Estados Unidos ha sustituido los aranceles temporales por nuevos aranceles de entre el 10 % y el 12,5 % dirigidos a 60 países, que representan el 99% de sus importaciones de bienes. Lejos de suponer una relajación de la política arancelaria, esta medida pone de manifiesto la determinación de Washington de mantener una elevada protección comercial mientras prepara nuevas medidas, tal y como destacan los economistas de Coface.
Washington mantiene la presión arancelaria
Según explican desde Coface, el fin de los aranceles temporales establecidos en virtud de la Sección 122 no supone un repliegue de la política comercial estadounidense. El 24 de julio expiraron estos aranceles, pero han sido sustituidos por nuevos aranceles de entre el 10 % y el 12,5 %, basados en la Sección 301, aplicables a 60 países que representan el 99 % de las importaciones estadounidenses de bienes. Esta transición pone de manifiesto la determinación de Washington de mantener un elevado nivel de protección arancelaria, pese a los obstáculos jurídicos encontrados en los últimos meses.
«Se espera que el impacto inmediato sobre el nivel medio de los derechos de aduana sea limitado: las nuevas medidas no se suman automáticamente a los aranceles ya existentes y no modifican de forma significativa el tipo medio aplicado a las importaciones estadounidenses. No obstante, demuestran la capacidad de la Administración estadounidense para adaptar sus instrumentos y seguir avanzando en su estrategia comercial», añaden desde Coface.
Una base jurídica más sólida
La Sección 301 ya ha sido utilizada por Estados Unidos para imponer aranceles, especialmente a China durante la primera Administración Trump. A diferencia del régimen basado en la IEEPA, cuya solidez se ha visto cuestionada por la ausencia de una autorización expresa para imponer aranceles, la Sección 301 proporciona a la Casa Blanca una base jurídica más sólida y claramente establecida.
No obstante, esta mayor solidez jurídica no excluye la posibilidad de futuras impugnaciones. Para justificar estos aranceles, Washington argumenta que los países afectados no cuentan con mecanismos eficaces para prohibir o controlar las importaciones derivadas del trabajo forzoso. Las empresas importadoras podrían cuestionar esta justificación, especialmente teniendo en cuenta que se aplica a un grupo muy amplio de socios comerciales.
“Esta decisión no es simplemente una renovación técnica de los aranceles vigentes. Demuestra, ante todo, la voluntad de Washington de convertir un régimen cuestionado en un marco arancelario más sostenible. Para las empresas, el mensaje es claro: el riesgo de los aranceles estadounidenses sigue siendo elevado, incluso cuando una medida está a punto de expirar”, explica Marcos Carias, economista para Norteamérica de Coface.
Nuevos aranceles en el horizonte
Los nuevos aranceles de entre el 10 % y el 12,5 % restablecen un marco arancelario común para una gran parte de las importaciones estadounidenses, pero no recuperan por completo el régimen anterior. Este incluía también recargos adicionales dirigidos a determinados países o productos. Es precisamente esta segunda capa de medidas la que Washington podría tratar de restablecer en los próximos meses.
Ya está en marcha una nueva investigación en virtud de laSección 301, centrada esta vez en la sobrecapacidad estructural de 16 economías, entre ellas China, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur, Taiwán, India, Vietnam, México y varios países del Sudeste Asiático. Aún se desconocen tanto el calendario como el nivel de los aranceles que podrían derivarse de esta investigación, pero este procedimiento podría permitir a Washington dirigir sus medidas de manera más específica contra determinadas economías.
También se están llevando a cabo otras investigaciones sectoriales específicas, especialmente en los sectores aeroespacial, de drones, equipamiento médico, robótica, maquinaria industrial, turbinas eólicas, minerales críticos y polisilicio. En este caso, tampoco es posible prever con exactitud qué medidas podrían adoptarse, pero estas investigaciones confirman que la política arancelaria estadounidense sigue en plena evolución.
Canadá, un ejemplo del aumento de la presión comercial
La presión que se está ejerciendo sobre Canadá ilustra esta dinámica. Estados Unidos ha anunciado nuevos aranceles del 50% sobre importaciones canadienses por valor de 20.000 millones de dólares, equivalentes al 5,2 % de las exportaciones canadienses hacia Estados Unidos, cuya entrada en vigor está prevista para el 19 de agosto de 2026.
A primera vista, esta medida parece concebida como una herramienta de negociación en el marco de las conversaciones comerciales norteamericanas. Su impacto macroeconómico seguiría siendo limitado en caso de entrar en vigor, pero confirma el uso cada vez más frecuente de los aranceles como instrumento de presión económica y diplomática.
La mayor transferencia intergeneracional de riqueza de la historia ya está en marcha y plantea una pregunta que va mucho más allá de quién recibirá los activos: ¿qué ocurrirá con el patrimonio una vez que cambie de manos?
La respuesta tendrá profundas implicaciones para las familias, los negocios familiares y, particularmente, para la industria de wealth management. De acuerdo con el World Wealth Report 2025 de Capgemini, se prevé que hasta 83,5 billones de dólares de riqueza sean transferidos a las nuevas generaciones hacia 2048. El dato incluye a la Generación X, Millennials y Gen Z, aunque serán las dos últimas generaciones las que concentren una parte creciente de la riqueza transferida.
Pero, el volumen de recursos involucrado convierte a la sucesión patrimonial en uno de los principales desafíos de las próximas décadas. No se trata únicamente de repartir activos entre herederos, sino de determinar cómo conservarlos, quién tendrá el control, cómo se tomarán las decisiones y qué parte del patrimonio continuará generando valor para las siguientes generaciones.
El cambio también representa una transformación para los administradores de patrimonio. El asesor financiero tradicional, centrado principalmente en la selección de productos y la administración de portafolios, enfrenta la necesidad de convertirse en un interlocutor capaz de acompañar a las familias en cuestiones de gobierno, fiscalidad, estructuras de propiedad, inversión y acuerdos entre generaciones.
México: una nueva ola de riqueza financiera
México se encuentra entre los mercados emergentes que pueden beneficiarse de esta transformación. El Global Wealth Report 2026 de Boston Consulting Group (BCG) estima que el país podría sumar alrededor de 550 mil millones de dólares de riqueza financiera entre 2025 y 2030, colocándose solo detrás de India y Brasil entre los principales generadores de nueva riqueza financiera de los mercados emergentes. En otra estimación dentro del mismo reporte, BCG proyecta alrededor de 600 mil millones de dólares de crecimiento de la riqueza total mexicana hacia 2030, dependiendo de la métrica utilizada.
La diferencia es importante: los 550 mil millones de dólares corresponden al incremento proyectado de riqueza financiera, no al tamaño absoluto del mercado mexicano de activos invertibles. Aun así, el dato muestra la magnitud de la oportunidad que se abre para bancos, gestoras, family offices, asesores independientes y demás participantes del ecosistema de gestión patrimonial.
BCG identifica precisamente al segmento de clientes con entre 250 mil y 5 millones de dólares en activos financieros como uno de los espacios con mayor potencial para los administradores de patrimonio en los mercados emergentes. Se trata de clientes que han superado los productos tradicionales de depósito, pero que todavía no siempre reciben el nivel de servicio que la banca privada reserva para los grandes patrimonios.
Esta expansión de la riqueza financiera coincide con una transición generacional que hará más compleja la relación entre las familias y sus asesores.
