Vacas contra corredores de bolsa: el curioso concurso organizado en Noruega
| Por Magdalena Martínez | 0 Comentarios
La selección de activos para obtener rendimientos es una tarea compleja y desafiante. En el mundo de las inversiones, no es raro encontrar personas que, a pesar de haberse dedicado al estudio y análisis de los mercados, no logran obtener los resultados esperados. Por otro lado, el proceso digestivo de las vacas carece de la misma dificultad y sofisticación: estos animales rumiantes pasan su tiempo pastando en praderas, desechando lo que han ingerido sin un patrón claro… o al menos, eso parece a primera vista.
Pero ¿qué tienen que ver las vacas con los traders? Hoy exploraremos un curioso experimento realizado por la emisora estatal de Noruega, NRK. En un programa de 2016, se organizó un concurso de inversiones en la bolsa de valores, enfrentando equipos de vasto pedigree: dos corredores de bolsa locales, un astrólogo, dos influencers de belleza y, por supuesto, un pequeño rebaño de vacas. Cada equipo disponía de un presupuesto de 10.000 coronas noruegas (alrededor de unos mil dólares) para ver quién lograba los mejores resultados.
Antes de que comenzara el experimento, Gullros, la vaca líder, y su equipo de portfolio managers fueron llevados a una cuadrícula en un campo. Allí, el equipo de producción había dispuesto una rejilla con las 25 acciones que conforman el índice OBX de Noruega. La selección de las acciones por parte de las vacas se definiría de una manera bastante inusual: según el lugar donde ellas decidieran hacer sus necesidades.
La cartera resultante de las vacas incluía Aker Solutions, Statoil y Fred Olsen Energy, todas ellas empresas del sector energético. Schibsted, un importante medio de comunicación noruego, aportaba la cuota de diversificación necesaria. La acción de Aker fue seleccionada como “high conviction” (la de mayor confianza), gracias a la clara preferencia de las vacas.
Por otro lado, el equipo de los corredores de bolsa se mostró muy confiado en su experiencia y conocimientos, y optó por una cartera diversificada que incluía criaderos de salmón, DNB —el mayor banco noruego— y Royal Caribbean, un operador de cruceros.
El astrólogo también mantenía un optimismo similar, influenciado por el hecho de que ese año correspondía al “Año de la Cabra” en el calendario chino, un símbolo de familia, amistad y unión. Su cartera estuvo compuesta por DNB, una aerolínea y un conglomerado alimentario.
Los influencers admitieron desde el principio que no conocían las empresas del índice y, algo desconcertados, tomaron decisiones basadas más en su intuición. Optaron principalmente por Royal Caribbean, pensando en lo bien que les vendrían unas buenas vacaciones, y añadieron una salmonera a su cartera.
La finalidad de este tipo de ejercicios es resaltar dos puntos clave. Primero, la dificultad que implica superar a un mercado, y aunque se pueda superar en alguna ventana puntual, lograr consistencia a largo plazo es una tarea compleja. En segundo lugar, surge la válida pregunta de si vencer al mercado es el resultado de habilidad o simplemente suerte.
Experimentos como este se han llevado a cabo en varias ocasiones desde que el economista Burton Malkiel, en su libro de 1973 “Un paseo aleatorio por Wall Street”, sugirió que un mono con los ojos vendados lanzando dardos podría obtener el mismo éxito que los expertos. Desde entonces, se han realizado ejercicios similares con monos, gatos, perros y ratas.
En 1984, Warren Buffett ilustró este concepto con un ejemplo muy gráfico. Buffett propuso imaginar que todos los estadounidenses (unos 225 millones en ese entonces) lanzan una moneda cada día, apostando un dólar a adivinar si caerá cara o sello. Según la estadística, en 20 días habría 215 personas que acertaron todos los días, logrando un millón de dólares. Podemos imaginar a estos “lanzadores” viajando por el país dando conferencias sobre cómo lanzar monedas consistentemente y debatiendo con profesores, defendiendo su argumento: “Si es tan difícil, ¿por qué somos 215?”.
En los últimos años, y siguiendo el espíritu de lo señalado, Warren Buffett ganó una apuesta de un millón de dólares contra el grupo de inversión Protege Partners. La apuesta giraba en torno a su tesis de que diversos fondos no serían capaces de superar al S&P 500 en un periodo de 10 años.
Volvamos al experimento noruego. Tres meses después de iniciado el concurso, los corredores de bolsa lograron superar al índice de referencia OBX (que rentó un 5% en el periodo) con una rentabilidad de 7,28%. ¿Lo sorprendente? Su rentabilidad fue prácticamente igual a la de las vacas, que alcanzaron un 7,26%. Por otro lado, el astrólogo resultó ser el peor de todos. Los ganadores del ejercicio fueron, inesperadamente, los influencers, quienes obtuvieron una rentabilidad superior al 10%.
Hacia el final del programa, el ya sorprendente resultado se vio opacado por una noticia aún más inesperada. Los organizadores del experimento revelaron su propia cartera, que había obtenido una rentabilidad del 24%, superando ampliamente a toda la muestra. El “secreto” detrás de este éxito fue que crearon 20 combinaciones de distintas carteras, eliminando las de peores resultados y dejando sólo las de mejor rendimiento. Este enfoque introdujo el concepto de “sesgo de supervivencia”, que explica cómo los fondos con malos resultados son cerrados, permitiendo que los gestores presuman rentabilidades altas que no reflejan su desempeño real.
Finalmente, más allá de la entretenida historia de las vacas que superan al mercado, es importante reflexionar sobre dos puntos clave. En primer lugar, vale la pena señalar que la duración del experimento fue de sólo tres meses, lo que es muy diferente a lograr consistencia a largo plazo. En segundo lugar, en la práctica de promocionar fondos basados en sus rentabilidades pasadas, es fundamental recordar que estos resultados no garantizan rentabilidades futuras y pueden ser meras “fotografías seleccionadas”, especialmente por parte de gestoras con una gran cantidad de fondos. Siempre es bueno tener en cuenta que invertir basándose únicamente en estos resultados, sin comprender las razones subyacentes, puede ser tan irracional como una vaca defecando en una pradera.
Gabriel Haensgen es Analista Senior de Fondos Financieros Fynsa AGF