A unos días de que termine el primer trimestre del año el mercado mexicano de fondos de inversión volvió a hacer historia, rebasó por primera ocasión el saldo de 5 billones de pesos en activos bajo gestión (277.777,77) millones de dólares al tipo de cambio promedio del periodo señalado, según cifras de la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB).
El crecimiento del mercado de fondos de este país norteamericano es quizá uno de los más espectaculares en el mundo durante los años recientes, en poco más de una década los activos bajo gestión se han duplicado casi por 3 veces, considerando que en el año 2013 el saldo final se ubicó en 1,7 billones de pesos (94.444,44 millones de dólares).
Hay varias claves que explican las cifras anteriores:
Masificación del inversionista; Para los analistas del mercado de fondos el verdadero detonador de este boom en México no han sido los mercados, sino las personas. Las cuentas pasaron de 250 mil en 2018 a más de 16 millones en 2025. Incluso, las cuentas financieras vinculadas al ecosistema de inversión en México ya superan los 49 millones, algo impensado hace unos años. Solo en 2025 la cuentas de inversión en fondos crecieron prácticamente 39%. Es claro que México ha pasado de ser un mercado elitista a uno masivo.
Digitalización: La transformación tecnológica es probablemente el factor más disruptivo, es el punto de quiebre para el mercado. Las plataformas digitales y apps redujeron el ticket mínimo (desde 10 pesos), se multiplicaron las operaciones pequeñas (retail) en el mercado y se eliminó la fricción: apertura, operación y seguimiento ahora son inmediatos. Como resultado, se ha observado una entrada masiva de jóvenes, mayor frecuencia de inversión y democratización real del acceso al mercado.
Entorno de tasas e incentivos financieros: El contexto macro también jugó a favor; las tasas de interés elevadas (post-pandemia) hicieron atractivos los fondos de deuda mexicanos. Esto explica por qué 74% del mercado está en renta fija, el crecimiento fue masivo pero conservador y muchos inversionistas entraron por rendimiento, no por sofisticación.
Estrategia de bancos y grupos financieros: Los grandes jugadores también han participado para impulsar las inversiones en fondos: integraron fondos en apps bancarias, banca patrimonial, nómina y ahorro automático. En consecuencia, el cliente bancario se convirtió en inversionista casi sin fricción y los fondos se volvieron el producto “puente” entre ahorro y mercado. Además, los fondos permiten a los grupos financieros captar ahorro sin riesgo crediticio y generar ingresos estables por cobro de comisiones.
Cambios regulatorios y fortalecimiento institucional: El crecimiento del mercado también tiene una base estructural: regulación más robusta (CNBV, AMIB), mayor confianza en intermediarios, impulso a educación financiera.
Globalización del acceso a mercados: Otro factor silencioso pero clave ha sido el acceso a ETFs, mercados internacionales y SIC, debido a que existe una mayor diversificación sin salir de México, se amplió la oferta y se hizo más atractivo invertir en fondos.
Efecto “bola de nieve” (círculo virtuoso): Una vez que el sistema crece, se autoalimenta hay más inversionistas, más activos, mejores rendimientos y productos, mejores resultados.Cuando el inversionista gana, reinvierte y atrae más capital.
El mercado mexicano de fondos vive sin duda un periodo de bonanza, y todo indica que tiene para rato según explican quienes siguen su desempeño. Al cierre de diciembre de 2025 los activos bajo gestión representaban cerca del 15% del PIB del país, muy por debajo al promedio registrado en naciones industrializadas en donde por lo general superan el 50%. Todos quienes participan en el mercado consideran que se vive un momento único, que debe aprovecharse, sin olvidar los retos que también existen.
Jennison es una gestora estadounidense fundada en 1969, con una amplia trayectoria en inversión en utilities e infraestructuras, y cuenta con más de 210.000 millones de dólares bajo gestión. En 2018 se alió con Eurizon para distribuir su estrategia insignia en Europa, bajo el nombre Eurizon Fund – Global Equity Infrastructure. Es una estrategia que ha generado alfa de forma muy consistente desde su lanzamiento y que ahora está viviendo un momento especialmente favorable gracias a la aparición de nuevas megatendencias que impulsan la inversión en infraestructuras, notablemente por el auge de la inteligencia artificial.
Se trata de un fondo gestionado con un enfoque bottom-up de alta convicción. Su cartera, concentrada entre 40 y 60 valores, con una capitalización mínima de 500 millones de dólares, ofrece una exposición diversificada y equilibrada entre crecimiento y rentas, prestando mucha atención a las valoraciones.
“Estamos descartando muchas de las empresas ‘aburridas’, tradicionales y anticuadas, para construir una cartera de crecimiento realmente interesante sin salir de los límites de lo que la gente considera infraestructura”, resume Nick Samuels, Client Portfolio Manager de Jennison Associates.
“Ofrecemos acceso, desde una perspectiva amplia, a toda la clase de activo: midstream, energía, digital, wireless, torres de comunicación, centros de datos, REITs, compañías de transporte y utilities, tanto reguladas como no reguladas”, detalla Samuels. Este explica que el producto que trae Jennison de la mano de Eurizon ofrece una propuesta de valor algo diferente a otros fondos del sector por su enfoque equilibrado entre crecimiento y sesgo defensivo, con el objetivo de superar en más de un 3 % al FTSE Global Infrastructure 50/50 Index.
La estrategia, aunque global, actualmente mantiene una sobreponderación “significativa” en Europa, región donde están encontrando crecimiento a valoraciones razonables, particularmente en utilities y transporte. Funds Society se ha sentado con Samuels para hablar en profundidad sobre qué valor aporta esta estrategia a una cartera diversificada.
La estrategia está muy orientada al crecimiento. ¿Dónde están encontrando oportunidades actualmente?
Históricamente, esta clase de activo presenta características muy atractivas, como la capacidad de trasladar la inflación. Muchas de estas compañías incorporan la inflación en sus contratos o bien operan activos con características monopolísticas, lo que les permite repercutir las subidas de precios. Esto se traduce en flujos de caja muy estables y previsibles a largo plazo, con elevadas barreras de entrada. Todos estos elementos aportan un perfil defensivo a la clase de activo.
De hecho, la estrategia ha mostrado un comportamiento sólido desde el inicio de la guerra con Irán, en parte porque los inversores temen un repunte de la inflación. Estos activos suelen comportarse bien en ese entorno, ya que pueden trasladar las subidas de precios a los clientes, bien por contrato o por su posición de monopolio.
Lo que ha cambiado en los últimos años es el fuerte aumento de la demanda de electricidad, impulsado especialmente por la inteligencia artificial. En EE. UU., el crecimiento de la demanda eléctrica ha sido prácticamente plano durante unos 20 años, pero ahora ha experimentado un claro punto de inflexión.
Esto implica que será necesario generar más electricidad: nuevas centrales nucleares, nuevas plantas de gas… Además, la red eléctrica también debe modernizarse, ya que el volumen de electricidad que tendrá que transportar está aumentando rápidamente. Gran parte de esa infraestructura procede de los años sesenta, setenta y ochenta, por lo que requiere importantes inversiones de actualización.
A esto se suma el incremento de la demanda eléctrica derivado de la electrificación, como los vehículos eléctricos o la sustitución de sistemas basados en combustibles fósiles por electricidad, como en calefacción o transporte.
