divergir de la visión macroeconómica del inversor. La concentración de riesgo —cuando un subconjunto reducido de posiciones impulsa la mayor parte de la volatilidad— añade otra capa que a menudo queda oculta en los informes basados en pesos. «Estas dimensiones no siempre evolucionan conjuntamente. Antes del reciente auge de las megacapitalizaciones, por ejemplo, el peso de EE.UU. ya era elevado sin el mismo grado de concentración en valores individuales. Hoy, la concentración por país, sector y valores individuales está más alineada, reflejando la fuerte demanda de grandes tecnológicas estadounidenses», señalan.
Determinar la flexibilidad disponible para los decisores. Los inversores suelen tener menos flexibilidad en el benchmark de política, que actúa como referencia estratégica global. Modificarlo tiene efectos en cascada sobre la asignación de activos, los mandatos, la atribución y el reporting. Los benchmarks de asignación estratégica de activos (SAA) ofrecen mayor flexibilidad. La concentración puede gestionarse mediante la definición de pesos estratégicos, aunque los inversores deben asumir el tracking error resultante y los sesgos estructurales. Además, consideran que los benchmarks de mandatos activos deben alinearse con el mandato del gestor, pero puede existir margen para incorporar límites de concentración dentro de ese marco. La replicación de benchmarks ofrece, en principio, la mayor flexibilidad. Los inversores pueden optar por variantes de índices con ponderaciones alternativas —como estrategias con límites máximos—, aunque existen restricciones prácticas relacionadas con la disponibilidad de productos, liquidez, rotación y costes de implementación.
Elegir un enfoque de gestión de la concentración. Según su experiencia, una vez identificado el problema y entendida la flexibilidad disponible, el inversor puede evaluar qué enfoque es más adecuado en función de su filosofía y mecanismo subyacente.
«Estos enfoques pueden aplicarse de forma individual o combinada, según la naturaleza del problema de concentración y la flexibilidad del benchmark», afirman.
Integrar el problema, el objetivo y el enfoque
Cada método de gestión aborda algunas dimensiones de la concentración de forma directa y otras de manera indirecta. Por ejemplo, la ponderación por PIB reancla los pesos por país al tamaño económico, pero puede tener un impacto limitado en la concentración a nivel de valores dentro de un mercado. A escala global, reduce el peso de EE. UU., pero en mercados emergentes puede aumentar la concentración en China.
Los enfoques basados en redistribución del riesgo se centran en la contribución a la volatilidad en lugar de los pesos del índice. Aunque suelen reducir el peso de activos más arriesgados, no abordan explícitamente la concentración sectorial o geográfica.
La adecuación entre el enfoque y el objetivo del benchmark también es clave. En un contexto de política, los métodos basados en fundamentos económicos —como el PIB o los ingresos— suelen ser más defendibles desde el punto de vista de gobernanza que las restricciones estructurales como límites por acción. En benchmarks SAA, los inversores pueden aplicar límites por país o región. En mandatos activos, el enfoque debe complementar el mandato del gestor. En replicación, existe amplio margen para personalizar el benchmark.
Los costes de desviarse de la capitalización bursátil
Gestionar la concentración es una decisión estructural basada en la tolerancia al riesgo, no una apuesta táctica sobre el comportamiento de las grandes compañías. Muchos inversores que infraponderaron las megacaps en los últimos años probablemente quedaron por detrás de los benchmarks ponderados por capitalización. Este marco no elimina ese riesgo de arrepentimiento.
Cualquier desviación debe ser defendible a lo largo de ciclos completos de mercado, incluidos periodos prolongados de fuerte rendimiento de las grandes compañías. Además, estas decisiones conllevan costes prácticos. El tracking error es el más visible, por lo que es clave definir cómo se distribuye y gestiona dentro de la cartera. Los esquemas de ponderación alternativos pueden introducir sesgos factoriales no deseados (sesgo value, inclinación hacia small caps o posicionamiento defensivo). También pueden aumentar la rotación, los costes de rebalanceo y las limitaciones de capacidad.
