PIMCO ha anunciado el lanzamiento de una clase de acciones ETF del PIMCO GIS StocksPLUS Fund, que se cotizará y se comercializará bajo el nombre de PIMCO Advantage StocksPLUS US Large Cap UCITS ETF (SPLU), ampliando así su gama de ETFs. La clase de acciones ETF cotizará y se comercializará bajo el nombre de PIMCO Advantage StocksPLUS US Large Cap UCITS ETF.
Según explica la gestora, desarrollada por primera vez en 1986, la estrategia StocksPLUS™ busca superar la rentabilidad del S&P 500 combinando la exposición a la renta variable estadounidense de gran capitalización con las estrategias activas de renta fija de PIMCO. Con cuatro décadas de experiencia, este enfoque único está diseñado para abordar el desafío histórico de muchos gestores activos de renta variable para batir a sus índices de referencia, al tiempo que busca generar alfa diversificado en renta fija.
«El lanzamiento de SPLU representa un hito importante en la evolución de nuestra plataforma de ETF UCITS. Al incorporar una clase de acciones cotizada (ETF) a una estrategia consolidada de fondo de inversión, combinamos cuatro décadas de experiencia de StocksPLUS con un vehículo innovador, diseñado para responder a las necesidades de una amplia gama de inversores. Esta estructura nos permite ofrecer una de las soluciones de renta variable emblemáticas de PIMCO en formato ETF UCITS, proporcionando a nuestros clientes una mayor capacidad de elección sobre cómo acceder a nuestras capacidades de inversión, con el objetivo de beneficiarse del mismo enfoque de inversión contrastado y del riguroso proceso que han definido esta estrategia desde 1986», ha señalado Tina Adatia, Executive Vice President y responsable de Estrategia de Producto para EMEA y APAC de PIMCO.
Foto cedidaAlvise Lennkh-Yunus, director del sector soberano y público de Scope Ratings
Los riesgos climáticos a largo plazo en el ámbito soberano son muy específicos de cada país y dependen del escenario. Además, las previsiones apuntan a una amplia gama de posibles resultados que reflejan la incertidumbre inherente a los escenarios climáticos.
En una investigación reciente, Scope Ratings ha estimado el impacto económico de los riesgos climáticos en un horizonte temporal de 30 años para los países de la UE y determinados emisores soberanos del G20, derivados del riesgo físico crónico, el riesgo físico agudo y el riesgo de transición, basándose en el trabajo de la Red para la Ecologización del Sistema Financiero (NGFS).
El impacto económico se mide como pérdidas acumuladas en puntos porcentuales del PIB, basándose en tres escenarios de transición climática de la NGFS: ordenado, desordenado y «mundo invernadero». Teniendo en cuenta esto, las principales conclusiones de Scope Ratings son:
En el caso de España, por ejemplo, los costes económicos estimados, sin tener en cuenta los riesgos físicos agudos, podrían situarse entre un mínimo del 3,8 % del PIB y un máximo del 6,8 %, dependiendo del escenario y del modelo aplicados. El rango estimado es algo más amplio, aunque a niveles más bajos, para Alemania e Italia, donde Scope Ratings prevé que los impactos previstos oscilan entre el 0 % y el 5 % del PIB.
La incertidumbre es aún mayor en el caso de varios países no pertenecientes a la UE. Por ejemplo, Japón podría beneficiarse de los riesgos del cambio climático en hasta un 1 % del PIB o sufrir pérdidas cercanas al 6 %, mientras que la India destaca por enfrentarse potencialmente a pérdidas de entre el 6 % y el 16 % del PIB.
Impacto económico, transición acumulada y riesgos físicos crónicos (países seleccionados, % del PIB)
Dentro de los países de la UE, Scope Ratings señala que Grecia y Chipre son los más expuestos a riesgos físicos crónicos, independientemente del escenario.
Estos resultados reflejan el hecho de que el impacto de los cambios de temperatura en el crecimiento económico no es lineal y aumenta en magnitud con la temperatura de referencia. Los países que ya se enfrentan a temperaturas medias más elevadas tienden a verse más afectados.
Algunos resultados son menos intuitivos. Scope Ratings apunta que Austria, por ejemplo, se perfila como uno de los países de nuestra muestra más afectados por los riesgos de transición en el escenario ordenado, con una pérdida económica estimada del 2 %-6 % del PIB, frente a pérdidas significativamente menores, del 2 %-3 %, en el escenario desordenado.
En el G20, Arabia Saudí y la India parecen ser los países más afectados por los riesgos físicos crónicos, mientras que Rusia y, de nuevo, Arabia Saudí presentan los mayores riesgos de transición, independientemente del escenario. Por el contrario, según Scope Ratings, son Rusia, Canadá y el Reino Unido los que registran el menor impacto económico estimado derivado de los riesgos físicos crónicos en el escenario de un mundo «invernadero».
La post contratación —o post-trade— abarca el conjunto de procesos que se activan una vez que comprador y vendedor acuerdan una operación sobre acciones, bonos, fondos o derivados. Aunque generalmente la negociación concentra la atención por su velocidad y visibilidad, esta fase posterior a la negociación es una pieza fundamental de la cadena de valor. Es en este tramo donde se completan las transacciones y se confirma que son correctas.