Todo ello está ocurriendo al mismo tiempo y ha generado un fuerte desequilibrio entre oferta y demanda en el sector energético, creando oportunidades de inversión muy interesantes.
¿Cómo identifican las tendencias y cómo las combinan con el análisis fundamental de compañías?
Nuestro proceso de selección es fundamentalmente bottom-up, pero dentro de la cartera identificamos tres grandes tendencias estructurales.
La primera es la relacionada con el futuro de la energía, que es la más reciente y probablemente la más interesante por su vínculo con la IA.
La segunda es la transformación digital: torres de telecomunicaciones, centros de datos o redes 5G. A medida que los smartphones evolucionan hacia dispositivos cada vez más vinculados a la IA y actúan como asistentes personales, el tráfico en las redes seguirá aumentando. Eso implica que será necesario seguir invirtiendo en tecnologías como 5G, 6G y futuras generaciones.
La tercera tendencia es la urbanización, que lleva décadas en marcha y continúa en muchas regiones del mundo. La población sigue trasladándose a las ciudades y, al mismo tiempo, muchas infraestructuras —carreteras, ferrocarriles o aeropuertos— necesitan renovación y nuevas inversiones.
Así, por un lado, tenemos los motores de crecimiento, vinculados a la energía y al ámbito digital, y por otro una parte más estable relacionada con el transporte y la urbanización. La combinación de ambos elementos permite construir una cartera bastante equilibrada.
¿Cuál es el equilibrio entre valores de crecimiento y valores defensivos?
Las utilities están empezando a convertirse en el principal componente de crecimiento de la cartera. Lo mismo ocurre con algunas compañías energéticas de midstream, que también presentan buenas perspectivas de expansión.
La parte más defensiva está en el transporte: autopistas de peaje, aeropuertos y activos similares. En muchos casos, los ingresos están regulados —por ejemplo, las tarifas que puede cobrar un aeropuerto por cada aterrizaje—, pero también existen áreas de negocio no reguladas, como concesiones comerciales o tiendas duty free, donde pueden aprovechar su posición monopolística para generar mayores ingresos.
También tenemos exposición a ferrocarriles. En EE.UU., por ejemplo, se está produciendo una tendencia hacia el reshoring que implica más transporte de mercancías dentro del país y, por tanto, mayor uso de las redes ferroviarias. Se trata de un crecimiento incremental, pero muy sólido, estable y defendible. Esa es, en esencia, la parte más defensiva de la cartera.
¿Siguen siendo atractivas las valoraciones?
Históricamente, nuestra cartera se ha comportado como lo que podría denominarse “equities con características de bonos”. En los últimos dos años, mientras el mercado bursátil estaba dominado por las grandes tecnológicas esta cartera ha seguido sus propios motores de crecimiento, bastante distintos a los del resto del mercado.
Los inversores han estado obsesionados con la IA y con identificar qué compañías serán las ganadoras. Sin embargo, se ha debatido menos sobre algo evidente: la inteligencia artificial requiere enormes cantidades de energía y de infraestructura. El mercado empieza ahora a reconocer esa realidad, lo cual es positivo porque implica que se reconoce la importancia de estas compañías.
Las grandes tecnológicas —Microsoft, Amazon, Google o Meta— están invirtiendo cientos de miles de millones de dólares en la construcción de centros de datos. Puede que ganen o no la carrera tecnológica, pero están firmando contratos de suministro eléctrico a 15, 20 o incluso 25 años con compañías energéticas. Y esos contratos obligan a pagar la energía independientemente de que se utilice o no. Eso proporciona una enorme visibilidad a las utilities que firman estos acuerdos, colocándolas en una posición muy favorable para beneficiarse de esta tendencia.
Por ejemplo, Meta está construyendo en Luisiana el mayor centro de datos del mundo, con una superficie similar a la de Manhattan. Eso requiere una enorme cantidad de energía, y una de las compañías que tenemos en cartera ha firmado el contrato para suministrarla. Es una tendencia muy clara para los próximos 10 o 15 años.
Además, el desarrollo de infraestructuras energéticas lleva mucho tiempo —especialmente en el caso de la energía nuclear—, por lo que se trata de una temática claramente a largo plazo. Nosotros tenemos exposición a energía nuclear, algo que no todos los fondos de infraestructuras hacen, porque consideramos que desempeñará un papel clave en el futuro.
La tecnología nuclear ha avanzado mucho desde el accidente de Fukushima, los estándares de seguridad son muy elevados y, además, es una fuente de energía limpia y constante, algo que las renovables no siempre pueden garantizar.
Por otra parte, existen empresas que proporcionan soluciones de generación eléctrica portátil para centros de datos y cuyo crecimiento es espectacular, pero sus valoraciones también lo son. Nosotros no estamos dispuestos a pagar múltiplos tan elevados, porque ya encontramos niveles de crecimiento atractivos en utilities tradicionales.
¿Qué aporta invertir en infraestructuras cotizadas frente a las privadas?
En el mercado privado se pueden encontrar activos muy atractivos, pero la inversión es menos flexible. Una vez que compras un activo es difícil deshacer la posición. En nuestro caso, al invertir en activos cotizados, podemos ofrecer una exposición mucho más amplia a la clase de activo y con mayor flexibilidad; si alguna compañía se vuelve demasiado cara, podemos venderla. Y si el mercado se vuelve muy volátil —como hemos visto en las últimas semanas— esa volatilidad puede generar oportunidades interesantes para comprar activos que de repente cotizan a precios atractivos.
Aunque a corto plazo presenta volatilidad porque es un activo de renta variable, a largo plazo su perfil se asemeja mucho más al de un bono.
No decimos que este tipo de inversión deba sustituir a la infraestructura directa. Al fin y al cabo, se trata de una cartera de acciones. Pero como exposición temática o como una fuente de crecimiento relativamente defensivo dentro de la cartera, tiene sentido.
El interés por las Casa de Bolsa en México ha renacido, algo notorio después de que este tipo de intermediarios fue relegado en el ecosistema financiero del país por décadas, y pese al más reciente escándalo que acabó el año pasado con la que era la única Casa de Bolsa privada de México: Vector Casa de Bolsa.
Banamex anunció en diciembre pasado que la institución estaba dispuesta a comprar o crear una Casa de Bolsa en caso necesario, «queremos crecer y atraer a las nuevas generaciones de inversionistas en México, si eso requiere comprar una licencia o crear una Casa de Bolsa desde cero, eso haremos», dijo en su momento Manuel Romo, director general de la institución. Más recientemente, en la Convención Bancaria de la semana anterior, Grupo Financiero Mifel, en voz de su director general, Daniel Becker, anunció que ha presentado diversas ofertas para adquirir un intermediario bursátil, mismas que de fracasar, podrían llevar a fundar una Casa de Bolsa propia.
Además, en el medio financiero mexicano se dice que hay por lo menos otras dos instituciones de gran tamaño interesadas en obtener o fundar un negocio similar; ¿qué ha impulsado esta «fiebre» por las Casas de Bolsa después de décadas de que el negocio fue relegado en el sistema financiero, y tras el escándalo que provocó el colapso de Vector Casa de Bolsa?
