¿Qué cuentan y qué descuentan los mercados en el conflicto de Irán?
| Por Beatriz Zúñiga | 0 Comentarios

El conflicto en Oriente Medio ha pasado de ser percibido como algo temporal, calculado y descontado a ser visto como un conflicto con mayor duración e impacto en el mercado energético. El sentimiento de los inversores está cambiando, lo cual se refleja en la encuesta global a gestores de Bank of America de marzo. Sus resultados muestran un aumento de liquidez, pero sin producirse caída de la renta variable ante la preocupación por Irán.
La principal conclusión es que el conflicto y evolución del crédito privado ponen fin al optimismo desmedido de los últimos meses en el mercado de fondos. Según el equipo Investment Strategist de BofA, dirigido por Michael Hartnett, “el mercado de fondos en marzo se muestra lo suficientemente bajista como para vender petróleo por encima de 100 dólares/barril, vender DXY por encima de 100, comprar GT30 al 5 % y comprar SPX a 6600”. Sin embargo, consideran que el posicionamiento está lejos de los niveles extremadamente bajistas observados en los mínimos recientes de los activos de riesgo.
Optimismo y riesgos
Según la encuesta, el optimismo sobre el crecimiento global cae al 7% neto desde el 39%, las expectativas de inflación suben al 45% neto desde el 9%, el optimismo sobre la bajada de tipos es el más bajo desde febrero de 2023. “Pero nadie contempla una recesión, la probabilidad de un aterrizaje forzoso es de tan solo el 5% frente al 46% que no prevé aterrizaje y el 44% que prevé un aterrizaje suave”, matizan desde BofA.
En opinión de Diego Franzin, director de estrategias de cartera de Plenisfer Investments, parte de Generali Investments, a corto plazo, la evolución del mercado seguirá dependiendo principalmente de las noticias relacionadas con el conflicto en Irán. “La evolución de los tipos de interés ya refleja las expectativas de un nuevo repunte de la inflación y una posible respuesta de los bancos centrales, ya que los responsables políticos siguen siendo muy conscientes del error de política monetaria cometido en 2022, cuando esperaron demasiado para subir los tipos después de que la inflación comenzara a acelerarse”, apunta Franzin.
Sin embargo, el experto de Plenisfer Investments advierte que el contexto macroeconómico difiere considerablemente del de 2022: “El impulso del crecimiento es más débil, la capacidad fiscal es significativamente más limitada en la mayoría de las economías desarrolladas y los niveles iniciales tanto de los tipos de interés como de la inflación son distintos”.
En términos de riesgos, en marzo la geopolítica y la inflación reemplazaron a la burbuja de la IA como los mayores riesgos extremos. Sin embargo, llama la atención que un 63% afirma que el capital privado/crédito es la fuente más probable de un evento crediticio sistémico, lo cual deja claro qué otro mercado están vigilando los inversores.
Implicaciones para el inversor
Este sentimiento, percepción y perspectiva del mercado en marzo se ha traducido en una rotación de posiciones, pasando de sectores en auge, como, por ejemplo, los bancos, a sectores en estanflación, como, por ejemplo, bienes de consumo básico. “En términos generales, la cobertura de posiciones cortas en dólares estadounidenses ha sido moderada, los inversores mantienen posiciones largas en materias primas (la mayoría desde abril de 2022) y conservan grandes sobreposiciones en renta variable, especialmente en mercados emergentes (la mayoría desde febrero de 2021), Japón (la mayoría desde mayo de 2024), bancos e industria, en marcado contraste con una importante posición corta en acciones de consumo discrecional (la mayor infraponderación desde diciembre de 2022)”, explican desde BofA.
Para Franzin, los activos de riesgo siguen pareciendo descontar, en cierta medida, un escenario relativamente benigno. “La opinión predominante entre los inversores en renta variable sigue siendo que el conflicto será de corta duración y tendrá repercusiones económicas limitadas. En nuestra opinión, sin embargo, las posibles repercusiones del conflicto llegan en un momento en que la economía global ya se enfrenta a una serie de vulnerabilidades estructurales, lo que aumenta el riesgo de un escenario de estanflación. En este contexto, los activos que se han visto penalizados principalmente por la dinámica de posicionamiento –entre ellos algunos mercados emergentes como Brasil – podrían ser de los primeros en obtener una rentabilidad superior una vez que el flujo de noticias comience a estabilizarse”, señala.
Desde la visión de Yves Bonzon, Chief Investment Officer (CIO) de Julius Baer, la actual corrección del mercado ofrece una oportunidad para iniciar o aumentar la exposición a clases de activos respaldadas por tendencias estructurales. «Destacan los bonos de mercados emergentes denominados en monedas locales y las acciones chinas, incluidas las vinculadas a la IA. Las acciones chinas se benefician de la continua señalización de Pekín a favor de un mercado alcista de renta variable controlado y sostenido, lo que implica la intervención del gobierno para mitigar las perturbaciones y la volatilidad. Además, China sigue siendo el único mercado que ofrece a los inversores exposición a la IA fuera de EE.UU., con la ventaja añadida de desarrollar la tecnología de una manera notablemente austera en términos de capital», defiende Bonzon.
Rendimiento de los activos
En opinión de Benoit Anne, Senior Managing Director y responsable del Grupo de Análisis de Mercados de MFS Investment Management, resulta especialmente interesante analizar el comportamiento de las distintas clases de activos desde el inicio de la guerra en Irán. Según su análisis, estamos observando una grave escasez de activos defensivos.
“Evidentemente, el precio del petróleo ha sido el claro ganador, con una subida de más del 40% desde el inicio de la crisis; y el dólar estadounidense también ha experimentado un repunte, aunque bastante modesto. En cambio, el oro, que durante un tiempo fue la estrella de los mercados, ha sufrido pérdidas superiores al 5,5% desde el inicio del conflicto. La duración tampoco ha tenido un buen comportamiento, con el índice UST y el índice Bund bajando alrededor de un 2 %, debido principalmente a la presión alcista sobre los rendimientos de los bonos del Estado. De cara al futuro, nos enfrentamos a un entorno altamente volátil dado el nivel extremo de incertidumbre geopolítica”, resume sobre el comportamiento de los principales activos del mercado.
Según su visión, y que el índice DXY ha subido alrededor de un 2,6% durante este periodo, no se puede descartar un cambio brusco de tendencia con respecto a los movimientos recientes, aunque esto seguirá dependiendo de la duración de la crisis geopolítica. “En esta coyuntura, el precio del petróleo se ha convertido en el barómetro más importante de los mercados mundiales. Solo un par de divisas han logrado apreciarse frente al dólar en las últimas dos semanas, entre ellas el peso colombiano y, en menor medida, el shekel israelí. Todas las demás clases de activos principales han bajado, algunas de ellas de forma bastante significativa. Las acciones de mercados emergentes, las acciones en euros y la deuda en moneda local de mercados emergentes se sitúan en la parte baja de esa clasificación”, concluye Anne.










