Fundación Altamarcam: cuando el impacto pasa de concepto a compromiso
| Por Elsa Martin | 0 Comentarios

En el sector financiero se habla constantemente de impacto al abordar temas como la rentabilidad, el crecimiento o la generación de valor. Sin embargo, hay otro tipo de impacto que no siempre aparece en los informes trimestrales: el que cambia vidas. Las firmas de inversión tienen cada vez más presente que su impacto debe ser integral y han encontrado en la creación de fundaciones un modelo para articular esta convicción. El caso de AltamarCAM y la Fundación AltamarCAM es un claro ejemplo de ello.
“Los beneficios generados por la firma deben tener un impacto positivo más allá de la creación de riqueza y empleo, con el objetivo de promover valores de servicio a la sociedad y destinar recursos humanos, organizativos y económicos hacia proyectos sociales sostenibles”. Este compromiso, lanzado por los fundadores de AltamarCAM hace más de 20 años, explica el día a día de la Fundación AltamarCAM.
Esta organización sin ánimo de lucro vinculada a la gestora homónima fue creada con la misión de contribuir a una sociedad mejor, aprovechando sus recursos para atender las necesidades de las comunidades en las que vive y trabaja su equipo. “Sin embargo, no fue hasta 2018 cuando la fundación dio un giro estratégico y se consolidó como una herramienta al servicio de proyectos de educación y salud, orientada a impulsar el voluntariado corporativo, fomentar la sensibilización y asegurar una plena alineación entre la misión de la fundación y la de la firma”, explica Aldara Fernández de Córdova, presidenta de la Fundación AltamarCAM.
Hoy, la institución se ha consolidado como un brazo social activo, estratégico y profundamente alineado con la cultura de la gestora. Según Fernández de Córdova, es el vehículo a través del cual la entidad extiende sus valores y capacidades más allá de su actividad inversora diaria. “Su misión y visión están alineadas con los valores corporativos de la gestora y ésta hace una gran contribución a la fundación, no solo económica, sino en horas de trabajo de los voluntarios y colaboradores, y en prestación de servicios e instalaciones. Actúa como su brazo social: moviliza talento, voluntarios y recursos económicos hacia iniciativas con un impacto positivo en la educación y salud de personas vulnerables”, destaca.
La Fundación AltamarCAM es el vehículo a través del cual la firma extiende sus valores y capacidades más allá de su actividad inversora diaria
Compartir talento
Tal como ha apuntado su responsable, desde hace ocho años, la organización centra su actividad en generar un impacto positivo mediante un mejor acceso a la educación y a la salud de personas en situación de vulnerabilidad. “Consciente del talento del equipo de la gestora, la fundación se pone al servicio de proyectos promovidos por otras organizaciones, que pueden ser fundaciones o empresas con impacto social. Nuestros empleados comparten sus conocimientos en educación financiera, sus habilidades profesionales y sus conocimientos sobre inversión con una amplia gama de públicos, que van desde niños becados para estudiar inglés hasta personas en exclusión social que buscan un empleo, pasando por emprendedores que quieren sacar adelante un proyecto empresarial con impacto social. La firma apoya estas causas con horas pro-bono y con la actividad de voluntarios y colaboradores, que es muy intensa, así como con acciones de sensibilización”, relata su presidenta.
De hecho, en los últimos años, ha reforzado su trabajo a través de alianzas con entidades especializadas, lo que le ha permitido responder de forma más eficaz a la evolución de las necesidades sociales. Su enfoque y perseverancia les ha permitido llegar a más de 6.000 beneficiarios, realizar más de 400 horas de voluntariado, contar con 88 empleados que realizan experiencias de voluntariado y con otros 280 colaboradores asiduos.
AltamarCAM apoya causas con horas pro-bono y con la actividad de voluntarios y colaboradores, así como con acciones de sensibilización
“Apoyamos proyectos en aquellos países donde el equipo de la firma está presente, y además tenemos un proyecto global en Mozambique, que involucra a todas las oficinas. Son los propios equipos locales quienes identifican y proponen los proyectos, siempre en coherencia con los criterios de selección definidos en la política de la fundación”, afirma Fernández de Córdova, quien destaca algunos de los proyectos que realizan fuera de España.