Por último, incluso con la filosofía adecuada, es necesario un vehículo de implementación: un ETF existente, un índice personalizado o una cobertura mediante derivados. Para los inversores, la cuestión no es si la concentración existe, sino si merece la pena asumir el coste de gestionarla —y quién toma esa decisión.
Un estadounidense en España entra en su banco local, sigue un asesoramiento sensato e invierte en los mismos fondos de inversión que sus vecinos. Sensato, responsable, incluso aburrido. Pero desde la perspectiva fiscal de Estados Unidos, esa decisión perfectamente normal puede desencadenar una serie de consecuencias inesperadas.
El culpable es una norma de la Hacienda estadounidense llamada Passive Foreign Investment Companies (PFIC, por sus siglas en inglés). Fondos que se clasifican como PFIC son quizás el ejemplo más claro de la paradoja del expatriado estadounidense en España: puedes hacer todo «bien» aquí y aun así hacerlo completamente «mal» allí.
El origen de las normas PFIC fue evitar que los inversores estadounidenses difirieran impuestos invirtiendo en fondos en el extranjero. Por desgracia, hoy en día afectan a muchos estadounidenses simplemente porque viven fuera de Estados Unidos. La mayoría de los fondos de inversión no estadounidenses —incluidos los fondos de inversión europeos— se consideran PFIC. Los bancos o asesores financieros españoles los recomiendan debido a una falta de conocimiento sobre este tema.
Cuando se obtienen ganancias en una inversión considerada PFIC, la Hacienda estadounidense (IRS, por sus siglas en inglés) a menudo las trata como «distribuciones en exceso». El resultado puede ser que los ingresos se graven a los tipos marginales históricos más altos y que se apliquen intereses de forma retroactiva. Por lo tanto, el tipo impositivo efectivo puede ser mucho más alto que el de las ganancias de capital habituales.
Además, cada inversión PFIC generalmente requiere la presentación anual del Formulario 8621. Este formulario es altamente técnico, a menudo requiere preparación fiscal especializada y aumenta significativamente los costes contables.
Debido a que Estados Unidos tiene una norma poco habitual según la cual los estadounidenses deben seguir presentando impuestos ante el IRS incluso si viven en otro país, los expatriados estadounidenses deben cumplir con las normas del IRS sin importar dónde residan. Muchos estadounidenses que viven en España compran PFIC sin darse cuenta y solo descubren el problema cuando su asesor fiscal en EE. UU. les pregunta sobre fondos extranjeros.
Aquí es donde una planificación transfronteriza cuidadosa se vuelve esencial. Ayudar a los clientes a evitar este tipo de complicaciones financieras es una parte fundamental de mi trabajo como planificador financiero transfronterizo en BISSAN Wealth Management en España.
El asesoramiento financiero casi siempre está diseñado para un contribuyente específico dentro de un sistema regulatorio concreto. Las soluciones de inversión españolas están pensadas para contribuyentes españoles dentro de la normativa europea. Los productos de inversión estadounidenses están diseñados para contribuyentes estadounidenses. Pero los estadounidenses expatriados en España viven simultáneamente en dos sistemas.
El resultado es que muchos estadounidenses en España terminan con un asesoramiento fragmentado: profesionales competentes que optimizan dentro de sus propias jurisdicciones, pero sin que nadie diseñe una estrategia teniendo en cuenta la realidad transfronteriza completa.
El problema no es que los asesores españoles no entiendan España, ni que los asesores estadounidenses no entiendan Estados Unidos. El problema es que ninguno de los dos sistemas fue creado pensando en los expatriados estadounidenses que viven entre dos jurisdicciones.
Tribuna de opinión firmada por Peter Dougherty, Financial Planner en Bissan Wealth Management.