La gestión de riesgos llevada a cabo en esta etapa es cada vez más relevante teniendo en cuenta que nos movemos en entornos cada vez más interconectados y sofisticados. Finalmente, es en la post contratación donde se intercambian valores y efectivo consiguiendo el objetivo último de la transacción. Por todo ello, el post-trade constituye una pieza crítica de la infraestructura de mercado: sin unos procesos sólidos de compensación y liquidación, aumentan los fallos operativos, el riesgo de contraparte y la posibilidad de inestabilidad sistémica. Su relevancia es especialmente visible en un entorno de mayor automatización, crecientes volúmenes de negociación y acortamiento de los ciclos de liquidación, como la transición hacia esquemas T+1 en cada vez más jurisdicciones.
En la cadena de valor de la contratación de instrumentos financieros, la post contratación juega un papel esencial. En primer lugar, permite la confirmación y validación de la operación. En esta fase, se verifican datos como instrumento, precio, volumen, fecha y contraparte, reduciendo discrepancias. En segundo lugar, se lleva a cabo la compensación o clearing, que calcula las obligaciones netas de entrega de títulos y pago de efectivo. La intervención de una entidad de contrapartida central supone que esta se interpone entre comprador y vendedor con el fin de mitigar el riesgo de incumplimiento.
Finalmente, la liquidación, normalmente bajo el principio de entrega contra pago, asegura que los valores solo se transfieren si el efectivo se entrega simultáneamente. La post contratación incluye, además, el registro y custodia de los valores, el mantenimiento de posiciones, la conciliación de cuentas, la gestión del colateral y la administración de eventos corporativos. Todo ello permite consolidar las transacciones mediante una transmisión definitiva, segura y jurídicamente oponible garantizando el buen fin de las operaciones y generando confianza en unos mercados eficientes.
Las entidades de contrapartida central, los depositarios centrales de valores y los sistemas de liquidación constituyen las infraestructuras críticas que garantizan la integridad del sistema. Adicionalmente, resultan esenciales la estandarización de mensajes y datos; la calidad de la conciliación entre participantes y la disponibilidad de efectivo y valores en la fecha prevista.
Una gobernanza robusta en materia de riesgo operacional, la continuidad de negocio y cumplimiento normativos son también esenciales y deben mantenerse al día en cuanto a desarrollo tecnológico e innovación. Así mismo, son clave, la interoperabilidad entre intermediarios, custodios e infraestructuras, especialmente en operaciones transfronterizas, donde la fragmentación regulatoria y técnica puede elevar costes y errores.
El ámbito de la post contratación no es ajeno a los retos y afronta varios de forma simultánea. Entre los más relevantes figura la transición de la liquidación hacia el D+1 ya implementada en Estados Unidos en 2024 y pendiente en Europa con fecha prevista y coordinada en la Unión Europea, Suiza y Reino Unido para octubre de 2027. Este cambio exige procesos casi en tiempo real, mejor calidad de datos y una coordinación mucho más estrecha entre gestores, brókeres, custodios e infraestructuras.
Este cambio va acompañado del reto siempre presente y cada vez con mayor ritmo de aceleración de la modernización tecnológica, que va a requerir de las entidades un esfuerzo relevante pero que también les deberá permitir reducir costes y fragmentación y ganar en eficiencia, liquidez y menor riesgo. A ello se suma un marco regulatorio exigente en materia de transparencia, disciplina de liquidación, resiliencia operativa y protección del inversor.
La ciberseguridad es ya un elemento de peso relevante y creciente que se suma a la gestión de incidentes y a la continuidad operativa en un contexto de mercados globales e interconectados.
Por último, la irrupción de la tokenización, los activos digitales y las soluciones basadas en registros distribuidos abre nuevas oportunidades de eficiencia, pero también plantea interrogantes jurídicos, de gobernanza e interoperabilidad. En este contexto, la post contratación deja de ser una función meramente administrativa para convertirse en un factor estratégico de competitividad, confianza y estabilidad financiera.
Trinuna elaborada por Beatriz Alonso-Majagranzas, directora de Desarrollo de Negocio del Instituto Español de Analistas.
Los expertos consideran que el sector del capital privado en España ha alcanzado un grado de madurez significativo en sus 40 años de trayectoria. Si miramos el último año, se observa que la inversión nacional de las gestoras de private equity y venture capital volvió a situarse en niveles similares a 2021, inyectando un total de 7.015 millones de euros de equity en empresas españolas, un 11,5% respecto a 2024.
Este dato, recogido en el Informe de actividad Private Equity & Venture Capital en España 2026, elaborado por SpainCap, supone el cuarto mejor registro de la serie histórica. “En términos estructurales, el sector mantiene una sólida base de crecimiento. A cierre de 2025, la cartera de las entidades de capital privado ascendía a 51.004 millones de euros a precio de coste, con un total de 4.032 empresas participadas. Este crecimiento, respecto a los 47.435 millones de 2024, se ha producido a pesar del elevado volumen de desinversiones, lo que pone de manifiesto la fortaleza del sector. La presencia internacional sigue siendo predominante, concentrando el 74% del valor de la cartera”, indican Enrique Tombas, presidente de SpainCap, fundador y presidente de Suma Capital, y José Zudaire, director general de SpainCap.
Ambos destacan que el venture capital protagonizó una notable recuperación, con un volumen de inversión de 1.904 millones de euros, un 73% más que en 2024. Según explican, este crecimiento, alineado con la tendencia europea, se apoyó en la reactivación de las rondas de tamaño medio y en el impulso de las fases más avanzadas de desarrollo. “El ecosistema emprendedor mantuvo una elevada actividad, con 863 inversiones en 480 startups, reflejando un equilibrio saludable entre nuevas operaciones y rondas de seguimiento. Asimismo, el valor total de las transacciones en venture capital alcanzó los 2.465 millones de euros, evidenciando su efecto multiplicador sobre la financiación empresarial”, añaden.