Las Casas de Bolsa en México registraron su gran periodo de bonanza en la década de los años ochenta y mediados de los noventa del siglo pasado; después, varios intermediarios desaparecieron, y otros de plano fueron reducidos al mínimo dentro de sus grupos financieros controladores. También tuvo que ver el hecho de que algunas Casas de Bolsa registraron escándalos que afectaron su credibilidad.
Otros factores también redujeron su relevancia relativa dentro del sistema financiero: el predominio de la banca múltiple y de otros intermediarios que desplazaron parte de su actividad tradicional; el tamaño limitado del mercado bursátil en México, con pocas emisoras y una baja participación relativa frente a economías comparables; a todo lo anterior se suma la competencia de nuevas plataformas digitales, fintech y vehículos de inversión que han fragmentado el negocio.
Digitalización y «lluvia» de inversionistas, las claves
En los años recientes, el mercado de inversiones en México ha registrado un boom que está regresando el protagonismo a las instituciones bursátiles, factores como la digitalización y la entrada de nuevos inversionistas han sido determinantes. El número de cuentas de inversión ha crecido de forma exponencial —de cientos de miles a millones—, reflejando un renovado interés del público por los mercados financieros.
Es así como las Casas de Bolsa en México recuperan un papel estratégico para los grupos financieros que operan en el país porque representan una puerta de entrada directa al mercado de capitales, permiten diversificar ingresos más allá del crédito tradicional y fortalecen los servicios de banca patrimonial y corporativa. Para el mercado en su conjunto, son esenciales para canalizar financiamiento a empresas, algo fundamental para un país que requiere el impulso del crédito para salir de la «trampa del estancamiento» en la que se encuentra desde hace años.
«Hay una gran necesidad de la gente por invertir en México; el inversionista individual, los jóvenes en general quieren incursionar en este mundo y pese a que el mercado de valores local es muy limitado, el acceso por medio de las Casas de Bolsa a otros instrumentos de inversión, como por ejemplo ETFs o el SIC, es un gran atractivo», dice Gerardo Copca, director general en CopKapital, casa de análisis especializada en el sector bursátil, con 20 años de trayectoria en el país.
«En ese sentido, las nuevas generaciones son determinantes para las inversiones en México hoy día y eso está impulsando la necesidad de varios intermediarios por hacerse de una Casa de Bolsa; sin embargo, esta historia podría ser diferente, las Casa de Bolsa que hoy operan y las que nazcan, serán muy distintas a las de aquellas que vivieron la «época de oro» de estos intermediarios, hoy la digitalización y la cercanía con el cliente en labores de asesoría financiera serán claves», dice Copca.
«La regulación es mucho más estricta que hace algunas décadas, y la competencia que enfrentarán también será mucho mayor, acérrima, enfrente tienen un sinnúmero de gestoras de inversión e incluso Fintech que pelean palmo a palmo por los recursos de los clientes, el inversionista mexicano se verá beneficiado y si las Casas de Bolsa quieren consolidarse y sobrevivir en este nuevo ecosistema tendrán que ser mucho más creativas que en su época dorada del siglo pasado», dice el especialista.
Otros analistas en general piensan que efectivamente las Casas de Bolsa tienen atributos que las pueden llevar a recuperar el terreno perdido durante las décadas recientes, un factor determinante será qué tanto pueden llenar el vacío de cultura financiera que existe en el país y que piden los inversionistas sea cubierto.
En un entorno de mayor sofisticación financiera y crecimiento del ahorro interno, las Casas de Bolsa pueden recuperar protagonismo como articuladores entre el capital y las oportunidades de inversión, particularmente si logran adaptarse a la tecnología, mejorar la experiencia del cliente y ampliar la base de inversionistas.
Vector Casa de Bolsa, un accidente
El atractivo por las Casas de Bolsa no mermó con el caso de Vector Casa de Bolsa, intermediario que colapsó el año pasado ante las acusaciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos de permitir operaciones ilegales ligadas a grupos criminales.
«Este caso demostró que cualquier institución puede resultar afectada si no sigue los estándares regulatorios, por eso más que afectar al sector, que de hecho sigue con un bajo perfil, fue positivo para la industria financiera del país considerando que no solo fue una Casa de Bolsa sino dos bancos los que resultaron sancionados y, a la postre, se volvieron inviables», dice el director de CopKapital.
En México actualmente operan 35 Casas de Bolsa, un número relativamente estable en los últimos años, con ligeros cambios por entradas/salidas o integraciones dentro de grupos financieros.
Estos intermediarios concentraron alrededor de 1,18 billones de pesos en activos al cierre de 2025 (65.555,55 millones de dólares), activos que representan el 7,46% de los activos totales de la banca múltiple.
Analistas del sector señalan que si bien las Casas de Bolsa tienen un peso limitado, su presencia en el sistema financiero del país es estratégica para el momento financiero del país ya que son clave en: mercado de capitales, colocaciones de deuda y acciones, estructuración financiera. Además, las Casas de Bolsa tienen menor volumen operado respecto a otros intermediarios, pero mayor especialización.
Sin embargo, el sector está concentrado en pocas firmas (principalmente ligadas a bancos), y muchas operan como parte de grupos financieros. Para los especialistas las claves para que este tipo de intermediarios consolide su presencia en el ecosistema en los años siguientes serán sin duda capitalizar el creciente atractivo de los fondos de inversión (vehículos separados), y la utilización de plataformas digitales para las inversiones.
Foto cedidaSede de de Bolton Global Capital en Miami.
Bolton Global Capital ha anunciado la incorporación de Alex Ampudia como Senior Financial Advisor de la firma, lo que refuerza la capacidad de la firma para prestar servicio a inversores ultra high net worth (UHNW) en Estados Unidos y Latinoamérica.
Con más de 25 años de experiencia en gestión patrimonial, Ampudia es especialista en estrategias patrimoniales transfronterizas, gestión de carteras y servicios de asesoramiento para familias internacionales. Aporta una amplia experiencia en la oferta de soluciones de inversión sofisticadas y estrategias de conservación del patrimonio a largo plazo para clientes con carteras diversificadas a nivel mundial.
Antes de incorporarse a Bolton, Ampudia ocupó puestos de alta dirección en Boreal Capital Management y Deutsche Bank Private Wealth Management en Miami.
«Unirme a Bolton Global Capital supone un nuevo y emocionante capítulo en mi carrera. El compromiso de la empresa con la verdadera independencia y su perspectiva global encajan perfectamente con mi forma de atender a mis clientes. Estoy deseando aprovechar la plataforma y los recursos de Bolton para ofrecer estrategias personalizadas y transfronterizas», afirmó Ampudia.
Steve Preskenis, director ejecutivo de Bolton, añadió: «Estamos encantados de dar la bienvenida a Alex Ampudia a la familia Bolton. Su amplia experiencia refuerza nuestra creciente presencia en el ámbito transfronterizo. El liderazgo de Alex, su visión global y su dedicación al asesoramiento centrado en el cliente encarnan los valores que definen a Bolton Global Capital».
La incorporación de Ampudia refleja el compromiso constante de Bolton por atraer a asesores con amplia experiencia que ofrezcan soluciones de gestión patrimonial independientes y personalizadas a inversores exigentes de todo el mundo.
Cuenta con un MBA de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y una licenciatura en Ingeniería Industrial por la Universidad Iberoamericana.