La gestión discrecional (GDC) es un pilar del negocio de fondos en España. Según los últimos datos publicados por Inverco correspondientes al primer trimestre del año, el 73,3% de la distribución de IICs en España se hace mediante gestión discrecional o asesoramiento. Al desglosar el dato, Inverco estima que un 25,8% corresponde a GDC y un 47,6% a asesoramiento. En cambio, el 26,7% del resto de la distribución es vía comercialización.
Tomando como referencia la muestra de Inverco, que supone aproximadamente el 75% de la distribución de IICs en España, estaríamos hablando de un patrimonio de 349.539 millones de euros en distribución vía GDC y asesoramiento. “De acuerdo con los datos recibidos por las gestoras de IICs, que han facilitado información sobre esta actividad desarrollada por sus grupos financieros, la cifra estimada de patrimonio en Gestión Discrecional de Carteras se situaría en torno a 167.000 millones de euros a finales de marzo de 2026 (164.497 millones para las Gestoras que facilitan dato)”, indican desde Inverco.
Un dato significativo en el caso de la gestión discrecional es que es el inversor minorista quien impulsa este modelo de distribución. Del número total de contratos estimados por Inverco, 1,4 millones, el cliente minorista está detrás de 1,3 millones de contratos, mientras que se calculan 197 contratos de mandatos institucionales. Además, las cifras muestran el éxito del asesoramiento en la distribución de IICs en España, tanto nacionales como internacionales.
Foto por grupo
CaixaBank lidera el ránking de grupos financieros con un patrimonio gestionado a través de GDC por 58.236 millones de euros, de los cuales, 57.029 corresponden a cliente minorista. Le sigue de lejos Santander, con 30.998 millones de euros, todos ellos procedentes del canal minorista. BBVA completa el podium con 27.421 millones de euros, de ellos, 26.593 corresponden al segmento minorista.
Pienso que a más de uno el siguiente artículo puede resultarle útil para evitar simplificaciones peligrosas. A la hora de invertir, pocas etiquetas se usan tanto (y se entienden tan poco) como “value” y “growth”. A menudo se presentan como estilos opuestos, casi como bandos enfrentados. Pero la realidad es bastante menos binaria: ni el value es una sola cosa, ni el growth tampoco. Bajo cada etiqueta conviven filosofías, procesos y sensibilidades al riesgo muy distintas.
Este marco de matices permite analizar y comparar gestores con mayor precisión: Value: no todo lo barato es igual Invertir en valor significa poner la valoración en el centro — inclinándose hacia compañías que cotizan a múltiplos más bajos en relación con sus fundamentales. Todos los gestores consideran la valoración, pero no todos son inversores en valor.
Matices de la inversión en valor:
Deep (profundo) – buscar las compañías estadísticamente más baratas (bajo PER, bajo P/B), a menudo en dificultades o muy cíclicas.
Contrarian (contraria) – apuntar a lo que el mercado ha descartado; menos sobre múltiplos, más sobre sentimiento.
Relativa – comprar acciones baratas frente a sus pares, al mercado o a su propia historia, no necesariamente en términos absolutos.
De calidad – negocios resilientes, con balances sólidos y flujos de caja estables a valoraciones razonables.
Absoluta – aplicar umbrales estrictos frente al valor justo individual (ej.: no pagar más de X veces beneficios o exigir margen de seguridad).
Intrínseca – anclada al valor justo a largo plazo (ej.: DCF).
Multifactorial – enfoques sistemáticos donde el valor es un input clave junto con otros factores.
Growth: no todo el crecimiento se paga igual
Invertir en crecimiento implica poner el foco en la expansión futura del negocio — ingresos, beneficios o flujos de caja — incluso si eso supone aceptar valoraciones más exigentes hoy. Todos los gestores consideran el crecimiento, pero no todos son inversores growth.
Matices de la inversión en crecimiento:
High growth (alto crecimiento) – compañías con tasas de expansión muy elevadas, a menudo reinvirtiendo agresivamente y con beneficios limitados.
Quality growth (calidad + crecimiento) – negocios con ventajas competitivas claras y crecimiento sostenible. Menos explosivos, más predecibles.