Heredar ya no significa simplemente recibir
La sucesión patrimonial históricamente se ha entendido como un proceso relativamente sencillo: determinar quién hereda, cómo se distribuyen los activos y cuáles son las obligaciones legales y fiscales correspondientes.
Ese modelo comienza a resultar insuficiente. BCG advierte que las familias actuales tienen activos distribuidos entre diferentes clases y jurisdicciones, mientras que sus integrantes viven cada vez más dispersos geográficamente y tienen intereses profesionales y empresariales distintos. Como resultado, la sucesión deja de ser un acontecimiento puntual y se convierte en un proceso de diseño patrimonial que puede extenderse durante años.
La tensión puede ser particularmente evidente en las empresas familiares. Para el fundador, la compañía suele representar simultáneamente propiedad, control, identidad y patrimonio. Para los sucesores, en cambio, no necesariamente existe el mismo vínculo. Algunos querrán continuar al frente del negocio; otros preferirán vender, diversificar o utilizar parte de la riqueza para emprender nuevas actividades.
Por ello, repartir el patrimonio en partes iguales tampoco garantiza que se preserve su valor. Una distribución que parezca equitativa entre los herederos puede terminar fragmentando la propiedad, debilitando el control o complicando la toma de decisiones, especialmente cuando existen empresas familiares, activos ilíquidos o inversiones en distintos países.
Del administrador de portafolios al «arquitecto» patrimonial
En este nuevo escenario cambia también el papel del asesor financiero. BCG plantea que los wealth managers más preparados para la próxima etapa deberán evolucionar de proveedores de productos a «arquitectos de sistemas» patrimoniales. Su trabajo deberá integrar mecanismos de propiedad y control, estructuras de gobierno familiar, aspectos fiscales y legales transfronterizos y objetivos de largo plazo.
La diferencia es sustancial. Administrar un portafolio implica decidir cuánto invertir en renta variable, renta fija, activos alternativos o efectivo. Administrar una sucesión implica responder preguntas mucho más complejas: quién puede decidir sobre esos activos, bajo qué reglas, con qué objetivos y cómo se preparará a la siguiente generación para administrarlos.
En este proceso aparecen herramientas que tradicionalmente estaban más asociadas con los family offices y las grandes empresas familiares: estatutos familiares, consejos de familia, mecanismos formales de gobierno, separación entre propiedad, control y administración, educación financiera de los herederos y preparación anticipada de la siguiente generación.
La asesoría también adquiere una dimensión interpersonal. Las conversaciones sobre liderazgo, equidad, control y propósito del patrimonio pueden ser difíciles dentro de una familia. El asesor puede actuar como un tercero capaz de facilitar acuerdos y traducir objetivos familiares en estructuras patrimoniales concretas.
BCG subraya que elementos como los valores familiares, las relaciones, la reputación y el conocimiento institucional también forman parte del patrimonio, pero no se transfieren automáticamente. Para que sobrevivan a la generación fundadora necesitan ser transmitidos mediante educación, mentoría, participación gradual en la toma de decisiones y exposición temprana a las estructuras de gobierno familiar.
Ahí radica uno de los principales riesgos de la gran transferencia de riqueza: que el capital pase de una generación a otra más rápido que la capacidad de administrarlo.
La nueva generación, además, llega a este proceso con una relación diferente con las inversiones. La investigación de Capgemini muestra que los inversionistas más jóvenes tienen una mayor exposición a activos alternativos que generaciones anteriores, lo que anticipa cambios en la composición de las carteras conforme la riqueza se transfiera.
Para los gestores patrimoniales, esto implica que la sucesión no puede abordarse únicamente como una cuestión de preservación. También será necesario comprender qué quieren hacer los nuevos propietarios con el dinero que reciben.
El fenómeno abre una oportunidad considerable para la industria financiera. El crecimiento de la riqueza en México y otros mercados emergentes, combinado con la transferencia patrimonial, puede ampliar la base de clientes potenciales para la banca privada, los gestores independientes, los family offices y las plataformas de inversión.
Pero también eleva la exigencia; los clientes que recibirán el patrimonio no necesariamente permanecerán con el mismo administrador que atendió a sus padres. La transferencia de activos puede convertirse, por tanto, en una transferencia de relaciones financieras. Las instituciones que conozcan a la siguiente generación antes de que ocurra la sucesión tendrán mayores posibilidades de conservar esos activos.
La competencia tampoco se limitará a los bancos tradicionales. Family offices, gestores independientes y plataformas digitales están ampliando las alternativas disponibles para los inversionistas, mientras que la diferenciación comienza a desplazarse desde el acceso a productos hacia la capacidad de ofrecer soluciones patrimoniales integrales.
La gran transferencia de riqueza, por tanto, no será únicamente un fenómeno demográfico o familiar. Será también uno de los mayores procesos de redistribución de activos entre clientes y administradores en la historia de la industria de wealth management.
El desafío para las familias será conseguir que el patrimonio sobreviva a sus fundadores. Para los asesores, será demostrar que pueden hacer algo más que administrar dinero. En las próximas décadas, preservar una fortuna dependerá menos de quién la herede que de qué tan bien esté diseñada la estructura que deberá sostenerla.
Santander Chile concretó su regreso al mercado suizo con la colocación de un bono verde por 100 millones de francos suizos (equivalente a unos 123 millones de dólares) a un plazo de cinco años, alcanzando un spread de 82 puntos base sobre la curva de referencia. Se trata de su primer bono verde público bajo su ESG Framework incorporando criterios ESG.
La operación, informaron a través de un comunicado, registró una sólida recepción por parte de los inversionistas y se convirtió en la colocación con el mejor spread entre los emisores chilenos que han accedido al mercado suizo durante 2026. Este resultado refleja el alto interés por los instrumentos del banco y, en especial, por alternativas de deuda sostenible.
Patricia Pérez, Chief Financial Officer de Santander Chile, destacó que “volver al mercado suizo en estas condiciones es una señal muy positiva de la confianza que existe en Santander Chile, en la solidez de nuestra posición financiera y en nuestra estrategia para impulsar la transición de nuestros clientes hacia una economía más verde”.
“Para nosotros es clave mantener una base de financiamiento diversificada y acceder a distintos mercados en condiciones competitivas. Esta operación nos permite seguir fortaleciendo esa estrategia y contar con una estructura de financiamiento sólida para acompañar el crecimiento y los objetivos de largo plazo del Banco”, terminó por añadir.
El objetivo de la transacción es refinanciar o financiar nuevas operaciones de hipotecas verde, basadas en certificaciones de eficiencia energética existentes en la industria. Esta cartera tiene un tamaño aproximado de 219.000 millones de pesos chilenos (casi 240 millones de dólares) y se espera que siga creciendo durante los próximos años en la medida en que existan también más unidades que cuenten con certificación de eficiencia energética. La mayoría de estos proyectos tienen la certificación CEV, impulsada por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, entre A+y B.
La emisión se enmarca en la estrategia de Santander Chile de mantener una estructura de financiamiento diversificada en los mercados internacionales y de hacerlo a través de emisiones que contribuyan en la transición hacia una economía más verde. Este primer bono verde público se suma a otras colocaciones de deuda bajo parámetros ESG que Santander Chile ha venido emitiendo desde 2023, recalcaron.