Pese al complejo contexto del entorno, en 2025, el mercado español registró más de 1.041 inversiones, lo que evidencia la capacidad del sector de capital privado para mantener su actividad en escenarios adversos. “La pyme española, sigue siendo la principal receptora de la inversión. De hecho, la inversión se dirigió a un total de 645 empresas, de las cuales el 90% son pymes”, indica el informe de SapinCap.
Por su parte, el venture capital alcanzó el tercer mejor registro de la última década en volumen de inversión en startups españolas, impulsado por rondas superiores a 10 millones de euros, con 1.904 millones repartidos en 863 inversiones. “Destacó el papel de las gestoras nacionales protagonizando el 77% de las inversiones”, apunta.
Captación de nuevos fondos
En España, la captación de nuevos recursos para vehículos de private equity y venture capital alcanzó un nuevo máximo histórico impulsado por diferentes factores, entre los que destaca la apuesta sin precedentes del sector público español por el capital privado a través de diferentes programas de fondos de fondos como Fond – ICO Global gestionado por Axis/ICO, Innvierte gestionado por CDTI, los vehículos FOCO y FIS gestionados por Cofides, los recursos gestionados por la SETT (Sociedad Española para la transformación tecnológica), junto con los diferentes vehículos de inversión en fondos del Fondo Europeo de Inversiones (FEI). Asimismo, el informe destaca que la reactivación del inversor institucional internacional favorecida por la madurez de muchas de las gestoras en proceso de captación, junto con las positivas previsiones de crecimiento de la economía española y el atractivo derivado de la consistencia en las rentabilidades positivas que ofrece al capital privado frente al resto de activos de inversión, contribuyeron al dinamismo en la captación de nuevos fondos.
“En este marco, la captación de nuevos recursos de las entidades privadas de private equity y venture capital en 2025 en España superó los 5.599 millones de euros, lo que significó un crecimiento del 23% respecto a 2024 y mejor registro histórico. Si a este volumen se le suman los nuevos recursos de las entidades públicas, el total de nuevos recursos para el sector fue de 6.234 millones de euros, un 25% más respecto a 2024”, refiere el informe..
Por último, destaca que, dentro de la captación de las gestoras nacionales privadas, como parte de la evolución del mercado y con el objetivo de generar liquidez a los inversores de fondos (LPs), los vehículos de continuación acumularon en torno a los 775 millones de euros en 2025. Este trabajo fue protagonizado por un total de 74 entidades de capital privado, una menos que en 2024.
Cada verano vuelve a ponerse el foco en el comportamiento de los mercados durante agosto, un mes al que suele asociarse una mayor sensibilidad en los mercados, aunque la historia invita a mantener la confianza en las estrategias de inversión de largo plazo. La menor actividad de los mercados, el recuerdo de algunos episodios de elevada volatilidad y la ausencia de muchos inversores alimentan esa percepción. Sin embargo, la evidencia histórica dibuja un escenario bastante diferente, en el que los acontecimientos macroeconómicos y geopolíticos han tenido un impacto mayor que la estacionalidad del verano.
Gescooperativo, la sociedad gestora de fondos de inversión del Grupo Caja Rural, dentro de su iniciativa de fomentar la cultura financiera y ayudar a los inversores a tomar decisiones más racionales, ha analizado qué ha ocurrido históricamente en los mercados durante el mes de agosto. Y la principal conclusión a la que llega desmonta el mito de que el verano, y especialmente agosto, constituye, por sí mismo, una razón para modificar una estrategia de inversión bien diseñada.
Agosto suele registrar menores volúmenes de negociación en muchos mercados desarrollados debido al periodo vacacional. Eso hace que la variabilidad en el comportamiento de los mercados en los meses de agosto sea muy elevada y, por lo tanto, que la capacidad predictiva de esa estacionalidad se quede más limitada.
La razón para que agosto mantenga esa fama de mes complicado tiene menos que ver con la rentabilidad que con el funcionamiento del propio mercado. «No es que agosto sea un mes especialmente negativo; lo que ocurre es que, al haber menos volumen de negociación, cualquier noticia puede tener una trascendencia mayor de lo habitual», explican los expertos de Gescooperativo. «Una cosa es que exista una mayor sensibilidad a episodios puntuales de volatilidad y otra muy distinta asumir que agosto es un mes negativo para las bolsas», terminan por señalar.
Es cierto que algunos de los sobresaltos bursátiles más recordados ocurrieron precisamente durante el mes de agosto. La rebaja de la calificación crediticia de Estados Unidos en 2011 o las turbulencias provocadas por la devaluación del yuan chino en 2015 contribuyeron a consolidar la percepción de que agosto es un mes especialmente delicado. Ahora bien, convertir esos episodios excepcionales en una regla general para basar una decisión de salir del mercado en este mes, supone en sí misma un riesgo mucho mayor.
Por ejemplo, agosto de 2020 fue especialmente positivo para los mercados bursátiles. Para el S&P 500 fue uno de los meses mejores del año con una subida del 7,19%, el Nasdaq avanzó el 9,7% y el Euro Stoxx 50 alrededor del 3,2%, lo que demuestra que agosto no necesariamente responde a la percepción de mes adverso para la renta variable.