GARP (Growth at a Reasonable Price) – equilibrio entre crecimiento y valoración; evitar pagar múltiplos excesivos.
Compounders – empresas capaces de reinvertir capital a altas tasas durante largos periodos. Crecimiento constante y acumulativo.
Secular growth – beneficiadas por tendencias estructurales de largo plazo (digitalización, demografía, etc.).
Momentum growth – combina crecimiento con inercia en el precio; más sensible a narrativa y revisiones.
Growth cíclico – crecimiento ligado al ciclo económico; puede alternar entre parecer growth y value.
Multifactorial – estrategias sistemáticas donde el crecimiento es un factor clave junto a otros.
Relevancia de comprender los diferentes sub-estilos
Diferentes matices dentro de cada estilo se traducen en carteras con comportamientos y perfiles de riesgo muy distintos.
Las etiquetas simplifican, pero también pueden inducir a error: “growth” y “value” explican menos de lo que aparentan.
El deep value y el high growth tienden a situarse en los extremos más volátiles, aunque por razones distintas.
El value de calidad y el growth de calidad, pese a clasificarse como opuestos, a menudo presentan más puntos en común de lo que se asume.
Conclusión
En la práctica, más que una dicotomía entre value y growth, lo que existe es un continuo de enfoques con sensibilidades muy distintas al precio, al crecimiento y al riesgo. Por ello, la clave no está tanto en la etiqueta como en comprender qué hay detrás de cada aproximación: qué tipo de value o de growth se está incorporando a la cartera, bajo qué supuestos y a qué precio. Es en esos matices —y no en las categorías simplificadoras— donde se define el comportamiento real de las estrategias y donde el inversor puede analizar, comparar y seleccionar gestores con mayor rigor.
Tribuna de Ion Zulueta es director de Análisis en iCapital.
La economía mundial entró en 2026 condicionada por una mezcla inusual de movimientos cíclicos en las políticas monetarias y fuerzas estructurales a largo plazo. En el centro se encuentra el gasto de capital impulsado por la IA, que actualmente es el factor dominante del crecimiento estadounidense y un diferenciador clave entre las distintas regiones.
A nivel macro, lo más relevante es que la IA se convierta en un verdadero motor para el crecimiento. En este sentido, se prevé que Estados Unidos crezca un 2,25%, impulsado por una fuerte inversión y una demanda de consumo resiliente, mientras que el crecimiento económico en la eurozona y el Reino Unido sigue siendo más moderado, limitado por un menor gasto relacionado con la IA. ¿A qué se debe esta carrera a varias velocidades?
“La trayectoria de la IA determinará el crecimiento mundial, los mercados laborales y la equidad económica. Que se convierta en una GPT ampliamente difundida o en una ventaja concentrada depende de la velocidad de adopción, los factores culturales y las decisiones estratégicas. Para las empresas y los responsables políticos, el reto es claro: invertir con prudencia, adoptar la innovación y prepararse para la disrupción, porque la era de la IA no solo está llegando, sino que ya está aquí”, defiende Álvaro Fernández, corresponsable del negocio España y Portugal de Capital Group.
IA: crecimiento y riesgo
Se estima que la IA destacará entre otras megatendencias, dada su capacidad para transformar el mercado laboral e impulsar la productividad. Ahora bien, desde Vanguard advierten de que esto también puede ser un riesgo. “La contribución desmesurada de la inversión en IA al crecimiento económico representa el factor de riesgo principal para 2026. Se espera que la actual oleada de inversión física impulsada por la IA sea una fuerza poderosa, que nos haga recordar períodos anteriores de gran expansión de capital, como el desarrollo del ferrocarril a mediados del siglo XIX y el auge de la información y las telecomunicaciones a finales de los noventa”, explican.