Aunque más o menos la mitad de los más de 2 millones de aportantes que tiene la industria chilena de fondos mutuos son mujeres, esto se desmarca de la tendencia del ahorro en general, dando cuenta de una brecha específica en el segmento. Mientras que la participación femenina es más prevalente en ahorro bancario y cooperativas, con un buen margen, están ligeramente por debajo de los hombres a la hora de invertir en este tipo de vehículos, según muestran los resultados de la última versión del informe “Género en el sistema financiero chileno” de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF).
Con datos a diciembre de 2025, el reporte da cuenta de una mayor prevalencia de las mujeres en otras formas de resguardo de capital. Tres cuartos de las personas adultas tienen ahorro en bancos en el país andino, en general, pero desagregando por género, se ve que un 81,9% de las mujeres ahorra de esta forma, frente a un 68,2% de los hombres.
El género femenino también predomina en el ahorro a través decooperativas. Un 8% de las mujeres adultas tienen capital en este tipo de instrumentos, mientras que la cifra alcanza sólo el 5,5% en el caso de los hombres.
Sólo en el caso de los fondos mutuos se ve menos participación de las mujeres. Un 11,7% de ellas tiene capital en estos vehículos, por debajo del 12,5% que registran los hombres.
A nivel de montos también se observan ciertas brechas, según el estudio de la CMF. Mientras que hay bastante paridad a nivel de número de aportantes de fondos mutuos, los montos tienden a ser más altos en los inversionistas hombres. Datos a septiembre de 2025 muestran que, de los 33,7 billones de pesos (unos 36.860 millones de dólares) que mantenían los partícipes en la industria, el 42% correspondían a inversiones de mujeres.
Además, los hombres registraron montos promedio de 19,5 millones de pesos (21.330 dólares), mientras que las mujeres alcanzaron de 14,2 millones de pesos (15.530 dólares).
Persisten las brechas de género
“Nuestra experiencia muestra que las mujeres suelen privilegiar alternativas de inversión más conservadoras y líquidas, particularmente fondos monetarios o money market, que cumplen una función muy similar al ahorro bancario tradicional. Esto podría explicar que una parte importante de sus recursos se mantenga en instrumentos de bajo riesgo y alta disponibilidad”, relata Luca Restuccia, gerente de Inversiones y Productos de BancoEstado AGF.
A esto cabe agregar que los distintos tipos de ahorro tienen dinámicas diferentes. Según acota la economista jefe de Fintual, Priscila Robledo, “ambos productos cumplen funciones distintas: las cuentas bancarias se asocian más a liquidez y a objetivos concretos, mientras que en fondos mutuos se asocian más a la construcción de patrimonio a mayor largo plazo”.
Lo que han visto en la fintech es que las mujeres tienen una mayor presencia en cuentas asociadas a objetivos específicos, como la vivienda, y que mantienen una proporción menor de su cartera en fondos más riesgosos, en promedio. “La mayor parte de esa diferencia se relaciona con características observables”, indica la economista, como las preferencias de riesgo, edad, profesión y un proxy de riqueza.
“A igual nivel de riesgo, no encontramos una diferencia estadísticamente significativa en el retorno promedio. Esto apunta a diferencias de objetivos y composición de cartera, no de habilidad para invertir”, acota.
Desde la industria también destacan que esta tendencia ha ido cambiando con el tiempo. En la experiencia de BancoEstado AGF, Restuccia hace eco de este fenómeno: “Si bien actualmente los hombres continúan concentrando una mayor proporción de los saldos administrados por BancoEstado AGF, esta tendencia ha ido evolucionando en los últimos años. De hecho, a través de nuestros canales digitales observamos que las mujeres son hoy las inversionistas más activas, realizando aproximadamente un 25% más de inversiones que los hombres”.
Desde la industria también hacen hincapié en el acceso paritario de aportante en la industria. “El Informe de género de la CMF confirma que los fondos mutuos son un motor clave de democratización e inclusión financiera. Hoy alcanzamos prácticamente la paridad en participación, con un 49,9% de mujeres partícipes, demostrando que no existen brechas de género en el acceso”, señaló la gerente general interina de la Asociación de Fondos Mutuos, Macarena Ossa.
Diferencias por edad e ingresos
Los cambios paulatinos que se han dado con el tiempo, ampliando la participación femenina en la industria de fondos mutuos, ha dejado una huella en el desagregado etario de las cifras del informe de género de la CMF.
El reporte destaca que los montos invertidos en el tramo de entre 31 y 60 años tienen una concentración de 59% en el total en inversionistas hombres. Esta diferencia, destacan desde el regulador, se reduce en el tramo más joven, menor de 30 años, donde los hombres alcanzan el 51% y las mujeres el 49% del total invertido.
En ese sentido, desde la industria de gestoras valoran la mayor masificación de estos instrumentos de ahorro. “Cada vez más mujeres están utilizando fondos mutuos como herramienta de ahorro e inversión, especialmente a través de canales digitales que facilitan el acceso, reducen barreras y permiten comenzar a invertir con montos bajos”, comenta Restuccia, de BancoEstado AGF.
Los ingresos también muestran una dinámica divergente. “En los niveles más bajos de ingresos (inferiores a 1 millón de pesos chilenos, o 1.090 dólares), la proporción de mujeres que invierten en fondos mutuos supera a la de los hombres. En particular, el 60% del total de mujeres participes se concentran en este tramo de ingresos, mientras que en el caso de hombres dicha proporción alcanza el 46,2% de su respectivo total”, señalaron en el reporte.
En contraste, agregaron, en los niveles de ingresos superiores al millón de pesos, “esta relación se invierte, observándose una mayor participación relativa de hombres. Esto refleja que una fracción mayor de hombres accede a estos productos de inversiónen los tramos de ingresos más altos”.
Para Robledo, de Fintual, “buena parte de lo que se ve como una brecha de inversión en los tramos altos es que hay muchas menos mujeres en los tramos altos”. Y, según estiman en la fintech, el origen de esta situación está en el mercado laboral: “En 2025, el ingreso laboral promedio de las mujeres fue 21,7% menor que el de los hombres. Además, la participación de las mujeres en el mercado laboral es bastante menor, muchas veces por compromisos familiares. Esto limita la capacidad de las mujeres de ahorrar de forma consistente y crecer su patrimonio”.
La competencia por el ahorro de largo plazo en México se está ampliando. Las administradoras de pensiones enfrentan a un trabajador más familiarizado con ETFs y fondos de inversión, mientras los grandes gestores buscan integrar Afore, ahorro voluntario, planes privados y fondos en una sola arquitectura patrimonial; ¿cómo enfrentan las Afores esta competencia creciente?
La dimensión del mercado explica por qué la disputa es estratégica. Al cierre de junio de 2026, los recursos registrados en el Sistema de Ahorro para el Retiro superaban los 8,96 billones de pesos, de acuerdo con CONSAR (Poco más de 497.000 millones de dólares). José María Bolio, director general de Principal Afore, reconoce en entrevista con Funds Society que el crecimiento de ETFs y fondos mutuos representa un nuevo elemento dentro del ecosistema financiero, pero también explica cómo se preparan para competir por estos recursos.
Desde su perspectiva, esa competencia no necesariamente debilita a las Afores. Por el contrario, las obliga a elevar el nivel de sus equipos de inversión, gobierno corporativo y herramientas de análisis.
“Los equipos de inversiones de las administradoras son equipos de muy buenos profesionales, que se complementan con los comités de inversiones y riesgos y los procesos establecidos por la regulación; en efecto, hoy herramientas de inversión como los ETFs existen y modifican el ecosistema observado hace varios años, pero la forma de competir por parte de nosotros, que probablemente sea el caso en otras instituciones, consiste en contar con equipos altamente sofisticados, muy preparados y con más y mejores herramientas para tomar las decisiones que convengan a nuestros clientes”, explicó.
