Europa toca la puerta de las carteras latinoamericanas: la diversificación busca una alternativa a Wall Street
| Por Antonio Sandoval | 0 Comentarios

Una constante de las inversiones para las carteras latinoamericanas en materia de diversificación internacional es el destino dominante: Estados Unidos. La cercanía geográfica, el tamaño de sus mercados, la profundidad de Wall Street y el liderazgo de sus grandes compañías tecnológicas han convertido a los activos estadounidenses en una pieza central de las carteras. Pero esa concentración empieza a abrir una pregunta distinta: ¿qué mercado desarrollado puede complementar a Estados Unidos sin obligar al inversionista a abandonar los mercados avanzados y sus estándares de regulación, liquidez y seguridad jurídica?
Para José Francisco Ruiz Solera, Buy Side-Fund Manager y gestor de renta variable europea en EDM España, la respuesta está al otro lado del Atlántico: Europa. El ejecutivo charló con Funds Society en el marco del evento «Pioneros 2026», llevado a cabo en la Ciudad de México y organizado por la casa de bolsa GBM. “La bolsa europea está barata comparada con la bolsa norteamericana”, sostiene el gestor, quien considera que la región puede representar una alternativa de diversificación para carteras excesivamente expuestas a Estados Unidos y, particularmente, a tecnología.
La tesis tiene un componente cuantitativo. En un análisis publicado por MSCI a comienzos de 2026, el múltiplo precio/utilidades futuras del MSCI Europe se ubicaba en alrededor de 15 veces, frente a 22.35 veces para Estados Unidos al cierre de 2025. La diferencia no implica por sí misma que Europa vaya a superar a Wall Street, pero sí muestra que los inversionistas estaban pagando una prima considerablemente mayor por las utilidades estadounidenses.
JP Morgan Asset Management también identificó en 2026 un regreso del interés hacia la renta variable europea. Según la firma, entre comienzos de 2025 y marzo de 2026 los fondos de renta variable europea recibieron más de 74 mil millones de euros de entradas netas, el mayor flujo de este tipo en una década, en un contexto en el que los inversionistas buscaban alternativas a exposiciones concentradas y activos con valoraciones elevadas. Pero, el argumento no es abandonar a Estados Unidos. El punto central no consiste en establecer una competencia entre Europa y Estados Unidos, sino cuestionar la idea de que una cartera internacional necesariamente deba girar alrededor de Wall Street.
Ruiz Solera calcula que Europa representa aproximadamente 19% de la capitalización bursátil mundial y subraya que, después de Estados Unidos, constituye el segundo gran universo desarrollado de inversión. En su visión, el problema para el inversionista latinoamericano es que la proximidad con Estados Unidos puede hacer que otras regiones queden fuera del radar. La oportunidad, desde esta perspectiva, no consiste únicamente en comprar “Europa”, sino en determinar qué Europa comprar. Ahí aparece una discusión particularmente relevante para la industria de fondos: la diferencia entre replicar un índice y seleccionar empresas.
Ruiz Solera cuestiona que un ETF europeo sea necesariamente la respuesta más eficiente en el actual entorno. Su argumento es que los índices incorporan de manera importante a las compañías y sectores que ya han tenido un buen comportamiento, mientras que una gestión activa puede buscar empresas que todavía no hayan recibido el mismo reconocimiento del mercado. En particular, señala el peso que bancos y compañías energéticas han adquirido en los índices europeos y plantea que una cartera quality growth puede buscar oportunidades en otras áreas.
La discusión llega en un momento en que la gestión activa está intentando recuperar espacio dentro de la industria. En Europa, los ETFs activos alcanzaron 108,3 mil millones de euros en activos al cierre de junio de 2026, casi tres veces el nivel registrado a finales de 2023, aunque todavía representan una fracción pequeña del mercado total de ETF. Al mismo tiempo, el dinero sigue fluyendo hacia productos pasivos. Morningstar reportó que durante los primeros siete meses de 2026 los ETF europeos recibieron casi 266 mil millones de euros, de los cuales 203,4 mil millones correspondieron a ETF de renta variable. Una parte importante de esos recursos continuó dirigiéndose a estrategias globales y estadounidenses. Es decir, el debate entre gestión activa y pasiva está lejos de resolverse; precisamente por eso constituye uno de los puntos relevantes de la tesis de EDM.
La paradoja tecnológica de Europa
Hay otro elemento que modifica la tradicional percepción de Europa como una región menos atractiva frente al liderazgo tecnológico estadounidense: la inteligencia artificial también tiene una importante infraestructura europea. El ejemplo más evidente es ASML, fabricante neerlandés de sistemas de litografía para semiconductores. La propia compañía señala que es actualmente el único fabricante mundial de sistemas de litografía EUV, una tecnología utilizada para producir las capas más complejas de los chips avanzados.
