La gestora DoubleLine ha lanzado recientemente un paper en el que trata de dar estructura y generar un marco teórico fiable para poder ayudar a los inversores a categorizar los distintos aranceles dentro de la nueva política comercial de la nueva administración Trump. El estudio, llamado Assesing Trump Trade Policy: A year of Rolling Tariffs, Macro Unknowns and FX Policy, ha sido elaborado por Bill Campbell, gestor del fondo DoubleLine Global Bond Strategy y miembro permanente del Comité de Asignación de Activos de Renta Fija de DoubleLine. Joel Peña, director de US Offshore, Canadá, Latinoamérica y el Caribe para la firma, ha hablado con Campbell sobre las principales conclusiones del estudio.
Clasificación de los distintos aranceles
En opinión de Campbell, los aranceles ya anunciados y pendientes de anunciar podrían categorizarse de tres maneras: transaccionales, estructurales o un híbrido de ambos. Se refiere como aranceles transaccionales a aquellos que la Administración podría estar utilizando como una herramienta de negociación para abordar problemas en la frontera de EE.UU., como los del 25% anunciados a México y Canadá. Cambpell clasifica distingue dentro de los aranceles puramente transaccionales dos categorías: seguridad nacional (como los ya citados) e “influencia negociadora”, como los que se anunciaron sobre Colombia ante la negativa inicial del país a aceptar vuelos de deportación.
Campbell categoriza como aranceles estructurales a aquellos que cree que tienen mayor probabilidad de ser aplicados durante mucho tiempo, y por tanto con mayor potencial para alterar las relaciones comerciales entre EE.UU. y los países destinatarios, al encarecer las exportaciones de bienes a EE.UU. y alentar el re-onshoring de la producción a terreno estadounidense. En este apartado caen los aranceles recíprocos y los aplicados a China, en opinión del experto.
Finalmente, el gestor establece una tercera categoría, la de aranceles híbridos (que pueden tener elementos tanto transaccionales como estructurales), en la que incluye a los aranceles sectoriales, como por ejemplo los aplicados al sector del automóvil y que potencialmente podrían aplicarse también a otros sectores, como el farmacéutico o el de semiconductores.
Considerando que el Tesoro de los EE.UU. ha identificado en un informe que examina las políticas cambiarias de los países con respecto a EE.UU. a varios que considera en riesgo potencial de ser manipuladores de divisas (entendidos por países que suelen tener un superávit comercial y por cuenta corriente con Estados Unidos, o países que intervienen en el mercado de divisas por un importe igual o superior al 2% de su PIB a lo largo de 12 meses), el experto anticipa nuevos tipos de aranceles “utilizados en este debate sobre divisas que la administración Trump probablemente tenga con los países”.
Implicaciones de la política arancelaria para la economía de EE.UU., Latinoamérica y Europa
El gestor recuerda que EE.UU. parte de una posición de fortaleza en las negociaciones, al haber actuado como locomotora del PIB global en los últimos años. No obstante, recuerda que los aranceles suelen tener consecuencias sobre el crecimiento y la inflación, especialmente porque se intuye que las nuevas políticas no serán de aplicación de aranceles de una vez, sino que serán aplicados en múltiples capas para conseguir una variedad de objetivos, y considera que en esa acumulación de aranceles “es donde está el riesgo”.
Al examinar las consecuencias, el experto de DoubleLine comienza por el consumidor estadounidense, cuya fortaleza desde el COVID “se está empezando a desvanecer un poco”. Los aranceles pueden afectar a las complejas cadenas de suministro a lo largo del globo y traducirse en precios más elevados, algo que puede impactar al consumidor de manera directa (precios más elevados en los productos finales) o indirectamente, si las compañías americanas deciden asumir el coste, lo que podría reducir sus márgenes de beneficio y, eventualmente, llevarlas a tomar decisiones difíciles (no subir sueldos, recortar gastos o incluso reducir personal).
¿Cómo podrían los aranceles impactar a Latinoamérica? Campbell pone como ejemplo el anuncio del 12 de marzo de un nuevo arancel sobre el aluminio y el acero, que considera que pone “inmediatamente en riesgo” el acuerdo entre Argentina y Estados Unidos para la importación de acero al país, que hace de Argentina uno de los mayores exportadores de este metal a los EE.UU.
De hecho, Campbell recuerda que “ya hay muchos beneficios” en los acuerdos comerciales ya negociados entre EE.UU. y sus socios latinoamericanos, de ahí que se pregunte si los aranceles podrían ser más un instrumento de renegociación de tratados comerciales, ya que le resulta difícil ver cómo un mayor acercamiento de las cadenas de suministro pudiera realizarse sin conllevar “un tremendo coste”. Es más, considera que, de conseguir la Administración su objetivo de traer de vuelta toda la producción a EE.UU., “la disrupción sería tremenda en términos económicos”.
Un último efecto inesperado de la nueva política comercial de Trump que cita el gestor, aunque no vinculada directamente con los aranceles, ha surgido a raíz de la polémica reunión entre Trump y el presidente Zelensky que se realizó recientemente en la Casa Blanca, y tiene que ver con una actitud por parte de la UE más abierta ahora a incrementar los gastos en defensa e infraestructuras y a permitir en algunos países un poco más de déficit para financiar esos gastos.
En cualquier caso, el gestor marca como fecha destacada en el calendario para tener mayor claridad sobre los futuros pasos el 2 de abril, cuando presentará su informe sobre comercio internacional Jameson Greer, el representante de Comercio de EE.UU.
El nuevo capítulo en la guerra comercial con China
El gestor de DoubleLine ha optado por analizar de manera individual en su estudio el caso de las políticas comerciales sobre China en el segundo mandato de Trump, al haberse sentado el precedente de la guerra comercial librada con el país durante su primer mandato (2016-2020) y haber mantenido la Administración Biden una postura también bastante agresiva, con la aprobación de la ley CHIPS para limitar el acceso de China a semiconductores. “Pongo a China en una categoría propia porque se la considera en gran medida un competidor estratégico no solo en lo económico, también desde el punto de vista de la seguridad nacional”, aclara.
“China es el único país que ha afrontado la amenaza de aranceles y al que se le han puesto aranceles que no se le han retirado o ajustado, y creo que es probable que continúe así”, afirma el gestor. Éste añade que cree que la tendencia continuará: “En mi opinión, con cada anuncio, da igual a quién le vayan a añadir más aranceles, porque a China le añadirán muchos más y va a ser permanente”.
Cabe recordar que la nueva batería de medidas llega en un momento en que la economía china sigue dando muestras de vulnerabilidad, por lo que Campbell cree que en esta ocasión el gobierno chino no será tan beligerante como en el primer episodio de la guerra comercial para evitar efectos devastadores sobre su economía. “Las autoridades chinas no quieren que un choque exógeno muy fuerte y negativo de Estados Unidos altere su economía. Si la administración Trump decide que todos los aranceles sectoriales también van sobre China en un esfuerzo único, tenemos que mantener una estrecha vigilancia sobre la economía china”, concluye.