Una de las primeras conclusiones que se ponen sobre la mesa es verdaderamente relevante: el crecimiento de la oferta financiera no necesariamente sustituye a las Afores, sino que las obliga a competir con mayor sofisticación. Al final del día solamente hay un ganador: el ciente, que en el caso de las Afores es un trabajador que ahorra para su retiro.
Hoy ya es muy claro el cambio de paradigma. Las Afores ya no operan en un universo cerrado. ETFs, fondos de inversión, planes privados de pensiones, ahorro voluntario y otras alternativas financieras compiten por convertirse en parte de la estrategia patrimonial de los trabajadores. Y aunque cada instrumento tiene objetivos, regulación y horizontes diferentes, todos participan de una batalla común: capturar el ahorro de largo plazo de los mexicanos.
La gran pregunta para millones de trabajadores mexicanos se ha modificado, antes era relativamente sencilla: ¿en qué Afore está mi cuenta?; hoy, la siguiente generación de ahorradores tendrá un cuestionamiento mucho más complejo: ¿cómo voy a construir mi patrimonio para el retiro y qué combinación de instrumentos voy a utilizar?
La ventaja que las Afores todavía conservan
Existe, sin embargo, una diferencia estructural. Un ETF puede ser comprado o vendido por un inversionista prácticamente en cualquier momento. Un fondo de inversión puede responder a objetivos de liquidez, preservación de capital, generación de ingresos o crecimiento.
Una cuenta de Afore, en cambio, tiene como finalidad principal financiar el retiro y está construida alrededor de un horizonte de décadas; ese horizonte permite desarrollar estrategias de inversión vinculadas al ciclo de vida del trabajador.
México comenzó en diciembre de 2019 la transición del esquema de multifondos hacia las Siefores Generacionales, con el objetivo de que los recursos permanezcan en un fondo asociado a la generación del trabajador y que la estrategia de inversión evolucione conforme se acerca la fecha de retiro.
La sofisticación de esos portafolios es visible en las cifras actuales. En el caso de Principal, por ejemplo, las Siefores muestran exposición a renta variable internacional, deuda privada, instrumentos estructurados y otros activos, aunque con una composición distinta según la generación.
La discusión, por tanto, ya no es si las Afores pueden invertir de manera sofisticada. Pueden hacerlo y ya lo hacen; hoy la pregunta consiste en es si esa sofisticación será suficiente para convencer a las nuevas generaciones de mantener dentro del sistema una proporción creciente de su patrimonio de largo plazo.
Aquí aparece uno de los mayores retos de la industria. José María Bolio estima que todavía existen cerca de 18 millones de personas que no han realizado formalmente su proceso de registro en una Afore, eso representa un problema de educación financiera, pero también una oportunidad comercial enorme.
El trabajador joven que comienza a invertir hoy tiene acceso a una oferta que no existía para las generaciones anteriores. Puede comprar ETFs, invertir en fondos, utilizar plataformas digitales y acceder a información de mercados prácticamente en tiempo real.
Para ese trabajador, la Afore deja de ser necesariamente su primera —y única— experiencia de inversión. Por eso, la competencia futura podría desplazarse desde la tradicional batalla por los traspasos entre administradoras hacia una competencia mucho más amplia por el patrimonio financiero total del cliente.
La transición: de la cuenta individual al patrimonio integral
Es justamente en este tema donde la entrevista con Principal revela una de las transformaciones más interesantes del mercado. La compañía no plantea necesariamente que la Afore deba competir contra los fondos de inversión, sino que la estrategia apunta a que ambos productos puedan formar parte de una misma relación financiera.
Por ejemplo, Principal Afore administra las cuentas individuales, mientras Principal Asset Management ofrece planes privados de pensiones y fondos de inversión para personas físicas, el modelo permite imaginar un trabajador que acumula simultáneamente: Afore + ahorro voluntario + plan privado de pensiones + fondos de inversión.
No se trata simplemente de vender más productos. Se trata de construir una arquitectura patrimonial en la que cada vehículo cumpla una función diferente. «La cuenta individual proporciona la base obligatoria; el ahorro voluntario permite incrementar el patrimonio pensionario; el plan privado puede complementar las prestaciones laborales; y los fondos de inversión aportan flexibilidad, diversificación y, dependiendo del producto, liquidez. Se trata de una oferta integral que te propoirciona todos los layers posibles”, resumió Bolio.
Este cambio abre una posibilidad interesante para la industria de asset management. Durante años, la administración de pensiones y la gestión de fondos fueron negocios relativamente diferenciados. Ahora empiezan a encontrarse alrededor de un mismo cliente.
Una persona puede tener su Afore con una administradora, su plan privado a través de su empresa, fondos de inversión con una gestora y otros activos financieros con una institución bancaria o una plataforma de inversión. El desafío para los grandes gestores será conseguir que una mayor proporción de esas relaciones quede bajo un mismo ecosistema.
En ese sentido, la competencia entre las Afores puede ser solamente una parte de una batalla mucho mayor: la competencia por convertirse en el gestor financiero de confianza durante todo el ciclo de vida del cliente.
El ahorro voluntario será decisivo
La reforma pensionaria de 2020 añadió una nueva dimensión al mercado al incrementar gradualmente las aportaciones obligatorias y reducir las semanas requeridas para acceder a una pensión. Pero para muchos trabajadores, particularmente quienes aspiran a mantener un nivel de vida elevado durante el retiro, la aportación obligatoria difícilmente será suficiente.
De ahí la importancia creciente del ahorro voluntario y aquí los fondos de inversión tienen una ventaja natural: pueden funcionar como una capa adicional de patrimonio fuera del núcleo pensionario.
La consecuencia podría ser una mayor convergencia entre asset management y retirement solutions. Las gestoras que tradicionalmente vendían fondos tendrán más incentivos para ofrecer soluciones vinculadas al retiro; las Afores tendrán que fortalecer su capacidad de asesoría; y las empresas podrán utilizar planes privados como herramienta de retención y compensación de talento.
La guerra ya no será por la Afore, sino por el wallet y las Afores tendrán que ganarse su lugar
La próxima década podría dejar atrás el modelo en el que las Afores competían principalmente por captar trabajadores de otras administradoras, la nueva batalla será por una proporción del wallet financiero completo del trabajador.
Una persona de 30 años puede tener hoy una cuenta de Afore, una cuenta bancaria, un fondo de inversión y algunos ETFs. A los 40 podría añadir un plan privado de pensiones; a los 50, incrementar su exposición a instrumentos destinados a preservar patrimonio; y al acercarse al retiro, modificar nuevamente la composición de sus activos.
La institución que logre acompañarlo durante todas esas etapas tendrá una relación mucho más valiosa que aquella que simplemente administra su cuenta obligatoria; el desafío es particularmente importante porque el sistema ya tiene una escala que lo convierte en uno de los principales inversionistas institucionales del país.
Además, los flujos continúan siendo enormes. Solo durante junio de 2026 las Afores registraron 14.541,9 millones de pesos de entradas (cerca de 808 millones de dólares), frente a salidas por 31,189.2 millones (1,732 millones de dólares), de acuerdo con cifras preliminares de CONSAR. Las entradas incluyen aportaciones de RCV, ahorro voluntario y solidario, traspasos y otros conceptos; las salidas incluyen retiros, transferencias y otros movimientos.