Errores frecuentes antes de vacaciones
Precisamente, ese sesgo de percepción es lo que explica algunos de los errores que muchos ahorradores cometen antes de marcharse de vacaciones. El primero consiste en vender posiciones «por si pasa algo». Desde un punto de vista emocional, puede parecer una decisión tranquilizadora, pero financieramente rara vez está justificada. «Si nuestras circunstancias personales no han cambiado, tampoco debería hacerlo nuestra estrategia de inversión», señalan los expertos. «Seguimos teniendo el mismo horizonte temporal, las mismas necesidades y los mismos objetivos; las vacaciones no modifican ninguno de esos elementos».
Otro comportamiento habitual consiste en retrasar nuevas inversiones esperando una hipotética caída de los mercados durante agosto. En realidad, supone intentar anticipar el mejor momento para entrar en bolsa, una tarea extraordinariamente difícil incluso para los gestores profesionales. «El ‘timing’ es un factor del que el inversor minorista debería intentar alejarse. Ni siquiera los mejores gestores del mundo son capaces de identificar sistemáticamente el mejor momento para invertir», explican los especialistas de Gescooperativo.
A ello se suma la tentación de consultar la evolución de la cartera varias veces al día desde el lugar de vacaciones. “Estar informado siempre resulta positivo, pero convertir el descanso en un seguimiento permanente de los mercados suele favorecer decisiones impulsivas basadas en movimientos de corto plazo”, añaden.
Por tanto, si durante las vacaciones las bolsas sufren una corrección, la respuesta que deberían adoptar los inversores dependería sobre todo del trabajo realizado antes de invertir. “Si la cartera está correctamente diversificada y adaptada al horizonte temporal y al perfil de riesgo del inversor, una corrección puntual no debería obligar a tomar decisiones precipitadas. Además, conviene distinguir entre una caída provocada por un acontecimiento puntual y un cambio estructural en las perspectivas económicas o empresariales. Esa valoración requiere un análisis profesional y difícilmente puede hacerse observando únicamente la evolución diaria de los mercados”, explican los expertos.
Por ese motivo, desde la gestora de las Cajas Rurales consideran que revisar la cartera antes de las vacaciones solo tiene sentido cuando han cambiado las circunstancias personales del inversor o si este desea comprobar, junto con su asesor financiero, que la estrategia continúa alineada con sus objetivos. “Lo que no debería hacerse es modificar una cartera simplemente porque el calendario marque la llegada de agosto”, insisten los expertos.
Al final, la principal enseñanza que deja la historia de los mercados es que las inversiones de largo plazo rara vez deberían depender del calendario. Las vacaciones duran unas semanas; una estrategia de inversión puede acompañar al ahorrador durante décadas. Por eso, como resumen los especialistas de Gescooperativo: «En inversión,descansar no significa salirse del mercado; significa confiar en una estrategia bien construida».
CINCO ERRORES QUE CONVIENE EVITAR ANTES DE IRSE DE VACACIONES
Evitar:
Mejor optar por:
Vender la cartera “por si acaso”
Mantener estrategia si sus objetivos no han cambiado
Esperar a septiembre para invertir
Recordar que acertarel mejor momento es casi imposible
Intentar anticipar el mercado
Pensar en el largo plazo, no en el calendario
Consultar la cartera cada día
Dejar trabajar a la estrategia y disfrutar del descanso
Cambiar la cartera porque llega agosto
Revisarla solo si han cambiado circunstancias personales
Foto cedidaEn el centro, Afonso Nascimento (CEO de Finsolutia Group), flanqueado por Hugo Velez y Claudio Panunzio (Managing Directors y Co-CEOs de Hipoges).
Pollen Street Capital, a través de Finsolutia, ha anunciado el cierre de la adquisición de Hipoges, tras obtener la aprobación de las autoridades regulatorias en todos los mercados en los que opera la compañía: España, Portugal, Italia y Grecia. Hipoges es una plataforma de gestión de activos inmobiliarios y deuda hipotecaria en el sur de Europa, con más de 50.000 millones de euros en activos bajo gestión, operaciones en los cuatro países mencionados y un equipo de más de 1.800 profesionales.
El cierre de la operación, anunciada inicialmente el 14 de noviembre de 2025, da lugar a la plataforma tecnológica líder en gestión de crédito y activos inmobiliarios del sur de Europa, con una presencia paneuropea en crecimiento. La combinación de ambas compañías permite unir una amplia cobertura geográfica con capacidades complementarias para ofrecer un socio diferencial a todos los propietarios e inversores de activos en Europa gracias a las soluciones integrales en gestión de crédito, servicios inmobiliarios, tecnología y soluciones de capital.
La plataforma resultante continuará prestando servicio a las principales entidades financieras e inversores internacionales mediante una propuesta integrada, con base tecnológica y la posibilidad de ofrecer soluciones en toda la cadena de valor en la gestión de crédito y activos inmobiliarios. En concreto, ofrecerá una mayor escala y un amplio nivel de especialización, especialmente en los mercados del sur de Europa, reforzando su capacidad para gestionar operaciones complejas, proporcionar análisis más avanzados que faciliten una mejor toma de decisiones y ofrecer a sus clientes una gama más amplia de soluciones para responder a unas necesidades cada vez más exigentes.
En cifras, el grupo combinado contará con más de 2.000 profesionales, aproximadamente 55.000 millones de euros en activos bajo gestión, equipos locales en 11 ciudades y operaciones en España, Portugal, Italia y Grecia.