Por ejemplo, en Chile, desde hace cuatro años, la fundación colabora con DaleProfe, una plataforma que permite a docentes de todo el país financiar proyectos educativos específicos para sus aulas, con especial alcance en zonas remotas y vulnerables: todo el equipo selecciona mensualmente los proyectos que quieren financiar. En Nueva York, el equipo participa todos los meses en programas de formación para inmigrantes recién llegados, en colaboración con Literacy Partners, con el objetivo de facilitar su proceso de integración.
En Alemania, la Fundación apoya a DKMS, organización internacional dedicada a la lucha contra el cáncer de sangre, lo que ha contribuido a un aumento significativo del número de donantes dentro del equipo. Por último, en Mozambique, la Fundación apoya su principal proyecto internacional impulsado por la Fundación Khanimambo, centrado en educación y desarrollo sostenible, con una visión de largo plazo y un alto impacto social, añade.

Aldara Fernández de Córdova, presidenta de la Fundación AltamarCAM y Equipo de la Fundación AltamarCAM visitando el centro Munti
Aldara Fernández de Córdova (Fundación AltamarCAM): “Apoyamos proyectos en aquellos países donde el equipo de la firma está presente, y además tenemos
un proyecto global en Mozambique, que involucra a todas las oficinas”
Su labor también se desarrolla dentro de España. Por ejemplo, en Barcelona, profesionales especializados en venture capital ponen su conocimiento al servicio de startups de impacto social, apoyándolas en la estructuración de sus modelos de negocio desde fases tempranas. Según explica la responsable, en todos los casos, los proyectos se seleccionan por su alineación con las áreas estratégicas de la fundación, la solidez de los socios locales y la búsqueda de un impacto sostenible y medible.
Voluntariado corporativo: el empleado comprometido
Cuando Aldara Fernández de Córdova, presidenta de la Fundación AltamarCAM, habla en nombre de la institución y de la gestora no es ajena a sus propias palabras. No se trata de una narrativa sobre la identidad y actividad de la firma, sino de las conclusiones de su propia experiencia. Ella misma ha participado en los proyectos de la fundación a través del voluntariado.
“Ser coach de una estudiante en un proyecto de Fundación Exit de ayuda a jóvenes en riesgo de abandono escolar me ha abierto mucho los ojos, personalmente, sobre la necesidad de apoyar estas iniciativas y su complejidad”, comparte.
Cuando se le pregunta por su experiencia como catalizadora dentro de la organización, reconoce que el proyecto que hicieron con la Fundación Integra, con la ayuda de Caixa, supuso un punto de inflexión. “Fue un inicio del programa de voluntariado a lo grande y el feedback de la gente fue impresionante. Fue muy bonito todo el proceso de ayudarles a innovar en la propia gestión del proyecto, buscar la forma de entender y mejorar el impacto generado en los beneficiarios a través de todas las entrevistas personales pre y post y, por supuesto, los voluntarios: participaron unos 40. Fue el primer proyecto con tantas horas de voluntariado y el que empezó a calar en el equipo”, relata.
Nuevas realidades: educación y salud
Desde su experiencia, la fundación considera que el contexto socioeconómico actual plantea desafíos complejos que exigen respuestas coordinadas y sostenibles en los dos campos en los que desarrolla su actividad. “En el ámbito de la educación, uno de los principales focos ha sido el abordaje del abandono escolar. Han ganado peso los programas de mentoría, orientación y apoyo personal, en los que los voluntarios de AltamarCAM aportan la experiencia personal de sus profesionales y conocimiento especializado, como en educación financiera, que ha cobrado especial relevancia en los últimos años ante la importancia de saber gestionar adecuadamente los primeros ingresos. Las necesidades han evolucionado: ya no se trata solo de acceso a la educación, sino de educación de calidad, que no se limite a la transmisión de contenidos, sino que trabaje la motivación, autoestima y permanencia en el sistema educativo, personalizada y adaptada a realidades sociales complejas, así como de la integración social de personas en situación de exclusión”, reconoce Fernández de Córdova.

