El presidente de EE.UU. continúa ejecutando su partitura arancelaria y con ello cambiando el ritmo de las relaciones comerciales a nivel mundial. En febrero, anunció los primeros aranceles, en marzo algunos de ellos entraron en vigor y hoy, el llamado Día de la Liberación -tal y como lo ha denominado Trump- lo harán tarifas del 25% a las importaciones de automóviles, de otro 25% a productos de países que compren petróleo venezolano, otro 25% al aluminio y el acero, y tarifas recíprocas a países con déficit comercial con EE.UU. Las firmas de inversión, pendientes del resto de anuncios que haga Donald Trump, analizan y estudian qué impacto tendrá esta política comercial y cómo redibuja el mapa de las oportunidades de inversión.
Sin duda, la primera conclusión es que los aranceles afectarán a las previsiones de crecimiento global y pueden generar más inflación. También está claro que el primer trimestre de 2025 cerró con una fuerte volatilidad en los mercados financieros, impulsada justamente por la agresiva política comercial de la administración Trump.
Dónde poner el foco
En opinión de Oliver Blackbourn, gestor de carteras de Janus Henderson, y Adam Hetts, director global de activos múltiples de Janus Henderson, este “Día de la Liberación” puede o no liberar a los mercados de la tensión a la que se enfrentan con respecto a la política comercial de EE.UU. “A los inversores y a la dirección de las empresas no les gusta la incertidumbre, y la forma poco sistemática y poco fiable en que se están anunciando los aranceles está creando mucha”, señalan.
Tal y como indican, lo relevante de este miércoles es que parece que se impondrá una amplia gama de aranceles, pero todo, desde la escala hasta el momento y la variabilidad entre países, parece aún un poco incierto. “Las estimaciones sobre cuál será el tipo arancelario medio oscilan entre unos pocos puntos porcentuales en resultados moderados y niveles de dos dígitos en escenarios más contundentes. Tampoco está claro hasta qué punto los aranceles son una estrategia de negociación para alcanzar algún otro objetivo frente a ser el estado final objetivo. Lo que parece menos incierto es que los aranceles son, sin muchas excepciones, probablemente malos para el crecimiento económico, los consumidores y los mercados”, argumentan ambos expertos de Janus Henderson.
Como bien recuerda Tom Harvey, Senior Equity Specialist de Aberdeen Investments, no podemos ignorar la respuesta de los países afectados por los aranceles porque también han desempeñado un papel en la configuración del panorama competitivo.
“Países como China han puesto en su punto de mira las exportaciones estadounidenses, afectando a sectores como la agricultura y la automoción. Mientras que algunos exportadores de pequeña capitalización se enfrentan a vientos en contra, otros han pivotado con éxito hacia mercados alternativos. En este sentido, creemos que las empresas que puedan adaptarse a la cambiante dinámica comercial y diversificar su base de clientes estarán mejor posicionadas para prosperar”, recuerda Harvey.
Para Mark Haefele, director de Inversiones de UBS Global Wealth Management, los aranceles recíprocos de este miércoles podrían elevar la tasa arancelaria efectiva otros 4 puntos porcentuales. “Cualquier cosa más allá de eso podría llevar los aranceles más allá de un punto óptimo de recaudación de ingresos, en nuestra opinión. A nivel mundial, el riesgo de que los altos aranceles perturben el comercio y la actividad económica podría compensar cualquier aumento de los ingresos federales de EE. UU. que la administración Trump pretenda utilizar para promover políticas internas”, añade.
Además, cree que el sentimiento inversor sigue siendo inestable ante la imposición prevista de nuevos aranceles por parte de la administración Trump. “Aunque creemos que es probable que los mercados sigan siendo volátiles a corto plazo, seguimos esperando que la renta variable estadounidense termine el año al alza”, matiza Haefele.
Cambio de las perspectivas de crecimiento
Según el equipo de inversión de Portocolom AV, la conclusión a la que parecen estar llegando los inversores es que, ante tanto ruido generado por el gobierno, las previsiones de crecimiento económico se van a ver afectadas y ya hay quien incluso vuelve a apostar por la posibilidad de que Estados Unidos pueda entrar en recesión. “Los mercados han iniciado la semana con caídas dando así continuidad a la tendencia vista en las sesiones precedentes cuando el S&P 500 se dejaba un 1,53% para concluir en 5.580,94 puntos, mientras que el sector tecnológico sufría en mayor medida al cerrar el Nasdaq 100 en 19.281,40 puntos o un 2,39% menos. En Europa las caídas fueron similares, así el Euro Stoxx 50 se dejaba un 1,65% y el Ibex 35 volvía a destacar con un mínimo retroceso del 0,36%”, destacan.