La industria, por tanto, no está perdiendo relevancia sino que está ocurriendo algo diferente: su relevancia se modifica; las Afores están dejando de ser únicamente administradoras de cuentas de retiro para convertirse en grandes gestores institucionales, mientras que las gestoras de fondos están encontrando en el retiro un mercado de crecimiento de largo plazo.
La frontera entre ambos negocios comienza a hacerse más tenue y en medio de esa transformación aparece un nuevo protagonista: un trabajador que ya no necesariamente piensa en términos de “mi Afore”, sino de “mi patrimonio para el retiro”.
Ese cambio de mentalidad puede terminar siendo mucho más importante que cualquier nuevo producto financiero. Porque si las primeras tres décadas del sistema mexicano estuvieron marcadas por la creación y acumulación de las cuentas individuales, la siguiente etapa podría estar marcada por la integración de todo el ecosistema financiero alrededor del retiro.
Y ahí, ETFs, fondos de inversión, Afores y planes privados no necesariamente serán enemigos, al contrario, podrían convertirse en las distintas piezas de un mismo mercado: el enorme mercado mexicano del ahorro de largo plazo.
Hay un error de base que muchas familias con patrimonio siguen cometiendo: creen que estructurar es un trámite. Se contrata al abogado, se firma el trust, se abre la cuenta en la jurisdicción correspondiente, y asunto resuelto. No es así. Nunca lo fue. La verdadera estructuración patrimonialno termina cuando se firma el último documento. En realidad, podría decirse que recién empieza ahí. Porque lo que protege a una familia en el tiempo no es la calidad de la estructura legal —aunque eso importa, y mucho— sino la calidad de la conversación que la sostiene. Y esa conversación, en la mayoría de las familias de alto patrimonio que conozco, simplemente no existe.
El dinero no es el tema. El dinero es el lenguaje.
Cuando hablamos de patrimonio, en realidad hablamos de algo más profundo: del significado de lo que se construyó, de las expectativas sobre las generaciones que vienen y de los valores que se desean transmitir junto con los activos. El dinero es apenas el vehículo de esa conversación; no es su contenido. El problema es que la mayoría de las familias tiene esa conversación solo en un momento: la lectura del testamento o la reunión de emergencia cuando ya hay un conflicto en marcha. Ahí, sin preparación ni educación previa se espera que herederos que nunca discutieron sobre dinero administren con sensatez un patrimonio que reciben de manera abrupta. Es al revés de cómo debería funcionar.
El secretismo no protege. Genera dependencia
Conviene ser honesto sobre algo que esta industria tiende a disfrazar: estructurar no es esconder. La privacidad patrimonial es legítima y la defiendo sin culpa. Vivimos en un mundo donde las jurisdicciones compiten por atraer capital, y eso es bueno para todos, no solo para quien lo tiene. Pero confundir privacidad con secretismo es un error costoso. Cuando los beneficiarios no entienden la estructura que los protege, esa estructura deja de ser un activo y se convierte en una caja negra. Y las cajas negras generan siempre dos cosas: desconfianza hacia quien las diseñó, y total incapacidad de tomar decisiones cuando hay que tomarlas. Un trust que nadie entiende no es gobernanza patrimonial. Es una delegación disfrazada de previsión.
Lo que de verdad rompe un patrimonio no es el mercado
He visto patrimonios bien estructurados, con excelente asesoramiento fiscal y jurídico, resquebrajarse por una sola razón: nadie habló a tiempo. No fue una mala inversión. No fue un cambio regulatorio. Fue el silencio.Divorcios, incapacidades sobrevenidas, fallecimientos prematuros o la existencia de segundas familias no destruyen. por si mismos, un patrimonio adecuadamente planificado. Lo que lo destruye es enfrentar esas situaciones sin que exista claridad previa sobre quién es beneficiario, qué puede esperar y qué mecanismos lo protegen. La arquitectura legal sin comunicación familiar es una casa con buenos cimientos, pero sin puerta.
Estructurar es un verbo en presente continuo
La estructuración patrimonial no es un hito, es una conducta. Las circunstancias familiares cambian, las regulaciones cambian, las oportunidades de inversión cambian. Una estructura diseñada hace diez años y nunca revisada no es prudencia: es negligencia con apariencia de orden. Para que funcione, hay cuatro criterios que no admiten negociación. El primero de estos objetivos, es el explícito: Definir qué quiere cada miembro de la familia, y qué quiere la familia como conjunto. Expresarlo de manera clara, no asumir que el abogado lo interpretaran correctamente. El segundo de los objetivos, es la educación sostenida: No se trata de una charla única, sino de desarrollar el hábito de explicar conceptos, riesgos y roles a medida que las generaciones crecen y asumen responsabilidades. En tercer lugar, la revisión periódica: Las estructuras deben revisarse, auditarse y ajustarse. No basta con firmarlas y archivarlas. Por último,pero no menos importante, la participación real: La planificación no puede depender de una sola persona ni sobrevivir únicamente en la memoria difusa de “lo que alguna vez dijo el abogado”.
La verdadera herencia no es el activo
Cuando una familia logra integrar esto en su cultura, algo cambia de fondo: la estructuración deja de ser una táctica defensiva —protegerse del fisco, de terceros, de un litigio— y se convierte en lo que siempre debió ser: una disciplina de vida. Porque lo que de verdad se hereda no es la cuenta bancaria, un trust o una sociedad. Lo que se hereda es la capacidad de administrar con criterio lo que se recibe. Y esa capacidad, a diferencia del dinero, no se transfiere con una firma. Se enseña, generación tras generación, en cada conversación que la familia decidió no postergar.
Tribuna firmada por Martin Litwak, abogado experto en Planificación Patrimonial y experto en Jurisdicciones Offshore.
Europa tiene la oportunidad de reforzar su posición como destino para la inversión y la innovación, incluso en un entorno marcado por la incertidumbre geopolítica y la volatilidad macroeconómica. Sin embargo, para lograrlo será necesario avanzar en la integración de su infraestructura de mercados de capitales, actualmente fragmentada entre múltiples plataformas de negociación, cámaras de compensación, sistemas de liquidación, entidades de contrapartida central y proveedores de datos y tecnología distribuidos entre los distintos países de la región.
Esta es una de las principales conclusiones de «Reimagining European Capital Markets», el último informe elaborado por Citi GPS, que incorpora además los resultados de una encuesta realizada por Citi Investor Services entre sus clientes sobre la infraestructura de los mercados europeos y los procesos de post-trade o postcontratación.
El estudio sostiene que esta fragmentación tiene consecuencias directas sobre la formación de capital, la liquidez, la eficiencia y los costes de los mercados europeos. Además, advierte de que, en un momento en que los mercados internacionales están incorporando tecnologías como la tokenización y los activos digitales, la falta de armonización supone un riesgo para la competitividad de Europa. En este contexto, el informe defiende que una infraestructura sólida de postcontratación es un elemento esencial para garantizar el buen funcionamiento de los mercados de capitales.
La encuesta refleja que la mayoría de los participantes considera que Europa sigue muy lejos de disponer de un mercado de capitales plenamente integrado.
En concreto, el 63% de los encuestados afirma que persisten importantes diferencias regulatorias, normativas, fiscales y operativas que deben resolverse para avanzar hacia la armonización. Solo un 7% considera que la mayor parte de esas barreras ya han sido eliminadas.