Afonso Nascimento, CEO de Finsolutia Group señala que gracias a las oportunidades de cross-selling y a las sinergias entre ambas compañías, «iniciamos una nueva etapa en la que damos forma a una plataforma más grande, más sólida y con mayores capacidades, combinando un profundo conocimiento local de estos mercados con una propuesta diferencial basada en la tecnología«.
«Esta mayor escala y la complementariedad de ambas compañías nos otorgan una ventaja competitiva frente al resto de actores del mercado, ya que podremos ofrecer a nuestros clientes una propuesta de valor integral, con una mayor capacidad operativa, mayores posibilidades analíticas y de gestión del dato para la toma de decisiones, así como una oferta más completa para abordar operaciones cada vez más complejas, manteniendo al mismo tiempo los más altos estándares de agilidad y cumplimiento normativo», añade Hugo Velez y Claudio Panunzio, Managing Directors y Co-CEOs de Hipoges. Ambos directivos también han destacado que esta nueva alianza «genera nuevas oportunidades de desarrollo para nuestros equipos y refuerza nuestro compromiso de situar al cliente en el centro de todo lo que hacemos».
Las small caps han superado a las de gran capitalización en lo que va del año a pesar del telón de fondo geopolítico y el cambio en las expectativas de tipos. Los impulsores parecen estar mejorando las expectativas macroeconómicas y las valoraciones más bajas disponibles en las small caps. Si se materializa un crecimiento de ganancias más fuerte como espera el mercado, es razonable esperar que el actual descuento de valoración frente a las grandes capitalizaciones pueda reducirse.
Las previsiones de beneficios del consenso para las small caps y large caps globales de 2022 a 2027 muestran que el contraste en la evolución de los beneficios en los últimos años es marcado. Las small caps han registrado una recuperación de beneficios limitada tras la COVID, lastradas por unos mayores costes de financiación —debido a su sesgo hacia la deuda a tipo variable—, una mayor dependencia de una economía que ha crecido a menor ritmo, la incertidumbre política que ha retrasado las decisiones de compra y un ciclo más prolongado de reducción de inventarios tras la pandemia.
Sin embargo, se prevé que este panorama cambie de forma notable para las small caps, con un crecimiento de beneficios esperado del 33 % y del 17 % en los próximos dos años.
Los factores de apoyo incluyen menores costos de financiamiento, el «One Big Beautiful Bill«, que permite a las empresas estadounidenses deducciones fiscales más grandes, la demanda de IA y el movimiento hacia la producción local levantando entre otros en los sectores industrial y de materiales (ambos grandes partes de los índices small caps), y simples efectos de base (es decir, comparaciones interanuales frente a un período de poco crecimiento).
También se espera que el crecimiento de las large caps sea razonable (20 % y 14 % durante el mismo período), pero creemos que si las small cap/pequeña capitalización pueden volver a ofrecer un crecimiento superior al de las large caps (como ha sido el caso a largo plazo históricamente)1, es razonable esperar un retorno de la prima de las small cap/pequeña capitalización frente a las large caps.
Tribuna firmada por Nick Sheridan, gestor de carteras en los equipos de Pequeñas Empresas Globales y Renta Variable Europea de Janus Henderson Investors y Richard Brown, Associate Portfolio Manager asociado en los equipos de pequeña capitalización global y renta variable europea.
Los titulares recientes pueden presentar un panorama sombrío para el capital riesgo: un flujo limitado de operaciones, una competencia feroz, valorizaciones exageradas y pocas salidas. La disrupción provocada por la inteligencia artificial y la incertidumbre geopolítica no han hecho más que acentuar el malestar y la confusión de los inversionistas. En medio de todo este ruido, muchos inversionistas se encuentran atrapados entre narrativas contradictorias, sin saber muy bien si comprometer capital o esperar a que la situación se aclare. Sin embargo, si miramos más allá de los titulares, se revela una realidad más equilibrada y constructiva.
¿Podrá el capital riesgo seguir obteniendo mejores resultados?
Sí, el capital riesgo aún puede aportar una rentabilidad adicional, pero elegir al administrador adecuado es el factor determinante definitivo del éxito.
La trayectoria a largo plazo del capital riesgo sigue siendo convincente: en los últimos 25 años, esta clase de activos ha generado una rentabilidad excedentaria anualizada de aproximadamente entre el 4 % y el 5 % con respecto a la renta variable cotizada, en términos netos 1. No obstante, dado que los mercados públicos siguen acumulando rendimientos —la rentabilidad del S&P 500® ha subido aproximadamente un 9 % en lo que va de año²—, es comprensible que los medios de comunicación, los asesores y los inversionistas se pregunten si el capital riesgo puede seguir aportando valor incremental a las carteras. La pregunta es legítima, pero la historia sugiere que el rendimiento superior del capital riesgo no ha sido algo puntual, sino que refleja ventajas estructurales que persisten a lo largo de múltiples ciclos de mercado.