Según su último análisis, esto sugiere que este ciclo de inversión sigue en marcha, lo que respalda su proyección de hasta un 60% de posibilidades de que la economía estadounidense alcance un crecimiento real del PIB del 3% en los próximos años, una tasa muy superior a la mayoría de las previsiones profesionales y de los bancos centrales. “Debido a una dinámica similar relacionada con la IA, nuestra previsión para el crecimiento económico de China también está por encima de las expectativas generales para 2026. A pesar de los actuales retos externos y estructurales, es más probable que el crecimiento del PIB real registre un 5% que un 4%”, añaden.
Por el contrario, desde Vanguard reconocen que su valoración del riesgo para la eurozona es más parecida a la general, dada la falta de una dinámica fuerte de IA: “Prevemos que el crecimiento rondará el 1 % en 2026, ya que el efecto negativo de unos aranceles estadounidenses más elevados se verá compensado por el aumento del gasto en defensa e infraestructura”.
Muchos o pocos ganadores
Según Fernández, la cuestión clave es si la IA generará ganancias de productividad generalizadas o seguirá concentrada en unos pocos países. En su opinión hay tres escenarios posibles: tecnología de uso general ampliamente difundida (GPT); un beneficio concentrado; y una disrupción estratégica. “El primer país en alcanzar la inteligencia general avanzada (AGI) podría tratarla como un recurso geopolítico y compartirla solo con sus aliados”, señala sobre este último escenario.
Para el responsable de Capital Group, lo más probable es que la IA se convierta en una GPT con una implantación desigual. Por ejemplo, podría producirse una adopción temprana en Estados Unidos y China, con beneficios que llegarían más tarde a otros lugares, como Europa; y/o un liderazgo específico por sectores, como Japón a la cabeza en robótica o India en tecnología.
“Las encuestas muestran marcadas diferencias en la adopción de la IA por parte de las empresas. Las empresas tecnológicas, financieras y minoristas de Estados Unidos y China informan un alto nivel de adopción, mientras que otras regiones se mantienen cautelosas. Los factores culturales y estructurales son importantes: cultura corporativa; flexibilidad laboral; infraestructura digital; y estrategia gubernamental”, explica.
Europa y su lugar
Aunque EE.UU. y China lideran el desarrollo y la adopción de la IA gracias a las agresivas inversiones de sus gigantes tecnológicos y startups de inteligencia artificial, Europa está a la cabeza actualmente en el establecimiento de regulaciones sobre el desarrollo de la IA.
En opinión de Yan Taw Boon, responsable temático para Asia y gestor de carteras de Neuberger Berman, Europa está bien posicionada en algunos sectores especializados. “Países Bajos y Alemania son líderes clave en equipos de semiconductores necesarios para la producción de chips avanzados de IA o tecnologías de redes ópticas”, señala. El gestor también destaca que empresas de semiconductores alemanas y francesas como Infineon y ST Microelectronics son líderes tecnológicos y de mercado en semiconductores de potencia para alimentar la infraestructura de IA, desde la red eléctrica hasta las granjas de servidores de cómputo.
“Europa podría necesitar invertir de manera más agresiva en infraestructura crítica de energía e instalaciones de centros de datos para apoyar la proliferación de la IA, lo que ofrece nuevas oportunidades de crecimiento para operadores en varios países europeos. Otra oportunidad surgiría en la energía renovable como fuente de alimentación para la IA, y las empresas europeas podrían aprovechar la fuerte tecnología de China y Corea del Sur en este ámbito para futuras expansiones”, apunta Boon.
Desde Generali Investments defienden que Europa desempeña un papel fundamental, ya que es la sede de los principales fabricantes mundiales de equipos de red, especialistas en equipos de semiconductores y empresas de automatización industrial que, pensamos, constituyen la columna vertebral de esta nueva infraestructura.
“Europa combina ecosistemas industriales profundos con un marco regulatorio y fiscal que prioriza la soberanía digital, la infraestructura resiliente y la independencia energética. Por ello, es fundamental para la cadena de valor global de la inteligencia artificial y la electrificación, y no solo una alternativa más barata a la exposición tecnológica de Estados Unidos”, concluye Anis Lahlou, director de inversiones en renta variable europea de Aperture Investors, parte de Generali Investments.