Según Citi, la fragmentación también está teniendo un impacto sobre la capacidad de financiación de las empresas europeas. Entre 2020 y 2025, el valor de las salidas a bolsa (IPO) en la Unión Europea representó únicamente el 0,6% del PIB, frente al 2,1% registrado en Estados Unidos.
Asimismo, el informe destaca que la proporción de compañías europeas que optan por cotizar en el mercado estadounidense se ha triplicado desde 2015 y ya representa el 22% del valor total de las salidas a bolsa protagonizadas por empresas europeas. Otro de los factores que, según el estudio, explican la fragmentación es el elevado número de infraestructuras de los mercados financieros existentes en Europa.
El 50% de los participantes en la encuesta identifica el elevado número de Financial Market Infrastructures (FMIs) como uno de los principales elementos que dificultan la integración del mercado, al aumentar la complejidad operativa y reforzar los marcos legales nacionales frente a un verdadero mercado único europeo.
En este sentido, Citi plantea que reducir el número de depositarios centrales de valores —actualmente más de 30— hasta situarlo por debajo de diez contribuiría a mejorar la eficiencia de precios y facilitaría la creación de una estructura única de mercado.
A ello se suma la falta de homogeneidad regulatoria. Un 43% de los encuestados señala la inconsistencia legal y normativa como uno de los principales factores de fragmentación.
El informe considera que sustituir las actuales directivas divergentes por reglamentos homogéneos y eliminar procesos redundantes de diligencia debida podría desbloquear miles de millones de euros de inversión anual y elevar el PIB europeo un 1,5% durante los próximos diez años.
Los costes también aparecen como uno de los grandes obstáculos. El 40% de los participantes considera que las estructuras tarifarias elevadas y poco transparentes reflejan la existencia de monopolios nacionales y una competencia insuficiente entre infraestructuras.
Como consecuencia, los costes medios de liquidación en Europa son entre un 30% y un 300% superiores a los registrados en Estados Unidos, mientras que los costes de custodia oscilan entre un 160% y un 500% por encima de los del mercado estadounidense.
El informe también analiza el potencial de las nuevas tecnologías para impulsar la integración del mercado europeo. En este sentido, un 36% de los encuestados considera que la tokenización puede convertirse en una herramienta relevante para mejorar la eficiencia de los mercados gracias a la automatización de procesos en tiempo real, una mayor movilidad de las garantías, una mejora de la liquidez y la utilización de registros compartidos con datos unificados.
A partir de los resultados de la encuesta, Citi concluye que la armonización de los procesos de postcontratación constituye uno de los elementos esenciales para construir un mercado de capitales europeo más integrado, competitivo y preparado para afrontar la creciente digitalización de la industria financiera.
Agosto -mes estival para Europa- ha comenzado con la volatilidad en los mercados financieros coexistiendo con el apetito por el riesgo. “El impulso del tramo final del mes anterior estuvo liderado por el sector tecnológico en Wall Street, cuyos sólidos beneficios compensaron la rigidez inflacionaria. Pese a ello, el S&P 500 registró una leve caída mensual por segundo mes consecutivo, ubicándose un 2% por debajo de sus máximos históricos, mientras el índice de Miedo y Codicia se posicionó en 39/100. Respecto a la energía, la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) de EE.UU. cayó a 308 millones de barriles, su nivel más bajo desde 1983, e impulsó al crudo a su mayor alza mensual desde marzo”, apunta Felipe Mendoza, analista de mercados EBC Financial Group.
Para este experto, en las próximas semanas veremos un escenario de volatilidad en dos fases: “Una primera quincena de agosto dominada por ajustes técnicos, toma de utilidades y presión hacia activos de renta fija, seguida de una segunda mitad del mes donde la guía de Nvidia y la digestión de datos inflacionarios podrían reactivar la tendencia alcista hacia el último trimestre del año”.
En su opinión, el principal riesgo para esta proyección se concentra en la escalada militar con Irán, la narrativa contradictoria sobre el estrecho de Ormuz y sus posibles repercusiones en el suministro global de crudo. Ante este contexto dos clases de activos toman protagonismo: el oro y el dólar.
Oro: de máximos a reajuste en seis meses
La atención sobre el oro se debe a que comenzó el año como uno de los activos más atractivos y con mejor comportamiento, pero ha terminado el primer semestre de 2026 registrando una importante corrección. “El oro ha experimentado un cambio de tendencia notable durante el primer semestre de 2026. Tras alcanzar un máximo histórico intradía de 5.595 dólares estadounidenses por onza el 29 de enero, los precios sufrieron una fuerte corrección y, en el momento de redactar este artículo, a principios de julio, cotizan por debajo del nivel con el que comenzaron el año. Aunque la magnitud de la corrección ha inquietado a los inversores, la consideramos un reajuste saludable más que el fin del mercado alcista estructural”, explica Nitesh Shah, Head of Commodities and Macroeconomic Research de WisdomTree.
Según su análisis, la extraordinaria prima de valoración que se generó durante el repunte de 2025-26 se ha reducido en gran medida, lo que ha dejado al oro mucho más cerca de su estimación de su valor razonable. “Prevemos que la próxima fase del oro vendrá determinada principalmente por los fundamentos macroeconómicos, más que por una demanda excepcional por parte de los inversores”, matiza.
Para Shah, ahora que las valoraciones se han normalizado, sus perspectivas vuelven a centrarse en las variables macroeconómicas que, históricamente, han explicado la mayor parte de la variación en los precios del oro. “El oro podría enfrentarse a dificultades intermitentes a corto plazo, ya que los mercados siguen reevaluando las perspectivas de la política monetaria estadounidense. Las últimas previsiones del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) y las comunicaciones que las acompañaban se interpretaron como una señal de que la Fed adoptaría una postura algo más hawkish, lo que llevó a los mercados de futuros a descontar subidas de tipos tan pronto como en septiembre”, señala el experto de WisdomTree.
En consecuencia, según las previsiones de consenso actuales, el modelo de la gestora apunta a una recuperación hasta los 4.563 dólares por onza para el segundo trimestre de 2027, “aunque el análisis de sensibilidad muestra cómo distintos escenarios macroeconómicos podrían alterar sustancialmente esa trayectoria”, matiza Shah.
La macro y las perspectivas del dólar
Estas reflexiones sobre el oro están conectadas con el comportamiento del oro. Tal y como reconoce Shah, gran parte de la debilidad del oro durante 2026 puede explicarse por la apreciación del dólar estadounidense. “El dólar se fortaleció hasta alcanzar su nivel más alto en más de un año, gracias a la relativa seguridad energética de Estados Unidos durante el conflicto con Irán, y superó en rendimiento a muchas otras divisas que suelen considerarse refugios seguros”, recuerda.
De cara a lo que queda de año, la mayoría de los expertos coinciden en que las perspectivas macroeconómicas a corto plazo siguen siendo positivas para el dólar. “La actividad económica de Estados Unidos se ha mantenido mejor que la de otras grandes economías, pero la inflación sigue siendo persistente y el mercado ha tenido que integrar una trayectoria más restrictiva de la Fed. Esta evolución en los rendimientos relativos ya ha contribuido a que el dólar supere su anterior rango de cotización y es, en líneas generales, coherente con nuestro escenario central de perseguir la fortaleza del dólar hasta finales de 2026”, argumenta David Rees, director de Economía Global de Schroders.