Voluntarios y beneficiarios del Proyecto Coach con Fundación Exit
En su opinión, las prioridades pasan por combatir el abandono escolar temprano y la falta de expectativas entre jóvenes, reducir las desigualdades de origen que condicionan el acceso y el éxito educativo, y fomentar competencias transversales como los idiomas, las habilidades sociales o el pensamiento crítico que refuercen la empleabilidad futura. “También es importante la educación de adultos que necesitan apoyo para integrarse en la sociedad. Todo ello requiere un acompañamiento que vaya más allá del ámbito académico e integre el desarrollo personal y vocacional”, añade.
Respecto al área de la salud, la fundación ha observado avances significativos en la investigación médica, lo que refuerza la importancia de apoyar iniciativas con alto potencial de impacto, principalmente en investigación. En este sentido, desde hace años apoyan a Cris contra el cáncer, que acaba de anunciar resultados importantes en la investigación del cáncer de páncreas. “Las prioridades se centran en garantizar un acceso equitativo a la atención sanitaria y al acompañamiento, especialmente para los colectivos más vulnerables, así como impulsar la investigación y la innovación como herramientas clave para abordar enfermedades complejas, apoyar iniciativas que mejoren la calidad de vida del paciente y reforzar proyectos que integren a las familias como parte activa del proceso de cuidado”, comenta la presidenta de la fundación.
Cultura inversora al servicio del impacto
Uno de los elementos diferenciales de la fundación es que aplica la misma disciplina que caracteriza a la gestora. “La experiencia de AltamarCAM como gestora de inversión aporta a la fundación una forma de trabajar basada en el rigor, las relaciones a largo plazo y la evaluación constante de resultados. Gracias a ese rigor, que está en la cultura de la casa, hemos incorporado herramientas de medición, como la Teoría del Cambio, para evaluar resultados y eficiencia. Asimismo, aplica criterios de escalabilidad y sostenibilidad en la selección y seguimiento de los proyectos y apuesta por el desarrollo de alianzas estratégicas que refuercen el impacto social, manteniendo los mismos estándares de disciplina y compromiso que guían la actividad de la firma. Por otro lado, la inversión es un negocio de personas, y la fundación se sostiene por el compromiso personal de socios y empleados”, afirma Fernández de Córdova.
Según Fernández de Córdova, la experiencia de AltamarCAM como gestora de inversión aporta a la fundación una forma de trabajar basada en el rigor, las relaciones a largo plazo y la evaluación constante de resultados
Justamente, la medición de impacto se ha convertido en uno de los principales objetivos de la fundación para este año. Según explica, quieren seguir profundizando en la medición y el análisis del impacto social de los proyectos que apoyan, un ámbito al que han dedicado un esfuerzo significativo en los últimos años. “Creemos que contar con un entendimiento riguroso del impacto generado es imprescindible para mejorar la eficacia de las iniciativas y para acompañar a las organizaciones en el fortalecimiento de sus propios procesos de medición”, reconoce.
De forma complementaria, señala que la inversión de impacto constituye otro de los grandes focos estratégicos de la fundación: “Tras años de participación en el Fondo de Fundaciones y después de haber elaborado y presentado, junto a SpainNAB y otros colaboradores, un informe sobre fundaciones e inversión de impacto, nos hemos marcado como objetivo posicionarnos como referentes en este ámbito y apoyar a otras fundaciones que deseen invertir en proyectos sociales alineados con su misión”.

Voluntario en Tajamar
Ahora bien, uno de los aspectos que más empodera a esta organización es trasladar sus esfuerzos, desvelos y triunfos a sus clientes. “AltamarCAM traslada la actividad de la fundación a sus clientes a través de la Memoria Anual de la Fundación y de la propia gestora, así como mediante una presentación de los mayores hitos en la Junta Anual de Inversores. Además, utiliza sus canales de comunicación habituales y reuniones ad hoc para compartir avances e iniciativas concretas. Este diálogo se completa con la participación de los clientes en eventos patrocinados por la fundación”, concluye Fernández de Córdova.