El mercado de fusiones y adquisiciones (M&A, por sus siglas en inglés) en América Latina comenzó 2026 con una señal clara de reconfiguración: menos operaciones, pero de mucho mayor tamaño.
De acuerdo con el más reciente informe de TTR Data, elaborado en colaboración con Datasite y Aon, durante el primer trimestre del año se concretaron 482 transacciones entre anunciadas y cerradas, con un valor agregado de 27.062 millones de dólares.
La cifra representa una caída interanual de 36% en el número de operaciones, pero un incremento de 87% en el capital movilizado frente al mismo periodo de 2025. El fenómeno apunta a un mercado más selectivo, donde los inversionistas privilegian activos estratégicos y operaciones de gran escala en medio de un entorno geopolítico y financiero más complejo.
Brasil se mantuvo como el principal mercado transaccional de la región, con 256 operaciones, aunque con un descenso de 43% respecto al año previo. Sin embargo, el valor de las transacciones en el país creció 114%, hasta alcanzar 17.796 millones de dólares. Chile destacó como el único país latinoamericano que logró aumentar el número de operaciones, con 92 deals, un crecimiento de 5%, acompañado de un alza de 55% en el capital movilizado, que llegó a 1.932 millones de dólares.
México escaló posiciones en el ranking regional gracias a un incremento de 420% en el valor de las operaciones, pese a registrar una disminución de 13% en el número de transacciones, con 58 operaciones contabilizadas. El capital movilizado en el país ascendió a 6.083 millones de dólares, impulsado principalmente por operaciones de gran tamaño en el sector energético e industrial.
En el caso de Colombia, el mercado acumuló 48 transacciones, 38% menos que un año antes, aunque el importe agregado creció 189%, hasta 5.314 millones de dólares. Perú mostró uno de los aumentos más pronunciados en valor, con un avance de 856% en capital movilizado, equivalente a 3.476 millones de dólares, pese a una reducción de 14% en el número de operaciones. Argentina, por su parte, registró 57 transacciones y un crecimiento de 39% en el valor movilizado, hasta 2.290 millones.
El segmento de Private Equity mostró resiliencia en términos de capital. Entre enero y marzo se contabilizaron 38 operaciones, apenas 3% menos que el año anterior, pero con un aumento de 264% en el importe agregado, que alcanzó 4.890 millones de dólares en las transacciones con valor revelado. El Venture Capital, en contraste, mantuvo una tendencia de contracción en actividad, con 72 operaciones, una caída de 51%, aunque el capital movilizado logró crecer 2%, hasta 1.119 millones.
El informe también revela un dinamismo creciente en las operaciones cross-border. Las compañías latinoamericanas incrementaron su apetito por activos en el exterior, especialmente en Europa, donde realizaron 22 operaciones, y en Norteamérica, con ocho transacciones. A su vez, las empresas norteamericanas y europeas continuaron liderando la actividad estratégica dentro de América Latina, con 75 y 73 operaciones, respectivamente.
La transacción más relevante del trimestre fue la adquisición del 100% de la mexicana Prolec por parte de GE Vernova, luego de que la firma estadounidense comprara a Xignux el 50% restante que aún no controlaba. El deal fue valuado en 5.275 millones de dólares y refleja el creciente interés global por activos vinculados con infraestructura energética y electrificación.
La operación contó con la participación de firmas legales y financieras de alcance global, entre ellas Morgan Stanley y J.P. Morgan como asesores financieros.
En el análisis incluido en el reporte, Pedro Gonçalves da Costa, líder de M&A y soluciones transaccionales de Aon en Brasil, advirtió que las tensiones geopolíticas ya forman parte estructural de la evaluación de riesgos en las operaciones corporativas. Según el ejecutivo, factores como inflación, costos logísticos, volatilidad cambiaria y costo de capital están obligando a los inversionistas a extender procesos de due diligence y a ser más selectivos en la asignación de recursos.