En este sentido, la previsión de referencia de Schroders contempla que el dólar suba a lo largo de 2026 antes de retroceder ligeramente en 2027. “Nuestras hipótesis para finales de 2026, publicadas en su momento, eran: GBPUSD a 1,21, EURUSD a 1,07, USDRMB a 7,09 y USDJPY a 167,8. Nuestra hipótesis de trabajo para finales de 2027 prevé que el dólar ceda parte de esas ganancias —hasta situarse en 1,27, 1,12, 7,03 y 162,5, respectivamente—, ya que el debilitamiento de las presiones inflacionistas dará un respiro a una Fed de discurso tajante, y un giro hacia una agenda política más orientada al futuro volvería a imponer recortes de tipos en 2027”, señala Rees.
Además, para Rees, en términos más generales, si la euforia en los mercados estadounidenses llega a su fin, hay buenas razones para pensar que el dólar pudiese sufrir las consecuencias. “Un dólar más débil tiene implicaciones considerables para todos los inversores a nivel mundial. Estas van desde efectos inmediatos en las carteras hasta repercusiones a más largo plazo en la rentabilidad de los activos, a medida que las economías, los sectores y las empresas individuales se adaptan a un dólar de menor valor”, señala.
Los gestores de activos están ampliando sus capacidades de producto en diversos vehículos, soluciones, clases de activos y geografías, lo que genera nuevas exigencias para las organizaciones de producto. Estas presiones están llevando a las firmas a revisar cómo se segmentan los equipos de producto, dónde se necesita personal adicional y cómo se asignan los recursos de desarrollo y gestión de producto, según la última edición de Cerulli Edge—U.S. Institutional Edition. A medida que aumenta la complejidad del producto, las empresas reconsideran la estructura de sus equipos. Según el estudio, el 67% de las gestoras segmenta actualmente sus funciones de gestión de producto; sin embargo, solo el 16% considera que esa estructura sea la ideal.
Como resultado, muchas firmas están evaluando modelos híbridos que combinan factores como la clase de activo, el vehículo y la región. En este sentido, Brendan Powers, director senior de la firma, señala: “En el caso de los gestores estadounidenses, Cerulli observa un mayor interés en estructuras de equipo que combinan la especialización en clases de activos y vehículos. Este cambio es especialmente relevante para las firmas que están desarrollando capacidades en ETF, fondos de intervalo, activos alternativos y otras áreas que requieren un conocimiento de producto más especializado”.
Los equipos de producto también están reevaluando cómo distribuyen su tiempo y dónde se necesitan más recursos. Más de la mitad del tiempo de los equipos de desarrollo de producto se dedica a la innovación e implementación de nuevos productos, mientras que otro 11% se destina a mejoras o modificaciones de los productos existentes. Las necesidades de personal también varían según la empresa: las grandes gestoras emplean a una media de nueve gestores de producto, mientras que las de mediano y pequeño tamaño cuentan con cerca de tres. Las firmas más grandes también tienen un promedio de unos siete especialistas en marketing de producto y siete desarrolladores de producto, lo que refleja la infraestructura organizativa más amplia que se requiere para dar soporte a plataformas de productos de mayor envergadura.
“A medida que la oferta de productos se amplía, la asignación estratégica de los recursos adecuados a la función de producto cobra cada vez más importancia. Cerulli prevé que las firmas que alineen deliberadamente la estructura de sus equipos, la plantilla y la distribución del tiempo con los cambios derivados de la complejidad del producto estarán mejor posicionadas para respaldar la distribución, ejecutar nuevas iniciativas de producto y mantener su relevancia competitiva entre diferentes vehículos, clases de activos y segmentos de clientes”, concluye Powers.
El mercado mexicano de Fideicomisos de Inversión en Bienes Raíces (FIBRAs) podría estar entrando en una segunda etapa de expansión, pero esta vez el principal catalizador no sería únicamente el nearshoring o la llegada de capital extranjero, sino la creciente capacidad de las Afores para canalizar ahorro de largo plazo hacia activos inmobiliarios e infraestructura.
La magnitud de esa transformación comienza a ser visible. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), al cierre de junio de 2026 las Siefores administraban 8,96 billones de pesos (poco más de 497.000 millones de dólares), mientras que la inversión del sistema en FIBRAs representaba 3,04% de los activos, equivalente a alrededor de 272.500 millones de pesos (15.140 millones de dólares).
El porcentaje es ligeramente inferior al 3.13% señalado durante el panel “Perspectivas para la Inversión Inmobiliaria: La Visión de los Expertos”, celebrado en el Fibra Day 2026, pero el monto citado por los participantes —cerca de 270,000 millones— resulta consistente con la fotografía oficial del sistema.
La diferencia metodológica no cambia la conclusión de fondo: el ahorro pensionario mexicano ya se convirtió en una de las fuentes estructurales de capital para el mercado inmobiliario nacional. Y ese flujo podría crecer de manera significativa durante los próximos cinco años.
El efecto multiplicador del ahorro pensionario
La tesis planteada durante el Fibra Day es sencilla, pero tiene implicaciones importantes: si las Afores mantienen aproximadamente la misma proporción de sus carteras destinada a FIBRAs y los activos administrados continúan creciendo, el monto absoluto disponible para estos vehículos podría prácticamente duplicarse hacia 2031.
En otras palabras, no sería necesario que las Afores elevaran su exposición porcentual a los bienes raíces para generar una nueva ola de capital inmobiliario sino que l crecimiento del propio sistema pensionario podría hacer el trabajo.
Actualmente, los activos netos de las Siefores ya superan los 8,96 billones de pesos, frente a aproximadamente 7,51 billones en junio de 2025. En apenas un año, el patrimonio administrado aumentó alrededor de 19%. Si esa expansión patrimonial se mantiene, incluso con una asignación a FIBRAs cercana a la actual, la cantidad de recursos que puede dirigirse hacia el sector seguirá creciendo.
La consecuencia es relevante para el mercado inmobiliario: el capital disponible para financiar activos de largo plazo puede crecer más rápido que la necesidad de las Afores de modificar sus políticas de asignación; pero, hay una pregunta más importante: ¿dónde se invertirá ese dinero?
El crecimiento potencial del capital pensionario plantea un desafío para la industria de FIBRAs. El mercado deberá desarrollar suficientes activos con características compatibles con las necesidades de un inversionista institucional de largo plazo: generación estable de flujo, escalabilidad, gobierno corporativo, transparencia, liquidez y capacidad para ofrecer rendimientos ajustados por riesgo atractivos.
Aparentemente, la industria ya está ampliando el universo de activos; el segmento industrial continúa siendo uno de los principales beneficiarios del ciclo de inversión asociado al nearshoring. Al cierre de 2025, las FIBRAs mexicanas reportaban ocupaciones superiores a 91%, mientras que el sector acumulaba alrededor de 31 millones de metros cuadrados de área rentable. Además, la industria registró inversiones en nuevos activos por aproximadamente 5.000 millones de dólares durante ese año, según cifras difundidas por AMEFIBRA.
Pero la siguiente etapa podría ser más diversificada. Data centers, infraestructura energética, retail, hotelería, oficinas y nuevos proyectos vinculados con los polos de desarrollo del Plan México aparecen como potenciales receptores del capital institucional.
AMEFIBRA ya ha señalado que sus asociados cuentan con más de 40 millones de metros cuadrados de área bruta rentable en sectores estratégicos y que una parte importante de esa infraestructura se encuentra ubicada en regiones contempladas dentro de los Polos de Desarrollo.