Las empresas en 2026 adoptarán probablemente un enfoque más pragmático y conservador en sus esfuerzos de sostenibilidad, ante un panorama global cada vez más fragmentado, donde las diferencias regionales cobran mayor relevancia, según el informe “Top 10 Sustainability Trends to Watch in 2026” publicado por S&P Global.
El informe reúne las perspectivas de líderes y analistas de sostenibilidad, clima y transición energética de S&P Global, y analiza las megatendencias que las empresas tendrán que considerar durante el próximo año mientras navegan un complejo escenario de expansión energética y sostenibilidad, en un contexto en el que el multilateralismo da paso al multirregionalismo.
“Las tendencias que observamos para este año destacan un punto de inflexión en la agenda global de sostenibilidad. Las empresas entran en 2026 en una intensa lucha entre prioridades inmediatas —como la seguridad energética, la asequibilidad y la disponibilidad— y la realidad científica del cambio climático y la pérdida de la naturaleza”, afirmó Lindsey Hall, directora global de Sustainability Thought Leadership en S&P Global Energy y coautora del informe.
La descarbonización de los sistemas energéticos seguirá siendo central para la sostenibilidad en 2026, aunque se dará en un contexto de creciente demanda mundial de energía. Según el escenario base de S&P Global Energy, se espera que la demanda global de combustiblesfósiles crezca menos del 1% en 2026 respecto a 2025, mientras que la generación solar y eólica aumentará más del 17%. Sin embargo, ante la enorme necesidad de energía derivada del auge de la inteligencia artificial —con un consumo eléctrico de centros de datos que podría superar los 2.200 TWh para 2030, comparable al uso de energía de India—, 2026 impulsará la expansión energética.
Al mismo tiempo, tanto empresas como inversores reconocen que los esfuerzos de adaptación y resiliencia climática son esenciales para enfrentar la realidad de un mundo en calentamiento. Datos de S&P Global Energy muestran que en 2025, el 42% de las empresas de distintos sectores reportó un plan de adaptación climática, detallando cómo prepararán sus activos físicos, infraestructura y operaciones frente a riesgos como sequías o olas de calor extremas.
Otro tema clave será la mejora continua en la disponibilidad de datos sobre sostenibilidad y clima. Cada vez más países están desarrollando marcos de reporte que obligan a las empresas a monitorear sus emisiones y a diseñar estrategias de gestión climática, especialmente en regiones vulnerables como el sudeste asiático, donde los riesgos climáticos son pronunciados.
“En medio de la intensa competencia por inversiones en defensa nacional, seguridad e infraestructura de IA, la fragmentación de 2026 abre una oportunidad significativa para que el sector privado cubra brechas críticas en el financiamiento público para el desarrollo sostenible”, agregó Harald Francke Lund, coautor del informe y director global de Sustainability Methodology and Research en S&P Global Ratings.
Funds Society da un paso más en su labor como catalizador de la industria y, con el apoyo de CFA Society Miami como partner, organiza la primera edición de Funds Society Leaders Summit en Miami. Se trata de un encuentro dirigido a los líderes de la industria de la gestión de activos y patrimonios, creado por y para la industria.
El Funds Society Leaders Summit tendrá lugar el próximo 21 de abril en el Hotel AKA Brickell de Miami y, más allá de ser un punto de encuentro para los profesionales, es una oportunidad para abordar los principales debates, desafíos y proyectos de la industria.
El evento no solo está abalado por CFA Society Miami, sino que el Funds Society Leaders Summit cuenta con el apoyo de Janus Henderson, M&G, Muzinich & Co, Capital Group, Fidelity, State Street Investment Management, Thornburg y VanEck.
Por y para la industria
La jornada, que ha sido diseñada en colaboración con CFA Society Miami, contará con ponentes y expertos de primer nivel en áreas clave como gestión de activos, banca privada, family offices, fondos de pensiones y compañías de seguros, quienes analizarán los principales retos y tendencias que están marcando hoy la industria. Además, el evento será válido para la obtención de créditos de formación continua de CFA.
El programa combinará dinámicas de mesas redondas con espacios dedicados al networking, y concluirá con una sesión keynote, seguida de un cóctel en Casa Zeru, ofreciendo el entorno perfecto para intercambiar impresiones y seguir ampliando la red de contactos.
La jornada contará con la participación de panelistas que son referencia en la industria, como, por ejemplo, Raúl Henríquez, CEO y presidente de Insigneo Financial Group; Santiago Ulloa, fundador, Managing Partner y CIO de WE Family Offices; Jesús Valencia, Market Director- Florida International Market de UBS; y Rocío Harb, Director & Brand Manager de IPG Investment; Catherine Lapadula, Managing Director, Market Executive International Division, WM US de UBS, entre otros nombres.
Además, durante el Funds Society Leaders Summit se darán a conocer los galardonados en la primera edición de los Gen-Wealth Awards, un reconocimiento a asesores financieros y equipos de asesoramiento destacados en diferentes etapas de su carrera, que ha sido lanzado y promovido por Funds Society con la colaboración de CFA Society Miami.
Cómo participar en el Funds Society Leaders Summit
La conferencia, que comenzará a las 10:00 am, se celebrará en el Hotel AKA Brickell, un sofisticado refugio urbano ubicado en el distrito financiero de Brickell, con vistas a la bahía de Biscayne. Las plazas son limitadas, por lo que si aún no se ha registrado, le animamos a hacerlo lo antes posible, ya que el aforo es limitado. Puedes tramitar tu registro a través de este link o consultando la página del evento: Funds Society Leaders Summit Miami.
El comportamiento del dólar desde el inicio del año y la incertidumbre con la que convive el mercado han provocado que los inversores analicen cómo han cambiado los tradicionales activos refugio a los que acuden y cuál es la mejor opción ahora para sus carteras. A esta última pregunta sólo los asesores financieros y gestoras pueden dar respuesta, pero a la primera podemos encontrar una interesante reflexión en el informe Global Investment Returns Yearbook 2026, publicado por UBS y que analiza 126 años del comportamiento de los mercados.
Sin duda, a la hora de hablar de activos refugio, el oro es el primero de la lista de los inversores, ya que se percibe como una cobertura clara frente a la inflación. Sin embargo, según indica el informe de UBS, la relación entre el oro y la inflación es débil. “De los 28 años en los que la inflación superó el 3%, observamos que los rendimientos del oro fueron negativos en 13 de ellos”, indican.
Según se observa en el gráfico superior, el oro ha sido más eficaz a la hora de superar la inflación a largo plazo. “La línea roja indica que, desde 1900, el precio real del oro en dólar ha aumentado 5,2 veces, lo que equivale a una rentabilidad anualizada del 1,3%. En los 54 años posteriores a Bretton Woods, las rentabilidades reales anualizadas del oro fueron más elevadas: 4,7% (EE.UU.), 5,8% (Reino Unido) y 4,3% (Suiza)”, apunta el informe.
Cobertura de divisas
Respecto a las divisas, históricamente, los inversores han considerado al dólar, al franco suizo y al yen japonés los “refugios” más fiables, sin embargo, en los últimos tres meses se ha abierto un amplio debate sobre si la moneda estadounidense podría perder este estatus. En consecuencia, los inversores han prestado más atención a cómo cubrir las divisas.