Es importante mirar más allá del rendimiento reciente de los mercados públicos y examinar las diferencias estructurales en la forma en que se generan las rentabilidades del capital privado. El capital riesgo es una clase de activos a largo plazo en la que los rendimientos dependen menos del estado de ánimo del mercado en un día concreto y más de la capacidad del gestor para crear valor real a lo largo del tiempo. Esa creación de valor requiere un esfuerzo operativo significativo tanto por parte de los gestores de fondos como de los equipos directivos de las empresas del portafolio, a través del reposicionamiento estratégico, el crecimiento de los ingresos, la mejora de los márgenes, la mejora del talento, la asignación de capital y las salidas disciplinadas, entre otros factores
En este contexto, el capital riesgo no solo es una fuente potencial de rentabilidad adicional, sino que también puede constituir una fuente de rentabilidad diferenciada que contribuya a diversificar la exposición a la renta variable cotizada con una estrategia «long-only». Más aún cuando los índices de referencia de la renta variable cotizada estadounidense se han concentrado cada vez más en empresas tecnológicas de megacapitalización y el número de empresas cotizadas disminuye a medida que las empresas permanecen en el ámbito privado durante más tiempo.
Aunque muchos gestores se promocionen como centrados en el aspecto operativo, a menudo siguen dependiendo del apalancamiento, la expansión de los múltiplos y la elección del momento adecuado en el mercado para impulsar la rentabilidad. El entorno actual, caracterizado por unos costes de financiamiento más elevados, unas valorizaciones más disciplinadas y unos mercados de capitales selectivos, ha amplificado la dispersión de la rentabilidad entre los gestores del cuartil superior y los del inferior.
El contraste con los mercados públicos es llamativo. Los gestores activos de renta variable suelen mantener carteras similares, pero con ponderaciones diferentes de las empresas, lo que da lugar a una dispersión de la rentabilidad reducida, de aproximadamente 300 puntos básicos. En los mercados privados, sin embargo, la composición de los portafolios y los factores que impulsan la rentabilidad difieren sustancialmente entre los distintos gestores, como lo ilustra la dispersión de la rentabilidad de más de 1.400 puntos básicos entre los gestores con mejor y peor rendimiento. En otras palabras, en el capital riesgo, el «quién» importa más que el «qué».
La amplia dispersión en los resultados entre los gestores de fondos de adquisición del cuartil superior y los del cuartil inferior
Es difícil mantenerse constantemente en el cuartil superior. Menos de un tercio de los gestores mantienen un rendimiento en el cuartil superior a lo largo de tres fondos consecutivos.³ Los mejores gestores crean valor de formas que producen resultados repetibles a lo largo de los ciclos de mercado.
En KKR, la creación de valor significa una mejora operativa cuantificable mediante estrategias probadas y repetibles, adaptadas al sector y a la región en la que opera una empresa. Tomemos como ejemplo nuestra adquisición en 2013 de Gardner Denver, un proveedor de tecnología de control de flujo. A lo largo de nuestra colaboración con la empresa, trabajamos juntos para mejorar la eficiencia y la eficacia de su producto principal, llevamos a cabo una fusión transformadora con Ingersoll-Rand e hicimos que todos los empleados se convirtieran en propietarios. Estas iniciativas transformaron a la empresa en un líder mundial y aumentaron su valor en el momento de la salida. Comprar una buena empresa y convertirla en excelente no es una idea abstracta: es una participación activa, una sólida alineación con los equipos directivos e iniciativas significativas de creación de valor las que impulsan un rendimiento superior constante.
En el mercado actual, es imposible generalizar sobre el capital riesgo. La calidad, la coherencia y la disciplina son lo que distingue a los ganadores de los perdedores. Así pues, «¿puede el capital riesgo seguir obteniendo un rendimiento superior?». Sí. Pero con una salvedad importante: elegir al gestor adecuado es más importante que nunca.
¿Se están cerrando operaciones?
Sí, los gestores que cuentan con mecanismos de captación de oportunidades bien alimentados, disciplina y convicción siguen invirtiendo, mientras que otros se quedan al margen.
Aunque 2023 y 2024 fueron años relativamente tranquilos en cuanto a la inversión en el sector del capital riesgo, el ritmo se recuperó en 2025, con algo más de 900 000 millones de dólares invertidos.⁴ Sin embargo, la cifra global oculta matices importantes: el número de operaciones, de hecho, descendió, por lo que la actividad sigue siendo desigual. En el entorno actual, es probable que los gestores que carezcan de capacidades de captación diferenciadas y de convicción sigan enfrentándose a dificultades.
En este contexto, el origen del flujo de operaciones se convierte en una cuestión importante a tener en cuenta en la diligencia debida. KKR cuenta con un modelo de captación verdaderamente local e impulsado por las relaciones, que se aplica a nivel global a toda nuestra plataforma de capital riesgo. A lo largo de los últimos 50 años, hemos llevado a cabo más de 70 escisiones —operaciones complejas que exigen una profunda experiencia operativa para separar unidades de negocio de grandes conglomerados, reestructurar equipos directivos y crear sistemas independientes con el fin de constituir empresas autónomas—. Estas operaciones no son fáciles de identificar ni de replicar; requieren relaciones de confianza, capacidades operativas especializadas y una capacidad demostrada para ejecutarlas con certeza.
Más allá de las operaciones de escisión, menos de un tercio de nuestro flujo de operaciones en los últimos tres años ha procedido de otros inversionistas, lo que significa que no dependemos de nuestros competidores para la captación de oportunidades. En cambio, creamos nuestra propia suerte llevando a cabo operaciones de privatización y de asociación, además de las tradicionales adquisiciones de control y posiciones de capital de crecimiento. En resumen, disponemos de muchas formas de tener éxito.