Esto abre una conexión particularmente relevante entre dos grandes tendencias de la economía mexicana: la acumulación de ahorro para el retiro y la necesidad de financiar nueva infraestructura productiva.
De FIBRAs inmobiliarias a infraestructura estratégica
El cambio también puede observarse en el propio régimen de inversión. CONSAR señala que dentro de la categoría correspondiente se incluyen no sólo las FIBRAs inmobiliarias, sino también FIBRA H y FIBRA-E, estas últimas vinculadas con inversiones directas o indirectas en empresas, proyectos, activos de energía e infraestructura.
Eso amplía considerablemente la discusión ya que el dinero de las pensiones no necesariamente tiene que terminar únicamente en edificios de oficinas, centros comerciales o naves industriales. Puede participar, mediante las estructuras autorizadas, en una gama de activos que se encuentran en el centro de la transformación económica de México.
Es precisamente ahí donde el fenómeno del nearshoring adquiere una segunda dimensión, la primera ola consistió en atraer empresas manufactureras, mientras que la segunda exige construir —o ampliar— parques industriales, infraestructura logística, centros de datos, energía, almacenamiento y otros activos que permitan que esas empresas operen.
Y ese segundo ciclo necesita capital paciente. Las Afores tienen el capital, pero no necesariamente el mandato para perseguir cualquier proyecto; la existencia de recursos disponibles no significa, sin embargo, que las administradoras vayan a incrementar automáticamente sus inversiones inmobiliarias.
La fotografía de CONSAR muestra una amplia dispersión entre administradoras y generaciones de trabajadores. Al cierre de junio, la inversión en FIBRAs del sistema era de 3,04%, pero algunas Afores presentaban porcentajes considerablemente mayores.
Coppel, por ejemplo, tenía una exposición de 7,35% en la medición agregada de FIBRAs, mientras que Azteca registraba 3,15%, SURA 3,27%, PensionISSSTE 3,63% y XXI-Banorte 2,88%. En el extremo inferior se encontraba Profuturo, con 1,57%.
La diferencia revela que no existe una única estrategia de inversión inmobiliaria dentro del sistema. También muestra que el potencial de crecimiento no necesariamente estará en llevar a todas las administradoras hacia el mismo porcentaje, sino en encontrar activos y vehículos que resulten atractivos para diferentes perfiles de riesgo y horizontes de inversión.
Además, el límite no es solo regulatorio; el régimen de inversión permite a las Siefores invertir en FIBRAs, FIBRA H y FIBRA-E, aunque las decisiones de cada administradora dependen de sus límites, prospectos, políticas de riesgo y condiciones de mercado. Por eso, la disponibilidad de capital no debe confundirse con capital comprometido.
La verdadera restricción podría encontrarse en otro lugar: la capacidad del mercado para generar proyectos institucionalmente invertibles. Para un fondo de pensiones no basta con que exista una necesidad de infraestructura. El proyecto debe tener una estructura financiera viable, reglas claras, gobierno corporativo, mecanismos de salida o monetización y flujos suficientemente previsibles.
Se trata de una diferencia fundamental frente al capital de desarrollo tradicional; las Afores no están diseñadas para financiar cualquier oportunidad inmobiliaria. Administran el ahorro de decenas de millones de trabajadores y, por tanto, necesitan convertir esas inversiones en activos capaces de formar parte de portafolios pensionarios durante largos periodos.
El nuevo mapa de oportunidades
La transformación del mercado inmobiliario también está modificando el universo de activos que pueden resultar atractivos para los inversionistas institucionales. Los data centers aparecen como uno de los segmentos con mayor potencial por la expansión de la inteligencia artificial y el crecimiento de la demanda de infraestructura digital.
La energía constituye otro cuello de botella. Un parque industrial puede construirse relativamente rápido, pero sin capacidad suficiente de generación, transmisión o distribución eléctrica su potencial económico queda limitado.
Lo mismo ocurre con el agua y la logística. Por ello, la siguiente generación de activos inmobiliarios puede tener una característica distinta: será cada vez más difícil separar el inmueble de la infraestructura que lo hace productivo; esa onvergencia puede beneficiar a las FIBRAs capaces de ofrecer exposición diversificada a activos físicos y, al mismo tiempo, capturar tendencias estructurales de la economía.
La prueba para las FIBRAs será la calidad, no sólo el volumen y la entrada de más capital institucional también eleva la exigencia para los administradores de FIBRAs.
Durante el panel del Fibra Day, los participantes destacaron precisamente la profesionalización del sector, la internalización de administraciones, el fortalecimiento de los gobiernos corporativos y una mayor presencia de consejeros independientes como factores que ayudaron a consolidar la confianza de los inversionistas institucionales, se trata de un detalle menor.
A medida que aumente la participación de las Afores, la competencia entre FIBRAs no será únicamente por conseguir capital. Será también por demostrar que pueden convertir ese capital en flujos sostenibles, crecimiento de largo plazo y rendimientos competitivos para los trabajadores.
El mercado, por tanto, puede estar pasando de una primera etapa en la que la pregunta era quién podía levantar capital, a una segunda en la que la pregunta será quién puede desplegarlo mejor.
El ahorro doméstico frente al capital extranjero
Durante años, el desarrollo inmobiliario mexicano estuvo fuertemente asociado con capital extranjero, bancos, desarrolladores y grandes inversionistas institucionales internacionales, pero los tiempos modernos y la expansión del sistema de pensiones introduce un contrapeso.
Las Afores administran hoy recursos equivalentes a una parte sustancial del ahorro financiero nacional. En junio de 2026, el sistema registraba más de 70,4 millones de cuentas administradas, mientras que los recursos administrados directamente por las Afores alcanzaban varios billones de pesos.
Eso convierte al ahorro doméstico en un potencial financiador de proyectos que, paradójicamente, pueden ser impulsados por capital extranjero, dicho mecanismo sería circular: el ahorro de los trabajadores mexicanos financia FIBRAs; las FIBRAs financian infraestructura; esa infraestructura atrae empresas e inversión; y la actividad económica generada puede traducirse nuevamente en mayor empleo, aportaciones y ahorro pensionario.
Es una dinámica que puede convertir al sistema de pensiones en algo más que un mecanismo de ahorro individual: en una fuente estructural de capital para la economía real, podríamos estar ante una nueva ola, pero con una condición ya que el mercado tiene razones para esperar una nueva etapa de crecimiento.
Las FIBRAs han ganado escala, profesionalización y profundidad; el sistema pensionario cuenta con una masa de recursos cada vez mayor y México enfrenta una necesidad significativa de infraestructura para aprovechar el nearshoring, la digitalización y la reorganización de las cadenas globales de suministro.
Sin embargo, el potencial de duplicar la inversión de las Afores hacia 2031 no debe interpretarse como un cheque en blanco para el sector inmobiliario. El capital estará disponible; la pregunta será si habrá suficientes activos de calidad para recibirlo.
Y esa puede ser precisamente la gran oportunidad de la próxima década, si vemos en retrospectiva la primera generación de FIBRAs ayudó a institucionalizar los bienes raíces mexicanos. La siguiente podría hacer algo mucho más ambicioso: convertir el ahorro para el retiro de millones de mexicanos en uno de los principales motores de financiamiento de la infraestructura que necesita el país para su siguiente ciclo de crecimiento.