Sobre esto, el informe de UBS reconoce que los inversores institucionales tienden a cubrir al menos una parte de sus carteras. “En general, los inversores no estadounidenses (no USD) suelen cubrir más y con ratios de cobertura más elevados, y los inversores en bonos cubren más que los inversores en renta variable”, apunta el informe.
La pregunta es si vale la pena hacer esta cobertura. Según las conclusiones del documento, de media, el riesgo de divisa añadió alrededor de un 6% al riesgo total, tanto si nos centramos en renta variable como en bonos, aunque el riesgo de divisa aporta proporcionalmente más al riesgo de las carteras de bonos. “Esto puede explicar la mayor prevalencia de coberturas en las carteras de renta fija”, matizan desde UBS.
¿Qué riesgos dominan?
Si pensamos en los mercados actuales, existe un claro consenso en que la geopolítica se ha convertido en el principal riesgo al que se enfrentan, pero ¿ha sido siempre esto así? Según el informe de UBS, la realidad es que, históricamente, los riesgos económicos han superado históricamente a los riesgos geopolíticos. “En muchos casos, los inversores acertarían al ‘mirar más allá del ruido’ de la geopolítica. Utilizando una regresión simple de las rentabilidades futuras de la renta variable mundial frente a un índice de amenazas geopolíticas, no encontramos relación alguna, tanto si mirábamos a un mes vista como a un año vista. Sin embargo, el riesgo geopolítico —ya sea relacionado con conflictos armados o con conflictos comerciales— sí importa claramente cuando se producen eventos extremos con un impacto económico significativo en grandes naciones. La Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y el shock del petróleo de 1973-1974 fueron eventos geopolíticos que dieron lugar a tres de los seis peores episodios para los grandes mercados globales de renta variable desde 1900”, apunta el informe en sus conclusiones.
Afortunadamente, este tipo de eventos son relativamente raros, por ello el riesgo económico ha sido históricamente aún más importante para los inversores. Según el análisis de UBS, de los cuatro mayores mercados bajistas en tiempos de paz, tres fueron desencadenados por factores económicos, mientras que el desplome bursátil de 1973-1974 se activó por la geopolítica, pero se desarrolló como una crisis económica.
Diversificación: ¿la conclusión que no falla?
Los inversores consideran que el riesgo puede reducirse mediante la diversificación, por ello saben que estarlo poco conlleva costes elevados.Sin embargo, diversificar se está volviendo más difícil. A finales de 2025, la concentración del mercado de renta variable estadounidense se situó en su nivel más alto en, al menos, 100 años, mientras que también han aumentado las correlaciones entre mercados desarrollados y emergentes, y entre acciones y bonos.
Pese a estos desafíos, UBS argumenta que la diversificación sigue siendo valiosa. Su análisis de los últimos 126 años muestra que, cuando se cubría el riesgo de divisa, los inversores en la gran mayoría de los mercados obtenían mejores resultados invirtiendo globalmente en lugar de hacerlo solo en su mercado doméstico. “La diversificación entre acciones y bonos también probablemente ayude a reducir las caídas máximas. Desde 1900, las acciones y los bonos han perdido en varias ocasiones más del 70% en términos reales; sin embargo, una combinación 60:40 de acciones y bonos nunca ha caído más del 50%”, concluye el informe.
Los productores químicos estadounidenses podrían obtener una ventaja competitiva a corto plazo gracias a la reciente crisis del petróleo a nivel mundial. Su suministro relativamente estable de materias primas y energía los posiciona favorablemente frente a sus competidores internacionales. Sin embargo, Fitch Ratings considera que unos precios del petróleo elevados y sostenidos podrían, en última instancia, presionar la demanda del mercado final y afectar negativamente las ganancias, ya de por sí bajas, del sector.
Si bien una mayor generación de flujo de caja libre gracias a los precios más altos de los productos químicos podría aliviar la situación de las empresas con un margen de calificación ajustado, no prevemos que esto derive en mejoras en la calificación.
La producción petroquímica norteamericana depende principalmente del gas natural y los líquidos de gas natural, mientras que los competidores europeos y asiáticos dependen en gran medida de la nafta derivada del petróleo. Esta protección frente a las fluctuaciones de los precios del petróleo proporciona a los productores estadounidenses una importante ventaja en costos cuando los precios mundiales del petróleo se disparan.
Además, las posibles interrupciones en la producción química de Oriente Medio, derivadas del conflicto en curso, podrían reducir la oferta mundial, mientras que los productores europeos y asiáticos se enfrentan a una compresión de los márgenes debido al aumento de los costos de las materias primas. Esta dinámica posiciona a las empresas estadounidenses para obtener mayor poder de fijación de precios en los mercados globales o defender su cuota de mercado nacional, especialmente si persiste el entorno de precios elevados del petróleo.
Sin embargo, unos precios del petróleo elevados y prolongados representan un importante obstáculo para la demanda de productos químicos debido a las presiones inflacionarias en los mercados finales. Los mercados finales de la automoción y la construcción, que representan cada uno alrededor del 20% del consumo mundial de petroquímicos, siguen débiles tras años de debilidad.
Unos costes energéticos elevados y sostenidos dificultarían aún más la capacidad de los consumidores para realizar compras importantes, lo que podría retrasar cualquier recuperación que la industria necesite con urgencia. Los precios más altos del petróleo podrían prolongar la baja demanda que ha afectado a la industria desde la recesión del consumo posterior a la COVID-19, contrarrestando cualquier beneficio a corto plazo derivado de las ventajas en materia prima.
“Un continente en sí mismo”. Con esas palabras describe el ejecutivo senior Wagner Guida a Brasil, su mercado natal y su misión central en su nueva posición en Link Capital Partners. Y es que la compañía de origen chileno, que ya tiene su pie firmemente plantado en los negocios de distribución de fondos de terceros en el grueso de los principales polos financieros de América Latina, está mirando con interés la demanda de los clientes locales –particularmente de bancas privadas y canales privados de wealth– por instrumentos en el extranjero.
“Los clientes brasileros, en general, no invierten mucho fuera”, señala Guida, en entrevista con Funds Society. Si bien en el mundo de la gestión patrimonial tampoco se ve un boom, sí es un sector donde “están invirtiendo cada vez más”. Este es la tendencia que está en el corazón de la consolidación de Link en el país latinoamericano, la economía más grande del vecindario.
“Hay un sesgo difícil en Brasil, porque las tasas reales son muy altas, de 15%. Entonces, es natural que se busquen inversiones con más yield, pero aun así los brasileros están diversificando más sus portafolios en inversiones extranjeras”, relata el profesional.
Con la contratación de Guida –que pasó casi dos décadas dentro del grupo Itaú Unibanco, junto con pasos por HSBC y el fondo de pensiones brasileño Funcef–, el objetivo es reforzar un flanco de clientes que habían atendido esporádicamente, hasta la fecha.
El mayor interés de canales de wealth management, family offices y multi-family offices, en particular, por incorporar productos alternativos en sus carteras es un área de interés para Link, dado que tienen una oferta que abarca todas las principales clases de activos de este segmento. “Ahí creemos que hay una buena oportunidad”, comenta Guida.
Así, la estrategia es distinta a las operaciones que ya tienen en Chile, Perú y Colombia, donde el foco principal está en los institucionales. “No es nuestro enfoque, en primer lugar”, acota el director de la firma.