La convicción es tan importante como la búsqueda de oportunidades. En todo el sector, vimos cómo los gestores invirtieron en exceso en los mercados altamente líquidos de 2021 y 2022, cuando los tipos de interés eran bajos y las valoraciones altas. Pero el mercado actual es muy diferente. Pocos gestores tienen la convicción suficiente, en medio de la incertidumbre, para seguir realizando nuevas inversiones. El resultado: cada vez más gestores se mantienen al margen, a la espera de una señal más clara.
En KKR, adoptamos el enfoque contrario. Durante la crisis financiera mundial aprendimos que intentar predecir el momento adecuado para entrar en el mercado es una estrategia perdedora. En lugar de intentar predecir años de inversión atractivos, nuestro objetivo es invertir de forma constante a lo largo de los ciclos, destinando capital a aproximadamente el mismo número de operaciones cada año. Este enfoque disciplinado de inversión evita el exceso de inversión en mercados sobrevalorados y preserva el capital para aprovechar las oportunidades más complejas que suelen surgir durante los periodos de incertidumbre. Para ponerlo en contexto, invertimos capital de forma constante a lo largo de 2020 y de nuevo en 2023-24, períodos en los que muchos de nuestros competidores se mantuvieron al margen. Esta coherencia nos ha permitido, históricamente, obtener algunas de nuestras mejores rentabilidades.
El gráfico 2 ayuda a replantear el debate actual: las mejores oportunidades de capital riesgo no dependen de la evolución de los mercados públicos ni de una gran visibilidad. Históricamente, el capital riesgo ha generado rendimientos superiores de forma más constante durante períodos en los que los rendimientos de los mercados públicos han sido modestos o volátiles.⁵ Esta tendencia sugiere que los gestores disciplinados que siguen invirtiendo en entornos complejos pueden estar mejor posicionados para aprovechar oportunidades atractivas que aquellos que esperan a que la situación se aclare por completo.
Rendimiento total excedente medio anualizado a tres años del capital riesgo estadounidense en comparación con el S&P 500® en distintos regímenes de rentabilidad de los mercados públicos
La incertidumbre genera oportunidades para los gestores adecuados. Aquellos que cuentan con una estrategia de selección propia, un ritmo disciplinado y la convicción necesaria para dar un paso al frente ante la complejidad están encontrando puntos de entrada atractivos, mientras que otros mantienen su capital inactivo. Históricamente, períodos como estos han dado lugar a algunas de las mejores promociones de capital riesgo.⁶ Para los asesores que evalúan a los gestores privados, la señal más clara es si la inversión se basa en una estrategia de selección diferenciada y una disciplina constante, o bien en el impulso del mercado.
¿Siguen pudiendo los gestores de capital riesgo salir de sus inversiones?
Sí, se están produciendo salidas y existe una fuerte demanda de activos de alta calidad, pero es la mejora operativa —y no las condiciones favorables del mercado— lo que determina qué gestores pueden obtener beneficios de forma constante.
En la actualidad, aproximadamente 32 000 empresas, con un valor de casi 4 billones de dólares, permanecen sin venderse en las carteras de capital riesgo de todo el mundo. Los periodos de tenencia se han alargado hasta casi siete años, frente a los cinco o seis años habituales en el pasado.⁷ Los gestores mantienen las inversiones durante más tiempo, a la espera de que «alcancen» las valoraciones deseadas.
Los gestores que más dificultades tienen suelen ser aquellos que persiguen tendencias cíclicas a corto plazo y dependen de la beta del mercado en lugar de la mejora operativa. Dicho esto, sí se están produciendo salidas: 2025 fue el segundo mejor año de la historia en términos de valor en dólares. Sin embargo, este resultado estuvo dominado por un puñado de megatransacciones por valor de más de 10 000 millones de dólares. El número total de salidas, de hecho, disminuyó con respecto al año anterior. Los mercados se han vuelto extremadamente selectivos, y solo se negocian las operaciones de mayor calidad, una tendencia que esperamos que continúe, potencialmente, hasta 2026.
Salidas de capital riesgo en EE. UU.
Las cuentas de las adquisiciones también se han complicado. Hace una década, un crecimiento anual de los beneficios de aproximadamente el 5 % durante cinco años podía justificar una rentabilidad de 2,5 veces. Hoy en día, con unos costes de financiamiento más elevados, unos niveles de deuda más bajos y una menor expansión de los múltiplos, es posible que los gestores necesiten un crecimiento cercano al 12 % para lograr el mismo resultado. Esto convierte la capacidad de un gestor para mejorar significativamente los beneficios mediante la optimización operativa —»lo que denominamos «alfa de activos»— en el factor más importante para el rendimiento y en un motor de rendimiento mucho más resistente que la “beta de mercado”.
En el exigente mercado actual, el «alfa de activos» distingue a los gestores que pueden monetizar de forma constante de aquellos que no pueden. A lo largo de los ciclos de mercado y los entornos macroeconómicos, siempre existe demanda de empresas de calidad. En KKR, cuando hemos alcanzado aproximadamente el 80 % de nuestro plan de creación de valor para una empresa de la cartera, buscamos monetizar.
También resulta útil contar con múltiples vías de salida. Aunque los mercados de OPI se han recuperado bien en lo que va de 2026, no han sido fiables en los últimos años. Los gestores que seleccionan inversiones con varias opciones de monetización y crean valor que atrae a los compradores disfrutan de mayor flexibilidad, independientemente de las condiciones del mercado. Históricamente, en KKR, nuestras salidas se han repartido de forma más o menos equitativa entre ventas estratégicas a compradores corporativos, ventas a patrocinadores y mercados públicos, lo que nos brinda opciones en cualquier entorno.