Además, para los expertos de Portocolom AM, el deterioro de las expectativas económicas vuelve a provocar un giro en las previsiones respecto a las decisiones que tomarán los bancos centrales, que en estos momentos se sitúan en tres bajadas en 2025 para el BCE y la Fed. Esto relajó levemente los tipos de interés de los bonos gubernamentales que cerraron planos para el Treasury a 10 años con una rentabilidad del 4,25%. El Bund y el Bono caían 4 puntos básicos para cerrar respectivamente en 2,73% y 3,36%”, añaden.
Según destaca Felipe Mendoza, analista de Mercados Financieros de ATFX LATAM, en este contexto, Goldman Sachs ajustó considerablemente su perspectiva sobre el S&P 500, proyectando una caída inicial hasta los 5.300 puntos en los próximos tres meses, motivada por el aumento de los riesgos inflacionarios y el impacto de las políticas comerciales. “No obstante, anticipa una recuperación gradual hacia los 5.700 puntos en nueve meses y una estabilización alrededor de los 5.900 puntos en un horizonte anual. Yardeni Research también redujo sus objetivos para el índice, situándolos entre 5.100 y 6.000 puntos para este año, proyectando posteriormente un cierre en torno a los 6.000 puntos en 2025 y 7.000 puntos para 2026”, comenta.
“En función de su gravedad, los nuevos aranceles podrían minar este panorama relativamente benigno. Como cualquier otra subida de impuestos, un aumento de los aranceles es un shock de demanda. Reduce la renta global de la economía (lo que se conoce como efecto renta) y distorsiona la demanda al reducir el consumo de determinados bienes y aumentar el de otros (el efecto sustitución), redundando en modelos de producción y pautas de consumo ineficientes. En resumen, la economía sale perdiendo”, añade Blerina Uruçi, economista jefe para T. Rowe Price.
Además, Uruçi apunta que la economía estadounidense también tiene “poco que ganar” con esta política arancelaria. “Hay una muy buena razón por la que Estados Unidos importa bienes de todo el mundo: sería ineficaz y mucho más caro producir internamente todo lo que el país necesita. Sería ineficiente y mucho más caro producir internamente todo lo que el país necesita. Además, la relativa fortaleza de la economía estadounidense en comparación con el resto del mundo significa que los estadounidenses pueden permitirse comprar más productos extranjeros. Si Trump tiene éxito y logra cumplir su promesa de aumentar aún más la renta per cápita del país, el déficit comercial de Estados Unidos podría subir aún más, ya que los estadounidenses comprarían incluso más bienes del extranjero”, explica.
La cara B de los aranceles
Si miramos la otra cara de la moneda, también podríamos encontrar una lectura positiva de esta situación. En opinión de Michel Saugné, CIO La Financière de l’Échiquier (LFDE), una vez superado este episodio de «implantación», será más fácil proyectarse según el nuevo orden establecido, y la buena noticia es el catalizador positivo que Trump representa para, por ejemplo, la construcción europea.
“Por el momento, asistimos a un reequilibrio de los flujos de capityales entre los mercados estadounidenses y el resto del mundo. Esto era de esperar, dado el punto de partida extremo de finales del año pasado: una polarización sin precedentes de los inversores en el mercado estadounidense y solo en sus grandes tecnológicas. En el frente de la política comercial, el presidente Trump podría considerar la aplicación de nuevos Acuerdos del Plaza (1985). Este proyecto, comúnmente conocido como los «Acuerdos de Mar-a-Lago», reviviría la idea de los Acuerdos del Plaza de organizar una devaluación significativa del dólar para combatir una balanza comercial estadounidense excesivamente desequilibrada, principalmente con China y Europa”, argumenta Saugné.
En cuanto a los mercados emergentes, considera que si el objetivo de Trump es devaluar significativamente el dólar y los tipos de interés estadounidenses, esto sería bueno para todos los países fuertemente endeudados en moneda estadounidense (menor coste de la deuda) y permitiría una reasignación de los flujos de capital hacia sus economías (rendimientos en moneda local más atractivos).
“En nuestra opinión, los mayores riesgos en esta situación serán, como de costumbre, una mayor ralentización de la economía china, el aumento de los riesgos geopolíticos (Taiwán…) y una excesiva volatilidad de las divisas. Por el contrario, las oportunidades residirán en unas valoraciones atractivas, la caída del dólar y de los tipos de interés estadounidenses, el elevado nivel tecnológico alcanzado por algunos países y un posible repunte de la demanda de materias primas”, afirma el CIO La Financière de l’Échiquier.