Intereses y particularidades
Si bien Link no se dedica a asesorar carteras, por el lado de distribución han identificado algunas tendencias interesantes, como el mayor interés en los mercados privados. “El conocimiento sobre alternativos en América Latina, en general, ha aumentado a lo largo del tiempo. El espacio en los portafolios ha aumentado a lo largo del tiempo y, en ese sentido, la conversación sale de la contingencia del día a día”, concluye el ejecutivo. En estas clases de activos, acota, priman preguntas sobre los programas y ciclos de inversión de largo plazo.
Además, según describe el profesional, “hay ciertas particularidades de los inversionistas en Brasil que hacen que algunos productos calcen mejor con su demanda. Y, por lo tanto, nos vamos a enfocar en eso”, detalla Guida.
Por el lado de los activos líquidos, reinan las estrategias tradicionales de renta variable y renta fija, mientras que, en materia de alternativos, un área de interés es private equity. Otro espacio llamativo, siguiendo una tendencia global, es en las estrategias alternativas semilíquidas.
En estas estructuras, agrega, además de ser más fáciles de distribuir a canales de gestión patrimonial, es más fácil agregar mecanismos de protección cambiaria. Esto es clave en Brasil, explica, ya que los inversionistas no pueden invertir en dólares.
Así, lo que sucede generalmente es que se distribuyen estrategias de inversión gestionadas por los grandes managers internacionales, pero “hedgeadas” en reales. “Es una posibilidad hacerlo y es un ángulo que podríamos buscar”, adelanta Guida, con mecanismos de estabilización del riesgo cambiario que permitan acceder a inversiones internacionales sin el efecto de la moneda.
Una evolución natural
Más que un proyecto que responda a una coyuntura, tendencia o dinámica que estén viendo, en Link Capital Partners describen la consolidación de la operación en Brasil como una parte natural del progreso de su negocio de fondos de terceros.
“El negocio de distribución es importante dentro de Link. Y creemos que Brasil es una evolución bastante obvia de este negocio, por el tamaño y el momento en que se encuentran los inversionistas”, comenta el socio de la firma financiera, Felipe Gazitúa.
Así, siguen la senda de expansión que empezó con un equipo de profesionales que trabajaban junto en IM Trust, hace 14 años, antes de que el grupo Credicorp la comprara. Actualmente cuentan con operaciones en la región andina, México y Centroamérica, donde atienden a una variedad de inversionistas.
Por lo mismo, acota Gazitúa, eligieron a un profesional con el seniority de Guida para liderar los esfuerzos. Y, en ese sentido, el ejecutivo se muestra cómodo con la posición. “Mi carrera se divide entre lo que desarrollé en Brasil y lo que desarrollé en Chile”, comenta, por lo que conoce tanto el mundo de bancas privadas como el de institucionales.
Foto cedidaDe izquierda a derecha, y de arriba a abajo, Emilio Hunolt (Arcano Partners), Gonzalo Colino (Santander Alternative Investments), Carlos Pulido (Terram Capital) y José Corral (Zintra Capital Credit, grupo CIMD).
El crédito privado ha experimentado un crecimiento muy significativo en la última década como fuente de financiación alternativa a la bancaria, convirtiéndose tanto en una opción clave para las empresas como en un activo diversificador de las carteras para los inversores. Junto su desarrollo, también han brotado nuevos vehículos de inversión con cierta liquidez (evergreen) y se ha dado acceso al inversor minorista -a partir de 10.000 euros, en ciertas estrategias-, lo que ha obligado a poner mayor escrutinio sobre sus riesgos y funcionamiento. Las dudas sobre valoraciones o ratings, el riesgo de sobrexposición a firmas tecnológicas, y las recientes ventas llevadas a cabo por la gestora Blue Owl -de 1.400 millones de dólares, sobre todo en préstamos directos originados por la firma-, leídas por el mercado como una situación de tensión de liquidez y de presiones en reembolsos y que tuvieron su contagio bursátil en firmas similares como Ares, Apollo Blackstone, KKR y TPG, han puesto sobre la mesa sus peligros sistémicos y su cara B, sobre todo cuando un activo ilíquido se comercializa en productos con liquidez parcial entre minoristas.
Sin embargo, dicen los expertos, la clave no está en evitarlo, sino en ser disciplinados en la selección de gestores, la estructuración de las operaciones y la gestión del riesgo. Descartan el riesgo sistémico, recuerdan su desarrollo, diversidad y atractivas rentabilidades y matizan que, en España y también Europa, la financiación a través de crédito privado es muy limitada. La situación se debe más, dicen, a un ajuste en las expectativas de retorno que a un problema estructural del activo.
Una oportunidad que entra en una nueva fase
De hecho, los expertos consultados destacan las oportunidades que ofrece el activo: «Va a continuar en una clara senda de crecimiento, complementando la financiación tradicional de los bancos. Estos cada vez están más limitados en su actividad crediticia por las exigencias regulatorias y de capital y el crédito alternativo está todavía en la infancia. El porcentaje de crédito privado es todavía muy inferior a la media de los países europeos e irrisorio comparado con países con una larga tradición en esta actividad, como Reino Unido y Estados Unidos. Las rentabilidades para el inversor a corto y medio/largo plazo son muy atractivas y una buena opción para diversificar la cartera», explica José Corral Vallespin, Managing Partner y CEO de Zintra Capital Credit, el brazo de crédito privado de grupo CIMD.
«El crédito privado es una clase de activo que ha existido durante décadas. Antes de la crisis financiera, la financiación de empresas —especialmente en el mid-market— estaba principalmente cubierta por los bancos. Sin embargo, los cambios regulatorios posteriores llevaron a las entidades financieras a reducir significativamente su exposición a este segmento, abriendo la puerta a financiadores alternativos. Actualmente, el crédito privado se ha consolidado como una fuente relevante de diversificación para las carteras, con un tamaño de mercado estimado entre 1 y 2 trillones de dólares, y con una correlación generalmente baja con otras clases de activos», afirma Emilio Hunolt, socio y responsable de Crédito Privado en Arcano Partners, lo que trae numerosas oportunidades a los inversores: » La retirada parcial de los bancos ha generado una oportunidad estructural que ha permitido que las operaciones en crédito privado ofrezcan, en términos generales, un diferencial de aproximadamente 200 puntos básicos frente a mercados públicos. Además, la mayoría de los préstamos en crédito privado están estructurados con tipo de interés flotante, lo que ha permitido que esta clase de activo se beneficie del entorno reciente de tipos elevados. Como resultado, actualmente se observan rentabilidades superiores al 7,5% en Europa y cercanas al 10% en Estados Unidos en estrategias de direct lending».
«Hace 10 años sólo existía el tipo de direct lending en el que fondos financiaban a compañías, generalmente acompañando a fondos de private equity en contextos de LBOs. Actualmente hay varios verticales dentro de la deuda privada: senior, mezzanine, asset-based, special situations… cada una con un perfil de riesgo y rentabilidad diferente: desde el propio direct lending con rentabilidades entre el 6%– 10% con cupones trimestrales que permiten al inversor recibir dividendos casi desde el primer trimestre de la inversión, hasta la deuda más enfocada en special situations donde se tiene un ángulo oportunista, muchas veces capitaliza los intereses generados, y apunta más a retornos en el entorno de los mid-teens», recuerda Carlos Pulido, Managing Director de Terram Capital.