No obstante, destacó que América Latina también podría beneficiarse del reacomodo global de cadenas de suministro y de la demanda de activos estratégicos en sectores como energía, minería e infraestructura crítica, áreas que continúan captando interés de inversionistas internacionales en busca de diversificación y resiliencia operativa.
Las cifras y tendencias observadas durante el inicio de 2026 sugieren que el mercado latinoamericano de M&A atraviesa una etapa de consolidación, marcada por menor volumen de operaciones, pero por tickets significativamente más altos y una creciente concentración en sectores considerados esenciales para la transición energética y la seguridad económica global.
Foto cedidaJohn Peckham, director general y director de renta variable global de Pioneer Investments y gestor de fondos de Amundi de renta variable global.
La fuerte rotación vista en el último año en las bolsas es terreno de cultivo para los gestores activos en renta variable, particularmente para aquellos con un enfoque global. Así lo confirma John Peckham, director general y director de renta variable global de Pioneer Investments, además de gestor de fondos de Amundi a cargo de la estrategia de renta variable global, quien visitó recientemente España. “Creo que la configuración actual del mercado, con una mayor amplitud, está creando nuevas oportunidades. Hemos logrado generar rentabilidad fuera de Estados Unidos, en un mercado menos centrado en EE. UU.”, afirma.
La estrategia Amundi Funds Global Equity, gestionada de forma consistente con la misma filosofía de inversión durante más de 15 años, se apoya en un enfoque combinado que integra análisis bottom-up —centrado en la selección de compañías de calidad, con altos retornos sobre el capital, balances sólidos y generación de caja— con una visión top-down que permite identificar los factores macro que pueden actuar como catalizadores o riesgos. El resultado es una cartera de alta convicción, con entre 60 y 80 valores, que pone el foco en encontrar empresas de calidad a valoraciones atractivas, evitando pagar múltiplos excesivos incluso por las mejores compañías.
La cartera mantiene actualmente una clara sobreponderación en el sector financiero, especialmente en bancos, que han contribuido de forma positiva en los últimos trimestres gracias a valoraciones atractivas y un entorno macro favorable. Entre los cambios más recientes, el equipo ha incrementado la exposición a bancos regionales estadounidenses, anticipando un entorno de mayor crecimiento del crédito, y ha comenzado a incorporar compañías de software tras las correcciones sufridas por el sector, que han mejorado notablemente sus valoraciones. Al mismo tiempo, la estrategia busca reducir progresivamente el peso relativo en Estados Unidos, donde las valoraciones siguen siendo más exigentes. “Las perspectivas para la gestión activa y la renta variable global son muy sólidas”, insiste Peckham.
Háblenos de su proceso de inversión
Nuestro proceso es relativamente sencillo. Buscamos compañías con características específicas. Nos gustan las empresas de calidad, pero no estamos dispuestos a pagar cualquier precio por ellas, por lo que la valoración es muy importante. Identificamos estas compañías y combinamos un sólido análisis bottom-up con una perspectiva macro top-down. El objetivo es entender dónde están los vientos de cola que pueden favorecer una inversión y también los posibles vientos en contra, es decir, los factores macro que podrían impedir que una tesis funcione. Es un enfoque combinado: primero acertar en la selección de valores y, en segundo lugar, entender qué factores pueden acelerar esa tesis de inversión.
¿Cómo ven las valoraciones actuales?
Lo maravilloso de la renta variable global es que siempre hay oportunidades para encontrar compañías de alta calidad con valoraciones atractivas. Nuestro índice de referencia es el MSCI World, que tiene un fuerte sesgo hacia Estados Unidos. Actualmente, las valoraciones en EE. UU. son muy diferentes a las de otras regiones. Como consecuencia, una de las características actuales de la cartera es una mayor representación fuera de Estados Unidos en comparación con el índice, impulsada por las oportunidades que encontramos en el resto del mundo.
¿Buscan un descuento concreto, o depende de cada caso?
