Cómo incluir ETFs activos de deuda en las carteras
| Por Rocío Martínez | 0 Comentarios

El mercado de ETFs activos de bonos ha crecido exponencialmente en los últimos años, con entradas netas de inversión que superan los 270.000 millones de dólares solo en los últimos dos años. Los activos totales gestionados alcanzaron los 490.000 millones de dólares a finales de enero de 2026, y los ETFs activos representan ahora una quinta parte del total de activos de los ETFs de bonos. Las firmas han respondido a esta creciente demanda lanzando más de 270 estrategias en los últimos dos años, y estos nuevos participantes representan una cuarta parte de todos los ETFs activos de bonos, según recoge un estudio de Morningstar.
Ante este “vertiginoso” ritmo de desarrollo, es posible que un inversor se pregunte si un ETF activo de bonos tiene cabida en su cartera. En Morningstar creen que si bien las ventajas de inversión de cada ETF varían, “hay algunas consideraciones importantes que deberían orientar a los inversores en la dirección correcta”.
El precio de la gestión activa
Los ETFs activos de bonos presentan una prima en comparación con sus homólogos pasivos: su comisión media anual del 0,45% es superior a la media del 0,24 % de los ETFs pasivos de bonos. Los gestores activos también tienden a cobrar más en las categorías más arriesgadas: las comisiones medias de los ETFs activos de bonos de mercados emergentes o multisectoriales son casi el doble que las de los ETFs de bonos corporativos o ultracortos. “Si bien estos complejos segmentos del mercado ofrecen un mayor potencial alcista, también pueden exponer a los inversores a una mayor volatilidad y a caídas más pronunciadas. Un precio más alto no siempre se traduce en una mayor capacidad de gestión”, apuntan desde la firma.

En contraposición, la diferencia en las comisiones entre los ETFs activos y pasivos no es uniforme en todas las categorías. La gestión de un fondo de bonos es una tarea costosa en categorías más arriesgadas y matizadas, como los bonos de mercados emergentes o de alto rendimiento. De esta forma, los inversores no sufren un gran aumento en este caso si deciden optar por la gestión activa, tal y como explican desde Morningstar.
Por otro lado, la compresión de costes entre los ETFs pasivos en categorías más seguras y sencillas, como los intermediate core y los intermediate core-plus, dificulta que los gestores activos puedan competir en materia de comisiones. “Los ETFs activos en estas categorías deben ofrecer una ventaja aún mayor para que la inversión merezca la pena”, sentencian desde la firma.
¿Más riesgo, más recompensa?
Según el Barómetro Activo/Pasivo de Morningstar, los gestores activos de bonos tienen más posibilidades de superar a sus homólogos pasivos que los gestores activos de renta variable. Aunque su tasa de éxito solo ronda el 50% en periodos más largos, los gestores activos de bonos disponen de más herramientas para obtener rendimientos superiores.
Un análisis reciente de Eric Jacobson y Maciej Kowara, de Morningstar, señala por qué a los gestores activos de bonos les resulta más fácil obtener mejores resultados. El estudio apunta que los fondos indexados se enfrentan a limitaciones que los gestores activos no tienen, y que pueden obtener una ventaja simplemente incluyendo subclases de activos que están fuera del alcance de los índices o pueden inclinarse por ciertos riesgos mientras sea de manera prudente.
Para mantener un índice invertible, la mayoría de los proveedores limitan la gama a la parte más líquida, o más negociada, del mercado de bonos y excluyen los valores más complejos, como los bonos de tipo variable o los convertibles. La ponderación por valor de mercado también inclina las carteras de índices hacia los segmentos de mayor calidad del mercado, normalmente bonos del Tesoro o bonos corporativos con mayor calificación.
En muchas categorías, la capacidad de los gestores activos para obtener mejores resultados radica en su flexibilidad para asumir más riesgo del que suele permitir una cartera indexada. Si bien pueden sacar más partido cuando los bonos más arriesgados se recuperan, esto también puede hacer que muchas carteras activas queden por detrás de sus homólogas indexadas en mercados tensionados.
Hasta ahora, el ETF activo medio de bonos corporativos se ha mantenido cerca de su índice de referencia porque los gestores tienen un margen de maniobra limitado en esta categoría, principalmente de grado de inversión. Sin embargo, en categorías en las que los gestores disponen de una gama más amplia de subclases de activos entre las que elegir -como los intermediate core y los de corto plazo- y de un mayor margen de maniobra en cuanto al riesgo crediticio -por ejemplo, los intermediate core-plus- la situación es ligeramente diferente: la gran caída registrada en marzo de 2020 y los posteriores repuntes durante la recuperación de 2021 apuntan a los mayores niveles de riesgo que asumen estos gestores para superar sus índices de referencia, según recoge el estudio de Morningstar.
“Para una cartera conservadora que utiliza bonos como contrapeso, estas fuertes oscilaciones probablemente sean demasiado arriesgadas como para que merezcan la pena sus posibles rendimientos”, apuntan en Morningstar, al tiempo que añaden que los inversores pueden utilizar una cartera activa “bien construida” para obtener “más beneficios en estas categorías, pero deben saber que estos rendimientos conllevan un riesgo adicional”. Por ello, los ETFs activos de bonos requieren “revisiones más frecuentes y una due diligence más exhaustiva en comparación con muchos ETFs de bonos pasivos”.
La ventaja de la selección de gestores
En la firma apuntan que algunos segmentos del mercado de bonos se prestan mejor a una gestión activa: los bonos de alto rendimiento y los bonos de mercados emergentes son dos de ellos, “dada su liquidez relativamente menor y su mayor riesgo crediticio”.
Sin embargo, elegir un ETF activo en cualquiera de estas categorías no garantiza el éxito. El mayor margen de error también dificulta que los gestores activos eviten los escollos. El gráfico muestra la dispersión de los rendimientos excedentes de los ETFs de bonos activos con respecto a su índice de categoría respectivo durante los últimos tres años. “El rango es estrecho para categorías relativamente más seguras, como los bonos ultracortos o a corto plazo, pero se amplía drásticamente para los ETFs de bonos de mercados emergentes o multisectoriales”, señalan en la firma.

El rendimiento superior de los ETFs de bonos activos suele conllevar un mayor riesgo. Un buen gestor activo puede garantizar que los inversores obtengan una buena compensación por ello. Elegir un equipo de gestión con experiencia y un historial consistente, especialmente en momentos de tensión en los mercados, debería ser beneficioso para los inversores.