«En Terram estamos centrados en el asset-based, financiando compañías y tomando como garantías activos reales (lo que protege el capital de nuestros inversores al no asumir el riesgo de la propia empresa) apuntando a rentabilidades de doble dígito. Este tipo de financiaciones no se ven tan afectadas por la volatilidad de los mercados como otros activos financieros: desde el punto de vista de preservación del capital la garantía sobre activos reales nos protege frente a eventuales “baches” que puedan sufrir las empresas, y desde el punto de vista del retorno estamos menos expuestos que otros activos al tener siempre un “spread” frente al tipo de interés legal».
«Durante más de una década, la deuda privada —y en particular el direct lending— ha sido uno de los grandes beneficiados en las carteras institucionales. En un entorno de tipos bajos y abundante liquidez, ofrecía rentabilidades superiores al high yield y a los préstamos sindicados, con menor volatilidad aparente y una atractiva prima de iliquidez», añade Gonzalo Colino, Head of Secured Lending de Santander Alternative Investments.
Pero hoy el contexto es diferente: «El crecimiento del sector, la mayor presencia de retail y episodios recientes como las restricciones de liquidez en algunos vehículos semilíquidos en EE.UU. han puesto el foco en la transparencia de valoraciones y en la gestión del riesgo estructural. No estamos ante una crisis sistémica ni ante un deterioro generalizado del crédito, pero sí ante una nueva fase: la de la selección frente a la expansión indiscriminada», asegura.
Apalancamiento, liquidez, ratings o valoraciones: temas a vigilar
Aunque el mercado ha puesto el foco en valoraciones, ratings, posible burbuja en la exposición a softwares y tecnología o tensiones de liquidez en vehículos semilíquidos destinados a perfiles no profesionales, los expertos consultados ratifican que se trata de un activo seguro y transparente en el que la selección es más importante que nunca y descartan riesgos y contagios sistémicos.
Además, hablan del modesto tamaño que tiene este activo a la hora de financiar empresas españolas y de la potente gestión de riesgos que se hace en España: por una parte, Corral Vallespin recuerda que, en España, «el crédito privado no es aún relevante, por lo que su impacto en la economía en caso de un hipotético y muy improbable problema sería ínfimo. Estimamos que menos del 5% de la financiación a empresas españolas proviene de fondos de crédito alternativo, locales (como Zintra Capital) o internacionales», asegura. Por otra, Pulido asegura que «la mayoría de fondos en España opera bajo un control muy estricto de sus participadas y existe una gran transparencia frente a los inversores, con comunicaciones periódicas en las que se informa de la evolución de sus posiciones y sus estados financieros. En Terram, por contrato obligamos a nuestros acreditados a llevar a cabo valoraciones anuales de los activos que garantizan nuestras financiaciones, llevadas a cabo por un tercero independiente. Estas valoraciones son las que usan nuestros auditores para formular los estados financieros del fondo, y son compartidas con los inversores que lo solicitan».
Con todo, reconocen algunas situaciones a vigilar. Por ejemplo, en cuanto al apalancamiento. «El rápido crecimiento del sector ha generado una mayor competencia en algunos segmentos del mercado, particularmente en el large-cap direct lending, donde se observan spreads más ajustados, mayores niveles de apalancamiento y documentación más débil. Más allá de este segmento, y a pesar de los titulares recientes sobre la clase de activo, seguimos viendo muchas áreas de oportunidad. Creemos que el entorno actual no es un momento para alejarse del crédito privado, sino para ser especialmente selectivos en la originación y estructuración de las inversiones», indica Hunolt.
«Europa, y más concretamente España, es uno de los focos de inversión de este tipo de activo puesto que vamos con mayor retraso comparado con el resto de Europa y sobre todo con Estados Unidos. En este sentido, no creemos que en Europa exista una burbuja de crédito privado, teniendo en cuenta que el peso de la financiación alternativa es de en torno al 30% del total, comparado con el 60%-70% en Estados Unidos pero sí que estamos viendo apalancamientos cada vez mayores, impulsados por la subida en la valoración de los subyacentes y el aumento del back-leverage de los fondos», añade Pulido. En su entidad, mantienen bajos niveles de LTV y no han usado nunca back-leverage «Esto ha hecho que tanto el equipo de inversión como nuestros inversores hayan estado siempre cómodos con nuestras inversiones incluso en entornos tan agresivos como durante el covid o las crisis internacionales que se han ido sucediendo durante los últimos años, y que han provocado un nivel de volatilidad pocas veces visto en los mercados», afirma.
Desde Arcano Partners señalan los temas que han estado en el foco mediático y que han afectado al crédito privado, como los fallidos first brands y tricolor, el riesgo de concentración en software, las estructuras de los fondos, los ratings, las valoraciones o el peligro sistémico. Sobre el primer tema, «a pesar de haber sido casos de fraude, mala praxis empresarial no un fallo del sistema financiero, los medios trataban de describirlo como el «canary in the coal mine», señales tempranas de estrés de mercado, critica la entidad. «Son casos aislados y en ningún caso lo vemos como un problema de riesgo sistémico. El debate más relevante probablemente sea si el rápido crecimiento de los activos bajo gestión (AUM) en crédito privado podría derivar en una mayor competencia por operaciones y, potencialmente, en una relajación de los estándares de crédito por parte de algunos gestores. En este contexto, la selección de managers se vuelve especialmente crítica y buscar disciplina de underwritting, experiencia del equipo, alineación de intereses y ante todo rigor en la due diligence», explica el experto.
Además, parte del crecimiento reciente del crédito privado ha venido acompañado de vehículos semi-cerrados o evergreen que permiten la inversión de clientes minoristas. «Dado que el activo subyacente es intrínsecamente ilíquido, estos fondos suelen incluir mecanismos de control de liquidez (gates) que limitan los reembolsos cuando superan determinados umbrales. En los últimos meses, algunos fondos han activado estos mecanismos ante niveles elevados de solicitudes de reembolso. Lejos de ser una señal de estrés, estos mecanismos están diseñados precisamente para proteger a los inversores que permanecen en el fondo y evitar ventas forzadas de activos ilíquidos», dice Hunolt.
Sobre los ratings, algunos expertos critican el uso creciente de calificaciones crediticias privadas (private ratings), lo que algunos han denominado “rating shopping”, al poder recurrirse a diferentes agencias hasta obtener una calificación más favorable. No obstante, recuerda Arcano, estas calificaciones suelen utilizarse principalmente con fines regulatorios o de estructuración y no sustituyen el análisis crediticio propio de los gestores.
Sobre el peligro de contagio y riesgo sistémico en el sistema financiero, especialmente por la relación creciente entre bancos y fondos de crédito privado a través de NAV lines -líneas de financiación colateralizadas sobre carteras diversificadas de préstamos, generalmente con LTV moderados-, defienden que estas exposiciones representan una proporción relativamente limitada del balance de los bancos: «Vemos poco probable que el crédito privado genere riesgos sistémicos comparables a los observados en crisis financieras anteriores».
¿Burbuja en sofware?
