Lynk Markets: Por qué la riqueza privada latinoamericana impulsa la segunda ola de inversión en mercados privados
| Por Cecilia Prieto | 0 Comentarios

Durante los últimos quince años, la historia del capital latinoamericano en los mercados privados globales fue institucional. Las Afores de México, las AFP de Chile y los fondos de pensiones de Colombia construyeron asignaciones a private equity, infraestructura y crédito internacionales, y los gestores globales los siguieron. Esa primera ola no ha terminado, pero ahora se forma una segunda con un origen distinto: familias, family offices e inversionistas latinoamericanos de alto patrimonio. A ellos se llega a través de bancas privadas, broker-dealers, asesores independientes y multi-family offices, muchos de ellos en Miami.
El cambio es estructural, la brecha de asignación es la oportunidad y el obstáculo no es la demanda, sino la distribución. Tendrán éxito quienes la resuelvan mediante infraestructura, y no solo a través de relaciones.
De 3 a 274
Según ION Analytics, las referencias a agentes colocadores (placement agents) latinoamericanos en los registros del Form D ante la SEC pasaron de 3 en 2010 a 274 en 2025. La base institucional explica ese interés: las Afores administran unos USD 489.000 millones; el sistema de pensiones chileno, cerca de USD 240.000 millones, y los fondos colombianos, unos USD 143.000 millones.
Pero ION también destaca una segunda fuente de demanda: los family offices latinoamericanos que buscan diversificación global. Los impulsan una riqueza concentrada en activos locales, la sequía de los mercados bursátiles locales y, en Brasil, las tasas elevadas. Buena parte de ese capital ni siquiera pasa por agentes colocadores. Fluye a través de bancas privadas, broker-dealers y asesores independientes, a menudo mediante vehículos feeder, y por eso es más difícil de medir.
La magnitud de la segunda ola
Según estimaciones recogidas por Funds Society, los latinoamericanos mantienen alrededor de USD 1 billón fuera de sus países, con Miami como principal centro. Cerulli Associates estimó que los inversionistas acomodados de la región invirtieron al menos USD 1.000 millones en alternativos a través del negocio offshore de EE. UU. en 2023. En agosto de 2026, la firma describió los alternativos como un componente central de las carteras de alto patrimonio en Chile, Perú y Colombia, con un mercado direccionable de entre USD 60.000 y 120.000 millones. Gracias a las estructuras feeder, los mínimos de entrada han bajado de entre USD 5 y 10 millones a entre USD 100.000 y 250.000.
En un panel de CAIA Florida se estimó que los family offices latinoamericanos asignan alrededor del 30 % de su capital a alternativos, frente a un 2 % en el canal patrimonial en general. Son cifras de fuentes distintas que no deben sumarse, pero apuntan en la misma dirección. Si una parte modesta de ese canal se acercara a las asignaciones de los family offices, los flujos empequeñecerían todo lo visto hasta ahora.
Por qué ahora
Tres fuerzas explican el momento. La primera es el producto: según datos de Preqin, los lanzamientos de fondos evergreen alcanzaron en 2025 su máximo en una década, y sus activos llegaron a USD 530.000 millones. La segunda es el asesor: según la 2026 Global Private Wealth Survey de Hamilton Lane, el 86 % de los profesionales patrimoniales planea aumentar sus asignaciones a mercados privados este año. La tercera es el inversionista, que adopta una mentalidad de allocator 2.0: ya no pregunta solo si un producto es atractivo, sino cómo encaja en su cartera.
El problema de la distribución
Si la demanda crece y los productos existen, ¿por qué el canal patrimonial sigue en el 2 %? Porque distribuir a la riqueza privada es estructuralmente más difícil. Un gestor que capta de fondos de pensiones trata con unas pocas decenas de instituciones. Uno que capta de la riqueza privada trata con decenas de miles de familias, a las que llega a través de intermediarios, cada uno con su propia plataforma, su proceso de due diligence y su comité de aprobación.
A ello se suman tickets pequeños, varias jurisdicciones y niveles desiguales de formación. Según Hamilton Lane, las mayores brechas de conocimiento se refieren a los fondos evergreen (61%) y a la liquidez (56%). La relación sigue siendo esencial, pero por sí sola no puede sostener el volumen. La segunda ola es, ante todo, una cuestión de infraestructura.
Dos vías hacia el mismo destino
La primera vía es la plataforma de fondos, que da acceso a un amplio menú de fondos mediante un único acuerdo. Dentro de ella, los fondos feeder agregan compromisos pequeños en una sola inversión. Para muchas firmas, especialmente las más grandes, es la vía natural.
La segunda es la nota securitizada: un valor que se compra, mantiene y reporta en la cuenta de custodia del cliente, como un bono. Lynk Markets, compañía de infraestructura fintech para mercados privados, trabaja en este ámbito con sus Private ETNs. Se emiten en Irlanda y se liquidan a través de Euroclear y Clearstream, la infraestructura que las bancas privadas y los broker-dealers ya utilizan a diario. El objetivo de Lynk Markets es potenciar a los gestores patrimoniales y distribuidores, no distribuir directamente.
Las estructuras de fondos se crearon para mercados grandes y maduros como los de EE.UU. y Europa. Muchos asesores latinoamericanos operan con asignaciones menores y activos repartidos entre custodios y jurisdicciones. Para ellos, una nota puede ser la vía más práctica.
Ninguna de las dos vías cambia la naturaleza ilíquida de los activos subyacentes. Una nota conlleva además el riesgo crediticio y operativo de su emisor y de su estructura. Y toda vía está sujeta a las obligaciones de idoneidad (suitability) y a las normas de cada país.
Qué se necesita para tener éxito
La experiencia de los gestores activos en la región apunta a cinco condiciones:
- Educación a escala, en español y portugués;
- Productos con liquidez clara y reportes integrados en la cartera del cliente;
- Presencia en Miami y en los centros financieros de la región;
- Alianzas con plataformas, proveedores de infraestructura y socios locales;
- Un servicio que acompañe al cliente durante los siete o diez años que dura la inversión.
Conclusión
La primera ola la construyeron las instituciones a lo largo de casi dos décadas. La segunda, construida por las familias y sus asesores, tiene detrás un volumen potencial de capital mayor y un camino al mercado mucho más complejo. Que esa demanda se convierta en asignación dependerá menos del apetito de los inversionistas que de la capacidad de gestores e intermediarios para llegar a ellos. Quienes resuelvan la distribución definirán la segunda ola.
Tribuna de opinión de Juan Agualimpia, Chief Marketing Officer en LYNK Markets