La importancia de ASML para la economía de la IA no es menor. Los sistemas EUV permiten fabricar los microprocesadores más avanzados y, de acuerdo con la compañía, la tecnología está directamente vinculada con aplicaciones de inteligencia artificial y con las próximas generaciones de chips. En 2026, además, ASML reportó una fuerte demanda de sus sistemas y anticipó un incremento de capacidad EUV para los siguientes años.
Esto matiza una percepción habitual del mercado: que invertir en IA significa necesariamente invertir en Estados Unidos. No significa que Europa tenga el liderazgo estadounidense en inteligencia artificial ni que ASML convierta por sí sola a Europa en una potencia tecnológica comparable con Silicon Valley, pero sí revela que la cadena de valor de la IA es mucho más global de lo que sugieren los nombres más conocidos de la industria. Para un gestor de renta variable, esa diferencia puede ser fundamental porque no necesariamente se trata de encontrar al próximo gran fabricante de modelos de IA, sino de identificar a las compañías que proporcionan la infraestructura indispensable para que todo el ecosistema funcione.
El segundo catalizador: el regreso del gasto público
La otra parte de la tesis europea está lejos de la tecnología. Tiene que ver con política fiscal, infraestructura y defensa. Alemania, durante años uno de los símbolos de la prudencia fiscal europea, está entrando en una etapa diferente. La Comisión Europea prevé que el déficit público alemán pase de 2,7% del PIB en 2025 a 3,7% en 2026 y 4,1% en 2027, impulsado principalmente por un aumento del gasto en inversión y defensa. La deuda pública, a su vez, subiría de 63,5% del PIB en 2025 a 68% en 2027. Eso no significa que Europa haya resuelto sus problemas estructurales. De hecho, la deuda pública de la zona euro alcanzó 88,9% del PIB al cierre del primer trimestre de 2026, mientras que en el conjunto de la Unión Europea llegó a 82,9%. Pero sí apunta hacia un cambio en la combinación de políticas.
Ruiz Solera considera que los planes de infraestructura y rearme europeos todavía no se han reflejado completamente en la economía cotidiana y sostiene que parte del impacto podría hacerse más visible hacia 2027. La Comisión Europea, por su parte, también prevé que el aumento del gasto público contribuya positivamente al crecimiento alemán durante ese periodo.
Para los mercados, el punto relevante no es solamente cuánto gastarán los gobiernos, sino qué compañías recibirán ese gasto y cuánto de ese crecimiento terminará convirtiéndose en beneficios corporativos.
La variable que puede cambiarlo todo: energía
La tesis europea, sin embargo, tiene una vulnerabilidad evidente: la energía. La guerra y las interrupciones alrededor del estrecho de Ormuz han colocado nuevamente al petróleo en el centro de la ecuación. La Agencia Internacional de Energía estima que por ese paso marítimo transitaron en promedio unos 20 millones de barriles diarios de crudo y productos petroleros durante 2025, alrededor de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo. Europa es especialmente sensible a ese escenario. La Comisión Europea ha reconocido que las disrupciones en el estrecho pueden afectar los precios y la seguridad energética, aunque hasta ahora ha señalado que no existe un problema inmediato de abastecimiento gracias a las reservas y a fuentes alternativas.
Ese riesgo explica por qué la oportunidad europea no puede analizarse únicamente desde las valuaciones. J.P. Morgan, por ejemplo, mantiene una visión más cautelosa: en su revisión del segundo trimestre de 2026 señaló que prefería Estados Unidos y algunos mercados emergentes frente a Europa, aunque reconocía el papel de las valuaciones y de la diversificación. En su asignación global del tercer trimestre, la firma mantuvo una posición neutral sobre la renta variable europea.
Ese contraste resulta revelador. La tesis europea existe, pero no constituye un consenso y quizá ahí está precisamente el interés para los gestores y para los inversores de Latinoamérica. Europa ofrece un mercado desarrollado, empresas globales, exposición a sectores diferentes de los dominantes en Wall Street y una brecha de valuaciones que ha vuelto a llamar la atención de los administradores de activos. Pero también carga con menor crecimiento estructural que Estados Unidos en algunas áreas, dependencia energética y una transformación fiscal y económica cuyo impacto todavía está por comprobarse.
Para Ruiz Solera, Latinoamérica puede ser particularmente relevante en esa ecuación. El gestor considera que la región en general está desarrollando con rapidez su cultura de inversión, pero observa al mismo tiempo una fuerte inclinación de los inversionistas latinoamericanos hacia Estados Unidos y una menor atención hacia otras regiones. La cuestión, entonces, no es si Europa reemplazará a Wall Street. Es si seguirá teniendo sentido que una cartera latinoamericana global permanezca tan cerca de Estados Unidos que apenas deje espacio para el segundo gran mercado desarrollado del mundo.
En un mercado donde las valuaciones, la inteligencia artificial, el gasto público, la defensa y la geopolítica están modificando simultáneamente el mapa de oportunidades, la diversificación geográfica vuelve a adquirir una dimensión que va más allá de repartir activos entre distintos países: se trata de buscar fuentes diferentes de crecimiento, beneficios y riesgo.