Sobre las valoraciones, matizan que, al tratarse de activos no cotizados, las valoraciones en crédito privado se basan en modelos internos y comparables de mercado: «Algunos episodios recientes —como casos en los que préstamos inicialmente valorados cerca de par fueron posteriormente marcados prácticamente a cero— han reavivado el debate sobre si estas valoraciones reflejan con suficiente rapidez el deterioro crediticio. En paralelo, muchos BDCs cotizados negocian con descuentos frente a su NAV, lo que algunos interpretan como una señal de que el mercado descuenta posibles ajustes futuros. No obstante, estos descuentos también reflejan factores propios de los mercados cotizados, como liquidez, flujos de inversores y sentimiento de mercado. En Europa, además, las valoraciones se apoyan cada vez más en metodologías estandarizadas promovidas por reguladores como ESMA», explica Hunolt.
Sobre la posibilidad de burbuja en sectores como el software –una parte relevante del crédito privado, especialmente en EE.UU., está expuesta a compañías de software con modelos de ingresos recurrentes-, la preocupación reciente se centra en cómo los avances en inteligencia artificial podrían acelerar la disrupción en algunos segmentos del sector, reduciendo barreras de entrada y aumentando la competencia. Hunolt matiza que «gran parte de esta exposición se concentra en software mission-critical, integrado en los procesos operativos de las empresas y con elevados costes de cambio para los clientes. Además, el riesgo se mitiga mediante modelos de ingresos altamente recurrentes, baja rotación de clientes y estructuras de préstamo senior secured con niveles prudentes de apalancamiento», explica.
Para Colino, de Santander Alternative Investments, el direct lending tradicional —basado en cash flow lending y estructuras bullet a 7 años— ha demostrado resiliencia incluso en entornos de tipos más altos. Las tasas agregadas de impago siguen en línea con medias históricas y no se observa un deterioro sistémico. Pero bajo esa aparente estabilidad agregada ha emergido un fenómeno clave: la dispersión sectorial y el riesgo tecnológico. «La concentración en software o en modelos de negocio intensivos en intangibles obliga a mirar con mayor detalle la calidad del activo subyacente. En un mundo donde la tecnología puede alterar modelos de negocio en cuestión de meses, la obsolescencia se ha convertido en un riesgo estructural. Aquí cobra fuerza una tesis clara: activos reales con baja obsolescencia. Las compañías que operan activos físicos críticos —infraestructura logística, maquinaria industrial, flotas de transporte, equipamientos industriales o inmobiliario productivo— presentan una característica diferencial: su valor no depende exclusivamente de un múltiplo de mercado o de una expectativa de crecimiento, sino de un activo tangible con utilidad económica real y valor de recuperación identificable».
Riesgo de crédito – concentración al sector del software: .
Fuente: Morgan Stanley
«En conclusión, el crédito privado ha experimentado un crecimiento muy significativo en la última década y, con ello, un mayor escrutinio sobre sus riesgos y funcionamiento. Aunque es probable que algunos fondos registren rentabilidades inferiores a las de años anteriores, creemos que esto responde más a un ajuste en las expectativas de retorno que a un problema estructural de la clase de activo. En última instancia, el crédito privado no es más que financiación en los tramos más senior de la estructura de capital, donde históricamente las tasas de pérdida han sido limitadas. Como en cualquier clase de activo en expansión, la clave no está en evitar el crédito privado, sino en ser disciplinado en la selección de gestores, la estructuración de las operaciones y la gestión del riesgo».
Oportunidades selectivas
En este contexto, los expertos hablan de oportunidades selectivas. En Arcano hablan de valor cada vez más fuera de los segmentos más concurridos del mercado, especialmente en estrategias con fuerte protección estructural o respaldadas por activos y como ejemplos hablan de financiaciones corporativas a empresas no participadas por fondos de capital riesgo, normalmente en procesos menos competitivos permitiendo estructuras y rentabilidades más atractivas; financiaciones puente en equity release con LTVs inferiores al 50%; financiación de infraestructuras digitales, como centros de datos pre-alquilados, con elevada visibilidad de flujos de caja; operaciones de crédito estructurado, como titulizaciones de carteras de préstamos con mejoras estructurales que permiten retornos atractivos; y, en el segmento special situations, carteras de NPLs residenciales con LTVs inferiores al 40%, respaldadas por activos inmobiliarios prime. «Este tipo de estrategias, centradas en estructuración, protección a la baja y originación especializada, permiten capturar oportunidades atractivas incluso en un entorno donde ciertos segmentos del crédito privado se han vuelto más competitivos», explica Hunolt.
«El private credit sigue siendo una herramienta fundamental en carteras institucionales. Pero el nuevo ciclo exige ir más allá la prima de iliquidez. La disciplina estructural, la calidad del colateral y la alineación de intereses marcan la diferencia. En un mercado que evoluciona de la expansión a la selección, creemos que las estrategias respaldadas por activos físicos críticos y estructuras robustas están mejor posicionadas para ofrecer retornos atractivos con mayor visibilidad y resiliencia. Porque en crédito, la verdadera prima no es solo la iliquidez: es la certeza estructural», dice Colino. Así, en Santander Alternative Investments, se centran en la selección dentro del activo: «La pregunta ya no es si invertir en deuda privada, sino en qué tipo de deuda privada y bajo qué estructuras dependiendo de los objetivos del inversor». En su opinión, «en un entorno de dispersión, los activos reales ofrecen una ventaja clave: menor dependencia del ciclo y mayor anclaje en el valor económico subyacente. Esta tesis se consolida como el eje del nuevo ciclo del private credit, en el que los inversores incorporan mayor exposición a Asset-Based Lending como parte de la evolución hacia un enfoque más estructural y respaldado por activos reales dentro de la deuda privada», indica.
A diferencia del direct lending tradicional, el ABL se apoya en colateral tangible y verificable, estructuras amortizing (no bullet) y LTVs conservadores. Esto se traduce en tres ventajas clave para el inversor: mayor previsibilidad de flujos, al estar vinculados a activos físicos o a capital circulante; menor duración efectiva, gracias a la amortización progresiva; y mejor visibilidad de recuperación en escenarios adversos, al existir colateral real. «Estas características posicionan a este tipo de estrategias como especialmente adecuadas para ofrecer soluciones semilíquidas a inversores que buscan estabilidad, visibilidad de flujos y control del riesgo. Además, históricamente el ABL ha mostrado una menor correlación con otros activos de riesgo dentro del universo privado, aportando una diversificación efectiva en carteras multiactivo. En definitiva, no se trata únicamente de capturar yield, sino de hacerlo con mayor protección estructural y disciplina en la gestión del riesgo».
En resumen, dice, el entorno actual favorece a gestores con capacidad de análisis granular, acceso directo a originación, estructuras con protección real, y monitorización activa y continua. «No es un mercado que penalice al conjunto del private credit, sino uno que discrimina entre estructuras robustas y estructuras más frágiles. Es precisamente en este marco donde se posiciona la propuesta de Santander Alternative Investments», apostilla. En la gestora tienen una oferta de deuda privada centrada en activos reales, estructuras sólidas y procesos rigurosos. En el corto plazo, SAI apuesta por estrategias de Working Capital con alta rotación y visibilidad de flujos; en el largo plazo, por Senior Secured Lending respaldado por activos reales, con colateral tangible y fuerte protección estructural.