Cómo conseguir exposición al revival de las infraestructuras: claves del BNY Mellon Global Infrastructure Income
| Por Elsa Martin | 0 Comentarios

Las infraestructuras cotizadas viven un momento especialmente atractivo para el inversor conservador. En un entorno marcado por la volatilidad macroeconómica, las tensiones geopolíticas y la búsqueda de rentas estables, este activo combina características defensivas —como flujos de caja recurrentes y menor sensibilidad a las caídas bursátiles— con un potencial de crecimiento estructural ligado a tendencias como la electrificación, la inteligencia artificial o la modernización energética.
En esta entrevista concedida en exclusiva a Funds Society, Brian Blongastainer, estratega global de inversión en BNY Investments Newton y del BNY Mellon Global Infrastructure Income Fund, explica cómo construye una cartera concentrada de infraestructuras globales con un enfoque de generación de rentas, qué sectores están liderando actualmente el crecimiento y por qué cree que el activo ofrece una combinación atractiva entre yield, estabilidad y revalorización potencial.
¿Cómo es el proceso de análisis e inversión del fondo?
Llevamos gestionando esta estrategia de infraestructuras desde hace cerca de 15 años y el proceso apenas ha cambiado. Nuestra aproximación es más amplia que la de muchos competidores porque no solo invertimos en infraestructuras tradicionales — como utilities, transporte industrial o midstream energético—, sino también en infraestructuras sociales, como residencias de mayores (senior housing), hospitales, telecomunicaciones o determinados activos inmobiliarios.
Partimos de un universo de unas 500 compañías cotizadas. Cabe aclarar que nuestra definición de infraestructura es un activo físico con supervisión regulatoria que genera flujos de caja estables y dividendos recurrentes, gracias a los ingresos obtenidos por el uso de ese activo.
El primer filtro es cuantitativo, aunque apoyado en análisis fundamental. Nuestros analistas trabajan con el equipo cuantitativo para identificar qué factores de valoración, calidad y momento son relevantes en cada subsector. Con ello, generamos puntuaciones de alfa y seleccionamos las 100 mejores ideas.
Después, utilizamos un optimizador de cartera diseñado internamente en BNY que busca maximizar tres elementos: una rentabilidad por dividendo bruta futura del 6%, las puntuaciones de alfa y el control del riesgo. Aproximadamente dos tercios del riesgo de la cartera procede de riesgo idiosincrático o específico de compañías, porque queremos que la selección de valores sea el principal motor de rentabilidad.
Como resultado, la cartera suele tener entre 25 y 30 posiciones, por lo que es una estrategia muy concentrada y de alta convicción. El fondo tiene una rotación cercana al 50% y normalmente buscamos compañías infravaloradas con potencial de revalorización en un horizonte aproximado de dos años.
Tradicionalmente, las infraestructuras se han considerado un activo defensivo. ¿Está cambiando la percepción de los inversores?
Históricamente, las infraestructuras ofrecían menor beta que la renta variable global y una menor captura de caídas, además de rentabilidades atractivas ajustadas al riesgo. Pero ahora estamos viendo un punto de inflexión en crecimiento estructural.
El principal motor es la electrificación de la economía: hogares, vehículos y centros de datos consumen cada vez más energía. Esto favorece especialmente a las utilities, que representan alrededor del 40% del índice de referencia.
A ello se suman otros factores estructurales: el reshoring industrial tras la pandemia, la necesidad de modernizar infraestructuras envejecidas, la independencia energética tras las guerras de Ucrania y Oriente Medio, y el enorme crecimiento de los centros de datos ligados a la inteligencia artificial.
Los centros de datos de IA consumen entre siete y diez veces más energía que uno tradicional. Esto está provocando que, por primera vez en décadas, estemos viendo que la demanda eléctrica esté creciendo más rápido que la oferta, lo que beneficia tanto a utilities como a compañías de infraestructuras energéticas.
¿Qué rendimientos podemos esperar de esta clase de activo?
Históricamente las infraestructuras han ofrecido retornos anualizados cercanos al 8% a largo plazo, en línea con la renta variable global, combinando rentabilidad por dividendo y apreciación del capital, y es más o menos el retorno que seguimos esperando para los próximos años. Además, el sector sigue cotizando con valoraciones relativamente atractivas frente a la renta variable global, pese al buen comportamiento registrado en los últimos años.
No obstante, aunque las infraestructuras presentan características defensivas, flujos de caja más estables y una menor sensibilidad a las caídas del mercado, siguen siendo activos de renta variable cotizada y, por tanto, continúan expuestos a volatilidad y riesgo de mercado. Las infraestructuras pueden ofrecer yields atractivas y un perfil más estable que la renta variable global tradicional, pero no deben confundirse con activos de renta fija.
¿Cuál es actualmente la asignación del fondo?
Estamos sobreponderados en utilities y energía. En utilities seguimos encontrando valor y rentabilidad por dividendo atractiva. En energía, especialmente en oleoductos y gasoductos midstream, somos positivos por el aumento previsto de la demanda de petróleo y gas, así como por las exportaciones de GNL hacia Europa.
Por el contrario, mantenemos infraponderación en infraestructuras industriales como aeropuertos, autopistas o compañías de transporte, donde las valoraciones son más exigentes y las rentabilidades por dividendo, más bajas.
Además, aproximadamente un 10% de la cartera está invertido en healthcare REITs, principalmente residencias de mayores en Estados Unidos, beneficiadas por el envejecimiento de la población. También tenemos exposición a telecomunicaciones francesas por sus modelos de negocio cuasi monopolísticos y el potencial de consolidación sectorial.
A nivel geográfico, y como resultado de nuestro proceso de selección, estamos ligeramente sobreponderados en Norteamérica y Europa Occidental.
¿Cómo valora actualmente las infraestructuras frente a la renta variable global?
Creemos que siguen estando atractivamente valoradas. Históricamente, el sector cotizaba con una prima cercana al 20% frente a la renta variable global por su estabilidad y perfil defensivo. Actualmente, esa prima se sitúa alrededor del 5%.
Además, las infraestructuras han superado históricamente a la renta fija global en distintos horizontes temporales, aunque sigue siendo una clase de activo de renta variable y, por tanto, con volatilidad.
¿Qué riesgos vigilan actualmente?
Los riesgos son los habituales para esta clase de activo: subidas rápidas de tipos de interés, posibles intervenciones regulatorias y eventos exógenos, como pandemias o conflictos geopolíticos.
En el caso reciente del conflicto con Irán, el impacto sobre la cartera ha sido limitado. Nos preocupaba especialmente una posible intervención regulatoria en utilities europeas ante el repunte energético, pero la dependencia actual de Rusia es mucho menor que hace unos años. Además, nuestra infraponderación en aeropuertos ayudó al comportamiento relativo de la cartera, mientras que la exposición a infraestructuras energéticas actuó de forma defensiva.