Conclusión: el éxito depende de confiar en buenas manos
En un mercado cada vez más marcado por la mejora operativa frente al impulso del mercado, los gestores con envergadura, fuentes de financiación diferenciadas y herramientas probadas para la creación de valor son los que están mejor posicionados para alcanzar el éxito a largo plazo. Los inversionistas también lo ven así: aunque la captación de fondos para adquisiciones cayó más de un 15 % en 2025, KKR cerró el mayor fondo de adquisiciones de la historia de Norteamérica, con 23 000 millones de dólares, lo que supone un rotundo voto de confianza en nuestro enfoque. Para los asesores e inversionistas que buscan invertir con acierto en medio del ruido, la señal es clara: la disciplina, la coherencia y los resultados demostrados importan más que nunca.
Tribuna de Alisa Amarosa Wood, codirectora ejecutiva de KKR Private Equity Conglomerate LLC y como miembro del comité de inversiones del KKR Private Markets Equity Fund; Emily Pollock, directora del equipo de Estrategias de Productos de Capital Privado de KKR, y Bradlee Few, estratega de productos de capital privado de la firma
Las small caps han superado a las de gran capitalización en lo que va del año a pesar del telón de fondo geopolítico y el cambio en las expectativas de tipos. Los impulsores parecen estar mejorando las expectativas macroeconómicas y las valoraciones más bajas disponibles en las small caps. Si se materializa un crecimiento de ganancias más fuerte como espera el mercado, es razonable esperar que el actual descuento de valoración frente a las grandes capitalizaciones pueda reducirse.
Las previsiones de beneficios del consenso para las small caps y large caps globales de 2022 a 2027 muestran que el contraste en la evolución de los beneficios en los últimos años es marcado. Las small caps han registrado una recuperación de beneficios limitada tras la COVID, lastradas por unos mayores costes de financiación —debido a su sesgo hacia la deuda a tipo variable—, una mayor dependencia de una economía que ha crecido a menor ritmo, la incertidumbre política que ha retrasado las decisiones de compra y un ciclo más prolongado de reducción de inventarios tras la pandemia.
Sin embargo, se prevé que este panorama cambie de forma notable para las small caps, con un crecimiento de beneficios esperado del 33 % y del 17 % en los próximos dos años.
Los factores de apoyo incluyen menores costos de financiamiento, el «One Big Beautiful Bill«, que permite a las empresas estadounidenses deducciones fiscales más grandes, la demanda de IA y el movimiento hacia la producción local levantando entre otros en los sectores industrial y de materiales (ambos grandes partes de los índices small caps), y simples efectos de base (es decir, comparaciones interanuales frente a un período de poco crecimiento).
También se espera que el crecimiento de las large caps sea razonable (20 % y 14 % durante el mismo período), pero creemos que si las small cap/pequeña capitalización pueden volver a ofrecer un crecimiento superior al de las large caps (como ha sido el caso a largo plazo históricamente)1, es razonable esperar un retorno de la prima de las small cap/pequeña capitalización frente a las large caps.
Tribuna firmada por Nick Sheridan, gestor de carteras en los equipos de Pequeñas Empresas Globales y Renta Variable Europea de Janus Henderson Investors y Richard Brown, Associate Portfolio Manager asociado en los equipos de pequeña capitalización global y renta variable europea.
Las small caps han superado a las de gran capitalización en lo que va del año a pesar del telón de fondo geopolítico y el cambio en las expectativas de tipos. Los impulsores parecen estar mejorando las expectativas macroeconómicas y las valoraciones más bajas disponibles en las small caps. Si se materializa un crecimiento de ganancias más fuerte como espera el mercado, es razonable esperar que el actual descuento de valoración frente a las grandes capitalizaciones pueda reducirse.
Las previsiones de beneficios del consenso para las small caps y large caps globales de 2022 a 2027 muestran que el contraste en la evolución de los beneficios en los últimos años es marcado. Las small caps han registrado una recuperación de beneficios limitada tras la COVID, lastradas por unos mayores costes de financiación —debido a su sesgo hacia la deuda a tipo variable—, una mayor dependencia de una economía que ha crecido a menor ritmo, la incertidumbre política que ha retrasado las decisiones de compra y un ciclo más prolongado de reducción de inventarios tras la pandemia.
Sin embargo, se prevé que este panorama cambie de forma notable para las small caps, con un crecimiento de beneficios esperado del 33 % y del 17 % en los próximos dos años.
Los factores de apoyo incluyen menores costos de financiamiento, el «One Big Beautiful Bill«, que permite a las empresas estadounidenses deducciones fiscales más grandes, la demanda de IA y el movimiento hacia la producción local levantando entre otros en los sectores industrial y de materiales (ambos grandes partes de los índices small caps), y simples efectos de base (es decir, comparaciones interanuales frente a un período de poco crecimiento).
También se espera que el crecimiento de las large caps sea razonable (20 % y 14 % durante el mismo período), pero creemos que si las small cap/pequeña capitalización pueden volver a ofrecer un crecimiento superior al de las large caps (como ha sido el caso a largo plazo históricamente)1, es razonable esperar un retorno de la prima de las small cap/pequeña capitalización frente a las large caps.
Tribuna firmada por Nick Sheridan, gestor de carteras en los equipos de Pequeñas Empresas Globales y Renta Variable Europea de Janus Henderson Investors y Richard Brown, Associate Portfolio Manager asociado en los equipos de pequeña capitalización global y renta variable europea.