Depende de la compañía y del sector en el que opera. Hay industrias que son más rentables y tienen mayores retornos sobre el capital. Por ejemplo, un banco de calidad puede tener una rentabilidad sobre recursos propios del 12%, lo cual es atractivo en ese sector, pero en tecnología o industria ese nivel no sería especialmente interesante. Por eso, siempre analizamos cada empresa en el contexto de su sector.
¿Cuál es su definición de calidad?
Una empresa de calidad presenta altos retornos sobre el capital invertido y sobre los recursos propios, balances sólidos con bajo apalancamiento y una buena generación de flujo de caja libre. Por lo general, estas compañías suelen tener ventajas competitivas que les permiten mantener estas características. Ahora bien, hay que ser cuidadosos con el precio: si se paga demasiado, los retornos suelen ser bajos. Nos gustan las empresas de calidad, pero no estamos dispuestos a pagar cualquier precio por ellas.
¿Cómo está posicionada la cartera?
Actualmente mantenemos una sobreponderación en el sector financiero, que ha sido una fuente de éxito reciente. Es un área atractiva porque encontramos compañías de calidad a valoraciones muy interesantes y el entorno macro sigue siendo favorable. Dentro del sector, preferimos los bancos, con presencia en Europa, Asia y Estados Unidos. Recientemente hemos incrementado la exposición a bancos regionales estadounidenses, ya que prevemos un entorno favorable para el crecimiento del crédito, impulsado en parte por la relocalización industrial.
Ha mencionado la relocalización. ¿Qué otras tendencias están presentes en la cartera?
La electrificación lleva años en la cartera. Antes estaba impulsada por la transición hacia energías limpias, pero ahora el foco está en la necesidad de aumentar la capacidad de generación eléctrica, especialmente en EE. UU., para soportar el crecimiento de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Esto genera oportunidades en materiales, industriales y utilities, y nos gusta porque permite diversificar la cartera.
¿Cuántas posiciones tiene la cartera?
Actualmente tenemos alrededor de 70 valores, dentro de un rango de 60 a 80. Es una cartera de alta convicción, relativamente. El tamaño máximo por posición es del 6%, a partir del cual reducimos. Este número de valores permite una diversificación adecuada —el único “almuerzo gratis” en inversión—, pero también asegura que nuestras mejores ideas tengan un peso suficiente para contribuir a la rentabilidad.
¿Cómo están abordando el impacto de la inteligencia artificial en su análisis?
Hemos disfrutado del buen comportamiento de las compañías de semiconductores en cartera y seguimos beneficiándonos de ello. Sin embargo, recientemente nos interesa especialmente el software. El sector ha sufrido una fuerte corrección por el temor a la disrupción de la inteligencia artificial, lo que ha reducido significativamente las valoraciones. Empresas que cotizaban a 40 veces beneficios ahora lo hacen a 20 o incluso a 9 veces. Esto ha despertado nuestro interés. Antes teníamos poca exposición al software porque las valoraciones no eran atractivas, pero ahora estamos incorporando posiciones. El aumento de la exposición a tecnología ha sido el principal cambio en la cartera este año.
¿Es hoy un entorno más favorable para la gestión activa que hace un año?
Estamos viendo un cambio importante en el mercado. Venimos de un entorno muy concentrado, donde las diez mayores compañías representaban cerca del 30% del S&P 500. Eso es una anomalía. Lo que estamos empezando a ver es una mayor amplitud del mercado: no solo destacan las “Siete Magníficas”, sino el resto de compañías. El S&P equiponderado está superando al S&P 500, el estilo valor empieza a hacerlo mejor que el crecimiento y las pequeñas compañías están recuperando protagonismo. Este entorno puede generar más oportunidades para la gestión activa.
¿Cuál es el principal riesgo para la renta variable global en la actualidad?
Seguimos muy atentos a las valoraciones en determinadas áreas del mercado. Hay segmentos claramente caros y potencialmente vulnerables. Nuestro enfoque, muy centrado en la valoración, nos permite evitar esas áreas y centrarnos en oportunidades más atractivas.